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No seas tu plan B

No seas tu plan B

Cuando alguien no se acaba dedicando a aquello que ama no se llama realismo, falta de recursos o imposibilidad: se llama conformismo.

Evidentemente, nadie va a decirte que se vendió por dinero o que le venció el miedo, pero al que se entrega a su pasión se le nota en seguida.

Es necesario recuperar la pasión y llevarla a todos los ámbitos de nuestra vida. Tu vida no empieza cuando terminas el trabajo, tu vida empezó al nacer. Si lo que más amas es cantar, canta; si lo que amas es hacer surf, monta una escuela de surf, y si lo que amas es escribir, crea tu propio universo desde lo mas sencillo

No basta con estar contento en el trabajo, hay que estar enamorado de él de la misma forma que lo harías de una persona. A tu pareja no le dices “estoy contento contigo”, a tu pareja le dices “me vuelves loco, te quiero a todas horas”. Con tu trabajo debe ser igual.

No seas tu plan B

Si aceptas el reto, hay tres grandes obstáculos a los que debes hacer frente.

Son los asesinos de sueños:

El Dinero

No seas tu plan B

Se llama ganarse la vida al dinero, pero por ganar dinero, muchos pierden la vida.

El dinero es el gran hipnotizador de nuestro tiempo. Uno de los mayores efectos que produce es hacer creer que aunque no sea nuestro trabajo más deseado, si pagan bien, vale la pena porque mejora la calidad de vida. Pero la calidad de vida no es una TV de plasma más grande o un aperitivo al sol una vez a la semana; la calidad de vida es vivir enamorado cada minuto de lo que haces, es no querer acostarse y despertarse antes que el despertador. La gente apasionada duerme poco.

Otra creencia equivocada es pensar que dedicarse a una pasión no da dinero. Todo lo contrario: la pasión conduce a la maestría, la maestría genera valor y el valor da dinero. Aunque para ello hay que tener algo de paciencia.

Impaciencia

No seas tu plan B

En la cultura de la inmediatez, los primeros afectados son el esfuerzo y la perseverancia. Queremos muchas cosas y las queremos ya. La capacidad para posponer recompensas y gratificaciones está en peligro de extinción, y los prismáticos han sido sustituidos por unas gafas de cerca que todo lo aumentan y ocultan cuanto hay más allá.

Es en la perseverancia donde se descubren los amantes, donde se diferencian sueños y caprichos. Perseverar es hacer lo necesario el tiempo necesario.

Es posible que tu pasión tarde en darte dinero, y que hasta que eso llega tengas que buscar un trabajo ‘nutricional’ o de mantenimiento. ¿Cuál es el problema? Valga el ejemplo –y con todo respeto–, si trabajas ocho horas en una pizzería y al terminar te pones a pintar, no eres pizzero, eres pintor. Eres lo que amas, no lo que da dinero. Llegará el día que puedas vivir de tus cuadros. Al final, lo que diferencia a la gente que triunfa de la que no, es lo que hacen al salir de la pizzería.

La opinión de los demás

No seas tu plan B

Nada nuevo bajo el sol. A la gente le gusta opinar, juzgar y proyectar su vida y experiencias en ti. Creen que sus límites son los tuyos, que el camino que ellos tomaron fue el mejor y que lo demás es desviarse. Llamarán locura y fantasía lo que para ti es pasión, pero la fantasía es solo la imaginación sin acción, y muere al pelear.

A menudo te harán sentir que vales menos y que no eres lo suficientemente bueno, lo cuál es lógico (tener un sueño no es ser idiota), al principio, ¿quién lo es? Pero no es quien eres, es quien vas a ser. Dice más de una persona dónde va que dónde está o de dónde viene.

Apostar por tu sueño implica grandes momentos de soledad en los que gente que debiera estar a tu lado empujando no lo está. Y es muy doloroso: ¿Cómo les explicas que lo que haces te gusta tanto que no quieres ponerlo en un segundo plano de nada? En el fondo son preocupaciones comprensibles: cómo vas a mantenerte, cómo vas a comer de eso… pero es precisamente en este momento donde hay que apretar con más fuerza.

No seas tu plan B


“No vivas esperando que vean lo grande que eres, vive intentando ser grande, que ya lo verán”.

Confía en esa voz interior que te dice que es posible y trabaja poco a poco; ten la humildad de saber que tal vez no puedas llenar una plaza y cantar delante de diez mil personas, pero seguro que puedes cantar mil veces delante de diez. No se trata de ser una estrella, sino de sacar tanta luz como tengas; y, sobre todo, ama todo cuanto hagas, desde el primer minuto hasta el último, pues ningún segundo merece el deslucimiento que otorga el conformismo.

Haz lo que amas. No seas tu plan B.

No seas tu plan B

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