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Serie: Los Pintores – 59 – Camilo Corot, el contemplativo

Nuestro corazón a veces repica jubiloso, a veces tañe como desfallecido.

¡Ah! Seguramente la campana se ha hecho a semejanza suya.

Serie: Los Pintores

59 – Camilo Corot, el contemplativo

Serie: Los Pintores - 59 - Camilo Corot, el contemplativo

Jean-Baptiste Camille Corot (París, 16 de julio de 1796 – ibídem, 22 de febrero de 1875) fue un pintor francés de paisajes, uno de los más ilustres de dicho género y cuya influencia llegó al impresionismo.

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Serie: Los Pintores - 59 - Camilo Corot, el contemplativo

A más de 2 siglos del nacimiento de este pintor francés, cuya vida transcurrió entre guerras y revoluciones, la evocación de su figura sólo puede ser hecha desde el punto de vista de la contemplación.

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Bacante con una pantera (1850-60)

Acaso no haya existido otro pintor que reflejara con tal ternura y luminosidad las perspectivas de la campiña de Francia llenas de una placidez paradisíaca.

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Ville d’Avray (c. 1867). Óleo sobre tela. National Gallery of Art, Washington, D.C.

Corot, el contemplativo, atravesó una era de sangre y luto, sin experimentar en sí el menor afán de combate.

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Recuerdo de Mortefontaine (1864). Óleo sobre tela, 89 x 65 cm. Museo del Louvre, París.

El era un artista, y vivió como tal desde los tiempos del Directorio, en las postrimerías del siglo XVIII, hasta los duros días de la guerra franco-prusiana y el sitio de París.

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Roma, vista desde los Jardines Farnese. Colección Phillips, Washington, D.C.

Fue en París, precisamente, donde nació, en 1796. Juan Bautista Corot. Hijo de una familia burguesa que poseía un negocio de mo¬das y mercería en la calle Du Bac.

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Mujer con una perla. Museo del Louvre, París

Fue esmeradamente educado, de acuerdo a las costumbres de su tiempo; pero a él le gustaba dibu¬jar, y lo hacía a hurtadillas, pues sus padres no querían saber nada de tal oficio.

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El viejo puente de Mantes. Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba

Llegada la edad de orientarse en la vida, su progenitor le dijo:

– Mira: un amigo mío que tiene una tienda de paños te ofrece un empleo. A ver cómo te portas.

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El estanque de Ville-d’Avray, Museo Nacional de Bellas Artes (Argentina)

Y es el caso que Juan Bautista se portó tan mal, pero tan mal que no duró en su empleo sino contados días, a tal extremo que resultaba inútil para esas tareas.

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Autorretrato.

De regreso en su hogar sus pa¬dres no tuvieron más remedio que dejarlo seguir los dictados de su vocación. Y el joven Corot se dedicó de lleno al estudio del di¬bujo y la pintura.

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Bosque de Fontainebleau

Fueron sus maestros los grandes paisajistas Michallon y Bertin, esos extraordinarios señores del color y de la fantasía, que creían que antes que la naturaleza estaba la imaginación, y a cuyo pos¬tulado respondía íntegramente su obra.

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Le Concert Champêtre (“El concierto campestre&quotSerie: Los Pintores - 59 - Camilo Corot, el contemplativoSerie: Los Pintores - 59 - Camilo Corot, el contemplativo

Corot aprendió con ellos que un paisaje no es un paisaje sí no está empapado de lo que el artista desea que el paisaje sea.

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Bacante en un paisaje (1865)

En una palabra; aprendió un arte convencional, lleno, es cierto, de idealismos, pero por completo despojado de ese soplo vital que sólo puede expresar la naturaleza.

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Roma – La Isla y puente de San Bartolomeo 1826-28

Resulta, pues doblemente sorprendente que quien había tenido tales principios como base de su arte lo echara un día todo por la borda y se dedicara a “decir” lo que veía en deslumbrada contem¬plación.

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Bacante tumbada en la playa (1865)

Sí; ése era el paisaje, ésa la luz, ésas las aguas quieta¬s de los estanques, y los techos rústicos de las chozas y las hojas amarillentas o relucientes, de los árboles. Sí; eso era la verdad.

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Bacchante á la tambourin (1860)

La gloriosa verdad que Dios ponía ante sus ojos, y solo traicionando a Dios podía uno pretender enmendarle la plana a la naturaleza, había que servirla, por el contrario, con lo más noble y legítimo de la fuerza creadora.

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Ninfa tumbada en el campo (1855-58)

Y a tal servidumbre dedicó Juan Bautista Corot los años de su vida.

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Venus bañandose (1873-74)

Se ha dicho – y acaso sea éste uno de los más sólidos méritos de Corot que él descubrió la “atmósfera” en la pintura.

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La Toilette. Paisaje con figuras (1859)

Lo cierto es que todo el arte contemporáneo del paisaje está implícito en la genial visión del contemplativo francés.

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Odalisca de Sicilia (1872)

Este, ni clásico ni romántico, tomó, según uno de sus panegiristas, algo de las dos tenden¬cias en pugna. Pero este “algo” era sólo lo que se acomodaba a su arte. Ello bastó para que surgiera un nuevo concepto del paisaje.

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El Monje y su Violoncello (1874)

La figura de Corot – dice Etienne Moreau Neleton, – única en su género pertenece a la vez a dos mundos diferentes y personifica dos tendencias artísticas en apariencia contradictorias e incon¬ciliables.”

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La Odalisca romana Marietta (1843)

Felizmente, huyó de lo abstracto, que fue la esclavitud de sus maestros. Y tuvo la virtud de entregarse a la pura contem¬plación de las campiñas luminosas.

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Rebecca (1839)

Que por él habrían de cobrar en el lienzo al conjuro de sus pinceles mágicos, su verdadero valor de profundidad y de anchura, de delicadeza y de gracia.

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Mujer con sombrero y una mandolina (1850)

Esencialmente fue, pues, un poeta de los campos. Gran dibu¬jante, ajustó a la precisa reproducción de lo que veía la magia de su paleta, embebida en las más sorprendentes suavidades que pue¬da imaginarse.

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Odalisque (1871-73)

Sus árboles son árboles en el sentido más aéreo y más hondo a la vez de la palabra. Están allí como puestos por la propia naturaleza.

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La Carta (1865)

Y tienen, atrás, un cielo que hasta entonces era desconocido en la pintura.

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Dreamer en la fuente (1860-70)

No se crea, sin embargo, que Corot fue solamente un paisajista. Pintó también retratos y figuras, y lo hizo con parejo señorío, con exacta seguridad.

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La pequeña Jeannette (1848)

Trasladó su sentido de la naturaleza a la figura humana.

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La Artista en su estudio(1868)

Por eso este aspecto de su obra, aun sin ser el que le dio fama, adquiere un valor extraordinario en el examen global de su producción.

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Mujer pensativa en vestido oriental (1879)

A punto de cumplir ochenta años, Dios lo llamó a su seno.

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La Dame en Bleu (1874)

An¬dando por los campos y haciendo de los campos algo maravilloso en sus lienzos innumerables, había atravesado el período más com¬plejo que ha vivido Europa.

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Vista de la Riva en el Tirol italiano

El era un contemplativo y no quiso mezclarse en la política. que parecía absorberlo todo.

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La Cigarra (1865-70)

“Ni siquiera cuando el sitio de París quiso sumarse a la pasión colectiva, y se pasó el tiempo pintando. No bien el sitio fue levantado, le escribió a un amigo:

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Liseuse coronada de flores o la musa de Virgilio (1845)

“Je pense que l’infortune m´oblige de me réfugier sous la voute du ciel et les ombroges épais et de me placer le mieux possible pour assister au concert des oiseaux. ”

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La Cervara, la campiña romana

Y así un día – hace de esto muchos años – se fue a es¬cuchar un concierto de los pájaros a la región de donde no se vuelve.

Fuentes:

Wiki

Revista Selecta de Abril de 1956

Nota:

Bacante: Mujer que en la antigua Roma estaba consagrada al culto del dios Baco.

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