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¿Por qué trabajamos más y producimos menos?

¿Por qué trabajamos más y producimos menos?

Como cada año llegadas estas fechas en las que se realiza el cambio de hora primaveral, se publican un sinfín de informaciones acerca de los pros y los contras que conlleva este acontecimiento. Este año, además del eterno debate acerca de qué huso horario debemos seguir, parece ser que se ha puesto de moda poner a parir a lo españoles no solo por el cambio de hora, para muchos bastante absurdo, sino por nuestros extraños y diferentes horarios que el resto del mundo no entiende.

Incluso desde la prensa norteamericana, concretamente el rotativo The New York Times, en un artículo titulado “España, el país de las cenas a las 10 P.M, preguntaos si no es hora de cambiar los horarios”, nos critican nuestras cenas tardías, el prime-time televisivo y, cómo no, nuestras controvertidas siestas. Como si los españoles, más allá de los jubilados, parados y gente con mucha suerte, tuviésemos tiempo para echarnos una cabezada a mitad de la jornada laboral. Una vez más parece ser que la culpa de la baja productividad de nuestro país la tuviésemos los ‘curritos’ que nos acostamos demasiado tarde, comemos a deshora y, para colmo, nos echamos unos ‘siestones’ de órdago.

¿Por qué trabajamos más y producimos menos?

Y en esta línea muchas voces se alzan para defender la importancia de racionalizar o ‘europeizar’ nuestros horarios vitales y así hacernos más productivos y eficientes. Tarde. Así se podría definifir el lifestyle español. Cenamos tarde, nos acostamos muy tarde, incluso se nos conoce por ser impuntuales… pero de lo que parece que nadie habla es que también salimos de trabajar muy tarde. Lo cierto es que mientras que en el resto de Europa a las 5 o 6 p.m casi todo el mundo está llegando a sus casas, en España a esas horas mucha gente todavía está atrapada en el trabajo, los que lo tienen, y con unas cuantas horas por delante. Ante esta realidad y apoyando el cambio de horario, hemos decidido imaginarnos cómo sería nuestra vida con horarios sensatos. Los españoles también queremos vivir, gracias.

Fin a un jet lag constante

Sobre todo las semanas en las que nos toca hacer más horas en el trabajo, ya sea por necesidad económica o porque no damos a basto. El caso es que quedarse más horas significa posiblemente llegar a casa de noche, cenar algo rápido o nada, dormir una media de 5 horas y vuelta a empezar. Muchos especialistas en el tema como Nuria Chinchilla, miembro de la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles, consideran que si no cambiáramos la hora del reloj estaríamos de nuevo en nuestra zona horaria, y si, además, adelantásemos una hora los telediarios del mediodía y la noche, y también la hora de comer a las 13:00, habríamos andado una gran parte de camino. “Hay muchos españoles que no son conscientes del jet lag constante en el que viven y los costes asociados de no cambiarlo”, advierte siempre que puede en su blog esta ejecutiva y defensora de la conciliación entre vida familiar y laboral.

Nuestro trabajo sería más productivo

Trabajamos más, pero rendimos menos. Y a pesar de que a grandes empresas como a Iberdrola les está funcionando muy bien la implantación del horario intensivo e incluso han reducido, según ellos, el absentismo laboral en un 20%, todavía es bastante inusual este tipo de horarios, y no solo eso, sino que en muchas empresas además de obligarte a coger 2 horas para comer, está bastante mal visto salir a tu hora, aunque no tengas mucho más que hacer. Se impone, creo yo, un cambio de mentalidad. Los datos indican que las jornadas intensivas mejoran la productividad por hora trabajada, una de las asignaturas pendientes de la economía española.

Tendríamos una mayor calidad de vida

Es verdad que para bien o para mal tenemos unos horarios bastante diferentes al resto de los europeos. Pero más allá de la idiosincrasia de nuestro país y de lo absurdo que resulta que a día de hoy sigamos el huso horario de Alemania, que se impuso hace 74 años por causas ideológicas, y no el de Greenwich que es el que nos corresponde por nuestra latitud, no estaría mal revisar en primer lugar los extensos horarios laborales que según muchas estadísticas sitúan a España entre los países de la UE en el que más horas se trabajan, unas 280 horas más que en Alemania, lo que suponen 35 jornadas laborales más, o siete semanas extra de trabajo al año. Una locura, ¿no?

Sin embargo, seguimos estancados en la idea de que si eres el último que te vas de la oficina eres el trabajador de la semana, e incluso muchos jefes te miran mal si sales a tu hora; en cambio, en la mayoría de países europeos el que se queda a trabajar más allá de las cinco es visto como alguien que no ha sabido organizarse bien, y además hay que pagarle esas horas extra.

Además, los españoles somos los que menos dormimos de todos los ciudadanos europeos y eso a la larga se nota, de hecho según algunos médicos aumenta el nivel de glucosa en sangre por lo que indirectamente aumentan los riesgos de padecer diabetes. Todos hemos notado en nuestras carnes lo bien que sientan esas ocho horas de sueño reglamentarias, pero para poder dormirlas no nos quedará más remedio que estar entre las 22.30 y 23.30 en la cama como unos niños buenos.

Nuestras vidas dejarían de ser un kaos

Con estos horarios a ver a quién le apetece llegar a casa y ponerse a recoger, limpiar y demás responsabilidades domésticas. ¿Resultado? Nuestra casa es una auténtica leonera y nuestra mente un remolino de preocupaciones. Tampoco queda mucho margen para ir al supermercado o cocinar, así que terminamos comiendo mal y a deshora. Cambiar nuestros horarios mejoraría la calidad de nuestra vida, comeríamos mejor y nuestra vida sería más equilibrada. Además, está demostrado que el trabajador que puede conciliar su vida familiar y sus aficiones con el trabajo es una persona más completa, feliz y rinde más en el trabajo.

¿Por qué entonces no se favorece la jornada continua e incluso el ‘teletrabajo’ que tantos atascos evitaría? Sí, racionalicemos los horarios, pero sobre todo los laborales porque, aunque el trabajo sea hoy en día (y por desgracia) un bien escaso y muy deseado, no nos llevan a ninguna parte esas interminables jornadas laborales con las que es prácticamente imposible conciliar la vida laboral con cualquier otro tipo de actividad vital, ya sea tener familia o escalar montañas, cada cual con sus gustos. Pero por mucho que nos apasione nuestro trabajo, la realidad es que una vida en soledad, sin amigos, sin pareja, sin familia con la que compartir risas, llantos, fiestas y broncas…es una vida incompleta. En definitiva, seamos productivos pero busquemos la manera de trabajar para vivir y no vivir para trabajar, que tampoco beneficia a nadie.

Seríamos más felices

No cabe duda de que si duermes tus ocho horas, sales de trabajar a una buena hora que te permite quedar con amigos, cuidar de tu familia, organizar un poco tu casa o simplemete cenar a buena hora, el resultado es que eres más feliz y encima rindes más en el trabajo y estás con mejor cara. ¿Qué más se puede pedir? Y debemos tomarnos en serio este asunto de la felicidad ya que, aunque este parezca el país de las castañuelas y la alegría, resulta que somos el séptimo país de la UE que más antidepresivos consume. Así que, si somos europeos, seámoslo con todas las consecuencias, en lo bueno y en lo malo y ¡hasta que la muerte nos separe!

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