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¡No acepto su disculpa, señor Peña!

+Perdonar corrupción sería claudicar

+ ¡Hartos ya del cinismo presidencial!

Ni como mexicano, ni como periodista, puedo ni debo aceptar una disculpa del Presidente de la República – llámese como se llame y del partido que sea-, cuando el perdón ofrecido es un agravio a millones, un emblema del saqueo permanente al país, y un abuso más – sí, otro más-, de los políticos, al amparo del poder.

¡No! Nada más no se puede admitir una disculpa presidencial que, en su carga emocional, conlleva y reconoce culpa.

¡No! Nada más no se debe consentir un perdón presidencial, cuando su origen es el tráfico de influencias.

¡No! Nada más no se puede concebir una disculpa presidencial que se deriva más del aborrecimiento público que de la honestidad personal.

No, señor Enrique Peña Nieto.

Nada más no se puede aceptar la disculpa que usted ofrece, por las siguientes razones:

1) Porque aceptar la disculpa que brinda por la compra de la casa blanca de “La Gaviota” y de la familia presidencial equivaldría, nada menos, a ser cómplice de sus abusos al perdonar la evidente corrupción (tráfico de intereses), mediante la cual se obtuvo la mansión.

2) Porque admitir la disculpa sería avalar al cinismo: que un subordinado suyo – el lacayo Virgilio Andrade-, hubiera sido nombrado para “investigarlo” y, por tanto, lo haya exonerado. Saludar su perdón significaría estar de acuerdo con esa farsa. Con esa burla a los mexicanos.

3) Porque aceptar la disculpa equivaldría a aprobar el retroceso democrático que representa el affaire casa blanca: opulencia adquirida gracias al poder político, en medio de un país cada vez más empobrecido.

4) Porque admitir la disculpa sería tanto como respaldar a su gobierno en atrocidades: mientras usted, ciudadano Presidente, tiene nueve propiedades de dudosa procedencia, su gobierno nos ha entregado, hasta hoy, más de 2 millones de nuevos pobres. Una vergüenza.

5) Porque aceptar la disculpa significaría agachar la cabeza y doblarse ante una Secretaría de la Función Pública que se burló de los mexicanos, al “investigar” al ciudadano Peña Nieto a partir del uno de diciembre de 2012, y no desde que era Gobernador del Estado de México, justo cuando comenzaron las entregas de contratos multimillonarios a Grupo Higa. Era revisar desde entonces, y no cuando el mexiquense llegó a Los Pinos.

6) Porque admitir la disculpa equivaldría a avalar la trácala: en noviembre pasado, “La Gaviota” reconoció en cadena nacional, vía video, que ella personalmente le pidió a Juan Armando Hinojosa Cantú, jefe del Grupo Higa – beneficiario del gobierno de Peña Nieto en el Edomex-, comprar el terreno de Sierra Gorda 150 para edificar allí la casa presidencial. ¿Más? El arquitecto Miguel Ángel Aragonés confirmó que el propio gobernador Peña Nieto participó en el diseño de la casa.

7) Porque aceptar la disculpa sería tanto como palomear la otra mitad de la trácala: 17 días después de que Peña Nieto y “La Gaviota” se casaron (27 de noviembre de 2010), la empresa ligada al poder peñista, Grupo Higa, compró un segundo terreno para ampliar la mansión. Así se adquirió el de Palmas 1325.

8) Porque admitir la disculpa equivaldría – como bien señalan los reporteros Daniel Lizárraga y Rafael Cabrera en el portal de Aristegui Noticias-, a darle el visto bueno a que en noviembre de 2008, un día después de que Peña Nieto admitió que él y “La Gaviota” eran novios, el Grupo Higa creó la empresa “Ingeniería Inmobiliaria del Centro”, la cual se encargó de construir la llamada casa blanca.

9) Porque aceptar la disculpa significaría darle luz verde a la corrupción gubernamental: que una empresa favorecida desde el gobierno del Edomex cuando Peña era gobernador, y luego desde Los Pinos, fuera la encargada de construir las mansiones de la familia presidencial. Ese es el punto del conflicto de interés que el lacayo Virgilio no pudo ni quiso encontrar.

10) Porque admitir la disculpa sería convertirnos, en automático, en personajes de la misma calaña: corruptos y cínicos.

*****

No, señor Peña Nieto: no cuente con que acepte su disculpa.

Tal vez usted y sus cuates digan: nos vale madre la opinión de un columnista. Qué más da. Puede ser: ya tiene a muchas plumas y voces bien domesticadas y aceitadas. Cada quién.

Pero lo que sí le puedo asegurar, ciudadano Presidente, es una cosa: como este periodista, millones más de mexicanos tampoco le aceptan su disculpa.

Y eso no podrá – aunque usted quisiera-, ignorarlo.

Ya lo veremos.

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