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Yo lo pido y no me da pena

Yo lo pido y no me da pena

Yo lo pido y no me da pena

No soy una feminista empedernida —sin necesidad de que esto tenga una connotación negativa— pero sí me gusta tomar iniciativas y más cuando veo que las señales están en marcha. No me da pena decir que he invitado a salir a un chico, incluso pagando la cuenta; que he dado el primer beso, que he insinuado mis deseos y que he colaborado con la mitad o en su defecto, todo lo que cuesta una noche en un motel.

No es una posición de rebeldía, sino de igualdad e independencia. No sé si es porque en mi hogar hay una estructura matriarcal pero me choca terriblemente tener que esperar algo de un hombre cuando sé que está a mi alcance y puedo obtenerlo abriendo la boquita.

No son temas tabú y no me parece una degradación demostrar lo que siento y quiero mediante detalles considerados ‘caballerosos’, cuando este adjetivo está circundado por el género masculino, o detalles indecorosos, cuando tanto él como yo, nos estamos muriendo por ir un poco más allá y pasarla bueno.

El problema es de prejuicio. Las mamás suelen enseñarle a su hija que el benefactor es el hombre, que las mujeres no gastan, que hablar de sexo es de mal gusto y que tomar la iniciativa es ser una regalada. Claro está que no falta la desinhibida poco selectiva que sale con cinco mil pesos y llega a la casa con treinta mil; aquella que vende la vagina por una salida y trago, y que se las da de santa cuando la pinta de morronga no se la quita nadie, pero eso lectores, podría ser un tema para otra columna… el caso es que uno puede ser una zorra, sí, pero una zorra selectiva.

Más bien hombres, mujeres, padres de familia, hijos, hermanos y todos los enlaces posibles hacia una mujer, deberían apelar a una estructura social donde la voz y el voto femenino no se releguen a la constitución ni se vean abatidos por la auto censura, sino a la libre expresión del género, con todo el respeto que esto implica. Créanme ‘machos’ que ustedes ni se imaginan qué es sentir el acoso masculino en la calle, y peor aún, que algunas mujeres ya lo tengan tan naturalizado.

Así como ustedes tienen el descaro de pedir, yo también tengo la picardía de hacerlo, y no se preocupen mujeres, que mostrarse libre en sociedad no implica ser el objeto sexual del círculo masculino. Las cosas caen por su propio peso y si usted, compañero, cree que porque hablo con total frescura sobre sexo me lo voy a comer, está muy equivocado. Tengo el criterio suficiente para saber a quién quiero.

Yo lo pido y no me da pena

que opinan….

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