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Y vos lince, ¿de que clase social sos?

Pirámide salarial: cuánto se debe ganar para ser un “clase media” y por qué se frenó la movilidad ascendente

Si hay algo que identifica a la Argentina en materia poblacional y la distingue de algunos de los países del “vecindario” es el gran porcentaje de habitantes que se considera integrante de un estrato social tan amplio como difícil de definir: la “clase media”.

Incluso, para buena parte de la sociedad pertenecer a este segmento funciona como un aspiracional. A punto tal que se sienten incluidos sin conocer -a ciencia cierta- qué parámetros lo definen.

“No soy ni rico, ni pobre”. “No tengo varios millones en el banco pero puedo darme algunos gustitos de vez en cuando “. Así de amplia suelen ser las respuestas de las personas cuando los analistas les preguntan por qué dicen pertenecer.

Es precisamente esa amplitud la que hace que ocho de cada diez aseguren sentirse un “clase media”, a pesar de que, en realidad, la cantidad de integrantes de este estrato -definido por niveles culturales y de ingresos- es bastante menor.

La última pirámide socioeconómica da cuenta de que lejos de ese 80%, este segmento es integrado por un 48% de los argentinos. Así lo revela el último estudio de W consultora, una firma especializada en esta materia.

La clase media, en números

Uno de los criterios utilizados a la hora de definir los diferentes estratos de la pirámide, aunque no el único, son los ingresos.

En base a los niveles salariales, la consultora divide a este segmento de la población en dos grandes grupos:

• Clase media alta (C2): compuesta por aquellos que perciben en forma mensual entre $20.000 y $55.000 (cifras redondeadas).

• Clase media típica (C3): integrada por quienes perciben entre $11.500 y $20.000.

El siguiente cuadro permite apreciar visualmente cómo se componen los niveles socioeconómicos en la Argentina:

Y vos lince, ¿de que clase social sos?

Otro de los datos que se desprende del estudio tiene que ver con el espacio que ocupa la “clase media típica” en el total de la sociedad.

Según se desprende de la pirámide, una de cada tres familias pertenece a esta franja socioeconómica.

En cambio, quienes componen la “clase media alta” integran un grupo proporcionalmente más reducido: apenas el 17%.

Por otro lado, quienes forman parte de la clase “top” o ABC1 son todas aquellas familias que superan los $42.500 mensuales.

En el informe de W Consultora se muestra que sólo un 5,5% del total se ubica dentro de este grupo, con un ingreso promedio por grupo del orden de los $84.500.

Cambios y permanencias

Al observar la evolución de la pirámide poblacional en los últimos años se advierten algunos cambios.

Si se compara la composición de clases de 2012 con la del año pasado, se puede observar, principalmente, ciertas variaciones en los dos extremos sociales:

– En dos años, la “clase top” se redujo en casi 1,5 puntos porcentuales.

– En igual lapso, la clase baja se incrementó 2 puntos.

Y vos lince, ¿de que clase social sos?

Por otro lado, los analistas destacan que en los últimos diez años los sectores medios protagonizaron un crecimiento sustancial tras la salida de la crisis de 2001.

“La explosión del 2002 llevó a la Argentina al inédito nivel del 55% de la población bajo la línea de la pobreza y al 25% de desempleo”, recuerda Oliveto.

En este punto, el experto destaca que con la posterior recuperación de la economía y del empleo se retomó la movilidad ascendente.

Sin embargo, el contexto empeoró, de la mano de indicadores como el de la producción industrial, que acumula 18 meses de caídas consecutivas, o el poder adquisitivo, que se redujo casi 8 puntos en términos reales el último año. Y, junto con este cambio de escenario, el proceso de fortalecimiento de la clase media encontró su límite.

Para Oliveto, la movilidad social ascendente está tocando un techo.

“Este alentador proceso sin dudas ha perdido fuerza”, comenta el experto.

Una categoría confusa

Al analizar los datos que se desprenden de la pirámide social, se puede detectar con claridad que no siempre la percepción de pertenecer a una determinada clase tiene correlación con lo que sucede en la realidad.

De hecho, a partir de la investigación de W Consultora, se disparan dos conclusiones:

1. La “clase media típica” y la “clase baja superior” tienen casi la misma cantidad de miembros, con un 30% del total cada una.

2. La “clase media alta + la clase media típica” reúnen un 48%, cifra muy parecida a la suma de los dos estratos inferiores de la pirámide (clase baja superior y clase baja).

Del relevamiento se deduce que -más allá de que el 80% de los argentinos se considere clase media- en realidad, dicho porcentual se reduce casi a la mitad, si se tienen en cuenta los niveles de ingresos de la población.

Según lo explica Oliveto, la clase media “real” está integrada por unas 20 millones de personas, mientras que la “imaginaria” (es decir la de quienes creen formar parte de este sector) comprende algo más de 32 millones.

Los “símbolos” de la clase media

Más allá de los números, los integrantes de este grupo comparten algunas características que se vinculan con factores de tipo cultural.

Y, particularmente en el caso de Argentina, este gran “aglomerador” tiene una fuerza tal que influye tanto en la toma de decisiones diarias como en los hábitos de consumo.

En palabras de Oliveto, “de allí emanan sus expectativas, sus demandas, sus patrones de compra, sus preferencias políticas y hasta sus opciones electorales”.

Según el experto, los integrantes de este segmento funcionan de acuerdo con una serie de aspiracionales comunes:

1. Consumir y tener trabajo

Para Oliveto, tener un buen puesto laboral es el atributo por excelencia que identifica a la clase media.

“Por paradójico que parezca, en Argentina este estrato se identifica a sí mismo como la clase asalariada”, indica el director de W Consultora.

Esto es así porque lograr un cierto nivel de ingresos es lo que habilita a adquirir determinado tipo de bienes que son “típicos de los sectores medios”.

De ahí que la preocupación por perder el puesto de trabajo -si bien afecta a todos los estratos y niveles de ingresos- cobra particular relevancia en este segmento.

2. Vivienda y auto propio

Si bien en la Argentina actual comprar un inmueble se ha transformado casi en una “misión imposible”, el consultor señala que el “techo propio” todavía sigue funcionando como una meta o aspiracional.

Según el experto, las personas de clase alta ya lo poseen y los pertenecientes a los estratos más bajos saben que -en general- no pueden acceder a una unidad de su propiedad. En consecuencia, no la tienen como un objetivo.

Sobre este punto, el consultor afirma que “en un país de oscilaciones bruscas como éste, tener una vivienda propia es percibido como un reaseguro frente a los vaivenes de las crisis”.

En el caso del auto, Oliveto destaca que históricamente, junto con la casa, ha funcionado como símbolo de ascenso social.

Por otro lado, el experto señala que el kirchnerismo supo leer una de las principales ansias de la sociedad tras la crisis de 2001: “Volver a ser”, lo que implicaba recuperar parte de la idiosincrasia de la clase media.

Es así que se fomentó el consumo de distintos tipos de bienes como base del modelo. Y -dentro de ese modelo consumista- el 0Km se consagró como uno de los grandes símbolos.

De esta manera, funcionó a modo de “chapa identificatoria” para mostrar al resto de las personas el ascenso que pudo lograr dentro de la pirámide social, si bien a partir de 2014 el acceso al auto se dificultó tras la disparada de precios y su encarecimiento relativo frente a los salarios.

¿Qué es la frustración consumista?

Según explican quienes estudian las características de la clase media a nivel local, en la Argentina este estrato históricamente se ha vinculado en forma directa con el consumo.

En esta línea, Oliveto destaca que “comprar es un hecho que se asocia a una aspiración democratizada”.

Es por eso que la caída en las expectativas de los consumidores que tuvo lugar en los últimos años genera preocupación y en algunas personas deriva en un sentimiento de “frustración consumista”.

De hecho, un reciente relevamiento de la consultora Nielsen destaca que “la percepción negativa del contexto y la incertidumbre respecto al futuro tienen un impacto directo en las intenciones de gasto del consumidor argentino”.

Y, en el caso de la clase media, esta sensación tiene su raíz en el hecho de ya no poder darse algunos gustos que hasta hace unos años sí se permitían.

A ojos de los expertos, hay tres variables clave que inciden en este segmento a la hora de gastar: la evolución del dólar, la inflación y el empleo.

Oliveto destaca que el orden de importancia se va alterando según los vaivenes de la economía. Y a mediados de 2014 empezó a ubicarse en el centro de las miradas lo que puede ocurrir con el trabajo.

En la misma línea, Soledad Pérez Duhalde desde la consultora Abeceb señala que en la actualidad uno de cada cuatro argentinos admite tener miedo de perder el trabajo en los próximos 12 meses.

De no producirse una mejora, el efecto se hará notar nuevamente en el consumo, un aspecto que hasta el día de hoy sigue resultando clave para los integrantes de la clase media y también para aquellos que, sin ubicarse en este rango de la pirámide, consideran serlo.

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