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“Recuerdo la lluvia” – Cuento propio (muy triste)

RECUERDO LA LLUVIA.

Cayó, torrentes de gotas de lluvia caían en picada desde el cielo, explotando en el impacto al chocar contra la carretera. Nubes de tormenta colgaban encima de nosotros mientras nos dirigíamos en un silencio incómodo a lo largo de la vía con poca luz. Agresiva, el agua golpeó el techo del coche, negro, añadiéndose además el viento que aullaba, que como zarcillos de niebla nos ocultaron de la vista de los demás conductores de la noche.

-‘Oye. Ve más despacio.’- Le grité a un conductor que patino a través de otro charco. Ella suspiro. Tu elegante pelo rubio soplaba hacia arriba por su pesada exhalación. La luna llena brillaba detrás de ti, iluminando tu rostro perfecto de las sombras. Incluso la estrella más brillante en el cielo no podía captar mi atención la forma en que lo hizo, no podía tomar mi aliento como lo hiciste, no podía aligerar mis días más oscuros de la manera que lo hizo, no me podría destruir la forma en que lo hizo.

-‘No te enfades conmigo, Tom. Fue un error y me he disculpado una y otra y otra vez.’

-‘Kelly, te acostaste con mi mejor amigo. Hay cosas que no pueden ser perdonadas, incluso después de cuatro meses.’- Abrió la boca para decir algo antes de tomar la decisión de mantener silencio. Los zafiros incrustados en sus cuencas de los ojos parpadearon lejos de la carretera para tratar de mirarme a los ojos. Aparté la vista.

-‘Lo siento.’

-‘Se que lo sientes. Ese no es el problema.’

-‘Entonces, ¿Qué es, Tom? No puedo arreglar lo que ya he hecho. Tu sabes que lo haría si pudiera’.

No le respondí. Yo ni siquiera quise mirarte por temor a hacerte sentir culpable. Hasta que una lágrima corrió por tu mejilla, brillante a la luz de la farola parpadeante como una joya.

‘Te amo.’ Susurraste, con tu voz llena de lágrimas. Yo también te amaba, pero no podía admitirlo. Aquí no. Ahora no.

Sólo me arrepentí de no contestarte segundos antes de que nuestro coche se estrellara contra la base del árbol de roble. Justo antes del impacto, la mire a los ojos, justo a tiempo para ver la última lágrima correr por tu mejilla. Y ni siquiera pude decirte adiós.

Te dije que te amaba. Te lo dije una y otra y otra vez a medida que desciendes más y más en un abismo del que nunca te despertaras. Te lo dije a medida que fuiste enterrada en el cementerio, asfixiada entre coronas de flores abrumadoramente brillantes. Te lo he dicho una y otra y otra vez cada día y noche desde entonces. Pero ya nunca podrás oírlo.

Tú eras hermosa. Eras perfecta. Me hiciste feliz, y sin embargo me dejaste. Te deslizaste a través de mis dedos como la arena sin decirte una vez mas lo que tanto querías oír.

Y aquí estoy. Pastillas en mano, las lágrimas corren por mi cara, y me doy cuenta de que uno no tiene que morir para estar muerto. Tal vez hay un cielo, después de todo, ¿donde más podría ir un ángel como tú?

Me caigo al suelo, la oscuridad me envuelve, y escucho un sonido hermoso pero terrible.

Y recuerdo la lluvia.



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