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Pueblo Tehuelche [Toda la información]

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Los tehuelches son los nombres genéricos dados a un conjunto de pueblos amerindios de la Patagonia y la región pampeana en América del Sur. Diversos especialistas, misioneros y viajeros han realizado propuestas para agruparlos teniendo en cuenta la similitud de sus rasgos culturales, su cercanía geográfica y sus idiomas, aunque entre ellos se hablaban idiomas que no siempre estaban emparentados entre sí, y su distribución geográfica era extensa.

Tras el proceso histórico de casi completa extinción de estos pueblos el término «tehuelche» pasó a referenciar a los supervivientes de la rama continental austral del grupo, ubicados en las provincias de Santa Cruz, Chubut y Río Negro de Argentina.

Su situación en Chile es de completa extinción. En 1905 sufrieron una epidemia de viruela que mató al cacique Mulato y a otros de su tribu afincados en el valle del río Zurdo, cerca de Punta Arenas. Los sobrevivientes se refugiaron en territorio argentino, posiblemente en la reserva de Camusu Aike.

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Clasificaciones

La clasificación de los pueblos indígenas que habitaron la pampa y la Patagonia es confusa a causa de que se produjo la extinción temprana de algunos de ellos y porque las vastas extensiones impidieron que los exploradores que los reconocieron tomaran contacto con todos los grupos o, en otros casos, que las migraciones estacionales de los indígenas recorriendo grandes distancias hicieran que aquellos sobreestimaran el número de individuos de un pueblo o el rango de distribución de un idioma. Conjuntamente con esto, la irrupción de los mapuches o araucanos desde el oeste transformó profundamente su realidad cultural, mixogenizando y absorbiendo a las etnias de la pampa y centro y norte de la Patagonia. Posteriormente, la Conquista del Desierto llevada a cabo por el Ejército Argentino finalmente condujo a la casi extinción de estas comunidades indígenas. Además, a todo este panorama se suma el desacuerdo de los investigadores.

La mayoría de los especialistas están de acuerdo en que el río Chubut separaba a dos grandes subdivisiones: los «tehuelches meridionales» y «tehuelches septentrionales», y que los primeros se extendían por el sur hasta el estrecho de Magallanes, mientras que los segundos llegaban por el norte hasta los ríos Colorado y Negro. La presencia o no de tehuelches en la región pampeana es una fuente de polémicas entre los investigadores, que tampoco se han puesto de acuerdo sobre la existencia de una subdivisión separada denominada «pampa», y de cuál es la relación y límites que tenían con los mapuches.

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Según Federico Escalada

– Tehuelches insulares, ubicados en la Isla Grande de Tierra del Fuego patagónico:

– selk-nam (los onas) en el área esteparia septentrional de la isla.

– Man(e)kenk (los haush, mixogénicos de onas con los no patagónidos yámahas) en la península Mitre del área oriental de la isla.

– Tehuelches de tierra firme:

– Aóni-kénk: el componente meridional de los tehuelches, que ubicó desde el estrecho de Magallanes hasta Chubut (en Argentina) y hasta la provincia de Palena (en Chile). Llamó a su idioma aoniko áish.

– Chehuache-kénk: el componente central de los tehuelches, que ubicó en los valles cordilleranos y precordilleranos de la cordillera de los Andes desde el lago Buenos Aires/General Carrera y el lago Fontana hasta el lago Nahuel Huapi (en Argentina);en Chile se hallaban en el sector cordillerano de Osorno, provincia de Llanquihue y la provincia de Palena en Chile). Llamó a su idioma téushen.

– Guénena-kéne: el componente septentrional de los tehuelches, que ubicó entre el norte del Chubut y el Río Negro, con incursiones por el sur de la provincia de Buenos Aires (sierra de la Ventana) y el sudeste de la provincia de La Pampa (en Chile se hallaban en los valles cordilleranos entre Lonquimay y Osorno). El nombre guénena-kéne le fue suministrado en 1945 a Escalada por el cacique Ciriaco Chaquila del paraje Payaniyeo del Chubut, quien se identificó como «pampa verdadero». Llamó a su idioma gününa yájitch.

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Según Rodolfo Casamiquela

– Tehuelches insulares: los onas o selknam y los manekenk o haush, en Tierra del Fuego, al noroeste los primeros (aún existentes) y en la península Mitre y bahías Thetys y Fathey, los segundos (extinguidos).

– Tehuelches continentales:

– Tehuelches meridionales:

– Tehuelches meridionales australes (aónik’enk, patagones o chewelches): desde el estrecho de Magallanes al río Santa Cruz. De idioma aonek’o ‘a’jen, aún existente.

– Tehuelches meridionales boreales (mech’arn): desde el río Santa Cruz al río Chubut. De idioma teushen (téwsün). Absorbidos por sus vecinos del sur y por los mapuches.

Tehuelches septentrionales:

– Tehuelches septentrionales australes o gününa kena (‘gente propiamente dicha’), llamados también «pampas», «chewelches», «tehuelches», «williches» y «puelches»: desde los ríos Negro y Limay hasta el río Chubut por el sur, y el sur de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Fe y sudeste de La Pampa. De idioma gününa iájech. Resistieron el avance mapuche hasta ser absorbidos. De ellos eran un subgrupo los «chüwach a künna» (‘gente del borde de la cordillera’).

– Tehuelches septentrionales boreales: pertenecían a este grupo los querandíes y los puelches del norte del Neuquén. Los querandíes se hallaban, al momento de la llegada de los españoles, en la región pampeana desde el río de la Plata a Mendoza, incluyendo el sur de Córdoba y de San Luis. De idioma querandí. Se extinguieron.

Idioma

Las diferentes etnias conocidas con el término amplio de «tehuelches» hablaban varios idiomas pertenecientes al grupo tshonk. El idioma de los aonikenk (tehuelches propiamente dichos) parecía más estrechamente relacionada con la de los teushen (tshonk centro-oriental), estas a su vez guardan un parentesco más cercano con los idiomas de la isla Grande de Tierra del Fuego (tshonk meridional) y algo más distante con el idioma de los gününa küne (tshonk septentrional). Escalada consideró que todo el complejo tehuelche tenía un tronco lingüístico común, que denominó ken (‘gente’).

Hasta el siglo XIX se reconocían los siguientes idiomas:

– los gennakenk hablaban el chulilaiagich (o günün a’ajech, o puelche, o gününa küne), cuya relación con los demás idiomas del grupo es discutida y a menudo se lo considera una lengua aislada a falta de más información;

los «tshoneka centrales», es decir, los ubicados en la actuales provincias del Neuquén, Río Negro y el norte de la del Chubut (entre los gennakenk al norte y los aonnikenk al sur), hablaban el idioma llamado pän-ki-kin (penken) o günün a’yajič o günün a’ajech.

En la Patagonia central existía asimismo un antiguo idioma de transición entre las etnias tehuelches meridionales y septentrionales, llamada tehuesh (tewsün, téushenkenk o teushen) y fue paulatinamente suplantada por las voces aonnikenk. Sin embargo, gran parte de la actual toponimia de la meseta central conserva aún hoy sus raíces tewsün, como por ejemplo el vocablo «chupat» del cual proviene el nombre de la provincia, Chubut.

Finalmente los aónikenk hablaban el idioma conocido habitualmente como tehuelche o tshoneka o aónikenk, que constituye el idioma actualmente más estudiado del grupo.

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Estudios del gününa iajëch

En 1864 Hunziker registró un vocabulario y fraseario del idioma que llamó genakenn en el área de Viedma. En 1865 el explorador Jorge Claraz recorrió desde el sur de Buenos Aires hasta Chubut siendo guiado por algunos guías hablantes del gününa iajëch, recogiendo topónimos, léxico y frases en su Diario de viaje de exploración al Chubut (1865-1866).

En 1913, Lehmann Nitsche utilizó los datos recogidos por Hunziker y por Claraz para crear un vocabulario comparado de idiomas tehuelches: El grupo lingüístico tschon de los territorios magallánicos.

En 1925 Harrington recogió algunas palabras de hablantes bilingües tehuelches que publicó en 1946 en su Contribución al estudio del indio gününa küne, afirmando que llamaban a su idioma gününa yájitch o pampa. En los años cincuenta, Casamiquela recogió de varios ancianos un vocabulario, canciones y oraciones, esbozando un análisis morfosintáctico.

En 1960 Ana Gerzenstein realizó una clasificación fonética-fonológica en su Fonología de la lengua gününa-këna.

En 1991 José Pedro Viegas Barros esbozó una proyección morfosintáctica en Clarificación lingüística de las relaciones interculturales e interétnicas en la región pampeano-patagónica, y en 2005 desarrolló una descripción fonológica en Voces en el viento.

El puelche es una lengua muerta. Casamiquela da nombre y apellido del último hablante de este idioma: el señor José María Cual, muerto en 1960 a la edad de 90 años.

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Organización social

En los tehuelches, aunque móviles, sus movimientos grupales solían ser circuitos, predominantemente de oeste a este y viceversa. Durante cada temporada tenían sitios donde instalaban sus campamentos, llamados aik o aiken por ellos y tolderías por los españoles y criollos.

Cada una de sus agrupaciones estaba integrada por nexos de parentesco y tenía un territorio específico de caza y recolección; los límites solían estar precisados ancestralmente por accidentes muchas veces poco notorios: una loma, un abrevadero, una hondonada, un árbol importante. En caso de que una agrupación no pudiera satisfacer sus necesidades en su propio territorio, debía pedir permiso a agrupaciones vecinas de la misma etnia para aprovechar los recursos de sus territorios; una transgresión a esta norma solía implicar guerra.

De un modo análogo, al ser fuertemente exogámicos los varones se veían obligados a buscar compañera matrimonial en otros grupos y solían practicar el trueque de mujeres. Esta norma reforzaba los vínculos de unidad étnica. No pocas veces, en lugar del trueque se practicaba el rapto de mujeres, conducta que casi siempre derivaba en guerras intraétnicas.

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Religión

Como en el caso de muchas otras etnias que no desarrollaron una estructura estatal, los tehuelches no poseían un sistema religioso organizado (liturgia y estructura vertical). Sin embargo, como todos los pámpidos, tenían un corpus de creencias basadas en mitos y ritos propios, los cuales eran narrados y actualizados por los chamanes quienes también ejercían la medicina con la ayuda de los espíritus evocados en los mismos.

Los tehuelches creían en diversos espíritus telúricos, además de una deidad suprema creadora del mundo pero que no interviene en él.

Historia

Antes del descubrimiento de América

Hace 9000 años surgió la industria Toldense, caracterizada por puntas de proyectil sub-triangulares bifaciales y raspadores laterales y terminales, cuchillos bifaciales y herramientas de hueso. Más tarde, entre los 7000 y 4000 años a. C., aparece la industria Casapedrense, caracterizada por una mayor proporción de instrumentos líticos confeccionados sobre láminas, probablemente como una muestra de la especialización en la caza del guanaco, lo cual también está presente en los desarrollos culturales posteriores de los tehuelches.

Desde ese momento y hasta la llegada de los europeos (inicios del siglo XVI) los tehuelches poseían un modo de vida cazador-recolector en el que hacían uso de una movilidad estacional, desplazándose en pos de las manadas de guanacos; durante los inviernos se encontraban en las zonas bajas (vegas, mallines, costas, orillas de los lagos, etc.) y durante el verano ascendían a las mesetas centrales de la Patagonia o a la cordillera de los Andes en donde tenían entre otros sitios sagrados el cerro Chaltén.

Llegada de los españoles

El 31 de marzo de 1520 la expedición española al mando de Fernando de Magallanes desembarcó en la bahía San Julián para pasar el invierno allí, en donde tomó contacto con los indios tehuelches, a quienes denominaron «patagones», lo que fue relatado por el escribano Antonio Pigafetta. Así es como Pigaffetta describió a los mismos patagones como una mítica tribu de Patagones gigantes.

En efecto, aún antes de encontrarse personalmente con ellos, aquellos exploradores quedaron asombrados por las huellas de sus pies. Ampliadas por las pieles que les servían de calzado, pies de suyo mucho más grandes que los de los europeos de entonces -para el siglo XVI la talla media de los europeos era mucho más baja que la actual. De hecho, el promedio de altura europeo hasta 1800 rondaba los 1,50 metros. En tanto, los patagones llegaban a medir 2 m (6 ft 7 in) los varones tenían una talla promedio superior a 2 m (6 ft 7 in)- por lo que les consideraron «patones» (‘de pies grandes’); y les evocaron al gigante Pathoagón de la novela de caballería Primaleón. De estructura craneal dolicocéfala como otros pámpidos, llegaron a ser famosos en la literatura europea de los siglos XVI a XIX por su gran estatura y fuerza física.

Corresponde tener muy en cuenta que entre los siglos XVI a XVIII el topónimo «Patagonia» era dado a todo el territorio desde el sur del estuario del río de la Plata. Esto refuerza la hipótesis de antropólogos como Rodolfo Casamiquela, según la cual los het de Falkner eran también patagones.

La llegada de los españoles implicó un conjunto de cambios en la cultura de los pueblos originarios y los tehuelches no fueron ajenos a eso; se desataron entre ellos pestes (sarampión, viruela, gripe) que los diezmaron, particularmente a los septentrionales gennakenk.

Influencia de los mapuches

Durante los siglos XVII y XVIII comenzó además la penetración de los mapuches o araucanos al este de los Andes, con fines de comercio y alianzas, que conllevó una gran influencia cultural sobre los tehuelches y otros pueblos, al punto que se la denomina «araucanización» de las Pampas y la Patagonia. Buena parte de los tehuelches adoptó muchas de las costumbres y lengua mapuches, mientras los mapuches adoptaban parte del modo de vida tehuelche y con ello se difuminaron las diferencias entre ambos grupos, al punto que sus descendientes se refieren a sí mismos como mapuche-tehuelches.

Cabe mencionar los nombres de los caciques tehuelches Cacapol y su hijo Cangapol que durante la primera mitad del siglo XVIII eran los jefes más importantes de la región, que se extendía desde la Cordillera de los Andes hasta el océano Atlántico, y desde el río Negro hasta el río Salado. Cangapol tenía su sede de gobierno en la zona de Sierra de la Ventana, por lo que se los conocía como «pampas serranos». Los pampas supieron aliarse con los mapuches del oeste de los Andes para atacar la campaña bonaerense en 1740, deteniéndose solo a siete leguas de Buenos Aires.

En este proceso, también hubo luchas interétnicas y hacia principios del siglo XIX se libraron encarnizados combates entre patagones y mapuches a orillas del río Senguerr o río Gengel, siendo aún recordada por los mapuches la batalla de Languiñeo; otros combates se produjeron en Barrancas Blancas y Shótel Káike.

En 1821 un ejército moluche apoyado por milicias chilenas, derrotó en los vados de Choele Choel a 1800 pampas serranos y a sus caciques Ojo Lindo y Anapilco A partir de ese año la ocupación mapuche formó una «cuña» entre los tehuelches; unos se vieron desplazados hacia el sur del río Negro y otros buscaron refugio en el interior de la provincia de Buenos Aires, en los fortines y estancias argentinos.

Hacia la misma época, tribus vorogas o voroas o voroganas lideradas por un grupo de guerrilleros realistas conocidos como los hermanos Pincheira, desalojaron a los tehuelches o pampas serranos, de las zonas de Salinas Grandes, Guaminí (Laguna de Monte), Carhué y Epecuén; los pampas huyeron hacia Sierra de la Ventana, antiguo asiento de gobierno del cacique Cangapol.

En 1830 los Pincheira y sus aliados voroganos dirigieron un ataque contra los pampas serranos asentados en la Sierra de la Ventana y Sauce Chico, matando a muchos de ellos, inclusive a los caciques Curitripay, que cayó junto con sus dos hijos y todos sus capitanejos, Catrileu y Lomo Colorado.

Los vorogas asesinaron a los pampas que escaparon de Sierra de la Ventana en las puertas mismas del fuerte de Bahía Blanca. En el mismo año de 1830 los voroganas habían masacrado a los pampas del cacique Tetruel, que tenían sus toldos en Curamalal, cerca de la actual Pigüé.

Esta situación culminó con la casi desaparición de los tehuelches septentrionales en las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Neuquén hasta el río Limay, permaneciendo hacia el oeste algunos grupos günün-a-küna, que solo se fusionaron con los mapuches después de la expedición militar del general Conrado Excelso Villegas en 1886.

Los tehuelches al sur del Río Negro tuvieron como soberana a una mujer: María la Grande.

Su sucesor Casimiro Biguá fue el primer jefe tehuelche que juró fidelidad a la bandera argentina. Sus hijos, los caciques Papón y Mulato, terminaron en una reserva al sur de Chile.

La constitución de la etnia puelche con linajes que incluían a tehuelches explica, en parte, las actitudes de ciertos jefes puelches como Catriel, Chucul, Foyel o Sayhueque, los cuales o fueron contemporizadores con los «blancos» y «criollos» o fueron considerados traidores: Catriel, de origen gennakenk, fue ferozmente muerto al combatir aliado a los «blancos» por otros puelches más ligados a la etnia mapuche en 1879. Entre los grupos formados por estos mestizajes, se hallaban los ranqueles o rankülches (del idioma mapuche rankül-che, ‘gente de los cañaverales’).

Para historiadores como Rodolfo Casamiquela, se trató de una invasión en que los mapuches casi extinguieron a los tehuelches por medio de la violencia, pero el consenso actual mapuche es que se trató de un fenómeno más complejo que eso. Esta invasión mapuche ha sido usada políticamente para negar legitimidad a las reclamaciones indígenas en el sur argentino, al argumentarse que se trataría de peticiones hechas por descendientes de los invasores «chilenos» y no por descendientes de los habitantes originarios.

Complejos fueron los lazos sociales de los tehuelches con los inmigrantes galeses que desde la segunda mitad de siglo XIX comenzaron a colonizar Chubut: en general las relaciones fueron armónicas entre ambos pueblos, es así que suelen observarse en zonas del Chubut actual personas de cabellos rojizos y ojos bridados. En 1870 el cacique Biguá prometió defender a los galeses de la invasión del cacique huiliche Calfucurá.

Se sabe poco de la cultura tehuelche anterior al caballo aunque su organización socioeconómica se parecía a la de los onas de Tierra del Fuego. La introducción del caballo por los españoles, animal al que conocieron a partir de 1570, transformó el modelo de organización social de los tehuelches: se formó en ellos un complejo ecuestre. Al igual que los amerindios de las grandes praderas de Norteamérica, los tehuelches también trabajaron las estepas de matorrales de la Patagonia, viviendo principalmente del guanaco y de la carne de rhea (ñandú o choique), seguida de la carne de huemul, venado, mara e incluso puma y jaguar, además de ciertas plantas (pues aunque tardíamente, aprendieron a cultivar la tierra). En cuanto a peces y mariscos, existían en ciertos casos tabúes: algunos grupos tenían, por ejemplo, prohibido el consumo de pescados. Sus grupos solían estar constituidos por entre 50 a 100 miembros.

La adopción del caballo significó una profunda revolución social en la cultura tehuelche: la movilidad que les deparó alteró las ancestrales territoralidades y modificó en gran medida el patrón de los desplazamientos, si antes del siglo XVII predominaban las trashumancias este-oeste en pos de los guanacos, a partir del complejo ecuestre tomaron gran importancia los desplazamientos longitudinales (de sur a norte y viceversa) estableciéndose extensos circuitos de intercambio: a mediados del siglo XIX los aonikenk trocaban sus pieles y moluscos por cholilas (frutillas, zarzamoras, calafates, semillas de pehuén, llao llao, brotes y cogollos de coligüe, etc.) y manzanas a los gennakenk del Neuquén, del Alto Valle del Río Negro y del llamado País de las Frutillas o Chulilaw (región delimitada aproximadamente al norte por el lago Nahuel Huapi, al este por las cordilleras bajas y morrénicas llamadas Patagónides, al oeste por las altas cumbres de los Andes y al sur por el lago Buenos Aires/General Carrera).

El caballo, o más exactamente la yegua, pasó a ser parte principalísima de su dieta, dejando en segundo lugar a los guanacos. Los selknam de Tierra del Fuego en cambio no dieron en desarrollar un complejo ecuestre comparable.

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