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Plantea en su nuevo libro las cuestiones que incomodan

¿Son los hombres superiores a las mujeres? ¿Tienen derecho a golpear a sus esposas? ¿Por qué las musulmanas no pueden casarse con los no musulmanes? Asmba Lamrabet, médica e investigadora, aborda estas y otras cuestiones en su nuevo libro Islam et femmes: les questions qui fâchent (En toutes lettres, 2017). Velo, poligamia, igualdad ante la herencia… La autora deconstruye uno a uno los prejuicios sexistas transcritos en la tradición musulmana en nombre de preceptos divinos para demostrar que la mayoría de las interpretaciones del Corán se han construido al margen e incluso en contra del texto sagrado.

-¿Cuál es el objetivo de este libro y por qué es tan necesario hablar de cuestiones que incomodan relativas a la mujer en el islam?

-Quiero deconstruir los prejuicios sobre esta cuestión a dos niveles. Primero en el plano internacional, donde el lugar que ocupa la mujer en el islam se reduce a cuestiones que incomodan. Existe una visión occidentalizada que reduce el islam y las mujeres a ciertos versículos ambiguos cuya interpretación es polémica y que a primera vista parecen muy discriminatorios para con las mujeres. Después, respecto del discurso religioso, que por su parte, cuando realiza una lectura del islam y de las mujeres, la reduce a dichos versículos y la convierte en una cuestión apologética, defendiendo que no se trata de discriminación hacia las mujeres sino que es el estado natural de las cosas: si la mujer recibe en herencia la mitad de lo que percibe el hombre o se la considera como inferior al hombre es porque existe una superioridad de éste, porque es la voluntad de dios. Hay que deconstruir esta visión.

-¿A quién se dirige este libro?

-Tanto a los musulmanes como a los no musulmanes. A los primeros para mostrar que existe un desfase entre lo que dice el mensaje espiritual y lo que las interpretaciones han dicho durante siglos. Se ha sacralizado la interpretación y los musulmanes tienen dificultades para volver sobre el texto. Siempre repetimos lo que los juristas decidieron durante siglos, sin realizar un trabajo de relectura o recontextualización. Y es por esto que, muy a menudo, rechazamos hacerlo con estas cuestiones que incomodan. Y a los segundos para que sus críticas sean un poco más elaboradas, que actúen con criterio y discernimiento. No podemos rechazar en bloque toda una religión, un saber, una espiritualidad, la memoria y la historia de miles de millones de personas por que cinco o seis cuestiones hayan sido malinterpretadas.

-Usted aborda diversos temas conflictiv os: la cuestión de la herencia, el uso del velo, la poligamia… ¿se podría decir que existen prejuicios sobre estas cuestiones?

-Lo diré muy claramente: yo parto de una postura de persona creyente. No soy 100 % objetiva. Existe cierta subjetividad y la asumo. Pero soy muy crítica con respecto a la tradición y a la lectura que se lleva a cabo. Evito hacer apología siendo realista y buscando un equilibrio, incluso aunque a veces no sea fácil. Del mismo modo, quiero poner de manifiesto que estas cuestiones trascienden a todas las religiones. Tenemos un problema con la interpretación de los textos sobre la cuestión de la mujer en el ámbito de las tres religiones monoteístas. Debemos tener claro este tema.

-¿Por qué aún se debaten estas cuestiones? ¿Por qué existe esta obsesión con la mujer?

-Porque, queramos o no, en cualquier parte del mundo y, sobre todo, en el mundo musulmán, la cuestión de las mujeres es central. En efecto, cuando abordamos la cuestión de las mujeres, abordamos todas las demás: la libertad de conciencia, la libertad individual, la identidad misma de una nación, de un pueblo. En el mundo arabomusulmán esta cuestión siempre ha estado ligada a la política, al miedo a la occidentalización y al legado colonialista. Nos agarramos a esta identidad como a un bote salvavidas, y quien siempre ha representado esta identidad es la mujer. Ella debe mostrar ciertas imágenes del islam, ella es la garantía de esta identidad. Es una cuestión que concentra todos los miedos. Hoy, cuando observamos la esencia de los discursos religiosos, especialmente en los medios de comunicación, pero también en los sermones, el 90% del debate gira en torno al cuerpo de la mujer, del halal y del haram. Es bastante desalentador.

-¿Qué le responde a aquellos que ven en el Corán una vulneración de los derechos de la mujer?

-Hay que tener un punto de vista más justo. Hay que dejar de instrumentalizar el mismo discurso, de denigrar toda una civilización y toda una cultura. Es racismo puro y duro. Es una visión esencialista que puede ser alimentada por la ignorancia, pero también por la xenofobia y el rechazo al otro. Lo vemos por todas partes: mire lo que está pasando en Estados Unidos, en Quebec Plantea en su nuevo libro las cuestiones que incomodan… Existe una verdadera islamofobia que es alimentada por los discursos extremistas de todo tipo. Por esta razón se trata de una cuestión primordial y que hay que deconstruir para tranquilizar a todo el mundo. Esto también se puede aplicar a los discursos extremistas de las organizaciones terroristas.

-Entre todas las cuestiones que plantea en el libro, ¿hay alguna cuya situación le gustaría que cambiara rápidamente?

-Todas estas cuestiones tienen hoy su importancia. Son cuestiones que nos muestran que hubo una injusticia con respecto a la lectura que se hizo del mensaje espiritual. El mensaje del Corán dio una libertad extraordinaria para reinterpretarlo en todo momento y lugar. Lo que hoy en día se prohíbe no lo encontramos en el Corán. Lo expongo en mi libro con sus correspondientes justificaciones. Muestro cómo actualmente nos encontramos «desfasados» en relación a todas estas cuestiones. Es cierto que existen dos o tres versículos ambiguos, pero para con el resto es aberrante que nos decantáramos por el sentido contrario de lo que el mensaje espiritual preconizaba o dejaba abierto.

-Para usted, ¿cuál es la solución para salir del sistema patriarcal?

-Hay que cambiar nuestro enfoque con respecto a los textos. No hay que olvidar que el enfoque tradicionalista, patriarcal y misógino sigue siendo de actualidad en la enseñanza religiosa, las escuelas, universidades, en los tribunales islámicos. Se sigue realizando esta misma lectura. No se ha hecho ningún esfuerzo respecto a este tema. Continúa el mismo enfoque, la misma metodología arcaica. Ha habido « reformitas » en los libros escolares pero aún estamos esperando un verdadero trabajo de fondo. Lo que propongo es una nueva alternativa al enfoque del texto que nos permitirá hoy en día, desde el interior del islam, hacer una lectura radicalmente opuesta a la que se ha hecho hasta ahora. Esto permitirá proponer, guardando las normas éticas del islam, nuevas soluciones que sean compatibles con lo que conocemos actualmente como principios universales.

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