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Tevez … Reconciliación con el fútbol puro

Reconciliación con el fútbol puro
Tevez ... Reconciliación con el fútbol puro
El gesto de Tevez de volver en plenitud nos devuelve al juego en estado natural. Su actitud debe ser un ejemplo.
Tevez ... Reconciliación con el fútbol puro
Que más que una Bombonera a pleno, con gente sin lugar en las tribunas, para ver a un jugador que no participaba de un partido, ni siquiera de un amistoso. Si haber generado una convocatoria de superclásico ya representa un hecho destacado, el regreso de Carlos Tevez supera con amplitud ese episodio que de por sí alcanza singularidad mundial.

Tevez nos devuelve a lo mejor del juego, a su estado más puro, porque nos saca del cinismo que hoy se requiere para ver un encuentro. No abundan, hoy en día, jugadores identificados con una camiseta y, en cambio, desbordan las expresiones testimoniales, las expresiones de circunstancia según las cuales todos dicen morir por los colores que visten y por el sentimiento que genera este deporte; sin embargo, a la hora de corroborar esos principios, no hay verificación que lo corrobore: las declaraciones devienen declamaciones.

Los dirigentes no le han dado al fútbol lo que deben entregarle en lo estructural y en organización institucional, los árbitros viven bajo sospecha permanente y los jugadores promisorios salen de escena ante la primera chance de emigración, incluso a sabiendas de los riesgos que asumen cuando lo hacen a ligas que suponen un destierro competitivo. Entonces, surge una disyuntiva: cunde la desesperanza o se expande una forma de hipocresía que permite seguir persiguiendo los valores del juego cuando se sabe que esos elementos ya no están presentes.

El futbolista, en semejante contexto, tiene que dar ejemplos y recompensas para que el juego vuelva a las raíces. Si el jugador lo hace, si ese primer paso se transforma en una cadena y esos episodios pasan a ser comunes, la percepción que se tenga de ese universo donde rigen intereses individuales y mezquinos va a cambiar. Ganará otra legitimidad y el fútbol como juego será el tema dominante en los debates acerca de este deporte. Todo se va a subordinar a lo que dicten las reglas del juego. Tevez, está claro, no le sacó el cuerpo a esta exigencia.

El fútbol necesitaba un mensaje tan poderoso como el que emitió Carlos. Llenó la cancha por la utopía de que esto que tanto nos apasiona vuelva a ser lo que alguna vez fue. El cordón umbilical que nos unía al fútbol era el del juego, el de la pelota, el de asumir un desafío albergando la esperanza de superación genuina, con recursos nobles. Tevez viene a decir eso.

Verle la cara de felicidad, algo que no se manifiesta en la mayoría de los jugadores, de alegrarse por estar en el lugar en el que realmente quiere estar, fue conmovedor y gratificante. Tevez desea jugar acá pese a la devastación de nuestro fútbol. Y lo hace en plenitud, todavía con tres o cuatro años de rendimiento fértil por delante. Carlos buscó regresar porque, dijo, ya había pasado el tiempo de hablar en italiano y en inglés. También resignó hacerlo en el idioma de España porque ni siquiera lo sedujo la propuesta del Atlético de Madrid. Su elección es un privilegio en tiempos de opciones recortadas. Rompió con los paradigmas porque, usualmente, el profesional se marcha donde quiere el representante, donde la oferta manda o donde sus condiciones lo sostienen. La elección con absoluta libertad es hermosa.

Todos estos motivos refuerzan su identificación genuina con la gente. Por eso le cae a la perfección la designación como “El jugador del pueblo”.

Tevez ... Reconciliación con el fútbol puro
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