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Si ella te pone a prueba…

¿Estás cansado de que esa chica que te gusta o con quien estás empezando una relación te trate mal o te desafíe todo el tiempo? Entonces tienes que prestar atención a lo que te voy a contar, porque yo estuve en esa situación, y aprendí por qué las mujeres te ponen a prueba.

Lo primero es reconocer si ella se comporta de esa manera porque está poniéndote pruebas para saber si vales la pena. Las mujeres están dispuestas a presionarte para ver hasta dónde pueden llegar, y luego dirán que no tenías personalidad, o que te han perdido el respeto. Claro que no lo hacen a propósito, es algo que están programadas para hacer, porque naturalmente buscarán el mejor ejemplar de hombre con quien estar.

Si alguna vez estuviste en esta situación, tengo noticias. También me pasó a mí. Hace algunos años, empecé una relación con una chica hermosa de la universidad, Nicole. Al principio todo iba bien, hasta que en un viaje a México con mis amigos, ella empezó a actuar diferente. Intentaba aislarme de ellos, me hablaba mal de mis amigos y los criticaba sin piedad. Pensé que no tenía que contradecirla, ya que me gustaba mucho y no quería que me dejara. Entonces comencé a decirle que sí, que tenía razón, aun cuando no estaba completamente de acuerdo con ella.

Esto siguió por días, y comencé a notar que se alejaba, que ya no me prestaba tanta atención, o que me miraba diferente, como con un cierto desprecio. No entendía de qué se trataba, y seguía jugando a su juego, pasando más tiempo con ella durante las vacaciones, aunque no me hablaba por horas o estaba de mal humor. Pensé que todo estaba terminando, y que cortaría conmigo al volver. ¡Y lo peor es que no sabía qué estaba haciendo mal!

En aquel momento no sabía que las mujeres te ponen a prueba, y pensé que su actitud hacia mí demostraba que simplemente había perdido interés. Creí que podía recuperarla alardeando de mis logros, y entonces cada vez que podía mencionaba algo de mi pasado que me hacía sentir orgulloso. Pero sus ojos y su rostro decían que no estaba impresionada. La trataba como una reina, y nada. ¿Qué más podía hacer?

Resignado, dejé de obedecerla. Al final del viaje, tuvimos la oportunidad de volver en un vuelo directo a casa, pero solo había lugar para dos. Eso significaba que tendría que dejar a mis amigos atrás y volver solo con ella. Después de la experiencia de los últimos días, de su malhumor y su desamor, no quería volver con ella, prefería hacerlo con mis amigos. Además, ellos se enojarían si los dejaba por una chica que de todas maneras iba a dejarme al minuto de volver a casa.

Entonces me impuse y le dije que volvería en el mismo vuelo que mis amigos. Ella se enojó, y no me habló durante todo el viaje hacia el aeropuerto. Apenas me miraba, y estaba visiblemente molesta.

En el aeropuerto, su indiferencia se convirtió en maltrato. Todo el tiempo me gritaba para que caminara más rápido y dejar atrás a mis amigos. Hasta que me cansé, me detuve y le dije que no la seguiría más. Si ella quería separarse del grupo, que se volviera a casa sola.

En ese momento, volví a retroceder hasta donde estaban mis amigos, seguro de que todo había terminado. Pero para mi sorpresa, ella empezó a caminar más lento, y a mirar hacia atrás para ver cuándo la alcanzaba, hasta que finalmente se detuvo y esperó a que nos uniéramos con ella. Desde ese momento, intentó tomarme del brazo, abrazarme, y me miraba distinta, tal como era al principio.

El resto del viaje se la pasó tratando de que la perdonara, estaba casi llorando y abrazándome para que volviera a ser todo como antes.

Entonces entendí que me había puesto una prueba. Quería saber hasta dónde podía presionarme para que hiciera lo que ella quería. Y cuando la obedecía, perdía valor en sus ojos.

Entonces, no se trata de contradecirla deliberadamente, sino de mantener tu postura y tus valores; de no asentir a todo lo que ella diga solo porque tienes miedo de perderla. Porque si te presentas como un desafío, ella te valorará mucho más que si te ve como un cachorrito al que puede llevar de la correa.