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Tratado de Locarno

Tratado de Locarno

En la política interior alemana, los efectos inmediatos del salto francés sobre Renania fueron un fuerte impulso recibido por los partidos de derechas y, a la muerte del presidente Ebert, el viejo mariscal Hindenburg fue elegido canciller.

En 1925, Stressemann, Primer Ministro, se decidió a asistir a la Conferencia de Locarno, donde pensaba obtener la definitiva retirada de las tropas de ocupación en Alemania, una reducción de las reparaciones y, además, la revisión de la tesis de la culpabilidad. Consiguió lo primero – porque así convenía a Inglaterra – pero no lo segundo, ni siquiera la anulación del infamante artículo 232, el de la culpabilidad unilateral ale-mana, porque ello no convenía a Inglaterra, cuyas guerras, como es bien sabido, siempre se han hecho en defensa del cristianismo y del derecho y por tanto sus enemigos han sido invariablemente unos malvados.

Stressemann en Locarno renunció oficialmente, en nombre de su Gobierno, a Alsacia y Lorena; reconoció el «status quo» de las fronteras germanobelgas y firmó una auténtica capitulación ideológica pero muy poco obtuvo sobre lo esencial, aparte la ya prevista retirada de las fuerzas militares de ocupación en Alemania.

Los Aliados aceptaron todo lo que él dio, y le dejaron marchar con las manos vacías. Pidió el reconoci-miento de la igualdad de derechos para Alemania, con relación a los demás países -los países «civilizados» y democráticos- y se le negó; pidió la admisión de Alemania en la Sociedad de Naciones, y se le respondió que primero debía hacerse digno de ella; pidió que los demás países iniciaran el desarme que se habían comprometido a realizar, en Versalles, y que Alemania había consumado ya, y se le respondió que el desarme de las grandes potencias no incumbía a Alemania. Pidió al amable Briand que se considerara que existía el artículo 19 del Tratado de Versalles, que preveía la revisión del mismo, y un silencio glacial acogió tal petición.

Los firmantes del Tratado de Locarno -Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica y Alemania- se comprometían a respetarse mutuamente sus fronteras, a no aliarse militarmente con otros países sin consultar previamente con los demás miembros del Pacto, y a dirimir sus eventuales diferencias mediante conferencias internacionales. Evidentemente y como podía esperarse -nadie hizo el menor caso de lo pactado a orillas del lago Mayor. Allí Alemania renunciaba oficialmente a las tierras que le habían sido arrebatadas en el Oeste. Pero, como más adelante se vería, esto no bastaría a Francia, que violaría los acuerdos de Locarno aliándose – sin consultar con sus cosignatarios- con la Unión Soviética.

Fuentes:

– Joaquin Bochaca. Historia de los vencidos, p.81.

– La Gazeta Federalwww.lagazeta.com.ar

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