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Uruguayo de alma…da: quiere que gane Ecuador



Uruguayo de alma…da: quiere que gane Ecuador, pero no ahora

El técnico del Barcelona de Guayaquil habló sin eludir compromisos, ni tampoco dejar los sentimientos de lado.

Uruguayo de alma...da: quiere que gane Ecuador

Está bien. Se siente bien. Y no sólo se le nota en la cara. El equipo al que llegó en junio pasado está sexto y sin otra expectativa, ni esperanza, que la de clasificar a la Copa Sudamericana (ver aparte), algo que no se corresponde con su prosapia, la de uno de los clubes grandes del fútbol ecuatoriano. Sin embargo, Guillermo Almada se ve pleno, como lo muestra cuando cuenta que hace un rato fue al aeropuerto de Guayaquil, “a sacar dos pasajes, porque cuando termine el campeonato me voy con mi señora a Galápagos; estamos a una hora de vuelo y no ir sería un pecado”.

Educación.

No. Ni al Barcelona le va como quería, ni a Guillermo Almada le va como esperaba; sin embargo, el entrenador uruguayo no se expresa como un renegado, lo que podría ser comprensible en las circunstancias por las que está atravesando, ni exhala resabio por todo lo que configura su mundo actual, adentro y afuera de la cancha: Ecuador y, obvio, el fútbol ecuatoriano. “Guayaquil es precioso, todos los días hay una temperatura de alrededor de 30 grados, es un clima muy agradable, y la gente es muy servicial, muy respetuosa, muy educada, te saludan, te dicen buen día y vienen y te dan la mano, no es que pasan por al lado tuyo y no te dan pelota, como pasa muchas veces allá (Uruguay); y lo mismo los jugadores, que se ve que es algo que traen de las inferiores: llegan y te dan la mano”.

Sufrimiento.

Ese equilibrio emocional, entonces, invita a hablar con el entrenador al que, por el estilo de juego que han expuesto todos los equipos de nuestro país por los que ha pasado, y en donde en la mayoría de los casos —aunque parezca una paradoja— trabajó inmerso en una geografía de problemas y carencias económicas como las que sufre Barcelona en los días actuales, Ovación lo llamó “el Pep (por Guardiola) uruguayo”. Al cabo, esa madurez de Almada es una especie de seguro, o de título de propiedad, para que el técnico exprese su pensamiento acerca del partido que el próximo jueves Uruguay disputará contra Ecuador en los 2.800 metros de altura de Quito, a donde Barcelona debe ir a jugar en forma reiterada: “Acá, como la mayoría de los equipos son de Quito, los demás cuando van allá sufren la altura igual que nosotros; y juegan con un planteo más cauto. Nosotros vamos el día antes del partido, porque acá te los fijan a las 12 del mediodía. No está permitido por la FIFA, pero te los fijan igual; y la altura y el calor te matan. Entonces, no podés ir el mismo día, como va a hacer Uruguay, que es lo ideal; poque para eso tenés que viajar muy temprano y levantar a los jugadores a las cinco de la mañana. Te obligan a ir el día antes”.

Biotipo.

Ahora, en estos días, Almada está cerca de la selección que, no en vano mientras permanezca en Guayaquil entrenará en el estadio de Barcelona: el “Isidro Romero Carbo”, en términos populares denominado “la Casa Blanca”; pero no por eso se enfervoriza, sino que describe al próximo rival de los celestes con objetividad y conocimiento de causa: “Ecuador está muy bien, tiene muy buenos jugadores, y ha evolucionado. El biotipo del jugador ecuatoriano es espectacular: atletas, la mayoría son morenos fuertes, fibrosos y rápidos; y hoy la velocidad en el fútbol es determinante. Acá hay mucha euforia, son muy optimistas por los resultados que han logrado en el arranque de las Eliminatorias; pero hay gran respeto hacia Uruguay. No es sólo que te lo digan, uno lo nota, en la gente de fútbol y en la calle. En ese sentido, ellos lo tienen claro: saben que el partido del (próximo) jueves va a ser muy duro, reconocen la garra charrúa, te dicen que Uruguay es muy bueno defensivamente, y que saben que los jugadores nuestros van a dejar todo en la cancha”.

Inundación.

Al igual que sus equipos, Almada es equilibrado. Por eso, aunque viviendo en Ecuador sigue “enchufado” al fútbol uruguayo, porque “tengo Directv y miro los partidos de allá (Uruguay), salvo que coincidan cuando jugamos”, tampoco se manifiesta como un hincha celeste más, cuando se refiere a que Ecuador en Quito tuvo que trabajar mucho para vencer al mismo rival (Bolivia) al que los celestes le habían ganado en la altura de La Paz cinco días antes: “Lo que pasa es que llovió muchísimo y la cancha estaba inundada, sobre todo en el primer tiempo, y la pelota casi no rodaba, se frenaba. En el segundo tiempo paró de llover, drenó la cancha y ahí, entonces, Ecuador marcó una superioridad muy grande. Si no se reflejó en el resultado, es porque el arquero boliviano atajó muchísimo. Además, bueno… no hay que olvidar que para Bolivia jugar en la altura no es nada”.

Diálogos.

No es un alerta, sólo un aviso. De un entrenador compatriota que trabaja en Ecuador, y al que se le nota sin resabios, integrado con ánimo positivo al entorno cotidiano aunque aún no le va según lo que esperaba; tanto cuando cuenta que vive “en San Borombón” y que “es como Carrasco, barrios privados con guardias, y está a unos 20 del centro, porque acá hay muchas vías rápidas”, como cuando se vuelve a meter en tema y, con una sonrisa fresca, recrea sus diálogos de los últimos días con los periodistas ecuatorianos: “Yo les digo a ellos que quiero que los demás partidos los gane todos Ecuador, pero éste que lo gane Uruguay. ¿Qué querés? ¡A uno le sale el uruguayo!”

De alma…da.

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