Facebook Twitter RSS Reset

River, una obra de construcción

River, una obra de construcciónRiver, una obra de construcción

Los éxitos tienen causas diversas, incluso muchas veces suponen episodios aislados que no responden a consignas fijas, sobre todo en un fútbol caótico, con equipos afectados por limitaciones presupuestarias y éxodo de sus protagonistas. En un contexto semejante en el que resulta incierta la planificación y la estabilidad, mantenerse arriba es infrecuente. En River, campeón de la Copa Sudamericana 2014 y finalista de la Libertadores 2015, además de protagonista de los torneos locales en los dos últimos años, dos elementos que se combinaron para esta cadena de sucesos. El recambio dirigencial después de su peor momento en más de 100 años de historia permitió una renovación con procesos y hombres diferentes. Y por otro lado, la elección de Marcelo Gallardo para suceder a Ramón Díaz, en el contraste con los hechos, no fue una decisión temeraria sino racional. El reemplazo de un DT emblemático como el riojano abría la incertidumbre, porque cuando se va un líder se genera un escenario de ansiedad y nostalgia en el entorno del equipo: se idealiza al que se fue y todo lo demás parece insuficiente. Gallardo siempre supo que un arranque en firme le serviría para sentar las bases. Aunque no logró conservar a tope el juego demoledor que mostró en el primer tramo de su semestre de inicio, sí confirmó a River como un conjunto competitivo, capaz de eliminar a Boca de dos competencias internacionales. Gallardo expone una destreza peculiar: sin alejarse de su identidad de juego (presión alta, agresividad a partir de la posesión, proyección de los laterales para doblar el ataque por las bandas, recuperación en campo ajeno…) supo encontrar siempre una formación que representara, casi sin interrupciones, aquel perfil.

El técnico de River sacó y puso intérpretes según rendimiento presente sin hacer concesiones, porque la titularidad, así, se sostuvo en la vigencia. Armó según diferentes momentos en función de fortalezas y debilidades propias y ajenas. Y los cambios que ensayó en los partidos apuntaron, en general, a que el equipo no perdiera los atributos que él entiende como distintivos.

Gallardo supo lidiar con bajas relevantes en diferentes etapas de su mandato -por caso, de Carbonero a Gutiérrez- sin perder competitividad y forjó un núcleo de futbolistas convencidos del plan que ejecutan. River es confiable porque el deseo y el temperamento determinaron su carácter. Eso, sin dudas, es obra del entrenador.

Más allá de que River, por momentos, tiene una sobredosis de ese ritmo que ahoga y eso le quita oportunidades de sacar mejor provecho de sus atributos, ese frenesí bien puede ser efecto de otra tarea específica del técnico. Muchas veces se cree que vestir una camiseta pesada representa, en sí mismo, el capital de la autoestima. Error. Al futbolista hay que reforzarle conceptos, ayudarlo a creer que es mejor, estimularlo a la superación para que jamás se estacione en la gloria o en la frustración del pasado y que, a la vez, evite proyectarse más allá del presente. Ahí estuvo la mano de Gallardo porque River, en su gestión, se ha enfocado mentalmente. River, en este ciclo, ha tenido caídas individuales, pero consiguió respaldo en el orden colectivo. Es un equipo que cree en el mensaje de su entrenador. Por eso es capaz de alcanzar el refugio y el sustento que otorga el conjunto

por Diego Latorre.

River, una obra de construcciónGIF

No comments yet.

Leave a Comment