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¿Qué significa ser persona?

¿Qué significa ser persona?

¿Qué significa ser persona?

“Persona”, por definición, sería cualquier ser que posee subjetividad, es decir, conciencia de sí mismo y de sus experiencias. Una persona es un ser que tiene un yo. Por tanto, persona sería todo ser que tiene capacidad de sentir puesto que la capacidad de sentir implica la conciencia. Éste es el requisito a nivel fisiológico para ser incluido en el concepto de persona, en oposición a la noción de cosa.

Lo moralmente relevante del concepto de persona está en lo que implica como tal. Es decir, una persona es un ser que, a diferencia del resto de seres, tiene un valor intrínseco. Y si un ser tiene un valor intrínseco esto quiere decir que no se lo puede tratar justificadamente como si sólo tuviera un valor instrumental. Eso sería explotación y es la razón por la cual la esclavitud es inmoral. Porque un valor intrínseco es un valor absoluto e inherente que nosotros no podemos modificar ni cambiar para nuestro gusto o conveniencia.

Los únicos seres que pueden valorar son los seres sintientes. Sólo ellos pueden generar valoraciones (preferencias, deseos, intereses). Además, todos los seres sintientes se valoran a sí mismos (valoran su conservación, su bienestar y su libertad) aunque nadie más lo hiciera. Esto es lo que quiere decir que ellos tienen, de hecho, un valor intrínseco: un valor fijo e inherente que se dan a sí mismos necesariamente por el hecho de ser sintientes.

Al ser sintiente también lo podemos denominar como individuo. El hecho de ser sintiente implica que uno se identifica a sí mismo (A=A) como una unidad diferenciada – dividida – del resto que lo rodea. Esto es el individuo. Y también es sinónimo de sujeto, en oposición a objeto.

Por tanto, el concepto de persona incluye tres aspectos: 1) la sintiencia; 2) el valor intrínseco; y 3) la noción de que el individuo merece ser considerado y respetado siempre como un fin en sí mismo y nunca como un simple medio para un fin.

La noción moral de persona y el hecho fisiológico de la sintiencia coinciden a través del principio de identidad.

Ser sintiente = Valor intrínseco = Persona.

La razón nos obliga a respetar a los seres sintientes. Porque son los únicos seres que tienen identidad. Mejor dicho: son identidad. La identidad (la conciencia) es lo que caracteriza esencialmente al ser sintiente. Y dado que un ser sintiente es un sujeto, y no un objeto, entonces no sería lógicamente correcto considerarlo ni tratarlo como un objeto, como una mera cosa.

Sentir no significa simplemente “obtener información” sino procesar percepciones en forma de sensaciones, es decir, experiencias subjetivas. Eso es la conciencia: la conciencia sensitiva. En eso consiste ver, oír, oler, saborear, disfrutar, sufrir… Esto es sentir.

Las máquinas no ven, ni oyen, ni huelen. Tampoco las plantas. No sienten. Aunque puedan detectar la luz o los sonidos, ni las máquinas ni las plantas tienen ninguna capacidad para procesar esa información en forma de experiencias subjetivas, puesto que carecen de órgano o dispositivo que pueda ejercer esa función. Sólo los animales que poseen un sistema nervioso tienen la facultad de sentir, ya que sabemos que precisamente una de las funciones principales del sistema nervioso centralizado consiste en generar sensaciones.

El dolor es una sensación. El placer es una sensación. La imagen también lo es. Al igual que los sonidos, los olores, las texturas, los placeres. Son fenómenos físicos que existen en determinada forma de la materia. Son producto de la actividad química y eléctrica del sistema nervioso. El problema es que se trata de una experiencia privada que no se puede observar desde fuera ni medir ni cuantificar. Por eso, la única evidencia es la conciencia personal que tiene cada uno de sí mismo. Todo lo demás son siempre deducciones; no evidencias objetivas. Pero si las deducciones son lógicamente consistentes y se basan en evidencias empíricas, entonces hay que aceptarlas racionalmente.

Sabemos con certeza que nosotros podemos sentir porque tenemos estructuras neuronales especializadas en nuestro sistema nervioso que generan las sensaciones. Y resulta que los demás animales poseen esas mismas estructuras en forma idéntica, análoga o muy similar en su sistema nervioso. Por tanto, la única conclusión razonable sería deducir que ellos sienten. Y si sienten entonces son seres conscientes. Y por tanto merecen ser considerados y respetados como personas.

La sintiencia implica la conciencia. Todo ser sintiente es por ese motivo un ser consciente.

¿Podemos cuestionar el hecho de que “ver una imagen” implica “ser consciente de la visión de una imagen”? Hacerlo sería tan absurdo como suponer que es posible sentir dolor sin ser consciente de que se siente dolor.

Siempre que hay una sensación tiene que haber necesariamente conciencia de esa sensación. Por ejemplo, si hay dolor tiene que haber por fuerza alguien que siente ese dolor. !No puede haber dolor sin que haya alguien que le duela! El fenómeno de la sensación requiere de la subjetividad. Es por ello que entendemos que cualquier ser sintiente debe disponer, como mínimo, de una conciencia básica de sí mismo y de lo que le sucede.

Si otros animales pueden ver, pueden oír, pueden oler,…. entonces necesariamente tienen que tener, al menos, una conciencia básica: un yo que experimenta las percepciones procesadas en sensaciones. La sensación implica conciencia (alguien-siente-algo). Esto es la naturaleza de la subjetividad. La diferencia radical entre objeto y sujeto: entre cosa y persona.

Por otra parte, el simple hecho de ser persona no implica ninguna obligación ni responsabilidad. Sólo implica que los agentes morales respetemos su valor intrínseco, es decir, que consideremos a un ser sintiente siempre como un fin en sí mismo y no como un medio para los fines nuestros o de otros.

La responsabilidad y obligación sólo competen a los individuos que tienen una conciencia moral desarrollada. Persona no equivale a ser agente moral. Los animales nohumanos son personas, pero no son agentes morales (ni tampoco lo son todos los humanos) porque no tienen conciencia moral y es por esto que no pueden de hecho tener obligaciones ni responsabilidad, ni sería lógico pretender que las tengan.

Por supuesto, si entramos en el contexto jurídico, el término persona adquiere otras dimensiones que sobrepasan esta explicación básica. Aquí solamente hablamos de lo que entendemos como persona en sentido moral.

También hay otras concepciones diferentes de que lo que supuestamente deberíamos entender como “persona”, la cuales tienen como requisito necesario: A) la capacidad de razonar o inteligencia; B) la posesión de alma; o C) la pertenencia a la especie humana.

Mi respuesta a esas concepciones es que son erróneas:

A) La inteligencia, la capacidad de razonar, no es una condición necesaria para tener conciencia. Y es precisamente la conciencia lo que distingue al sujeto del objeto – al individuo de la mera cosa. Todo ser sintiente tiene conciencia por el mismo hecho de sentir. Sentir (por ejemplo: sentir dolor) implica necesariamente que alguien (el sujeto) siente algo (la sensación). La sensación requiere del sujeto; y la aparición de la subjetividad es lo que permite la conciencia. Por tanto, no es la inteligencia o raciocinio lo que caracteriza a la persona como tal sino que es la sintiencia.

B) La existencia del alma es un postulado metafísico que jamás ha sido demostrado ni cuenta con una sola prueba que avale su existencia. Por tanto, queda racionalmente descartada.

C) Ni la capacidad de sentir, ni la conciencia ni la capacidad de razonar son exclusivas en la especie humana. Está demostrado que otros animales poseen dichas facultades. Ni siquiera son capacidades inherentes al hecho de ser humano, puesto que hay humanos que carecen de sintiencia (embriones, cadáveres) o de raciocinio (bebés, seniles, discapacitados). Por tanto, asociar la personalidad, la condición de persona, con la pertenencia a la especie humana sería un evidente error.

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