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Perdimos bien

Cuando perdemos bien hay que reconocerlo, a veces se pierde contra equipos grandes, otras contra equipos chicos como fue el caso de este ultimo clasico veraniego, pero no por eso se les desconoce su merito, ellos jugaron al futbol mientras el deslucido juego aurinegro sigue sin mostrar identidad.



El verano con sus clásicos vuelve a dejar muy cascoteado al Club Atlético Peñarol de cara a la competencia regular, con el acumulado de la asquerosa estadística de Pablo Javier en enfrentamientos contra Nacional y un equipo que cumple un año sin contagiar.

Perdimos bien

El Carbonero del ‘Profe’ está enclenque, ayer le ganó el partido un entrenador que tardó ciento ochenta minutos de Clásico para darse cuenta que si ponía un mediocampo con Romero-Porras-OJMorales-Terminator-Eguren no iba a ganar. Sí, dos partidos enteros necesitó para entenderlo, y razonó más rápido que nuestro DT.

Cuando en su momento hablamos de ‘fin de ciclo’, allá por octubre, tomamos la precaución de hacerlo después de un partido ganado; el amor por Pablo, su amor por la Institución, su honestidad demostrada en cada conferencia de prensa, todo eso es tan incuestionable como insuficiente hace rato. Pídanle el cargo, si no se trata de una valoración moral, Pablo lo intentó y no pudo, aquel nombramiento demagógico de urgencia para tapar la no llegada del entrenador elegido, hace rato dio lo que podía dar y se vació, en sus propias palabras “haga lo que haga, no funciona”. Las únicas dos cosas que se van a demostrar es que se equivocaron al nombrarlo y se equivocaron al mantenerlo, nada que no sepamos ya desde hace rato.

¿Por qué no se consideran otras cosas a la hora de reclamar decisiones? Porque en la cancha no se ve nada que permita sostener la ilusión podría ser una respuesta consistente en sí misma. Pero más contundente es decir: porque ustedes mismos con la defensa al entrenador se encargaron de colocar ahí el foco exclusivo de todo análisis y a lo largo de doce meses de apatía futbolística y una anemia por momentos vergonzosa justificaron ‘mantener el proceso’ porque los resultados acompañaban.

Cuando el único argumento para sostener a Bengoechea es el de los resultados conseguidos, pasa a ser una burla que un año después, con semejantes registros ante Nacional, a las puertas del primero en el Estadio Campeón del Siglo, se siga al trote de cara al precipicio cabeza gacha. Y como siempre, cada vez que ese sea el único argumento, solamente hará falta un poco de tiempo para que se vuelva en contra, como el invicto de Fossati.

Peñarol debería tener otro entrenador desde hace, al menos, siete meses, cuando el actual supeditó su continuidad a la de un ex futbolista, pero la verdad es que lo mismo da. Porque vendrá a suceder a Pablo Javier un hombre de la casa, con espalda ancha, y nos tienen las pelotas llenas.

Perdimos bien

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