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¿Por que los porteños se saludan dandose besos? Explicado

Hombres que se saludan con besos, una costumbre porteña que muchos odian

Así como a nosotros nos resultan inexplicables ciertos hábitos de otras culturas, a muchos en el mundo –y acá nomás en el interior del país, también– les parece muy extraña la costumbre de la mayoría de los hombres que viven en la Ciudad de saludarse con un beso, incluso si no se conocen. Periodistas, filósofos, actores y anónimos varios bregan por recuperar la modalidad de estrechar virilmente las manos de sus congéneres.

¿Por que los porteños se saludan dandose besos? Explicado

En la sección “datos útiles”, en el apartado “usos y costumbres” de varias guías turísticas internacionales, le explican al viajero que llega a Buenos Aires que “ es común saludarse con un beso en la mejilla y, por lo general, esto sucede también entre varones”. Al resto del mundo le asombra que acá sea tan natural que los hombres se besen para decirse “hola”.

Hace unos meses, el filósofo Tomás Abraham hizo pública su rotunda campaña “ para terminar con el sistema obligatorio de besos entre varones”. Si bien éste no es el único tema que actualmente concentra su atención, le comentó a PERFIL que sigue aferrado a la postura de no rozar sus mejillas con otros congéneres. Su teoría es que todo comenzó “entre artesanos y guitarreros que iban al cine Mignon a ver Woodstock” y que esta cotidianidad del chuic varonil tiene que ver con “ un resto del hippismo de Plaza Francia”.

Martín Caparrós –que en su libro El interior relata un viaje por el norte argentino y comenta al paso que estando fuera de Buenos Aires descubrió que hacía mucho que no besaba a un hombre– cree que la costumbre viene de más atrás. “ Un amigo sostiene que el origen de esto tiene que ver con medios muy machistas. Las primeras veces que vio a hombres saludarse con un beso fue hace mucho tiempo en un restaurante en Boedo, donde se juntaban burócratas sindicales y futboleros: ésa era la gente que solía saludarse así. Pero también era algo propio de ambientes tangueros en los años 20. Sería realmente curioso si todo fuera herencia de ámbitos tan masculinistas, ¿no?”, se pregunta.

Hilando menos fino, Carlos Andrés Calvo (sí, Carlín) asegura que fue él quién impuso esta moda. “ Cuando empezamos con Amigos son los amigos se me ocurrió saludar al ‘pendex’ (Pablo Rago) con un beso. Me acuerdo de que los productores nos decían que nadie iba a entender y se iba a malinterpretar, pero lo hicimos igual. Y es desde ese momento que todos acá empezaron a darse un beso en vez de la mano”, asegura.

“ En Estados Unidos nadie se besa, ni hombres ni mujeres. Ahora acá es lo mismo pero en vez de ir para abajo fuimos para arriba”, comenta Caparrós, quien, de todos modos, confiesa que lo incomoda el tema: “ Si les doy besos a todos, cuando le tengo especial cariño a un amigo, ¿qué debería hacer?, ¿darle uno de lengua?”.

Aunque la costumbre parezca tan juvenil, los adolescentes varones no suelen besarse a modo de saludo. Y en los ambientes más tradicionales, por supuesto que tampoco sucede. Pero son apenas bastiones que se resisten. Y, entre ellos, surgen algunos que, como explica Abraham, insisten en que es más “ franco, viril, leal y distante pero respetuoso” darse la mano.

Porque si bien Roberto Galán, porteño de ley y paradigma de la tevé local, pregonaba su famoso “ hay que besarse más”, es claro que no se refería precisamente a nenes con nenes.

Chic to chic deportivo. En mundillos formales como el del polo, la costumbre no sólo no se instaló, sino que está mal vista. Pero en el fútbol, deporte popular que despierta grandes pasiones, se hizo eco y los jugadores hacen uso (y a veces abuso) del hábito de saludarse con un beso. ¿Se imaginan a Antonio Ubaldo Rattín (antológico volante de Boca Juniors) o a Amadeo Raúl Carrizo (viril arquero de River Plate en los 60) juntando sus mejillas con algún congénere? Por supuesto que no, ya que el chuic de balón es cosa moderna. Hoy es absolutamente común ver a los jugadores darse un besito cuando uno entra y otro sale de la cancha. También, si se conocen de antes en vez de darle la mano al del equipo rival le enrostran un afectuoso “smuac”.

Ni hablar del día en que Diego Armando Maradona y Claudio Paul Caniggia se comieron las bocas: el rubio fue autor de tres goles en un superclásico y, parece, no pudieron contenerse a la hora del festejo. Pero esto es local. Hace dos semanas, por ejemplo, en la segunda etapa de la final de la Copa Río entre Botafogo y Cabofriense, el defensa Cleberson le dio un beso al árbitro, que le había marcado una falta. El hombre de negro, más descolocado que enojado, decidió sacarle la amarilla. Y más lejos aún en la represalia llegó aquel boxeador al que, cuando su contrincante le dio un piquito provocador, directamente le hizo pum en plena cara y lo dejó knock out .

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