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¿Puede mi perro ir a correr conmigo?

¿Puede mi perro ir a correr conmigo?

¿Puede mi perro ir a correr conmigo?

Como todas las personas, todos los perros necesitan ejercicio; pero no todas las razas tienen una anatomía “diseñada” para correr

CAROLINA RUIZ VEGA / 26 AGO 2013

¿Puede mi perro ir a correr conmigo?

El bienestar de los animales se mide a través del cumplimiento de cinco libertades que les aseguran las condiciones óptimas de vida: libres de hambre y sed, libres de dolor, lesión y enfermedad, libres de miedo y estrés, libres de incomodidad, libres de poder expresar su comportamiento natural

Les confieso que no estaba muy seguro de hacer este post porque no tengo perro y porque correr es una actividad que no todo mundo realiza.

Sin embargo, cuando escuché en mi gimnasio que uno de los asistentes quería comprarle pesas al perro para que se hiciera macuco como él, decidí que, por el bien de los perros y por cultura general, era importante averiguar sobre el tema y comentarlo con ustedes.

Estamos de acuerdo: como todas las personas, todos los perros necesitan ejercicio.

Sin embargo, también como ocurre con las personas, no todos pueden realizar cualquier tipo de actividad física.

“Hay que adecuar el ejercicio a las características físicas del animal: su edad, estado de salud y al tiempo que está acostumbrado a ejercitarse”, explica

Si su perro tiene hocico achatado y patas cortas, como el chihuahua, el boston terrier, el salchicha o el pug, o si es de contextura pesada, como el bulldog o el carlino, debería buscarse otro compañero de corridas.

“Las razas braquicefálicas tienen dificultad para respirar debido a la forma de su nariz, que impide al aire pasar con facilidad”, explica la veterinaria Indiana Aguilar.

Estas razas pequeñas en general no están catalogadas como “atléticas” y, por su tamaño, no recorren grandes distancias y muchas veces la velocidad alcanzada tampoco es mayor, agregó Mauricio Jiménez, coordinador del Hospital Especies Menores y Silvestres de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional.

El veterinario Gustavo Chacón también cree que hay que tener cuidado con las razas de con demasiado pelo, en las cuales, mucho ejercicio, podría ocasionar un aumento de temperatura corporal que los lleve, incluso, a la muerte.

“Los perros son mucho más sensibles al calor que las personas y no tienen la misma capacidad que nosotros para regular la temperatura de su cuerpo. Por eso, un golpe de calor es un situación de emergencia ya que en solo 10 minutos puede terminar con la vida del animal”, explica Aguilar.

Dentro de los signos de esta situación se encuentran hipertermia, deshidratación, agotamiento físico severo, hipoglucemia, entre otros.

Riesgos y cuidados

Pero un golpe de calor no es lo único que le puede pasar a un animal al que se le fuerza a ejercitarse más de lo que es capaz.

Deshidratación, hipoglucemia, dolor muscular, problemas articulares, desgarros musculares, quemaduras en sus patas, infarto son parte de la lista de repercusiones posibles.

Por eso, lo mejor será que sea un medico veterinario el que determine el tipo y la cantidad de ejercicio que el perro puede hacer, añade Chacón, e ir aumentando la intensidad paulatinamente, igual que hacen las personas.

Además, se deben tener otros cuidados.

Antes de salir, es necesario revisar las patas del perro y andarlo con una correa adecuada a su tamaño, dijo Melania Gamboa, gerente de programas veterinarios de la sociedad mundial para la protección animal (WSPA por sus siglas en inglés) para Mesoamérica y el Caribe.

No se debe dejar que el perro tome mucho agua, ni muy rápido, ni antes, ni después de hacer ejercicio. “Esto puede causar una dilatación del estómago y este se puede torcer causando una obstrucción y mucho dolor. Esta también es una situación de emergencia y puede ser mortal”, advirtió Aguilar.

Hay que tener cuidado de no pasear con ellos sobre asfalto caliente, pues se les pueden quemar las patas, brindar descansos cuando lo necesitan y estar atento a síntomas como espuma en la boca, jadeo muy fuerte u ojos vidriosos pues son signos de que ya el perro ha excedido con el ejercicio recomendado.

En cuanto a la alimentación, el perro no necesita nada extra para energía, pero sí es importante revisar la cantidad de alimento que consume respecto de su peso, edad y actividad física realizada.

“Existen alimentos especiales de alto rendimiento para animales que a diario realizan actividad física importante”, comentó Jiménez.

Buena compañía
¿Puede mi perro ir a correr conmigo?

Labradores, weimaraners, pastores alemanes, dálmatas, border collies, golden retrievers, beagles, pointer, galgos, zaluki y cualquier otra raza de caza o de trabajo sí puede ser una buena compañía canina para correr por más de 30 minutos, sin que ello vaya a poner en riesgo la salud del animal.

En todo caso, advierte Jiménez, “no todo lo define la raza”.

Asegura que la condición de una animal es determinante: “animales obesos van a presentar una capacidad de resistencia mucho menor a la actividad física”, independientemente de su raza.

También hay que tomar en consideración si el perro tiene alguna condición ortopédica limitante, ya sea por conformación, edad o enfermedad, si padece de alguna afección cardiaca o pulmonar y si sufre de problemas articulares.

Aún así, añade Aguilar, “todos necesitan por lo menos una caminata corta al día y en los momentos del día más frescos”.

¿Pesas para el perro?

Si bien existen ciertas pesas livianas que a veces se utilizan como parte de algún tratamiento o proceso de recuperación, la práctica no está diseñada con fines estéticos y puede ocasionar patologías y deformaciones, advirtió Roberto Vieto, oficial veterinario de WSPA.

“No se recomienda ejercitar a su mascota para que desarrolle una musculatura excesiva, pues cada perro tiene una capacidad de desarrollo muscular fisiológica innata que debemos respetar”, añadió.

Y es que, a diferencia de las personas, el perro no puede expresar dolor o incomodidad si es sometido a un ejercicio que es físicamente incapaz de realizar.

Así que mejor no le jale el rabo a la ternera —ni al perro, en este caso— y no exponga a su amigo fiel a padecimientos y lesiones innecesarias.

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