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técnicas de propaganda militar moderna

Las técnicas de la propaganda militar moderna

http://www.voltairenet.org/article191785.html

por Thierry Meyssan

La propaganda es tan vieja como las sociedades humanas. Pero se ha desarrollado considerablemente con los medios masivos de difusión y hoy responde a reglas precisas. Thierry Meyssan aborda la historia y principios de esta ciencia de la mentira.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 16 DE MAYO DE 2016

técnicas de propaganda militar moderna
El término «propaganda» surgió como referencia al órgano romano encargado de propagar el catolicismo frente al protestantismo: la «Congregatio de Propaganda Fide».

propaganda es una técnica militar diferente de la estratagema. El objetivo de la estratagema, cuyo arquetipo antiguo es el célebre caballo de Troya, es engañar al enemigo. Con la propaganda lo que se busca es engañar a su propio bando, generalmente para obtener apoyo. Por supuesto, esta técnica militar ha tenido numerosas aplicaciones civiles, tanto en el ámbito comercial como en materia de política.

En una primera etapa, los regímenes monárquicos y oligárquicos se limitaban tratar de dar muestras de poderío, sobre todo mediante la organización de ceremoniales o recurriendo a toda una arquitectura pública. Los regímenes democráticos, desde el momento mismo de su aparición, suscitaron la propaganda. La democracia ateniense valorizó el sofisma, o sea una escuela de pensamiento que trataba de presentar como lógica cualquier aseveración.

En el siglo XVI, los Medicis, una familia de comerciantes, buscaron la manera de rescribir su propia historia, inventándose un origen menos corriente. Para ello recurrieron al «mecenazgo artístico», utilizaron a los mejores artistas del país para dar cuerpo a la mentira a través de sus obras de arte.

Posteriormente, mientras las guerras de religión se generalizaban en toda Europa, el papa Gregorio XV creó un ministerio («dicastere») para defender la fe católica ante el avance del protestantismo: la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe («Congregatio de Propaganda Fide»). De ahí proviene la palabra «propaganda».

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En enero de 2015, a raíz del asesinato de los dibujantes de “Charlie-Hebdo”, Joachim Roncin, un administrador de Reporteros Sin Fronteras, lanza el eslogan «Je suis Charlie» (Yo soy Charlie), que fue retomado de inmediato como medio de disolver la individualidad de cada cual en la multitud anónima. Esta consigna ha sido modificada después, cada vez que ocurre algún tipo de atentado, como en el «Je suis Bruxelles» difundido después de los atentados que enlutaron Bruselas en marzo de 2016. Las personas que rechazan ese tipo de eslogan se ven acusadas de «conspiracionismo».

La propaganda en la era industrial

La era industrial dio lugar a un éxodo rural masivo, a la creación grandes núcleos urbanos y al surgimiento de la clase obrera. Mientras las «masas» entraban en el mundo de la política, el sociólogo francés Gustave Le Bon estudió la sicología de la «muchedumbre», o sea a la infantilización del individuo dentro del seno de un gran grupo. Le Bon identificó así el principio básico de la propaganda moderna: para poder manipular al individuo, hay que “disolverlo” incorporándolo primero a una multitud.

Al inicio de la Primera Guerra Mundial, en septiembre de 1914, los británicos crearon en secreto el Buró de Propaganda de Guerra (conocido como «Wellington House») dentro del ministerio de Relaciones Exteriores. Retomando el modelo de los Medicis, los británicos reclutaron a los grandes escritores de la época, como Arthur Conan Doyle, H. G. Wells y Rudyard Kipling, para publicar textos que atribuían crímenes imaginarios al enemigo alemán, y también reclutaron pintores para que ilustraran aquellas historias. Posteriormente reclutaron también a los patrones de los principales periódicos (The Times, Daily Mail, Daily Express, Daily Chronicle) para garantizar la publicación de aquellas falsedades.

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Este esquema fue aplicado más tarde por el presidente estadounidense Woodrow Wilson con la creación, en abril de 1917, del Comité de Información Pública («Committee on Public Information»). Este órgano se hizo famoso utilizando miles de líderes locales –los llamados «Four Minute Men»– para que difundieran “la verdad”. También desarrolló la propaganda visual, que produjo el célebre cartel «I want you!», y trató de estimular la producción de películas. Lo más importante fue que sustituyó el reclutamiento de grandes escritores por un grupo de sicólogos y periodistas creado alrededor de Edward Bernays (el sobrino de Sigmund Freud) y de Walter Lippmann, confiándoles la misión de inventar diariamente historias extraordinarias, terribles y con algún tipo de enseñanza, para ponerlas a la disposición de los magnates de la prensa. Así se pasó de la orientación que el Poder transmitía a un grupo de artistas, a la narración de historias («storytelling») fabricadas sistemáticamente según ciertas reglas científicas.

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Después de haber dirigido la propaganda estadounidense durante la Primera Guerra Mundial, Walter Lippmann había adquirido la profunda convicción de que las personas son fundamentalmente manipulables. Para Lippmann, la democracia era por consiguiente imposible de alcanzar y debía considerarse sólo como un señuelo para obtener la anuencia de los administrados.

Mientras los anglosajones trataban solamente de marcar la imaginación de su gente y de convertir la aprobación de la guerra en un fenómeno de moda, los alemanes prefirieron tratar de hacer que la gente participara en las historias imaginarias que les contaban. Recurrieron al uso generalizado de los uniformes, que permiten al individuo desempeñar un papel, y la puesta en escena de espectáculos grandiosos –políticos y deportivos– que expresaban la opinión mayoritaria.

Fue sin duda en aquel momento cuando se elaboró la «propaganda moderna», o sea la difusión de creencias que nadie puede criticar y a las que nadie puede dar marcha atrás. El individuo que ha participado en una marcha de las antorchas portando un uniforme negro ya no será capaz de cuestionar sus convicciones nazis sin cuestionarse a sí mismo y tendrá que revisar simultáneamente el pasado y su propia visión del futuro. Joseph Goebbels instituyó además un encuentro diario en el ministerio de Información donde él mismo definía los «elementos de lenguaje» que los periodistas debían utilizar. Ya no se trataba solamente de convencer sino de modificar las referencias de las masas. Los alemanes fueron además los primeros en controlar los nuevos medios de comunicación –radio y cine– y llegaron incluso a penetrar en los domicilios familiares instalando allí la televisión.

Goebbels veía el arte de la propaganda como una lucha contra el individuo. Subrayó la importancia de la repetición constante para vencer la resistencia intelectual del individuo. El problema era particularmente importante en la medida en que el uso de la televisión volvía a apuntar en la dirección inversa, de la masa hacia el individuo.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, la Asamblea General de la ONU, por iniciativa de la URSS y de Francia, adoptó una serie de resoluciones (las 110 técnicas de propaganda militar moderna, 381 técnicas de propaganda militar moderna y 819 técnicas de propaganda militar moderna) que prohibían la propaganda y garantizaban el acceso a la información contradictoria. Cada Estado miembro transcribía aquellos principios en su legislación nacional. Pero, el único que puede emprender acciones legales contra la propaganda es el ministerio público, o sea el Estado… y la propaganda es precisamente una práctica de Estado. Así que todo siguió como antes.

Durante la guerra fría, estadounidenses y soviéticos rivalizaron en materia de propaganda. Contrariamente a la idea ampliamente difundida, los soviéticos no hicieron grandes innovaciones, exceptuando la reescritura del pasado. Borraron tal o más cual corriente de pensamiento retocando las fotos oficiales y haciendo desaparecer a los líderes que las habían representado. Mientras tanto, los estadounidenses desarrollaron el uso de la radio contra los soviéticos (Radio Free Europe) y del cine destinado a sus propios aliados (Hollywood). También innovaron creando organismos permanentes –supuestamente privados y de carácter científico– encargados de justificar a posteriori las políticas públicas. Se trata de los llamados «think-tanks», también llamados «tanques pensantes» o «laboratorios de ideas». Como indica su nombre, la función de estos órganos no es estudiar y proponer, como podrían hacerlo los universitarios, sino fabricar argumentaciones, en el sentido sofístico del término.

Algo más interesante es que, al enfrentar insurrecciones nacionalistas en el Tercer Mundo, el ejército de Estados Unidos utilizó técnicas de propaganda para intimidar a los participantes en las rebeliones comunistas y mantener los regímenes neocoloniales. La guerra sicológica se había limitado hasta entonces a hacer creer a los enemigos que no podían confiar en sus comandantes y que la derrota era inevitable. En Filipinas, por ejemplo, el general estadounidense Edward Lansdale inventó un monstruo mitológico que vagaba en la jungla y devoraba seres humanos y fabricó “hechos” que parecían demostrar su existencia. Así logró que la población desistiera de prestar ayuda a los sublevados que se escondían en la jungla.

La propaganda en la era de los satélites y la informática

Tres fenómenos se han conjugado durante los últimos 25 años: la sociedad del espectáculo, los satélites y la aparición de la informática.

1- La sociedad del espectáculo

Por ser la televisión un espectáculo, la propaganda exige, primeramente, la organización de hechos espectaculares.