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Pedaleé 240kms en plena ola de calor y te lo muestro

Desde la semana pasada el clima se puso bien pesado. No es solamente verano, es la olla que se destapó ahora, y que ‘la civilización’ germinó estos últimos 190 años llevando progreso e industrializando todo, un poco desmedidamente. ¿Árboles? bien gracias.

Aún así salimos para todos lados. Hicimos lo que se puede llamar salidas elementales:

Mucha tierra volátil en los caminos rurales;

Mucho, mucho agua ingerimos para no cocinarnos;

Mucho fuego en nuestra piel expuesta al sol;

Mucho aire caliente que parecía moverse mientras lo atravesábamos. 

Sábado 17: Arroyo Aguiar

A la siesta nos encontramos, Martín no podía por la mañana. Al momento de salir, solamente dijimos que para el lado de Monte Vera, después veíamos. Cuando termina la recta de Aristóbulo del Valle, tomamos hacia el lado de Ángel Gallardo y seguimos por el camino ripiado (con muchos cascotes)

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Al llegar a Monte Vera, dimos una vuelta por la urbe y volvimos al camino después de atravesar el predio de la estación; ahora un poco convertido en pajarera, en el edificio contiene una especie de museo de la localidad-el sábado y en esas horas, estaba cerrado- y a su frente se asfaltó una calle que se usa como corsódromo.



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El camino lateral a la vía (al otro lado de la RP2) merma su calidad a medida que baja la latitud (o que avanzamos hacia el Norte). Las piedras le dieron lugar al ripio, después a la tierra, y unos kms antes de Arroyo Aguiar, antes de subir obligadamente a la ruta, se compone solamente de huellas más o menos marcadas.



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Después de un tramo de asfalto, volvimos a la tierra en el Acceso Sur a Arroyo Aguiar, un poco más corto que el asfaltado de la ruta. El camino también cuenta con algunos árboles, muy preciados en días calurosos. En el camino al centro del pueblo pasamos por la alienada estación ferroviaria, convertida en una especie de club del trueque, o de chatarrería, no sabemos bien.



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El rato en ese bar tomamos un refresco disfrutando la sombra y la inmensa tranquilidad. La vuelta la hicimos con un ligero viento a favor, a veces cruzado, y por asfalto mucho más rápido que la ida. La hicimos saliendo por el Acceso Sur y desde ahí la RP2 hasta Santa Fe. En el camino tomé estas fotos de estación Ascochinga, intermedia entre Arroyo Aguiar y Monte Vera. Vale decir que la vía que bordeamos corresponde al corredor Santa Fe – Laguna Paiva (ramal C del Ferrocarril Belgrano) y cuenta con tránsito regular de trenes de carga. Estuvimos en nuestras respectivas casas un poco pasadas las 18hrs, y pedaleamos más o menos 50kms

Domingo 18: Matilde

El domingo en cambio salimos temprano, con la idea de una salida matutina que no implique pedalear en horas de pico de calor. Al encontrarnos en Santo Tomé, estuvimos de acuerdo en tomar la RN11 sin rumbo prefijado. Rodamos el asfalto de la ruta ya muy conocida, pero notamos varios cambios y detalles en el paisaje.




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Un poco antes del Aeropuerto, pasando la primera salida a la autopista, instalaron un cartel de bienvenida a la localidad. No pudimos evitar detenernos a robar una imagen de estimo, alude de alguna forma a la cultura oriental con su escritura toda vertical.

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Creo que lo más sorprendente fue ver el nivel de las aguas del Arroyo de los Padres, que dejaban la ruta en superficie por unos pocos centímetros. Tomé fotos de las banquinas cercanas, y sobre el arroyo mismo los puentes vial y ferroviario, al ras del agua.

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 Llegando al Cruce Matilde volví a sacar fotos que saco siempre: antes de tomar la curva, la planta del nuevo Acueducto (muy avanzada su construcción, y llama la atención desde lejos con todas las edificaciones pintadas de azul fuerte), y sobre el puente de la autopista. Ahí le gritamos a unos perros que estaban entre las calzadas de la autopista buscando agua. Lorena se preocupó y hasta que no los vio orientados hacia los charcos, no abandonamos la tarea. Por mi parte, no quería ver cómo los atropellaban. Al final, salieron hacia los charcos ilesos.

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Llegamos a Estación Matilde. Calma total, 9.30hrs. Sol fuertísimo. Panaderías abiertas: cero. Kioscos de casualidad abiertos: uno. Compramos un paquete de bizcochos materos y lo acompañamos con la infusión caliente para la cual fueron cocinados; eso, en la plaza al frente de la Estación. La Estación que tiene la inconfundible estructura de las estaciones de segunda del mitre, inglesas. A pesar de no contar con tránsito ferroviario (y con un trazado operable) las vías están especialmente puestas en valor dentro del predio de la estación, que es junto con el Molino Matilde, el corazón de esta localidad. Ahí se nos hizo una hora extraña, ni tan tarde ni tan temprano, y debatimos si quedarnos hasta que bajara el Sol o salir rápido para llegar al mediodía a los puntos de origen. Al final, convencí a Lorena para que volviéramos, sobre todo porque en Matilde no había nada para hacer, ni para almorzar, ni nada.

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El Sol nos castigó durante los 15kms de ruta provincial 36S, despoblada de toda especie arbórea. Le metimos pata para reducir esa exposición solar. Repetimos la aplicación del protector, pero el Sol se reía, quemándonos de todas formas. Lo notable fue que al pasar Sauce Viejo pudimos tomar un nuevo caminito ciclista-peatonal que tiene algo de sombra, y que va desde el pueblo uno o dos kms hacia el Norte, estimo que lo seguirán hasta el Parque Industrial. Llegamos a nuestras respectivas casas pasado el mediodía, más quemados que cansados, recorrimos más o menos 90kms,Sábado 23: Esperanza

El sábado pasado creo que hizo más calor que los otros dos días juntos. Y esta vez teníamos destino prefijado en Esperanza, más o menos a 45kms de Santa Fe. Así fue que Martín pasó a las 6am por casa y nos pusimos camino a las Cinco Esquinas de Santo Tomé, donde nos esperaba Lorena. Podíamos ir por Ruta 19 y después tomar la 6, pasando por Franck. Sin embargo elegimos tomar el camino de tierra, hasta el puente de la autopista y después el camino de la Milkaut. Un camino que hemos encontrado en mejores condiciones algunas veces -y también lo hemos encontrado en peores,- estaba bastante pisoteado y con bancos de arena suelta en algunas partes.

Cerca de las 9 llegamos a Franck. Para sorpresa de Lorena y mía, ahi estaba Sonia, que Martín venía mensajeando en el camino. Trajo aceite para la cadena de Martín y la invitamos a que nos acompañara. Salimos entonces por RP6, asfaltada como se ve en las fotos, 

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En este camino bordeamos Pujato Norte, una pequeñísima y nueva localidad que se distingue desde la ruta por su Cristo del Recuerdo.

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 Antes de llegar a la Ruta 70 nos metimos en los barrios de Esperanza, y emergimos cerca de la plaza central. Pasamos no una, sino dos veces cerca de la estación de trenes, que está refuncionalizada con un centro cultural y un destacamento de policía. No le saqué fotos porque estaba medio lejos y básicamente, no me dieron ganas. Por ahí, Sonia nos enteró de que lo que nosotros conocemos como Parque Nacional de la Agricultura se llama desde antes (o en su barrio al menos), los Leoncitos.

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Fuimos ahí, en el camino nos aprovisionamos de refresco y bizcochos. y a la salida del predio confirmamos de primera mano la versión toponómica que traía Sonia. Asi que le dimos crédito y le dejamos elegir el camino a Franck. Nos llevó por ‘el camino del cementerio, una serie de trayectos de tierra y ripio que cada tanto nos daban respiro del Sol con sus árboles.

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Saludamos a Sonia en Franck, que no nos dejó irnos sin llenarnos las caramagnolas de agua fría, y seguimos la vuelta también por tierra, pasando por Colonia San José y llegando a Santo Tomé por la rural RP5. Nos hizo falta parar a refrescarnos de nuevo en la plaza central santotomesina antes de dar el último tramo, hasta las latitudes capitalinas, donde llegamos cerca de las 13.30hrs. Pedaleamos más o menos 105kms, mucha tierra y mucho sol.

Ante la experiencia, algunos hemos decidido que entre las 10 y las 16hrs no se pede salir a los caminos, por la intensidad del Sol. Si Dios quiere, el martes termina la ola de calor y vamos a volver a hacer salidas sin tomar tanto agua y ponernos tanto protector solar.

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