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Por qué es tan cara la ropa en Argentina

La mandataria festejó que las mujeres aprovechen el programa oficial para la compra de ropa. Sin embargo, más allá de la celebración, subyace el interrogante acerca de la necesidad de tener que particionar el pago en varios meses por los altos precios. ¿Cómo se compone el valor de una prenda?

Por qué es tan cara la ropa en Argentina

Durante su extenso discurso de apertura en el marco de las sesiones legislativas, Cristina Kirchner hizo un detallado repaso por lo que consideró fueron los grandes logros del modelo kirchnerista.

La Asignación Universal por Hijo, el plan Progresar y la iniciativa bautizada como Ahora 12, que permite financiar la compra de productos a 12 meses, fueron algunas de las medidas oficiales que la mandataria destacó, al tiempo que dedicó varios minutos para detallar los “exitosos” resultados obtenidos con cada una de ellas.

En este marco, la Presidenta dedicó varios párrafos para festejar la importancia de la iniciativa que actualmente promueve que los argentinos puedan adquirir artículos y cancelarlos a varios meses. Y puso de relieve lo que sucede en el sector de la indumentaria.

Destacó muy especialmente que 6 de cada 10 operaciones realizadas a través de este plan están vinculadas con la compra de ropa.

“A las minas nos encantan las ´pilchas´, a todas. Esto le pasa a todo el mundo, lo pueden hacer todos y todas. Nos da mucha alegría ver en los shoppings más importantes y ´paquetes´, el adhesivo ´Ahora 12´”, enfatizó la mandataria, al tiempo que agregó: “No es sólo para los pobres, porque me dicen que las señoras, a las que no les gusto mucho, también compran así en los shoppings”.

“¿A quién no le gusta comprar cosas lindas en 12 cuotas sin interés?”, completó Cristina. Y, a continuación, para que no queden dudas volvió a recalcar que “el 60% de los créditos del Ahora 12 va a las pilchas”.

Puesto en cifras concretas, según los últimos datos brindados por el Ministerio de Industria, de las 4 millones de operaciones canalizadas a través de esta iniciativa, 2,3 millones correspondieron al rubro indumentaria.

Esta “buena noticia” para el Gobierno no necesariamente representa una señal positiva en materia de poder adquisitivo. En definitiva, lo que subyace detrás del éxito del plan es que el financiamiento para traccionar ventas no sólo es vital en los bienes de alto valor, como los 0Km, sino que las cuotas resultan fundamentales también para ayudar a empujar rubros más masivos como el de la indumentaria.

Esta tendencia está íntimamente vinculada a la pérdida del poder de compra, fenómeno que se profundizó en este último tiempo y que se dio especialmente en la industria textil.

En este sentido, basta saber que según el Índice de Precios de San Luis -uno de los últimos registros sin influencia del Gobierno nacional- la “pilcha” acumuló un alza del 40% en los últimos doce meses, una cifra que prácticamente se ubicó diez puntos por encima de la mejora en las remuneraciones.

Esto lleva a que hoy la Argentina se ubique entre los mercados más costosos del mundo -en términos de dólar- a la hora de adquirir todo tipo de prendas, desde un jean básico hasta una remera clásica.

De hecho, las diferencias de precios son tan amplias que “pilchas” similares pueden llegar a costar tres o hasta cuatro veces más aquí que en el exterior.

¿Las culpables son las marcas?

Pese al festejo oficial por el éxito del plan Ahora 12 hay una realidad y es que, según datos de la CAME, las ventas de indumentaria registraron una fuerte caída de casi 6% el último año, medidas en volúmenes.

Sin embargo, como quedó reflejado, esta baja en la demanda, no fue acompañada por una baja en los precios que pagan los argentinos.

Bajo la óptica del economista Mariano Kestelboim, ex gerente de ProTejer, “actualmente se abona un fuerte sobreprecio sólo por un tema de etiqueta y el cliente, lo que termina haciendo, es afrontar gastos muy elevados y que están asociados a las campañas de marketing”.

Según datos de la entidad, fabricar un jean de primera línea en la Argentina, que será comercializado a un precio cercano a los $900, hoy tiene un costo de apenas $130, incluyendo desde la materia prima hasta los gastos de fletes y seguro, pasando por la ganancia de los confeccionistas.

Claro que dicho costo irá engrosándose considerablemente a lo largo de la cadena: una vez que el jean sale de fábrica, si éste es comercializado en un local de una firma conocida, entonces habrá que sumarle otros $175 en concepto de gastos de marketing unitario y la propia ganancia de la compañía.

Eso no es todo: en el camino se le habrán adicionado unos $280 por “gastos comerciales y de ocupación”. Esto no es más que el proporcional del costo del alquiler del local, a lo que habrá que incorporarle unos $72 por cargos financieros.

Pero el largo camino del jean, desde que sale de la fábrica hasta que llega a un comprador, no termina allí: a esto habrá que agregarle cerca de $240 de impuestos que tienen una incidencia del 27% sobre el total.

Así es como al final de su recorrido, este jean de marca Premium -tomado a modo de ejemplo- puesto en un estante en un shopping tranquilamente podrá cotizar a $900, es decir, siete veces más que su valor de fabricación.

El siguiente cuadro explica detalladamente cómo se compone el precio de una “pilcha” y permite entender por qué es tan cara la ropa en la Argentina:

Por qué es tan cara la ropa en Argentina

Tal como se desprende del gráfico, los gastos promedio asociados al marketing de una prenda (13%) pueden llegar a casi triplicar los costos de la materia prima (4,6%).

En tanto que los vinculados al “derecho de piso” que debe convalidar una marca por ocupar un local con una renta elevada (30% por producto, promedio) pueden resultar hasta 35 veces superiores a la ganancia de las fábricas por cada unidad confeccionada (0,9%)

Ariel Schale, director ejecutivo de ProTejer, se quejó por el hecho de que “de un jean que sale $900, la industria reciba solamente un 15%. Y esto se explica por los altos costos asociados a la comercialización (40%)”.

El experto agregó que, “en el caso de los locales que operan en centros comerciales, un 8% de la facturación se la lleva el shopping y otro 3% el sistema financiero”.

Además, desde ProTejer apuntaron contra las condiciones que suelen fijar algunos centros de compra, variables que terminan incidiendo sobre el precio final de una prenda: “Las marcas, en general, deben hacer frente al costo de admisión, conocido como ‘llave’, que equivale a entre 20 y 28 alquileres, los cuales deben pagarse con cada renovación de contrato”.

Por otro lado, señalaron otros ítems asociados que inciden fuertemente en los costos de comercialización: “Las expensas administradas por los shoppings, para un local muy bien ubicado de unos 100m2, pueden llegar a estar cerca de $30.000 mensuales”.

Esta situación no es privativa de la Ciudad de Buenos Aires, sino que también se observa en el interior. Alberto Minzer, presidente de la Cámara Empresaria de Mendoza (Cecitys), señalaba recientemente que “al precio de un pantalón hay que sumarle 40% por las cargas tributarias. A eso después hay que agregarle alquiler, luz, posnet, sueldos… muchísimos costos que están implicados en la actividad comercial”.

El empresario se quejó de que un local que cumple con todas las obligaciones tributarias nunca podrá igualar los valores que se manejan en otros canales comerciales, en alusión a los bajos precios de La Salada.

El alto costo de las trabas a las importaciones

Al analizar las razones por las cuales las casas de indumentaria mantienen precios tan elevados, especialmente las de etiquetas Premium, otras de las causas que señalan los empresarios están vinculadas con las trabas aduaneras, las cuales se vieron reforzadas en este arranque de 2015.

En 2014, la Argentina realizó importaciones del rubro textil por casi u$s1.400 millones. De ese total, el 80% correspondió a materias primas tales como hilados, tejidos planos y de punto. Es decir, insumos clave para la industria.

Sólo el 20% restante estuvo explicado por prendas de vestir y confecciones hechas mayormente en el sudeste asiático y en Brasil.

El problema es que las importaciones el año pasado registraron una caída de más del 10% en volúmenes, cifra que se ubicó por encima de la baja de las ventas en el mercado interno, con una producción que prácticamente no varió, lo que terminó achicando la oferta.

No es un dato menor que, para sostener el entramado textil, la administración kirchnerista desde hace años ponga en funcionamiento un gran “paraguas proteccionista” para que la actividad no sucumba ante la competencia del exterior.

Miguel Ponce, director del Instituto de Comercio Exterior, destacó que “el textil figura entre los tres rubros que más protección reciben por parte del Gobierno. Al haber una menor competencia, esto siempre termina generando que la industria local pueda aplicar márgenes mayores, que terminan elevando el precio final de venta”.

El experto agregó que “la gran mayoría de las prendas para consumo que llegan de afuera sufren dos tipos de trabas: primero se le aplica el arancel externo más elevado que permite el Mercosur, que es una tasa del 35%”.

“Luego -continuó-, los importadores padecen el régimen de administración del comercio, que se fue acentuando en los últimos años, conforme se agravó el atraso cambiario”.

Según Ponce, “en un 70% de los casos, la caída en el ritmo de importaciones obedece a trabas aduaneras y administrativas. El resto, es decir un porcentaje mucho más bajo, se explica por una menor demanda debido a la baja del consumo”, lo que termina impactando en los precios.

La “otra brecha” que ni Moreno pudo bajar

Así como el Ejecutivo desde hace tiempo está volcando sus esfuerzos para tratar de achicar la diferencia entre el dólar oficial y el blue, hubo otras “brechas” que lo incomodaron: una de ellas está vinculada con el alto precio de la ropa en el mercado local respecto del exteiror.

Si bien ahora el Gobierno festeja el éxito de plan “Ahora 12” a la hora de promover las ventas de indumentaria, la realidad es que durante años la industria textil estuvo bajo la mirada oficial por los elevados valores de venta al público.

“No puede ser que un jean que afuera vale $80 acá lo vendan a $400”, se quejaba Guillermo Moreno, en tiempos en los que era secretario de Comercio Interior.

Allá por 2005, el funcionario trató de imponer el plan “ropa para todos”, iniciativa que obligaba a las marcas instaladas en shoppings a tener percheros con prendas “low cost”. Sin embargo, a poco de arrancar, la acción terminó naufragando.

A comienzos de 2013, el funcionario volvió a embestir contra las empresas del sector. Molesto por el enorme gap entre el precio de fábrica y el de venta, ingenió la marca “NyP” (Nacional y Popular), con la que buscaba acortar la cadena comercial y bajar gastos.

Incluso, se imaginaba llegar con este plan a todos los barrios del país y con colecciones para hombre y mujer que se fueran renovando con cada cambio de temporada.

Sin embargo, a dos años de su lanzamiento, la propuesta -que nunca tuvo el peso suficiente como para influir en el mercado y forzar los precios a la baja- terminó por desinflarse completamente.

A raíz de los intentos fallidos del Gobierno de promover ropa barata, es que “cortó por lo sano” y optó por dar financiamiento a la “pilcha” cara.

Pero, más allá de la necesidad del “Ahora 12” para el pago en cuotas, quizás lo más conveniente sea reducir la carga tributaria, la suba de costos y la inflación, para que la indumentaria no sea tan costosa en la Argentina.

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