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Sexo virtual: la nueva forma de relacionarse

Hoy es común entre los adolescentes conocer a alguien, pasarse los contactos y descubrirse por la Web. Todo es posible. El doctor Juan Carlos Kusnetzoff responde las dudas más comunes.

Sexo virtual: la nueva forma de relacionarse



Hace una semana que chateo con una chica por Internet. Ahora ella me pide que le muestre mis pechos. Aunque sea con una computadora mediante, me da vergüenza. ¿Está bien?”

No está ni bien ni mal. En realidad, conviene respetar los estilos, las indicaciones educacionales y demás gustos elementales, en toda ocasión y ante cualquier medio. Lo importante es que le hagas saber tu incomodidad y no te sientas incómoda, sino respetada.

“Con mi novio nunca tuvimos relaciones sexuales, pero por Internet tenemos sexo virtual. ¿Significa que ya no somos vírgenes? Sé que es tonto lo que pregunto pero realmente siento que avanzamos tanto que ya no somos vírgenes.”

La virginidad no es solo de orden físico y perderla no implica únicamente la rotura del himen. Si la experiencia con tu novio te hace sentir así, es porque algo de pérdida de la inocencia o la intimidad, de entrega al otro, experimentan a través del sexo virtual.

“Cada vez que miro imágenes o películas pornográficas por la Web para masturbarme, después termino con una sensación de desagrado de mí misma. Todo lo que me resultaba súper excitante medio segundo antes, al terminar me avergüenza y pienso que no lo voy a hacer nunca más… Aunque sepa que no lo podré cumplir, ¿tengo un tema con la culpa?”

Quizás signifique que, para vos, el hecho está prohibido. Por lo tanto, hacerlo es una transgresión. En este caso puede más la satisfacción momentánea que “quebrar” una norma, un consejo, una condición, aprendida muchos años atrás. La sensación de malestar, es el “castigo” por haberte animado a transgredir.

“Tengo experiencias gays por la Web muy excitantes y una novia real que no me gratifica tanto. ¿Soy gay?”

Es muy probable que seas homosexual. Y eso está determinado por lo que mencionás, es decir, por la satisfacción sexual, que te produce el vínculo con otros hombres.

“¿Hay algún foro o página web que brinde información confiable sobre métodos anticonceptivos? No me animo a consultarle a nadie”.



Lo mejor es explorar los diversos sitios al respecto, ya que de todos podés sacar información. Más allá de esto, conviene encontrar un interlocutor de confianza que te despeje las dudas. Puede ser algún familiar, un amigo, un maestro o un profesional de la salud. No hay nada malo en preguntar. El error es quedarse con la duda en un tema tan delicado como las formas de cuidarse.

Vi el Facebook de mi hija de 15 años abierto y le descubrí una conversación erótica con un compañero de clase. ¿Puedo decirle que eso no está bien, le saco el tema sin aclararle que vi la charla o no tengo que hacer nada?”

No parece conveniente no hacer nada. Es muy probable que esté buscando hablar, dialogar e informarse sobre esos temas. Leer un libro juntas, comentar ilustraciones y responder preguntas es lo mejor que pueden hacer los padres frente a estas situaciones.

“Estoy enamorada de un chico que conocí por Internet. Todavía no nos vimos personalmente, pero él nunca me pregunto mi edad. Sé que tiene 23 años. Nunca le dije que yo tengo 16. ¿Se asustará cuando me vea?”



Internet tiene eso: en general, se ignora qué edad tiene la persona con la cual se intercambia información, lo que es poco prudente. Tampoco sabemos que tan sincera es la persona e ignoramos sus intenciones. A veces es peligroso exponerse uno mismo o compartir los datos personales. Y siempre conviene ser precavido.

“Mi hijo se pasa largas horas frente a la computadora y siempre que le preguntás qué hace contesta ‘nada’. Temo que esté chateando con alguien o viendo películas para mayores. ¿Qué debo hacer para tener precaución con sitios para adultos?”

Lo más conveniente y resolutivo es hablar con un técnico para bloquear determinados sitios. Como padres se tienen determinados derechos como, por ejemplo, a ejercer control de lo que leen, miran, observan y exploran los hijos de determinada edad. Es parte de nuestra obligación como padres.

“Empecé a chatear con una chica de mi misma edad –18 años– y últimamente terminamos con conversaciones muy eróticas que me dejan mal. Ahora quiero verla pero ella se niega. ¿Qué hago?”



Las conversaciones por Internet no son siempre reales, convincentes o auténticas. Saber eso protege de desilusiones y/o frustraciones que llevan a tristezas y penurias. También hay otros factores que pueden hacer que se dilate un encuentro con el otro: la timidez puede ser uno de ellos. Proponéselo firmemente si es tu deseo que lo virtual pase al plano “real”.

“Conocí a una chica en un boliche y, como vive muy lejos, mantuvimos relaciones sexuales por chat. Básicamente nos masturbamos viéndonos mutuamente. El tema es que hace dos semanas nos pudimos encontrar y el encuentro físico resultó bastante menos satisfactorio. ¿A qué puede deberse? Se supone que ya nos conocíamos bastante”.



El conocimiento no se reduce a conversar, ya sea personalmente o en un chat. La presencia física, con sus modalidades, es esencial para conocer realmente a alguien. La experiencia “en vivo y en directo” no es reemplazable por nada. Esa diferencia, se veía en siglos anteriores con las cartas. Hoy es con el chat e Internet.

Extractos del coleccionable “Las 1.000 preguntas que siempre te hiciste sobre sexo” del doctor Juan Carlos Kusnetzoff, médico psiquiatra y sexólogo.

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