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Trabaja menos y produce más

Trabaja menos y produce más



Trabaja menos y produce más



En nuestra sociedad contemporánea, el trabajo se ha convertido en el valor más preciado, tanto por su traducción en bienestar económico como por el estatus que ha adquirido la categoría de “persona ocupada”. Las herramientas tecnológicas han enfatizado esta condición, ya que estar continuamente conectado a Internet, recibir mensajes, contestarlos en tiempo real y mantener una disponibilidad continua le da al mundo la ilusión de que somos intensamente productivos.

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Pero (y siempre hay un pero), “productividad” y “horas de trabajo” no siempre son variables directamente proporcionales. Las personas que presumen de no dormir, estar siempre al día con la información del momento y trabajar jornadas de hasta 16 horas no sólo ponen en riesgo su salud física y bienestar cotidiano. Además de todo, son menos productivas de lo que piensan. Lo que sucede es que el cerebro necesita diferentes estímulos y condiciones para funcionar al 100%, como lo han comprobado estudios internacionales.

El diario financiero The Economist en los Estados Unidos publicó uno de esos estudios, en el que se revela que las personas más productivas del mundo son los franceses, quienes trabajan “solamente” 40 horas a la semana, e incluso menos. ¿Cómo es posible…? Las trabajan bien.





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Concentración y enfoque, las claves


El problema de vivir en la era de la información es que contamos con una enorme cantidad de la misma que, paradójicamente, en su mayor parte es desechable. Aparatos como el teléfono inteligente y las tabletas que nos conectan a Internet nos llenan de alertas de cosas que no necesitamos, pero provocan la apariencia de que hacemos muchas cosas al mismo tiempo.

La leyenda del multitasking (término que se refiere a la habilidad de hacer más de una cosa a la vez) nos dice que debemos ser capaces de responder correos electrónicos, leer los periódicos y escribir un reporte de negocios al mismo tiempo; si no podemos, se supone que no estamos adecuados a nuestro tiempo.

Pero la investigación científica señala que es más valiosa la capacidad de concentrarse que la de enfrentar diversas tareas a la vez. Los expertos recomiendan, por ejemplo, empezar el día eligiendo 3 asuntos que debemos dejar resueltos ese día. Sólo 3, nada más. Si al final de la jornada los hemos terminado, habremos sido más productivos que si empezamos 15 y no terminamos ninguno.

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Dejar el mundo exterior afuera

En la oficina o cualquier lugar de trabajo habrá que concentrarse en las actividades que debemos realizar. Es muy importante aprender a no revisar el correo electrónico todo el tiempo, porque eso desvía nuestra atención de lo que tenemos que hacer. La sugerencia de los especialistas es que nos demos 3 o 4 espacios durante el día para abrir el correo, Facebook u otras redes sociales, por un máximo de 15 minutos. Una hora espaciada durante el día es más que suficiente para saber qué pasa a nuestro alrededor sin perder la concentración.

Y sobre todas las cosas, hay que organizar el tiempo de manera que podamos realizar alguna actividad física, al menos, media hora al día. El cerebro necesita del movimiento corporal tanto como de una buena lectura o de una conversación interesante. Alimentarlo con cuotas equilibradas de ejercicio, relaciones humanas y comida saludable es la receta para trabajar menos horas, pero hacerlo mejor.

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