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“Votaste a Macri, ahora no te quejes”

“Votaste a Macri, ahora no te quejes”

La frase que titula este artículo es una frase que, pese a que todavía Mauricio Macri no asumió el gobierno, ya parece ser el “leitmotiv” del kirchnerismo derrotado en las urnas. Por qué no es aplicable.

“Votaste a Macri, ahora no te quejes”. Esa frase expresa la diferencia entre el peronismo y yo (y muchos más).

Yo no voté a un “iluminado”, un “jefe”, un “visionario”. Yo voté a una persona para que sea presidente. No soy soldado de nadie. No pido eternidad para ningún dirigente. No voy a aplaudir medidas con las que no esté de acuerdo porque “hay que bancar el proyecto”. No voy a ir a votar a un candidato que no me guste porque lo decidió “el conductor”.

Creo que, más allá de todo lo demás, esa es la gran diferencia entre los peronistas y yo (nosotros).

La negativa a creer en un verticalismo que, útil y necesario en ciertos ámbitos como pueden ser las FFAA, es absurdo, ridículo y violatorio de mis derechos ciudadanos al momento de hablar de política.

¿No me gusta algo que haga Macri? Lo voy a criticar. Porque es mi derecho como ciudadano. Y porque, además, esa es mi manera de decirle “Macho, no te votamos para esto, a ver si te fijás que la estás pifiando”.

Porque si no le critico los errores, no va a enmendarlos. Porque si le aplaudo cada cosa que haga, por mínima que sea, como si fuera una revolución, se va a creer infalible. Y los infalibles son los que nos llevan a los peores caos, porque nunca nadie les avisa a tiempo cuando van por el camino equivocado.

A los K, les aviso: A diferencia de ustedes con NK y CFK, yo voy a ser crítico con el gobierno de MM. No tomen eso como una reivindicación de los nefastos gobiernos a los que ustedes apoyaron ciegamente.

Tomen eso como lo que es, el ejercicio de mi derecho a la sana crítica. Mi derecho a no cerrar los ojos ante los errores. Mi derecho a expresarme sin miedo a quedar afuera de un grupúsculo de iluminados que tienen la respuesta exacta a cada pregunta. Mi derecho a no tener que opinar de determinada manera para no ser tildado de traidor.

Porque, en definitiva, votar no es darle un cheque en blanco a nadie. Es darle una responsabilidad. Es obligarlo a responder por todas y cada una de sus decisiones. Ante nosotros, los que lo votamos, y ante quienes no lo votaron.

Cambiemos.

Hagamos valer nuestros derechos como ciudadanos. Y cumplamos con nuestra obligación de controlar a quien elegimos.

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