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“Yo fui K”, o el relato de los que se arrepintieron….

En su flamante libro, Eduardo Blanco y Fernando Sánchez entrevistaron a los más importantes funcionarios que rompieron con el Gobierno. Las revelaciones sobre la cocina del poder

Fueron los organizadores de la “fiesta”, pero la abandonaron. Los más, reniegan haber participado de la construcción del poder kirchnerista y son conversos furiosos. Los menos, hacen mea culpa y le reconocen virtudes a Néstor y Cristina Kirchner. Todos, sin embargo, ya están en la vereda de enfrente. Se trata del relato de los que “quebraron lanzas” con el Gobierno, sintetizado de forma original en un libro de 304 páginas por dos de los fundadores de la satírica revista Barcelona.

Eduardo Blanco y Fernando Sánchez bautizaron a su criatura “Yo fui K: hablan los arrepentidos del modelo. Pusieron en primera persona lo vivido por el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, los ex ministros de Economía Martín Lousteau y Roberto Lavagna, el ex gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, el senador Luis Juez, el diputado y ex embajador de México Jorge Yoma, y la legisladora Graciela Ocaña. Son los nombres mayores que emergen como representantes de las rupturas políticas o “estampidas” que sufrió el kirchnerismo.

Cada uno de los dirigentes cuenta desde adentro reveladoras e íntimas anécdotas que ponen de manifiesto el entramado y los vericuetos de la década kirchnerista. Muchas de ellas son poco conocidas, como los azares que llevaron a Néstor Kirchner a la presidencia, el intento de negociación de una fórmula del “Lupo” con Elisa Carrió, o el día en que Cristina pensó en renunciar a la jefatura de Estado. Aparecen también el conflicto con el campo por la resolución 125, la amistad inicial – y luego enfrentamiento- con el Grupo Clarín, entre otros hitos de la historia reciente.

Los autores marcan un estilo propio atrapante que los aleja de la literatura política mainstream que llena los estantes de las librerías. Al texto lo estructuran dos tipos de narradores, que convierten a la publicación de editorial Sudamericana en un híbrido de periodismo clásico e invención ficcional.

“Una parte de Yo fui K es testimonio puro y duro de algunos de los principales protagonistas de la última década; otra es un narrador que no tienen nombre ni apellido y sin embargo no es un invento, un persona que desde un privilegiado puesto en la cocina del poder kirchnerista desmenuza -descarnadamente, como buen peronista- la historia reciente”, advierten los periodistas en el prólogo del libro. La novedad se esconde en este último: un personaje autorreferencial que recuerda a una versión criolla de Frank Underwood, el hombre clave de la también descarnada serie estadounidense de intriga política House of Cards.

“Cuando empezamos a armar el libro nos dimos cuenta que lo que nos estaban contando era también la historia de cómo es la arquitectura de la política en Argentina, particularmente cómo construye poder en el peronismo”, definieron los autores a Infobae.

Los periodistas reconocen que nombraron a su obra de una manera “provocadora”. Admiten que hablan desde un lugar que, si bien no parte de la objetividad neutral enarbolada por algunos medios de comunicación, tampoco se ajustan a la lógica dicotómica del “oficialismo vs. oposición”. “El título juega con la idea ‘yo fui K’. Muchos lectores pueden pensar que los autores se asumen K o anti K. En realidad, somos parte de ese gris muy difícil de entender para mucha gente, en el que algunas cosas del gobierno de Néstor Kirchner nos pareció bien, y otras no tanto. Lo mismo con el de Cristina”, planteó Sánchez.

Las entrevistas tienen la virtud de haber sido realizadas hace un año y medio atrás, cuando todavía no se habían definido muchos de los candidatos que competirían luego en las elecciones legislativas de 2013. Por lo que el relato está menos “contaminado” e influido por las estrategias de campaña típicas del contexto electoral, aseguran.

El puntapié que dio origen al texto es una suerte de valoración huidiza que hacen los ex funcionarios kirchneristas sobre su pasado inmediato. Y cómo eso mismo que le pasaba a los altos dirigentes, sucedía también con los ciudadanos de a pie. “La idea que aparecían estos personajes que se despegan del kirchnerismo, pero que tampoco se hacían mucho cargo de haber estado ahí. O que decían que una cosa ‘era el kirchnerismo de Néstor y otro el de Cristina’. Nos hacía acordar bastante al ‘yo no lo voté’ de la época de Menem de fines de los noventa, cuando ya nadie se hacía cargo de haber votado al presidente que ganó dos elecciones”, comentó Sánchez.

“Me llamó personalmente la atención -continuó- que muchos de estos personajes, pasándose a la otra vereda, empezaron a apedrear violentamente aquello que ellos mismos habían construido, algo a lo que habían puesto mucho de sí mismos como esfuerzo, tiempo y compromiso. Es una característica que a mí me parece bastante argentina. Un no hacerse cargo para después destruir lo que disfrutaste, o por lo menos no combatiste en algún momento”.

– El recuerdo de que nadie se hacía cargo del voto a Menem, y que ahora pasa con el kirchnerismo… ¿es posible interpretarlo, junto a la aparición del libro, como un cambio de época?

Eduardo Blanco: El momento en el que sale el libro tiene que ver con que ya pasaron once años de historia. El Gobierno va a dejar una marca en la historia argentina por todo lo que provocó. Desde hace varios años se ha dado un antagonismo muy fuerte entre los kirchneristas rabiosos y los “anti k”. Esta rivalidad tan fuerte fue un disparador.

Fernando Sánchez: Lo que nos proponíamos con esto del no querer asumir el “yo fui k” era contar esta vergüenza. ¿Qué es lo que avergüenza decirlo? No conozco nadie que conozca y que diga “yo fui K”, todavía no suena eso en la gente. En cambio, el ‘yo no lo voté’ era más irónico. Los “ex K” generalmente hablan de cierto desencanto con el proyecto.

– ¿Estos’desencantos’ fueron por diferencias ideológicas? El Gobierno tuvo rupturas por izquierda y por derecha…

EB: Hubo distintas rupturas. La primera que nosotros contamos fue por la necesidad del kirchnerismo de construir poder, cuando se separó del duhaldismo entre el 2004 y 2005. Después empieza a haber “estampidas” como la de los transversales, este conglomerado de centro-izquierda que adhirió mayoritariamente al kirchnerismo y que se empieza a ir desde el 2007, justamente en el momento que se incorporan los ‘radicales K’.

Ahí se da una situación interesante. Por un lado, los transversales se van acusando al Gobierno de haberse pejotizado y venderse al aparato del partido. Por el otro, los justicialistas que se van lo acusan de haber abandonado el PJ. El momento clave en el que se dan muchas deserciones es durante el armado de las listas. A la hora de repartir los cargos es donde hay heridos, y muchos se van porque creen que no se cumple lo pactado.

– ¿Intentan con el libro desmitificar algunos lugares de la política argentina y del kirchnerismo?

EB: Me parece que lo que muestras son algunos lugares comunes de la política, pero que no son tan conocidos en la sociedad. Esto de decir “el poder se construye de esta manera”, “hay cosas que no se tocan”, “esto se negocia, y esto se hace así porque funciona”. Me llamó la atención la manera desembozada en cómo los políticos hoy te cuentan como traicionaron a gente que trabajó para ellos. O cómo descarnadamente te dicen que es un asunto que se arregló con planes sociales. Trabajo en periodismo desde los años noventa, no me había pasado antes. Ahora te lo cuentan como parte del trabajo político.

– ¿Por qué eligieron estos entrevistados y no otros? En el anexo del libro mencionan al menos 50 “ex K”.

EB: Nos interesaban algunos personajes en particular, hicimos varias entrevistas y después decidimos cuáles eran las que debían publicarse. Una de las principales que nos interesaba era la de Alberto Fernández, porque fue el arquitecto de toda esta construcción kirchnerista. También está Lavagna que es el primero que se baja (o lo bajan) de un cargo importante. Era un ministro de Economía que venía del duhaldismo y que atraviesa toda la primera parte del kirchnerismo, que no responde a lo que después se convirtió al relato de la “historia K”. Graciela Ocaña estuvo desde el comienzo hasta 2010 en el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina. Lousteau es central en el conflicto con el campo, Juez fue el operador político de la transversalidad. Jorge Yoma, además de legislador, fue embajador en México, nos cuenta anécdotas interesantes.

FS. Yoma es un peronista orgánico, más allá de lo dice graciosamente. Define a Néstor Kirchner como un “gran estadista” y como “un gran cagador como todo peronista”.

– ¿Les cambió estas entrevistas su percepción del kirchnerismo?

FS: Para mí confirma la percepción de cómo son las roscas políticas. Una cosa es imaginar lo que se lee en los diarios, y otra cosa es que te lo cuenten en primera persona, con anécdotas precisas. Sirve para que termines de entender de que así se construye el poder en Argentina.

ED: La política argentina tiene un modo de manejarse muy interesante de analizar. Imagino que las traiciones, las jugadas, y el arreglo están en el Primer Mundo o en el Tercer Mundo. Pero hay cosas que son muy propias de la identidad argentina.

– ¿Creen que el libro sirve para romper cierta mirada romántica, como la que hace la militancia kirchnerista sobre el Gobierno?

EB: Creo que puede tener distintas lecturas. Leí un comentario sobre el libro que alguien decía que mostraba a Néstor Kirchner como un gran estratega. Claro, pasaba por alto un montón de cuestiones sobre cómo se construyó ese poder. Pero un anti k puede decir “mirá como se negoció todo”, “cómo con guita se tapó eso”, o “cómo apareció ese empresario para financiar una campaña”. En este mundo paralelo de los K y anti K, el libro puede ser interpretado como una confirmación de ese romanticismo, o como una demostración de que ese romanticismo es un absurdo.

FS: Lo que te muestra el libro es el barro. Muestra que esos personajes que están en el poster, al momento de laburar se embarraban. Y que si no te embarrás tampoco llegás a ningún lado.

– Esto de ser un “ex”… ¿es tomado como un capital político positivo o negativo?

EB: Los ex lo toman como un capital positivo porque dicen “mientras yo estuve, el kirchnerismo hizo cosas buenas”. Es un vidriera. Los candidatos Massa, Scioli, Cobos, alguna vez pasaron por el kirchnerismo.

FS: La excepción es el PRO, que toma como un valor esto de no ser ex K. El resto de las fuerzas políticas tuvieron algo que ver. Inclusive Carrió, que llamó a votar en el 2003 a Kirchner en el balotaje.

– Daría la impresión que la política argentina no se quiere divorciar del todo del kirchnerismo. Inclusive el PRO destaca algunas políticas del Gobierno nacional…

EB: En entrevistas con algunos “ex” del peronismo, nos pasó que algunos nos decían: “la verdad que yo quisiera estar en el kirchnerismo, pero no me dejan”. Me parece que el kirchnerismo lo que tiene es un objetivo claro. El resto de la oposición, exceptuando al PRO, fluctúa, porque no tienen un discurso que los separe del kirchnerismo.

Los peronistas que se fueron lo que critican es la forma de conducir de Cristina. Elogian de Néstor su forma de negociar mano a mano, nos contaron que le gustaba la tranza, la seducción de nuevos referentes para llevarlos a su molino. Cristina no tiene esa forma de conducción, no le gusta la rosca. Aparentemente deja en manos de otros ese tipo de cosas. Y eso lo ven como una forma de expulsión, sobre todo para la vieja guardia peronista que se fue yendo del Gobierno y quedó reemplazada por La Cámpora.

– ¿Qué repercusiones esperan por parte del lector?

EB: Me gusta pensar que trabajo para que el lector la pase bien, que aquello que uno puso un esfuerzo permita pasar un buen rato.

FS: No tiene aspiraciones destituyentes el libro, como otros que andan dando vuelta por ahí (risas). Tampoco es uno que apoya nada, es uno que cuenta una historia que te engancha de una forma extraña, porque tiene ficción y realidad. Te saca un poco del lugar del periodista clásico que cuenta una historia documental. No vamos a cambiar el mundo, no pasa nada. Si pasa algo, que pase algo con nosotros (risas).

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