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Podríamos evolucionar para necesitar menos sueño

Podríamos evolucionar para necesitar menos sueño

Olvida el diseño clásico de una cama (colchón rectangular y cuatro patas). Esto podría convertirse pronto —más pronto de lo que pensamos— en cosa del pasado. Ahora, imagina que duermes en una burbuja. Estás envuelto en una pijama inteligente que monitorea tus patrones de sueño y automáticamente ajusta la temperatura, la luz y el sonido para garantizar tu comodidad sin perturbar tu ciclo de sueño.

Podríamos evolucionar para necesitar menos sueño

Los seres humanos pasamos un tercio de nuestras vidas durmiendo, pero algunos investigadores del sueño creen que dispositivos como el anterior podrían reducir ese tiempo. Podríamos evolucionar para necesitar menos sueño si usamos tecnología que aumente nuestra comodidad y optimice el sueño. La clave es obtener el mejor y más profundo sueño en la menor cantidad de tiempo posible, una habilidad que los seres humanos hemos tratado de lograr por cientos de años.

David Samson, investigador del sueño de la Universidad de Duke, afirma que si queremos saber cómo engañar al sueño en el futuro, tenemos que estudiar el pasado. Tras la publicación de un estudio que prueba que los seres humanos dormimos de forma “más eficiente” que nuestros parientes primates más cercanos, los científicos creen que es posible reducir el total de horas que dormimos por noche si mejoramos el ambiente en que lo hacemos.

Para ilustrar esto, Samson se refiere a un mono. El revolucionario estudio en el que trabajó junto con otros investigadores examinó 21 especies de primates y encontró que los seres humanos necesitamos más o menos la mitad de sueño en comparación con la mayoría de monos y simios; es decir, unas siete horas por noche. (Los lémures duermen entre 14 y 17 horas por noche y los chimpancés 11.5).

La razón es que a lo largo de la historia los seres humanos dejamos de dormir en árboles. Nos trasladamos al piso, durmiendo inicialmente cerca de fogatas y eventualmente en camas, donde nos sentimos más cómodos y seguros, lejos de los “predadores”. De acuerdo con el estudio, ahora dormimos más profundamente, llegamos más rápido a la relajación y desperdiciamos menos tiempo en sueño ligero que los primates. Y, según Samson, es muy probable que sigamos evolucionando en esa dirección con la ayuda de la tecnología.

“Durante cientos de años hemos estado manipulando nuestros ambientes. No hay ninguna razón por la que no podamos ir más allá y continuar optimizando nuestro sueño. Estoy seguro de que veremos cápsulas de sueño con control de luz y temperatura popularizarse en el futuro”, dice, y agrega que ya existen los primeros modelos de alto costo.

El Instituto para la Ética y Tecnologías Emergentes y el Dr. Raj Dasgupta, experto en sueño, afirman que en 2055 la mayoría de nosotros viviremos con sólo cinco horas de sueño por noche. La transición hacia tiempos de sueño reducidos ya está sucediendo. Los estadounidenses duermen en promedio una hora menos por noche de lo que dormían hace 40 años, explica Dasgupta.

Podríamos evolucionar para necesitar menos sueño

“Cualquier doctor o investigador que sepa de lo que habla te dirá que vamos a dormir menos en el futuro”, dijo. “El tiempo total de sueño ha venido disminuyendo con el paso de los años. En 1970, dormíamos de 7 a 8 horas, y ahora entre 6 y 7. Si haces los cálculos, en los próximos 40 o 50 años podría ser entre 5 y 6 horas”.

“Y eso me asusta”, agrega.

Los humanos hemos evolucionado a lo largo de milenios para reducir el número de horas que dormimos. Pero la tecnología podría acelerar el proceso notablemente, advierte. Todo el mundo quiere descubrir el secreto para necesitar menos sueño; sin embargo, según Dasgupta, alterar nuestra biología podría tener efectos negativos sobre la salud.

“Piensa en los dichos que usamos comúnmente. Por ejemplo, ‘Al camarón que se duerme se lo lleva la corriente’ o ‘Al que madruga Dios le ayuda’. Ahora los jóvenes están diciendo: ‘Dormir es un reemplazo mediocre para la cafeína’. Casi promueven de forma subliminal que deberíamos dormir menos”, dice Dasgupta. “Es triste”, agrega. “El sueño se asocia con mejores estados de ánimo y mejor calidad de vida”.

Esto, sin embargo, no hace que las compañías lo piensen dos veces cuando sueñan con hacerle trampa al sueño. Están desarrollando, por ejemplo, dispositivos que puedes ponerte para monitorear los patrones de tus ronquidos y optimizar el sueño, similares a los dispositivos que se usan para hacer ejercicio.

Nyx Devices, una compañía de diagnóstico del sueño, desarrolló una pijama hecha de una tela con “sistemas electrónicos integrados” para, de acuerdo con la página de la empresa, “monitorear la cantidad y calidad de sueño del usuario”. Un pequeño chip determina la fase del sueño en que se encuentra el usuario, incluyendo el REM (fase de mayor relajación), el sueño profundo y el ligero. Es probable que modelos más avanzados lleguen al mercado pronto, modelos que monitoreen la respiración, el pulso, la presión sanguínea y la conductividad de la piel mientras el usuario descansa.

Los investigadores afirman que las alarmas inteligentes son otra forma de sacarle el mayor provecho al tiempo que dormimos. Estos dispositivos monitorean la respiración y el movimiento, y despiertan al usuario cuando está en una fase de sueño ligero para que se sienta más descansado. Para 2030, estas alarmas serán usadas en hoteles, predijo el futurista Ian Pearson, a quien Travelodge contrató en 2011 para estudiar el futuro del sueño.

“Las alarmas inteligentes van a monitorear la actividad eléctrica del cerebro y así van a identificar el momento más oportuno para despertar al usuario”, escribió Pearson en el reporte.

Predijo que incluso la cama cambiará. Espacios esféricos cerrados, como las cápsulas para descansar que ya se encuentran en aeropuertos y oficinas sofisticadas como las de Google y Uber, también pueden programarse para que se controlen automáticamente la luz y la temperatura, y el sueño sea más eficiente.

Podríamos evolucionar para necesitar menos sueño

Un modelo de estás cápsulas, denominado Tranquility Pod, ya está disponible en el mercado por 30 000 dólares. Es una cama con cubierta que tiene la forma de un huevo gigante. Controla el sonido, el calor y la luz para, según su página web, “transportar al cuerpo, la mente y al espíritu a un tranquilo estado de relajación”. Tiene un “sistema de biofeedback” que monitorea los latidos del corazón y pulso del usuario y viene con un colchón en forma de óvalo, hecho de una espuma con memoria.

Según la compañía que lo desarrolló, la forma de domo esférico promueve el descanso y brinda privacidad al eliminar las distracciones cercanas. Un estudio que llevó a cabo MetroNaps, una empresa que fabrica estos productos, encontró que una siesta de 20 minutos en una de esas cápsulas mejora la atención en un 30 por ciento, haciendo a las personas más productivas.

Dormir menos en el futuro nos dejaría más tiempo libre para el trabajo y el ocio. Pero Dasgupta advierte que deberíamos tener cuidado al manipular la naturaleza humana. Una sociedad llena de gente que cree que no está cansada podría resultar en una tragedia de salud pública. “La falta de sueño está asociada con defensas bajas. Puede que nos llevemos un susto muy grande antes de que la gente reconozca lo importante que es el sueño”, dice.

No podemos negar que la sociedad moderna está obsesionada con dormir menos y sentirse bien al mismo tiempo. Siguiendo la ley de oferta y demanda, si existe una necesidad, existe un mercado, y en este caso un mercado centrado en la tecnología. Pero Dasgupta piensa que es importante que la gente preste atención a sus cuerpos y no sólo a sus dispositivos. “No creo que nuestros cuerpos quieran menos sueño”, dice. “Pero es allá hacia donde vamos”.

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