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Poesía: Juan Gelman.

Poesía: Juan Gelman.

Poesía: Juan Gelman.

Juan Gelman fue un reconocido poeta y periodista argentino, nacido en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930 y fallecido en México DF el 14 de enero de 2014. Participó de la creación del grupo El pan duro, el cual reunía a jóvenes militantes comunistas en busca de una poesía más fiel a sus raíces y de fácil lectura; además, conseguían sus propios medios para realizar las publicaciones y la difusión de las mismas.

Como periodista, colaboró con diarios y revistas tales como ”La Opinión, Panorama, Crisis y Noticias”, ocupando cargos que iban desde director hasta jefe de redacción. Entre los importantes premios que ha recibido se encuentran el Cervantes , el Boris Vian y el Pablo Neruda.

Sin duda, debió enfrentar una de las peores desgracias imaginables: su hija, su hijo y su esposa fueron secuestrados durante la dictadura militar argentina. A pesar de no haber recuperado a su familia, continuó enfocado en sus versos, aunque en su poesía se nota la inquietud de quien necesita seguir adelante, no detenerse.

Este incansable escritor publicó casi 30 poemarios, entre los que destacan “Velorio del solo”, “Hechos y relaciones”, “Salarios del impío” y “El emperrado corazón amora”.

Poesía: Juan Gelman.

Basta con sólo leer uno de sus poemas para atraparte y enredarte en su escritura, por esta razón extraje unos pocos para poder plasmarlos en este post.

Poesía: Juan Gelman.

⊙ Violín y otras cuestiones (1956) ⊙
Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de ti
Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de tí

Me he acostumbrado a beber la noche lentamente, porque sé

que la habitas, no importa dónde, poblándola de sueños.

El viento de la noche abate las estrellas temblorosas en mis manos,

que aun no se conforman, viudas inconsolables de tu pelo.

En mi corazón se agitan los pájaros que en él sembraste y a

veces les daría la libertad que exigen para volver a tí, con el

helado filo del cuchillo.

Pero no puede ser. Porque estás tan en mí, tan viva en mí,

que si me muero a tí te moriría.

Oficio



Cuando al entrar el verso me disloco

o no cabe un adverbio y se me quiebra

toda la música, la forma mira

con su monstruoso rostro de abortado,

me duele el aire, sufro el sustantivo,

pienso qué bueno andar bajo los arboles

o ser picapedrero o ser gorrión

y preocuparse por el nido y la

gorriona y los pichones, sí, qué bueno,

quién me manda meterme, endecasílabo,

a cantar, quién me manda

agarrarme el cerebro con las manos,

el corazón con verbos, la camisa

a dos puntas y exprimirme,

quién me manda, te digo, siendo juan,

un juan tan simple con sus pantalones,

sus amigotes, su trabajo y su

condenada costumbre de estar vivo,

quién me manda andar grávido de frases,

calzar sombrero imaginario, ir

a esperar una rima en esa esquina

como un novio puntual y desdichado,

quién me manda pelear con la gramática,

maldecirme de noche, rechinar

fieramente, negarme, renegar,

gemir, llorar, qué bueno está el gorrión

con su gorriona, sus pichones y

su nido, su capricho de ser gris,

o ser picapedrero, óigame amigo,

cambio sueños y música y versos

por una pica, pala y carretilla.

Con una condición:

déjeme un poco

de este maldito gozo de cantar.

Epitafio


Un pájaro vivía en mí.

Una flor viajaba en mi sangre.

Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces

me quisieron. También a mí

me alegraban: la primavera,

las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro.

Una flor.

Un violín.)

El crepúsculo atraca al triste y solo



El crepúsculo atraca al triste y solo

violín de mi corazón.

El crepúsculo instala muchachas melancólicas

en el balcón.

El crepúsculo toca en las esquinas

una música gris.

Y llora largamente,

blandamente.

(¿No lo oís?)

Tócame la mejilla

Tócame la mejilla por si encuentras

una humedad antigua y olvidada.

Es del tiempo en que quise ser caballo

para no ser fantasma.

Tócame la mejilla. Vamos, anda…

Jueves


Jueves pasado en aire compañero

de tu conversación.sobre el mantel,

los dulces platos, el cuchillo alerta,

las ganas de comer.

También las ganas de charlar un rato,

de todo, de cualquier cosa, de nada.

De llorar a raíz de la cebolla

y de reír a punto en la cuchara.

Tus manos diestras, tibias de verdura,

y el delantal que siempre se estropea

justo ahí, ¡pero que rabia!

el pan

subió de nuevo, eh?, ¡qué cosa seria!

¡Qué cosa seria, esposa, cosa seria,

tocar el aire de este jueves limpio!

¡Mirarse el pecho,escándalo de vida!

¡Oír en tu vientre como crece el niño!

Y lo demás, lo iremos arreglando.

Afirmo fieramente

Afirmo fieramente: tengo estómago.

Pero no, pero no. Mejor dejarlo.

Ayer nació un gorrión en mi camisa

y hoy me cité de nuevo con un árbol.

Pero además resulta que estoy vivo,

fértil de sangre aguda en el costado.

El señor hambre se metió en mi casa

y no sé como echarlo.

Pero no es eso, no. Mejor dejarlo.

Me duele un abedul lleno de cielo

que en mi recuerdo recogí en el campo

Urgentemente debo hablarle hoy.

El se cree olvidado.

El almacén, la luz, el alquiler,

todo lo que se debe y no está pago.

Espero un hijo, allá, para diciembre.

Pero no, pero no, mejor dejarlo.

Me aguarda el aire. Es junio y hay invierno.

Llueve exclusivamente en mi zapato.

¡Ay de la carne que no se ha comido!

Pero no es eso, mejor dejarlo.

Estoy de novio con la primavera,

con mi mujer y con mis manos.

Si me toco la frente con un silbo

echo a volar mis pájaros.

Pero no, pero no.

Mejor dejarlo.

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◉ Salarios del impío: Carta a mi madre, 1993 ◉

El Animal



Cohabito con un oscuro animal.

Lo que hago de día, de noche me lo come.

Lo que hago de noche, de día me lo come.

Lo único que no me come es la memoria. Se encarniza en palpar hasta el más chico de mis errores y mis miedos.

No lo dejo dormir.

Soy su oscuro animal.

El ojo

Soy en tu no conocida hermosura, la que se esconde en tu hermosura. No puedo verla en su naturaleza ardiente. Tu imagen puedo ver, en todas partes, y, como el Abencerraje, la más verdadera en mis entrañas. El ojo convertido en lo mirado no se combate más, es dos veces la luz y recibe como ser recibido. No necesita causa ni perdón.

El peso

El peso de la palabra llega desde una piel tendida, furia o pena, niñez.

El vacío del hondo, apoyado en el viento.

Interrupciones

La lengua del dolido jadea de amores indecibles, apenas entrevistos, como fuegos que le acechan la boca y ningún daño apaga y arden en lo que no será.

La otra

¿Quién sos, íntima otra? Las horas de tu cuerpo hacen la eternidad.

La forma

Alma que ahora pensás: decí porqué en amor la soledad es forma de la luz.

La ilusión

La piedra, piedra quiere ser, y yo, vos. La conciencia de mí como ilusión de que soy otro.

El baldío

Animal de baldío, memoria, comés pastos que no crecieron más.

El ave


¿Qué sos sino mi estando en desestar, ave dura del siendo, vacío que no puedo agotar?