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Segunda Guerra Mundial La Mayor Farsa De La Historia.

BUENO AMIGOS HOY LES VOY A DEMOSTRAR DISTINTOS HECHOS QUE DEMUESTRAN QUE TODO LOS QUE NOS VENDIERON MAS BIEN NOS BOMBARDEARON LOS DISTINTOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN (CUALES LOS MAS GRANDES PERTENECEN JUDIOS) SOBRE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL ES UNA FARSA, TAMBIEN DE COMO LOS JUDIOS SALIERON BENEFICIADOS HACIENDOSE DEL CONTROL DEL MUNDO Y LOS MAS GRACISOSO DE TODO ES QUE SALIERON COMO SUPUESTAS VICTIMAS DEL”HOLOCAUSTO” QUE SABEMOS QUE FUE UNA TOTAL Y GRAN MENTIRA, BUENO LINCES LOS DEJO CON EL POST.

Como las Grandes Compañías Petroleras Trasnacionales Judío Sionistas Financiaron a Hitler y lo Llevaron al Poder en Alemania.

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En 1911 se extraía petróleo de Texas en los EU, de Bakú en el Caucaso, Rusia, que eran los yacimientos más grandes del mundo en esa época y en cantidad de otros sitios de menor categoría.-

John Rockefeller, los Nobel y los Rothschild, todos judíos sionistas, eran los dueños de las principales compañías petroleras en el mundo, la Standard Oil, la Vaccuum Company, la Royal Dutch Shell, etc .-

Con la revolución rusa y el advenimiento del gobierno comunista en ése país se perdieron las inversiones, de éstos grupos judíos poderosos, en Bakú, Rusia, y sus compañías petroleras sufrieron grandes pérdidas económicas.

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El tratado de Versalles, después de la primera guerra mundial, condenó a Alemania a no tener ejército permanente y a permanecer desarmada.-

Pero éstos grupos judíos sionistas poderosos: los Nobel, los Rockefeller y los Rothschild, conspiraron para armar a Alemania y poner un hombre fuerte , de confianza en el poder, que llevara a cabo sus planes de atacar Rusia, tumbar la revolución comunista y reconquistar las inversiones petroleras en Bakú, fueron ayudados y aliados de la iglesia católica, apostólica romana que tenía interés en que Hitler hiciera una masacre entre los cristianos ortodoxos, que dominaban en Rusia.En 1927 se firmó un pacto secreto entre los nazis y ésas trasnacionales propiedad de judíos, entre ellas las más importantes eran Standard Oil, la Deutsche Petroleum S.A., la Vacuum Oil Company. etc.-

Estas compañías propiedad de judíos sionistas, pactaron con Adolf Hitler, planes secretos, para que éste invadiera Rusia y recuperara el petróleo de Bakú e invadiera Irak, Irán, Siria, Palestina, el Canal de Suez, y el Golfo Pérsico, los cuales fueron refrendados y bendecidos por la iglesia católica romana.-

La Vacuum Oil Company contrató en 1927 a Adolf Eichmann, el cual integró la Junta directiva de ésta compañía en Alemania, como representante de Hitler y los nazis.-Segunda Guerra Mundial La Mayor Farsa De La Historia.
En 1927, la Standard Oil y la IG Farben fundaron la Compañía “Standard IG Farben con sede en los EU de Norteamérica.-

Su presidente fue William Farish, un judío comerciante de petróleo.-

IG Farben pactó en secreto con el gobierno nazi y les cedió las patentes globales, para el proceso de hidrogenización del carbón , para producir carburante sintético a partir del carbón, lo cual solucionó el problema de los nazis con respecto al carburante o combustible, para su maquinaria bélica, pues Alemania tenía carbón en su subsuelo, pero no petróleo, y así los nazis, repetimos, pudieron fabricar petróleo sintético a partir del carbón.

Las compañías petroleras nazis, habían descubierto la producción de goma sintética o caucho sintético y éste invento y patente se lo cedieron a su vez a la Standard IG Farben y a la Standard Oil, norteamericana, para fabricar buna, o caucho sintético para fabricar cauchos o llantas para automóviles.-

Los negocios secretos entre las compañías norteamericanas y las compañías nazis, a partir del primer cuarto de siglo, fueron cada vez mayores.

La Unión Bank Corporation empresa trasnacional con sede en EU, vendía desde 1924, bonos alemanes en el mercado norteamericano, su presidente George Herber Walker (judío sionista) llevó a su yerno Prescott Bush, abuelo de George W.

Bush al directorio.-

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Prescott Bush también dirigía la Walkers American Shipping and Commerce, con su ruta Hamburgo- América.

En su directorio estaba Emil Helfferich integrante del círculo de amigos del Reichs- Furer, que era a su vez, presidente de la sociedad alemana- americana de petróleo, posteriormente Esso y de la Vacuum Oil Company de Hamburgo.-

Prescott Bush fué el presidente y accionista de uno de los bancos nacidos del Unión Banking Corporation, banco de capital germano norteamericano que, según muchos investigadores, financió al partido nazi y la guerra iniciada en l938 por Hitler.-

La Unión Banking Corporation surgió a raíz de la iniciativa del judío millonario Averrel Harriman, quien consiguió la sociedad de la familia Thyssen de banqueros judios alemanes.

Ambas familias acordaron la creación de un banco de capital norteamericanoalemán el cual arrancó en 1924.-

A través del UBC era posible la transferencia de dinero de EU a Alemania y de allí a Holanda, pues los Thyssen también poseían el August Thyssen Bank en Berlín y el Bank Voor Handel en los Paises Bajos.

Los nazis fueron pagados, armados y adiestrados por las camarillas judías financieras de Nueva York y Londres, uno de cuyos ejecutivos principales era Prescott Bush, abuelo del actual presidente de los EU.-

Cuando Hitler tomó el poder en 1933, todo iba como había sido planificado.

La Deutsche Bank se metió a través de su Petyroleum S.A., en el negocio petrolero, con Standard Oil y la Shell se repartían riesgos y ganancias, el pacto era que tanto la Standard Oil como la Shell ayudarían a los alemanes en el ataque a Irán e Irak y llevarían allá sus máquinas de perforar.

El problema mayor del ejército alemán era el combustible para los tanques y aviones. Se podía producir del carbón, gracias a las patentes de la Standard Oil, pero no era suficiente.

En 1941 se acordó en el senado norteamericano hacer una ley sobre intercambio ilegal con el enemigo y se abrió una causa penal contra la Standard Oil, por entregar combustible a los submarinos , barcos y aviones alemanes.-

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Como sería y es el poder de los judíos en EU, que en 1942, el Pentágono pidió al presidente Roosevelt que cerrara la causa contra la Standard Oil, para no poner en peligro la producción bélica y Roosevelt aceptó.-

Estos judíos, dueños de grandes compañías petroleras de EU, socios de otros judíos propietarios de compañías petroleras alemanas, que contribuyeron a llevar a Hitler al poder, a armar a Alemania y darle poderío bélico, trataron por todos los medios de que los EU no se metieran en la segunda guerra mundial, pensaban que Hitler ganaría la guerra.

Organizaciones derechistas de EU como America First, defendían los intereses de las compañías judío norteamericanas que habían invertido en Alemania y que simpatizaban y negociaban con los nazis.

Una declaración de guerra, hubiera puesto en peligro éstas inversiones, además los planes del gobierno mundial secreto sionista judio (GMSSJ), eran que los EU, entrara a último momento en la guerra mundial contra los nazis, siempre y cuando se viera claramente que Alemania sería derrotada.

El plan del GMSSJ, era que las grandes corporaciones judío norteamericanas, especialmente las petroleras, apoyaran y financiaran a Hitler y a la Alemania nazi y utilizar el poderío bélico alemán, para tumbar y destruir la revolución comunista rusa y recuperar la inversiones en Bakú, especialmente y que al mismo tiempo Hitler, invadiera y se apoderara, como ya hemos dicho, de los países petroleros como Irak, Irán, Siria, Afganistán, Pakistán, India, Palestina, Canal de Suez y del Golfo Pérsico, y que Hitler llevara a cabo un antisemitismo extremo y que matara unos millones de judíos, de Alemania y del Centro de Europa, los cuales, la mayoría eran de izquierda y no eran sionistas, y así los judíos sionistas irían eliminando multitudes de judíos no sionistas, judíos ortodoxos o verdaderos judíos y esa mafia sionista se iría adueñando, mediante el chantaje , la violencia y el asesinato en masa de la raza judía, en la esfera. Así, luego pondrían a los judíos en el mundo como víctimas y el mundo sentiría una simpatía hacia ellos, que les permitirían adueñarse de la economía del mundo, sin encontrar resistencia de los gentiles. He aquí la clave del porqué del Holocausto nazi, como le gusta nombrarlo a los judíos sionistas. Luego del fracaso de los nazis en Rusia, cuyo ejército infringió enormes pérdidas al ejército alemán y de la gran resistencia de Inglaterra, que también causó severos daños al poderío bélico alemán, se vió claramente que Alemania y sus aliados Japón e Italia, estaban perdiendo la guerra y que iban hacia la derrota.


La farsa del holocausto judío



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En este mundo nos podemos cuestionar muchas cosas interesantes como por ejemplo, si hay vida en Marte, si existen los extraterrestres o por qué narices la tostada siempre cae al suelo por el lado de la mermelada. Pero ni se te ocurra cuestionar el holocausto judío sucedido en la Alemania nazi.

Y el hecho por el que es aconsejable no preguntar mucho sobre este tema es que en más de 30 países está penado con multas o penas de cárcel de hasta 2 años negar que tal acontecimiento “histórico sucediese”.

España quiere que negar el Holocausto sea un delito en el Código Penal.

Gallardón lo plantea en el anteproyecto de reforma presentado recientemente.

El ministro de Justicia es “un amigo sincero” del pueblo judío y de Israel

Las asociaciones judías en España se muestran satisfechas, pero piden cautela.

De esta forma, a finales de 2012 España incluía en su código penal la negación del holocausto judío y le hacía un guiño a la comunidad judía.

Con el simple hecho de observar estas medidas, ya da mucho que pensar.

Pero, ¿Qué sucedió realmente durante la segunda guerra mundial?¿Realmente hubo una persecución y genocidio sobre el pueblo judío?

Si y no.

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La incuestionable teoría oficial nos cuenta que 6.000.000 de judíos fueron aniquilados de la forma más cruel, pero si nos ponemos a revisar cifras hay algo que no encaja.

Para empezar, jamás hubo seis millones de judíos en el área ocupada por las tropas alemanas ya que realmente había menos de 4 millones.

Si nos remitimos a las listas de muertos en los campos de concentración, las cifras cambian radicalmente, pasando a los 370.000 muertos.

Pero atención, estos 370.000 no fueron aniquilados ni exterminados, simplemente morían, como murieron otros 62 millones de personas durante la guerra, tanto judíos como aliados, de inanición, tifus o vejez.

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Y si murieron más de 60 millones de personas y “sólo” 370.000 judíos, ¿por qué se califica como una persecución o un plan de exterminio al pueblo judío?

Otra de las fábulas que nos han contado sobre estos “campos de exterminio” es que se gaseaban a los judíos en cámaras de gas. Bien, como dijo Jack el Destripador; Vayamos por partes.

Supuestamente el gas que se utilizaba para gasear a los judíos era el “Zyklon B”, pero este gas se llevaba utilizando desde la primera guerra mundial no sólo por militares sino también por civiles como un potente pesticida y desinfectante. Y en los campos de concentración se utilizó para lo que realmente servía, desinfectar algunas zonas.

Es bastante Irónico, ya que mucha gente moría de tifus, una enfermedad que se contagiaba por la falta de higiene y la acumulación de piojos, y digo que es irónico porque si realmente los nazis hubiesen utilizado en grandes cantidades el “Zyklon B” mucha gente no habría muerto de tifus.

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Además, a día de hoy, ningún superviviente de los campos de concentración ha podido afirmar que haya visto a alemanes gasear en ningún campo de concentración. Y nadie, nunca ha sido arrestado y acusado oficialmente de gasear prisioneros en campos de concentración.

También se afirma que el personal de los campos de concentración entraba inmediatamente a las “cámaras de gas”, sin ningún tipo de protección para extraer los cadáveres.

Incluso se ofreció una recompensa de 50.000 dólares a quien aportase alguna prueba de que realmente existiesen dichas cámaras de gas. El dinero fue depositado en un banco y todavía se espera a alguien que pueda aportar algún tipo de prueba creíble.

Quizás haya gente que se remita a los escasos documentos donde militares nazis afirman que si habían cámaras de gas. Lamento decepcionarles al decirles que estos pocos documentos fueron o bien falsificados (como por ejemplo el caso Poliakov) o bien sustraídos y obligados a ser firmados tras largas sesiones de tortura por parte de salvajes interrogadores judíos.

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Retornando un poco al tema de las cifras vemos que según el “World Almanac” del American Jewish Commitee (Almaneque Mundial del Comité Judío Norteamericano) había, en 1938 unos 15.688.259 judíos en todo el mundo.

Según el New York Times, en un artículo publicado por W. Balswin, en 1948 la población mundial judía ascendía a 18.700.00 personas.

Si de los 15 millones de 1938 les restamos los supuestos 6 millones delholocuento, uy, perdón, quise decir holocausto, nos quedan apenas 9 millones. Es absolutamente imposible que estos 9 millones hayan podido reproducirse para construir los 18 millones de 1948. Ninguna población en el mundo es capaz de duplicar su número en tres o cuatro años. Ni siquiera en 10 años sería posible tal crecimiento demográfico.

“Una gran parte de la literatura sobre la Solución Final de Hitler no tiene ningún valor para un erudito. Ciertamente, los estudios sobre el Holocausto están llenos de absurdos, si no, de puros fraudes… Viendo las tonterías que se profieren a diario sobre el Holocausto, lo raro es que existan tan pocos escépticos”.

Dr. Norman Finkelstein, investigador judío y autor de La industria del Holocausto.

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Es sabido que, poco después del cese de hostilidades de la II Guerra Mundial, todo judío que no pudo ser inmediatamente localizado, o que no se registró ante las autoridades aliadas, fue automáticamente considerado muerto por exterminio. Debido a este procedimiento absolutamente arbitrario se llegaron a producir casos bastante ridículos. Uno de ellos es el de Simone Veil, quien fuera Ministra de Salud Pública del gobierno francés de postguerra y hasta llegó a ser presidenta del Parlamento Europeo. Se puede ver su nombre en la página 519 de la “Memoria de la Deportación de los Judíos de Francia”, en dónde esta buena señora figura como persona ejecutada en la cámara de gas. Su resurrección sigue siendo un misterio.

El pueblo judío siempre ha ido de víctima cuando realmente ha sido al contrario.

Hay que remontarse sólo unos pocos años antes de la segunda guerra mundial ya que en 1932 los judíos, en efecto llevaron a cabo un genocidio de al menos 6.000.000 gentiles ucranianos en el Holodomor (“matanza a través del hambre”). Otros 30 millones (más o menos) de gentiles fueron fusilados, colgados, muertos de hambre y/o trabajaron hasta la muerte en los campos de trabajos forzados del Gulag durante las seis décadas de reinado judeo-bolchevique en la Unión Soviética.

Y si realmente los judíos sabían que estaban siendo exterminados y sabían que su destino era la cámara de gas, ¿por qué no lucharon?

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Pues por el simple hecho de que no eran capturados para exterminarlos, ya que no existió tal genocidio, simplemente eran llevados a campos de concentración para usarlos como simple mano de obra para fábricas de la zona.

De ahí en famoso cartel a la entrada del campo de concentración de Auschwitz en el que ponía “El trabajo os hará libres”. Si fuesen campos de exterminio, ¿qué pinta ese cartel ahí?

Estas son unas ínfimas pruebas de la gran farsa del holocausto judío que no han intentado inculcar desde pequeños en las escuelas y no la inestimable ayuda de películas basura como El Niño del Pijama de Rayas y demás propaganda de HollyWood, o mejor dicho, JudiWood.

La gran mentira de Pearl harbor.

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Mito: EE.UU. se vio obligado a declarar la guerra a Japón después de un ataque japonés totalmente inesperado a la base naval estadounidense de Hawái el 7 de diciembre de 1941. Debido a la alianza de Japón conla Alemania nazi, esta agresión llevó automáticamente a EE.UU. a la guerra contra Alemania.

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Realidad: El gobierno de Roosevelt había deseado durante un cierto tiempo ir a la guerra contra Japón y la quería provocar mediante la institución de un embargo del petróleo y otras provocaciones. Por haber descifrado los códigos japoneses, Washington sabía que una flota japonesa iba de camino a Pearl Harbor, pero acogió bien la posibilidad del ataque ya que una agresión japonesa le daría la posibilidad de convencer al público estadounidense, cuya abrumadora mayoría se oponía a la guerra.

Un ataque japonés, a diferencia de un ataque estadounidense contra Japón, ayudaría a evitar una declaración de guerra del aliado de Japón, Alemania estaba obligada por un tratado a ayudar a Japón solo si este último era atacado. Sin embargo, por motivos que no tienen nada que ver con Japón o EE.UU., sino totalmente con el fracaso de la “guerra relámpago” de Alemania contra la Unión Soviética, el propio Hitler declaró la guerra a EE.UU. unos días después de Pearl Harbor, el 11 de diciembre de 1941.

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Otoño de 1941: EE.UU. estaba entonces, como ahora, gobernado por una “elite de poder” de industriales, dueños y administradores de las principales corporaciones y bancos del país, que constituían solo una ínfima fracción de su población. Entonces como ahora, esos industriales y financistas –“EE.UU. Corporativo”– tenían estrechas conexiones con los rangos más altos del ejército, “los señores de la guerra” –como los llamó el sociólogo de la Universidad de Columbia, C. Wright Mills, quien acuñó el término “elite del poder”, – para los cuales se erigió pocos años después un inmenso cuartel general, conocido como Pentágono, en las orillas del Río Potomac.

Por cierto, el “complejo militar-industrial” ya existía desde hacía muchas décadas cuando al final de su carrera como presidente, y después de haberle servido diligentemente, Eisenhower le dio ese nombre. Hablando de presidentes: en los años 30 y 40, entonces como ahora, la elite del poder tuvo la generosidad de permitir al pueblo estadounidense que eligiera cada cuatro años entre dos de los miembros de la elite –uno con la etiqueta de “republicano”, el otro de “demócrata”, pero pocos conocen la diferencia– para que residieran en la Casa Blanca a fin de formular y administrar políticas nacionales e internacionales. Esas políticas sirvieron –y sirven– invariablemente los intereses de la elite del poder, en otras palabras, apuntaron consecuentemente a promover “los negocios”, un nombre en clave de la maximización de los beneficios de las grandes corporaciones y bancos, miembros de la elite del poder.

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Como dijo francamente en una ocasión en los años veinte el presidente Cavin Coolidge: “el negocio de EE.UU. [queriendo decir del gobierno estadounidense] son los negocios”. En 1941, el inquilino de la Blanca era un miembro bona fides de la elite del poder, vástago de una familia rica, privilegiada y poderosa: a quien se refieren frecuentemente como “FDR”. (A propósito, la riqueza de la familia de Roosevelt se basó, por lo menos en parte, en el comercio de opio con China; como escribiera Balzac: “detrás de todas las grandes fortunas hay un crimen”.)

Roosevelt parece que sirvió bastante bien a la elite del poder, porque ya logró que le nombraran candidato (difícil) y lo eligieran (¡relativamente fácil!) en 1932, 1936 y otra vez en 1940. Fue un logro remarcable, ya que los “sucios años treinta” fueron tiempos duros, marcados por la “Gran Depresión” así como por grandes tensiones internacionales, que en 1939 llevaron al estallido de la guerra en Europa. La tarea de Roosevelt –servir los intereses de la elite del poder– no fue nada fácil, porque dentro de las filas de esa elite diferían las opiniones sobre cómo podía rendir el presidente el mejor servicio a los intereses corporativos. Respecto a la crisis económica, algunos industriales y banqueros estaban bastante contentos con el enfoque keynesiano del presidente, conocido como el “Nuevo Trato”, que involucraba mucha intervención estatal en la economía, mientras otros se oponían vehementemente y exigían ruidosamente un retorno a la ortodoxia del laissez-faire. La elite del poder también estaba dividida respecto al manejo de los asuntos exteriores.

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A los propietarios y altos administradores de muchas corporaciones estadounidenses –incluidas Ford, General Motors, IBM, ITT y la Standard Oil of New Jersey de Rockefeller, conocida ahora como Exxon– les gustaba mucho Hitler; uno de ellos –William Knudsen de General Motors– incluso glorificó al Führer alemán como “el milagro del Siglo XX”. El motivo: en la preparación de la guerra, el Führer estaba armando Alemania hasta los dientes y las numerosas fábricas subsidiarias de las corporaciones estadounidenses se habían beneficiado generosamente del “auge armamentista” de ese país, produciendo camiones, tanques y aviones en sitios como la planta Opel de GM en Rüsselsheim y la gran planta de Ford en Colonia, Ford-Werke; y compañías como Exxon y Texaco habían estado ganando mucho dinero suministrando el combustible que los tanques de Hitler necesitarían para avanzar hasta Varsovia en 1939, a París en 1940 y (casi) hasta Moscú en 1941. ¡No es sorprendente que el 26 de junio de 1940 los administradores y propietarios de esas corporaciones celebrasen las victorias de Alemania contra Polonia y Francia en una gran fiesta en el Hotel Waldorf Astoria en Nueva York!

A “Capitanes de la industria” de EE.UU., como Henry Ford, también les gustaba como había cerrado Hitler los sindicatos alemanes, ilegalizado todos los partidos laboristas y arrojado a los comunistas y a muchos socialistas a campos de concentración; querían que Roosevelt impartiera el mismo tipo de tratamiento a los molestos dirigentes sindicales propios y a los “rojos” de EE.UU., estos últimos todavía numerosos en los años treinta y principios de los cuarenta. Lo último que querían esos ‘capitanes’, era que Roosevelt involucrara a EE.UU. en la guerra al lado de los enemigos de Alemania, eran “aislacionistas” (o “no-intervencionistas”) y también lo era, en el verano de 1940, la mayoría del público estadounidense: un Sondeo Gallup, realizado en septiembre de 1940, mostró que un 88% de los estadounidenses quería mantenerse fuera de la guerra que asolaba Europa. No es sorprendente, por lo tanto, que no hubiera ninguna señal de que Roosevelt quisiera limitar el comercio con Alemania, y menos todavía lanzarse a una cruzada contra Hitler. En los hechos, durante la campaña electoral presidencial en el otoño de 1940, prometió solemnemente que “no enviaremos a [nuestros] muchachos a guerras extranjeras” .

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El hecho de que Hitler hubiera aplastado a Francia y otros países democráticos no preocupaba a los sujetos corporativos estadounidenses que hacían negocios con Hitler; en los hechos, pensaban que el futuro de Europa pertenecía al fascismo, especialmente a la variedad alemana de fascismo, el nazismo, en lugar de la democracia. (Típicamente, el presidente de General Motors, Alfred P. Sloan, declaró entonces días que era bueno que en Europa las democracias estuvieran cediendo ante ¡“una alternativa [es decir el sistema fascista] con dirigentes fuertes, inteligentes y agresivos, que hacían que la gente trabajara más y más duro y que tenían el instinto de gángsteres, todas buenas cualidades”! Y, ya que ciertamente no querían que el futuro de Europa perteneciera al socialismo en su variedad evolucionista, para no hablar de revolucionaria (es decir comunista), los industriales se mostraron particularmente contentos cuando, casi un año más tarde, Hitler hizo finalmente lo que esperaban hace tiempo, es decir, atacar a la Unión Soviética para destruir la patria del comunismo y una fuente de inspiración y apoyo de los “rojos” de todo el mundo, también en EE.UU.

Mientras muchas grandes corporaciones hacían lucrativos negocios con la Alemania nazi, otras ganaban mucho dinero haciendo negocios con Gran Bretaña. Ese país –aparte de Canadá y otros países miembros del Imperio Británico– era, por cierto, el único enemigo que le quedaba a Alemania desde el otoño de 1940 hasta junio de 1941, cuando el ataque de Hitler a la Unión Soviética llevó a la alianza entre Gran Bretaña y la URSS. Gran Bretaña necesitaba desesperadamente todo tipo de equipamiento para continuar su lucha contra la Alemania nazi; quería comprar gran parte en EE.UU., pero no podía hacer los pagos en efectivo requeridos por la legislación “pague y llévese” existente en EE.UU. Sin embargo, Roosevelt posibilitó que las corporaciones de EE.UU. aprovecharan esa inmensa “ventana de oportunidad” cuando, el 11 de marzo de 1941, introdujo su famoso programa de “Préstamo y Arriendo”, suministrando a Gran Bretaña crédito virtualmente ilimitado para comprar camiones, aviones y otro material bélico en EE.UU. Las exportaciones de Préstamo y Arriendo a Gran Bretaña generaron ganancias inesperadas, no solo por el inmenso volumen de negocios que implicaba, sino también porque esas exportaciones tenían precios inflados y se usaban prácticas fraudulentas como la doble facturación.

Un segmento de EE.UU. corporativo comenzó por lo tanto a simpatizar con Gran Bretaña, un fenómeno menos “natural” según lo que ahora tendemos a creer. (Por cierto, después de la independencia de EE.UU., la ex madre patria había seguido siendo durante mucho tiempo el archienemigo del Tío Sam; y todavía en los años treinta los militares de EE.UU. tenían planes de guerra contra Gran Bretaña y de una invasión del Dominio Canadiense, incluyendo planes para bombardear ciudades y utilizar gases tóxicos) . Algunos portavoces del conglomerado corporativo, aunque no muchos, incluso comenzaron a favorecer un ingreso de EE.UU. en la guerra al lado de los británicos; se les conoció como los “intervencionistas”. Por supuesto muchas, si no todas, las grandes corporaciones estadounidenses ganaban dinero mediante negocios tanto con la Alemania nazi como con Gran Bretaña y, como de ahí en adelante el propio gobierno de Roosevelt se estaba preparando para una posible guerra multiplicando los gastos militares y pidiendo todo tipo de equipos, también comenzaron a ganar más y más dinero suministrando material bélico a las propias fuerzas armadas de EE.UU. .

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Si había una cosa en la que todos los dirigentes de EE.UU. Corporativo estaban de acuerdo, no importa si sus simpatías individuales se orientaban hacia Hitler o Churchill era que la guerra de Europa en 1939 era buena, incluso maravillosa, para los negocios. También estaban de acuerdo en que mientras más durara esa guerra, mejor sería para todos ellos. Con la excepción de los intervencionistas pro británicos más fervientes, además estaban de acuerdo en que no había una necesidad urgente de que EE.UU. participara activamente en esa guerra, y ciertamente no para ir a la guerra contra Alemania. Lo más ventajoso para EE.UU. Corporativo era un escenario en el que la guerra en Europa se alargara el máximo posible, para que las grandes corporaciones pudieran seguir lucrándose con el suministro de equipamiento a alemanes, británicos, a sus respectivos aliados y al propio EE.UU. Por lo tanto, Henry Ford “expresó la esperanza de que ni los Aliados ni el Eje ganenla guerra”, y sugirió que EE.UU. debería suministrar a ambos lados “los instrumentos para seguir combatiendo hasta que ambos colapsen”. Ford practicó lo que predicaba y posibilitó que sus fábricas en EE.UU., Gran Bretaña, Alemania y en la Francia ocupada, produjeran equipos para todos los beligerantes . La guerra pudo ser un infierno para la mayoría de la gente, pero para los “capitanes de la industria” estadounidenses, como Ford, fue un paraíso.

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