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Un trabajo que no nos identifica.

Un trabajo que no nos identifica.

La vida es demasiado corta para tener el trabajo equivocado, para invertir tiempo y esfuerzos en algo que lejos de aportarnos bienestar e identidad social, nos conduce a una clara infelicidad o a sufrir estados de ansiedad y frustración.

Si conseguimos dedicar nuestra vida a aquello que nos gusta, ganaremos en energía y en vitalidad: no existe mayor sensación de plenitud que la de ganarnos la vida con aquello que nos apasiona.

Es muy posible que muchos de nosotros tengamos ahora un trabajo equivocado que aunque nos permita sobrevivir, nos sume en una sensación de apatía y desesperanza que merece la pena enfrentar de alguna forma.

Un trabajo que no nos identifica.
Muchos de nosotros podemos acumular un trabajo equivocado tras otro, hasta que al final damos con ese empleo que nos identifica y que nos hace felices. Ahora bien, lo más complicado será invertir todo nuestro ciclo laboral en una tarea o actividades, que lejos de hacernos crecer como personas, nos ocasiona una gran frustración.

La sensación de no estar contribuyendo en nada, ni para el propio entorno laboral, ni para la sociedad y aún menos para nosotros mismos.

Un trabajo equivocado nos genera frustración, estrés y una baja calidad de vida que repercute también en nuestras relaciones personales.

Un trabajo que no nos identifica.
Sensación de estar estancados, de no avanzar hacia ninguna dirección.

Falta de reconocimiento de los propios agentes laborales: no hay apoyo organizacional hacia la tarea que desempeñamos.

Podemos experimentar una bajada de nuestra autoestima al ver que grandes esfuerzos producen pocos resultados, y además, negativos. Tanto a nivel económico como personal.

Un trabajo que no nos identifica.
Sabemos que no es fácil encontrar el trabajo de nuestra vida, o al menos, uno que nos haga sentirnos bien, satisfechos con nosotros mismos y con lo que aportamos a la sociedad. De algún modo, todos estamos obligados a adaptarnos a un entorno cambiante, o al menos, a ofrecer algo novedoso que acabe siendo demandado por el entorno.

Un trabajo que no nos identifica.
Si no aprendes a equivocarte nunca se te ocurrirá algo original

Acumular un trabajo equivocado tras otro tiene su aspecto positivo: logras descubrir cuál es tu límite, lo que estás dispuesto a aceptar y lo que no.

Otro aspecto a tener en cuenta es que debemos aceptar tanto nuestros errores como nuestras limitaciones. Son una invitación al cambio, el pie aprovechar de forma más realista y creativa nuestras facultades.

Un trabajo que no nos identifica.
Ser creativos -en el mundo laboral- supone ofrecer un producto diferente y de gran valor que pueda servir a otros. Ahora bien, hay que tener en cuenta que para ser creativos es necesario mantenernos activos, ser muy receptivos al ambiente, reflexivos y conectar con nosotros mismos y todo lo que nos rodea.

Hay quien al ser despedido se queda “atascado”, sin saber cómo reaccionar o qué dirección tomar. Ahora bien, el modo en que reaccionemos ante este tipo de situaciones es lo que determinará nuestro rumbo.

Puedes tener suerte en un momento dado, no cabe duda, pero la suerte puntual debe ser aprovechada, al igual que esos instantes de adversidad. Lejos de quedarnos quietos, hay que estimular la intuición, la oportunidad, reformular ideas, perspectivas e incluso valores.

Un trabajo que no nos identifica.
Lo extraordinario sucede cuando salimos de la rutina, ese instante en que por fin reconsideramos nuestra trayectoria y recuperamos las pasiones que nos identifican y que pueden conducirnos hacia nuevos horizontes.

Un trabajo que no nos identifica.

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