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Querés saber porqué Los Pumas se emocionan con el himno? Lee

Es solamente una opinión, pero creo que en las competencias deportivas internacionales no debería ejecutarse el himno del país porque el equipo o el atleta no está representando a la totalidad de un estado sino al deporte de ese país y en particular a los deportistas de su deporte.

Una linda canción del deporte argentino sería mucho más apropiado. En el rugby hay países que han adoptado esta idea.

Porqué la emoción desbordante de los jugadores de rugby cuando cantan el himno?

Porque muestran tanto sentimiento (y no solo los argentinos)?

El rugby es un deporte de mucho contacto, tal vez de todos los deportes de conjunto es el de mayor fricción constante y que más exigencia física demanda, tanto aeróbica como anaeróbica.

Los jugadores tienen que pelear, literalmente, para conseguir la pelota y si no lo consiguen deben – también literalmente – pelear para que los oponentes no puedan utilizarla para marcar puntos. Eso genera muchísima emoción durante el juego, sólo como ejemplo: más que en el futbol donde algunos jugadores pueden tomarse un respiro y no están peleando con todo el cuerpo en forma permanente sino con sus habilidades, y ni hablar del resto de los deportes.

La ¨actitud¨ en este deporte no es otra cosa que la emoción llevada al extremo pero controlada para no lastimar ni lastimarse… demasiado… pero sin la actitud se pierde antes de empezar.

Por eso, cuando estás preparándote para la batalla toda motivación es poca. El hacka de los maoríes es una forma de motivación respetuosa hacia un adversario que entiende de que se trata, no contra ellos sino a favor de ganar actitud propia.

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El himno te eleva a pensar que tenés que dejar todo, salir vacío porque te has ganado el derecho a representar a tu deporte con un esfuerzo y sacrificio muy grande. Aun siendo profesionales, no todos lo son, ese sentimiento perdura. Vas a salir a pelear controlado, porque si te ponés el cuchillo entre los dientes, los más probable es que te lo tragues por descontrol.

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Esa lucha requiere dos cosas: un conjunto de reglas muy claras que los jugadores aprenden desde muy chicos y que regulan la pelea de perros por la pelota y por la defensa, y también exige la comprensión total que enfrente no hay un enemigo sino un adversario momentáneo que cuando termine el partido en el 90% de los casos bajará sus revoluciones y te saludará amistosamente, sin exagerar su alegría por el triunfo u ocultando detrás de una sonrisa el desencanto de un revés.

Es imprescindible respetar a fondo las reglas de la lucha por la pelota porque con ellas se busca en primer lugar evitar que los jugadores se lastimen, que el juego sea ordenado (aunque hasta que se lo entiende un poco parece muy desordenado) y fundamentalmente que la emoción de la lucha no se desborde y terminen todos a las trompadas.

Por eso el árbitro de rugby es total y absolutamente diferente a los de otros deportes. Los jugadores no pueden hablar con él (se hace pero con mucho cuidado), nunca se pueden discutir los fallos y jamás hacer gestos de ningún tipo (a veces el jugador que usa el número 9 y reparte el juego – es el que más cerca está del referee – hace gestos y protesta un poco sin mirarlo pero conociendo muy bien el límite, que no pasa de un par de palabras y levantar los brazos) y bajo ningún concepto se puede tocar al árbitro.

Esto debe ser así, porque mantener el orden del juego en un campo con 30 personas luchando físicamente y emocionalmente exaltadas exige que la autoridad del árbitro sea total.

Es el único deporte donde el referee habla siempre antes de cobrar infracciones que puedan evitarse previniendo a los que están cerca de cometerlas y lo hace con un protocolo con pocas palabras previamente acordadas.

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Tampoco hay que confundir un partido del mundial con los 1000 partidos recreativos que 100.000 federados argentinos juegan cada sábado y domingo. Allí los códigos de conducta y respeto deben multiplicarse porque el referee no siempre es bueno y se suele equivocar mucho, nadie controla con cámaras de TV (solo dos partidos por fin de semana) y en el 90% de los partidos los jueces de touch son voluntarios que no pueden hablar ni indicar nada al referee y que solo están para levantarla bandera informando que la pelota salió y nada más.

Como se ha dicho hay un permanente y enorme contacto físico durante mucho tiempo, lo cual exige que haya una educación y cultura previa de parte de todos los jugadores. Desde chico (se empieza a jugar desde los 7 u 8 años) uno sabe que si quiere puede lastimar seriamente a un contrario (o resultar lastimado) porque las condiciones son las ideales. Por eso es que a pesar de que 100.000 jugadores disputan más de 1.000 partidos cada fin de semana en argentina, las lesiones provocadas intencionalmente son prácticamente inexistentes.

Argentina tiene una base enorme de clubes y jugadores que hasta comienzos de éste siglo eran casi en su totalidad amateurs, y así siguen las cosas, se juega en forma amateur, muy competitiva y cada vez con mayor calidad de jugadores.

Naturalmente entre tantos jugadores y tanta competencia interna fueron desarrollándose muchos jugadores capaces de participar de la alta competencia profesional en el ámbito internacional. Francia fue el primer destino de un gran grupo de jugadores y Gran Bretaña posteriormente, porque allí hay mucha plata y un jugador puede llegar a ganar – el que más gana – como el peor pago de un buen equipo de futbol.

Un mérito de nuestro seleccionado: todos son argentinos. El resto de los seleccionados se arman con los mejores jugadores de la liga de cada país con independencia del lugar en que han nacido (reglas más reglas menos es así en todos lados).

Recuerden los que no conocen en profundidad este deporte que el seleccionado juega el domingo con algo así como Holanda futbolística en su mejor momento y que puede perder fácilmente y también ganar, no tan fácilmente.

En las grandes paradas futbolísticas se suele decir que la camiseta juega, en el rugby no tanto, pero Australia tiene un gran equipo y una gran tradición, pero el nuestro HOY es un gran seleccionado.

Por eso sería bueno que no se burlen de las lágrimas de emoción al cantar el himno. Los jugadores que no pudimos llegar a esa elite y que entendemos y envidiamos a los seleccionados también tenemos un nudo en la garganta al verlos cantar con fuerza y más de una vez se nos cae una lágrima.

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