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Vividor (Cuento en dos intentos)

Vividor (Cuento en dos intentos)
“VIVIDOR”

Daniela es una vieja gritona (a pesar de sus veintiocho años). Le reprocha todo el tiempo a Tomás, su novio, el hecho de que éste llegue tarde a la casa. Daniela es argentina. ¿Por qué es argentina y no -por ejemplo- neozelandesa? Para el propósito del siguiente juego de palabras: Daniela le dice todos los días a Tomás: “Tomás mucho, Tomás”. Tomás, su novio, se llama Tomás y no de otra forma también para el mismo propósito.

Vividor (Cuento en dos intentos)Debe ser muy tedioso para el lector leer la palabra “Tomás” tantas veces seguidas. Les pido disculpas a todos por haber dicho “Tomás” tantas veces en el párrafo anterior.

literaturaPido disculpas al lector por haber dicho “Tomás” dos veces más en las disculpas que entregué justamente por haber repetido tantas veces la palabra “Tomás”.

cuentoDiscúlpeme el lector por no poder dejar de decir “Tomás”, palabra que justamente no quiero que me arruine el texto por su excesiva repetición.

textoTomás, Tomás, Tomás. Tomás mucho, Tomás.

cervezaLo anterior constituye una afirmación de mi amor propio. Me di cuenta que estaba pidiendo muchas disculpas, olvidándome de que yo tengo el derecho absoluto de decir “Tomás” todas las veces que se me antoje en este texto.

whiskyTomás.

Tomás
Tomás

Tomás To

másTo
másTomásTomá

sTomásTomásTomásmásTomásTomásT

o
más.

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“VIVIDOR” (ahora sí que sí).

Daniela es una vieja gritona (a pesar de sus veintiocho años). Le reprocha todo el tiempo a Tomás, su novio, el hecho de que éste llegue tarde a la casa. “¡Vividor!” le grita. Para ella, la emisora del juicio, la connotación es negativa. Para Tomás, en cambio, resulta ser un elogio. Tomás es seguidor fervoroso del dionisismo. Su mejor compañero es el whisky y le gusta beberlo en un bar sucio y hediondo que está a veinte cuadras de su casa. “Don Sucio” se llama el bar, validando así las telarañas que crecen en cada rincón del lugar. Pero basta de introducciones. La historia comienza en el párrafo de aquí abajo. Este es el momento, lector, para ir por snacks que acompañen su lectura, aunque recomiendo acompañarla con cigarrillos (los cuales amenizan todo tipo de texto). Si usted fuma a la razón de 0,25 cigarrillos por minuto, con un intervalo de 5 minutos entre cigarrillo completo y cigarrillo completo, deberá traer 1 cigarrillo, ya que la lectura no se extenderá más de 4 minutos. Se preguntarán ustedes para qué coño/carajo/chingados mencioné entonces al intervalo. Pues no tengo idea. Y deberían dejar de hacerse preguntas. Las preguntas sólo producen más información y la información sólo produce más ignorancia. Les propongo que empecemos de una vez:

Fin de la introducción.

Inicio de espacio propagandístico:

No se pierda el relato de a continuación. Está repleto de la más profundas y agudas descripciones de las pasiones humanas. También hay alcohol y prostitutas griegas. Pase pase. En breves instantes. Ya casi. Ya menos que casi. Ya menos que menos que casi. Ya no falta absolutamente casi casi casi nada para que comience. Ya está.

Fin del espacio propagandístico.

Inicio del relato:

alcoholLlegó, Tomás, en la madrugada, cuando aquel sagrado silencio nocturno inundaba la casa. Era fin de mes, día de pago, circunstancia que le permitió beber varias rondas de whisky en Don Sucio. Al entrar en la casa intentó ocultar su estado de alegría -algunos desalmados prefieren decir ‘estado de ebriedad’- pero padeció aquello que le ocurre a la mayoría de los borrachos: Mientras más intentó ocultar su estado, más en evidencia quedó el mismo. Hizo ruido desde que intentó encajar sin éxito las llaves en la puerta hasta que se instaló en la cama al lado de Daniela. El camino hacia el dormitorio estaba lleno de muebles con movimiento propio, que chocaban a Tomás justo cuando éste daba un paso para esquivarlos. Tomás reflexionó: “Por haber bebido whisky, mi percepción está estropeada y resulta que por intentar esquivar la mesa, choqué de lleno con la mesa”. Todo esto lo pensó a la vez que chocaba con sillas, sillones, el mueble del televisor, el enchufe de la radio, etc. Se quedó quieto para poder continuar esgrimiendo una solución al problema: “Bajo esta distorsión de la realidad, lo que debo hacer es ir a chocar voluntariamente las objetos que quedan en el camino, y en la realidad resultará que los estoy esquivando“. El razonamiento era brillante, seguía una lógica matemática perfecta; sin embargo -cosa curiosa hasta para el narrador- al ir a chocar los objetos que quedaban -entre ellos fotografías enmarcadas en vidrio o figuritas de greda puestas sobre un mueble en el pasillo- el choque se hacía efectivo en la realidad también, y con más estruendo que los anteriores a la reflexión de Tomás.

alcoholismo_¡Mañana limpio! ¡Y mañana compro todo lo que rompí! -se apresuró a gritar Tomás apenas entró a la habitación. Daniela estaba durmiendo, pero debido a estos gritos lastimosos, despertó, para velozmente sentarse en la cama e invitar a Tomás a sentarse al lado de ella. Daniela permaneció mucho rato con el entrecejo fruncido y sin pronunciar una sola sílaba. Tomás la miró sin despegarle la vista, por varios minutos, con la intención de que comenzara a hablar de una vez y se terminara ese silencio torturador. Pero no resultó, Daniela seguía muda, denotando su enojo. El hombre se distrajo y le quitó la vista a su novia por una fracción de segundo. Volvió sus ojos a ella y resulta que estaba llorando. Daniela cambió su enojo por tristeza en un lapso absurdo de tiempo. Ira y tristeza (representadas por ceño fruncido y llanto respectivamente) son distintas. Cualquier persona puede distinguir características opuestas entre ambas, pero en una mujer como Daniela tienen un mismo fin: Producir cargo de conciencia en aquel que está al lado. Y es efectivo, porque Tomás se sintió verdaderamente culpable.

Vividor (Cuento en dos intentos)La culpa conduce, entre otras ridiculeces, a comenzar la pronunciación de una seguidilla frenética de argumentos con tinte medio filosófico-social. “Mi amor, los valores… los valores que tú entiendes como correctos son los del cristianismo. El cristianismo… tú sabes… está muy arraigado en la sociedad, en nuestra sociedad pos-posmoderna… y nos lleva sutilmente y sin que nos demos cuenta, a pensar en la idea de que existe otra vida. Tú sabes que no existe otra vida. Hay que vivir ESTA vida, y entregarse a los placeres, a la satisfacción, que es una necesidad prácticamente biológica en el ser humano”. Todo este argumento sonó a patrañas, debido a la poca seriedad que impregna el alcohol a los discursos. Daniela se dejó caer en la cama y siguió llorando gran parte de la noche, pero no le dijo nada más a Tomás. Tomás tampoco dijo nada más. Y también lloró un poquito esa noche.



Alexis González



Vividor (Cuento en dos intentos)

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