Facebook Twitter RSS Reset

Nuevo crack de 9 años que no lo ficharon en españa

ponés “Claudio Ñancufil” en el buscador y seleccionás uno de los videos. Cualquiera, no importa. El que elijas te va a sorprender. Vas a ver a un nene de seis, siete años, que juega a la pelota. Un nene que usa un pantaloncito que le queda enorme y una camiseta como la de Vélez. Un nene que vuelve locos a chicos que le llevan una cabeza. A veces tiene el siete en la espalda, a veces el once, otras el diez, pero siempre hace maravillas con la pelota. Las imágenes se encadenan. La cancha es otra, los rivales también, la magia es la misma. Un gol, una pisada entre dos, un enganche, otro gol, otro lujo. El nene y la pelota.

Claudio Ñancufil ahora tiene 9 años y desde hace un mes juega en la categoría preinfantil de Racing. A una edad en que los demás niños conocen los clubes por la Play, Claudito ya atesora un intento en el Real Madrid y otro en el Atlético, y ofertas de River y de Lanús. Pero se impuso su pasión por La Academia. En una familia de hinchas de Independiente, Claudio es el único fanático de Racing, herencia de un tío influyente.

La llegada a Racing se empezó a gestar cuando Claudio se fue a probar a los clubes madrileños, hace poco más de un año. En esos días, le hicieron notas en los diarios más importantes de España. Presentaban a la incipiente estrella como “El Messi de las nieves” y “El Messi mapuche”. Y el nene, acosado por cámaras y micrófonos, trató de poner las cosas en su lugar: repitió que quería ser Claudio Ñancufil, no Messi, y que era hincha de Racing. Esa declaración de principios llegó a un dirigente de inferiores del club de Avellaneda, y se lo comentó a Víctor Blanco, flamante presidente: “Hay un pibe que es un fenómeno y es hincha de Racing. Ahora está en España, cuando vuelva lo tenemos que ir a ver”.

Ahí empezó el operativo seducción. Fueron a buscar al nene a Bariloche, lo llevaron al Cilindro, le mostraron los predios y le presentaron a los jugadores. Hasta se sacó una foto son Sebastián Saja, su ídolo. Y quedó fascinado. Ni River ni Lanús: Racing. Junto con su mamá, Viviana, y su hermano Braian, dejó Bariloche para instalarse en un departamento en Avellaneda que le consiguió el club. Cambió el barrio El Alto por el sur del Gran Buenos Aires, las canchas de tierra seca por las de césped bien cortado, la casaca azul del Club Deportivo Martín Güemes por la blanquiceleste. Claudio Ñancufil, el nene con futuro de estrella, ya cumplió un primer sueño.

Ningún mapuche. Viviana, la mamá de Claudio, se enteró hace muy poco de que hay medios que muchas veces no respetan la verdad. O que distorsionan algún episodio para lograr más impacto en las historias que publican. Tomó conciencia cuando empezó a leer lo que se publicó sobre su hijo. Descubrió que no sólo Clarín miente. Y se indignó. Ahora, cuando habla con PERFIL, enumera los engaños que se publicaron.

Dice Viviana que, si bien el apellido Ñancufil es mapuche, ellos no son miembros de la comunidad aborigen. Dice también que en Bariloche viven en un barrio modesto, de clase media trabajadora, no en una villa marginal. Que el ídolo de su hijo es Saja, no Messi. Y, sobre todo, que Claudio quiere ser Claudio, no una variante nevada o indígena de Leo.

—¿Por qué no quedó en los clubes de Madrid cuando se fue a probar?

—Allá hay mucho conflicto con la explotación infantil. Hubo clubes que fueron sancionados con el argumento de que hacían trabajar a menores. Por eso me dijeron que preferían evitar algún problema, por lo menos hasta que Claudito cumpliera 14.

—¿Lo tomaste como una frustración?

—No, para nada. Cuando volvimos de España, hubo dos o tres equipos interesados, pero al final Claudio eligió a Racing. Ahora lo veo con esa camiseta y es feliz. Yo noto que lo está disfrutando. Con eso estoy satisfecha. Quiero que cumpla su sueño, no el mío.

Zurdito. Claudio Ñancufil empezó a jugar a los cuatro años. Chiquito, mínimo, una pulga detrás de la pelota. Desde ese inicio prematuro, empezó a deslumbrar con el dominio, con esa zurda mágica, la gambeta corta y los goles. Era la estrella del Club Deportivo Martín Güemes, una institución que no tiene sede y que juega en una cancha prestada, pura tierra y viento patagónico. Hasta que el abuelo, también llamado Claudio, empezó a grabar las maravillas que hacía el pibe y las subió a YouTube. El fenómeno de las redes sociales hizo el resto.

Entonces, vino el viaje a España, el regreso, el interés de River y Lanús, las notas, más videos en internet. Hasta que acordó el ingreso a Racing, ese primer sueño cumplido. Y sólo tiene 9 años. Ahora va dos veces por semana a entrenarse a un predio en Avellaneda junto con su hermano Braian, de 13, que también juega en las divisiones juveniles de La Academia y cursa la primaria en la escuela del club.

Claudito, dice la mamá, sólo quiere divertirse. Jugar sin presiones. Ser él. Ser ese nene que disfruta de la pelota.

El pibe que te deslumbra en los videos de YouTube cuando entrás y ponés “Claudio Ñancufil” en el buscador.

No comments yet.

Leave a Comment