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Rusos en el Paraguay

Paraguay, la segunda patria

Rusos en el Paraguay

Panteón Nacional de los Héroes

En el Panteón Nacional de los Héroes del Paraguay, entre muchas placas conmemorativas hay una con la cruz ortodoxa.

En ella están anotados los nombres de seis oficiales rusos y una inscripción concisa: “Memoria eterna”. Los antecedentes de la aparición de esos nombres en el Panteón Nacional de los Héroes del Paraguay se remontan a los mediados de la década de los años veinte del siglo pasado. Fue cuando el general ruso Iván Beliáev “descubrió” ese lejano país latinoamericano para sus compatriotas, que se encontraban exiliados tras el establecimiento del poder soviético en su patria. En ese entonces la mayoría de los emigrantes, sobre todo los antiguos oficiales blancos quienes habían combatido contra los “rojos” en la guerra civil, pasaban penurias en Europa. Cuando el general Beliáev llegó al Paraguay, le ofrecieron que imparta clases en la academia militar de ese país. Pero, lejos de pensar sólo en su propia instalación, el general se sentía preocupado por la difícil suerte de miles de sus connacionales quienes rodaban por el mundo. Acordó con el gobierno del Paraguay la creación de una gran colonia rusa ahí. Siguiendo al general, se dirigieron al país transatlántico profesionales de distintas áreas y sus antiguos compañeros de armas, que habían atravesado, al igual que él mismo, por la Primera Guerra Mundial y después por la guerra civil en Rusia. Muchos de los oficiales rusos que llegaron al Paraguay no sólo poseían una buena preparación militar, sino que también dominaban otras especialidades técnicas. En Paraguay todos los rusos fueron recibidos cordialmente. Tras superar los primeros años difíciles, los exiliados lograron establecerse. Algunos de ellos se hicieron de pequeños negocios propios, otros trabajaban como ingenieros, topógrafos, agrimensores, otros más impartían clases en la academia militar y posteriormente en la universidad.

Rusos en el Paraguay

Gral.Iván Beliáev

Sin embargo, Paraguay permaneció sólo por un tiempo como un lugar tranquilo. En 1932 estalló la guerra. Las autoridades de la vecina Bolivia pretendían adueñarse del territorio limítrofe del Chaco Boreal. Las tropas bolivianas iniciaron las operaciones militares con la toma de los fuertes paraguayos. El presidente del Paraguay anunció el reclutamiento obligatorio. En la Guerra del Chaco, como la denominaron, los paraguayos en realidad defendían su integridad territorial y la independencia de su patria.

Como escribió el escritor inmigrante Mijaíl Karatéev, “Paraguay les pareció a los oficiales rusos como una nación injustamente atacada que libraba una guerra justa”. Inmediatamente se reunieron para decidir qué hacer, la discusión no fue prolongada. Los recuerdos de los participantes de esa reunión nos trajeron las palabras del capitán Nikolái Kórsakov quien dijo: “Ya han transcurrido doce años desde que hemos perdido a nuestra amada patria y doce años que no hemos estado en acción. Paraguay nos acogió con calidez y cariño, pero hoy le llegaron días difíciles. ¿Qué estamos esperando? Paraguay es nuestra segunda patria que necesita que la defendamos, y todos somos oficiales”.

Al día siguiente todos fueron al ministerio de guerra y se alistaron como voluntarios en el ejército paraguayo, conservando sus grados militares de antes, con sólo dos letras: ”HC” lo que significa “Honoris Causa” que se agregaron a su grado militar. Los datos acerca del número de los “honoríficos” oficiales rusos que combatieron del lado de Paraguay, difieren en distintas fuentes. Pero, en el núcleo de mando de las tropas paraguayas había veintitrés capitanes rusos, trece mayores, cuatro tenientes coroneles, ocho coroneles y dos generales: Iván Beliáev y Nikolái Ern. Iván Beliáev participó en la elaboración de operaciones militares en el Estado Mayor y también de forma directa en las hostilidades. Nikolái Ern, especialista en materia de fortificaciones, dirigió durante casi toda la guerra obras de fortificación de las posiciones defensivas paraguayas. Los oficiales rusos ejercieron el mando de escuadrones, baterías, compañías, batallones y regimientos. No escatimaron esfuerzos por defender a su nueva patria, y seis de ellos entregaron sus vidas por ese país.

¿Quiénes son esas personas, cuyos nombres están inmortalizados en la placa conmemorativa en el Panteón Nacional de los Héroes del Paraguay?

El primer oficial ruso que murió en la Guerra del Chaco, fue un cosaco de la región del río Don, capitán Vasili Orefiev-Serebriakov. Él comandó un batallón durante el asalto del fuerte de Boquerón del que se habían apoderado los bolivianos. Ahí se desarrollaron los principales combates de la Guerra del Chaco. El capitán ruso llevó a los soldados paraguayos al ataque, exclamando: “¡Adelante, a Boquerón! ¡Viva el Paraguay!”. Él mismo estuvo delante de la tropa con el sable desenvainado, y como si no notara el sonido de las balas. El capitán Orefiev-Serebriakov cayó en ese ataque cuando faltaban sólo unos metros hasta la primera línea de defensa. Los soldados sacaron a su comandante herido de muerte del campo de batalla. Sus últimas palabras fueron: “He cumplido la orden. Lindo día para morir”.

Mencionemos a otros oficiales rusos que murieron en la Guerra del Chaco y cuyos nombres se pueden leer hoy sobre la placa conmemorativa en el Panteón Nacional de Héroes en la capital paraguaya: teniente coronel Víctor Kornilovich, los mayores Serguéi Salázkin y Nikolái Goldschmidt, los capitanes Vasili Maliútin y Borís Kasiánov.

Hablaremos en especial sobre el capitán Kasiánov. Oficial del regimiento de dragones de la guardia imperial en Rusia, durantes la Guerra del Chaco comandó el escuadrón de reconocimiento de la división. Los soldados paraguayos lo llamaban “Nene”. Uno de los oficiales subalternos del “Nene” escribió que ellos “estaban dispuestos a seguir a su comandante ruso hasta a “la boca del diablo”. Pero, una vez muchos no volvieron de la batalla, entre ellos el jefe ruso. Entonces su escuadrón entró en combate con las fuerzas superiores del enemigo. Los soldados paraguayos recordaban como él había cubierto con su cuerpo la ametralladora de gran calibre del enemigo. El parte oficial decía que “el capitán Kasiánov murió como un héroe, haciendo callar la ametralladora del enemigo a costa de su propia vida”.

“La historia paraguaya” del capitán Kasiánov tuvo una emotiva continuación. Desde la época de sus estudios en la Universidad de Moscú tenía un gran amigo: Nikolái Emeliánov. Cuando empezó la Primera Guerra Mundial los dos se alistaron como voluntarios en el ejército, tomaron un curso acelerado en la escuela militar de caballería y se marcharon directamente al frente. Después fue la revolución, la guerra civil, la emigración. Los amigos se perdieron. Borís Kasiánov se fue a Paraguay por invitación del general Beliáev, mientras que Nikolái Emeliánov logró establecerse muy bien en París, encontró trabajo en un banco, más tarde abrió su propia oficina jurídica. Pero, un día se enteró, del periódico de inmigrantes, que en el lejano Paraguay murió heroicamente el ex oficial del ejército ruso Borís Kasiánov. De inmediato Nikolái cierra su negocio en París y se va a pelear al país desconocido, para sustituir a su amigo caído. El Ministro de Asuntos Exteriores de Paraguay llamó entonces a Emeliánov “el romántico caballero de Rusia, movido por la gran fuerza del espíritu, el anhelo de justicia y el sentimiento del deber ante su compañero caído”. El capitán ruso se puso al frente de un escuadrón de cincuenta combatientes. Debido a las heridas que lo dejaron fuera de combate no pudo terminar la guerra peleando.

La aportación de los oficiales rusos en la victoria del Paraguay fue reconocida no sólo en ese país. Es notable el reconocimiento del general alemán Hans Kundt, quien estuvo al frente del ejército boliviano, en el que combatieron ciento veinte mercenarios alemanes. Decía después de su dimisión que lo más lamentable fue darse cuenta de que le habían ganado sus viejos enemigos en la Primera Guerra Mundial, los generales rusos Beliáev y Ern.

Los oficiales rusos nunca han enaltecido su papel en la Guerra del Chaco, ellos hacían justicia a la abnegación y el heroísmo de los soldados paraguayos, apreciaban a los destacados comandantes del ejército paraguayo, considerando que en primer lugar gracias a ellos se consiguió la victoria. Tras perder su patria para siempre y al ponerse el uniforme de otro ejército, los exiliados también ahí trataban de poner en alto el honor de oficiales rusos. Y lo consiguieron a través del crisol de la Guerra del Chaco. Pero, en la Unión Soviética esos hechos se callaron. Sólo en la nueva Rusia democrática ha cambiado la actitud hacia esas valientes personas, cuyos nombres llevan actualmente muchas calles de Asunción. Y en el Panteón Nacional de los Héroes en la capital paraguaya apareció otra placa conmemorativa que dice: “De los heroes rusos del Paraguay Rusia guarda memoria”.

http://spanish.ruvr.ru/radio_broadcast/101842993/200651388/

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Justo es rescatar del olvido a aquellos valerosos rusos que pelearon y algunos murieron por su patria de adopción, el Paraguay. En ese sentido, además de Belaieff, rememoramos los nombres de los generales de división Nicolás Ern y Stephan Vysokolán, además del general de brigada Jorge Butlerov.

También combatieron los coroneles Boris Frey, Sergio Kern, Leo Orangiereff, José Puschkarevich, Dr. Arturo Weiss (de sanidad), Alejandro von Eckstein, José Kielo Gablesky (comunicaciones), los tenientes coroneles Sergio Stchekin, Sergio Salaskin, Igor Orangiereff, Arsenio Kolankovsky, Boris Kasianoff, los mayores Nicolás Chircoff, Nicolás Hodoley, Nicolás Korsakoff, Leónidas Lesch, Basilio Orefieff Serebriakoff (aquel que el 28 de septiembre de 1932 expresó: “Qué lindo día para morir”), el Dr. Mitrofan Retivoff (de sanidad), Eugenio A. Bauer von Ekartshansen, Dr. Nicolás Butkevich (veterinario), Nicolás Goldschmidt, Dr. Constantino Gramatchicoff (sanidad) y Vladimir Sryvalin, el capitán de fragata Jazon Tumanoff y los capitanes Nicolás Blinoff, Víctor Cornilovich, Boris Dedoff, Nicolás Emilianov, Boris Yurakosky, Jorge Ozols, Basilio Malutín, Vladimir Porfinenko (de aviación), Juan Tarakus, Jorge Tchirkin, Constantino Ungern Stemberg, Ernesto Altman, Bauer von Ekartshansen, Paul Chapochnikoff, Vladimiro Baschmakoff, Sergio Horodovich y Sergio Schetinin.

Se destacaron también en los campos de batalla los tenientes 1º Vsevolod Kanonnikoff, Eugenio de Giers (ambos de marina), Boris Ern, Alejandro Taranchenko, Constantino Malinovsky, Wadin Zakharoff (comunicaciones), Nicolás Golushkevich y los tenientes 2º Ivan Bardick, Jorge von Horoch, Ladislao Woroniecky, Wladimiro Schetina, Rostilav Wilkins y el radiotelegrafista 2º Wenceslao Yeloff.

TRAS LAS LINEAS

En la retaguardia actuaron los generales de brigada Dr. Eugenio Timchenko (de sanidad) y Nicolás Zimovsky, mayor Dr. Juan Dirzne (de sanidad) y los capitanes Dr. Alejandro Gaidukoff, Sergio Belowsky (ambos de sanidad) y Emilio Zajarchouk. Los tenientes 1º de sanidad Gregorio Popoff y Dra. Vera Retivoff de Popoff, Vladimir Sadoff y Dra. Bárbara de Sadoff, el teniente 2º de sanidad Dr. Alejandro Latkowsky, empleado militar armero Sergio Welichev.

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