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Ni fue Gol de Yepes ni nos robaron ninguna corona

El racismo y el fascismo, inherentes en el colombiano, salieron a flote por el error del presentador de un concurso en decadencia

Ni fue Gol de Yepes ni nos robaron ninguna corona
Perdón por ser tan amargado pero, ¿Qué puedo hacer si es verdad?. Yo tengo buena memoria, no estaba borracho en cuartos de final y vi como Brasil nos arrasó en el primer tiempo. De milagro no salimos goleados. Además el gol del amado Mario Alberto fue en fuera de lugar, no les quepa duda, en fuera del lugar.

Lo de anoche no lo vi porque yo ya no veo reinados, porque me aburren, porque me parecen un anacronismo, porque uno de los estigmas más duros que les ha tocado soportar a las mujeres colombianas es que les digan que son las más lindas del universo, las más puras, las más hacendosas, las más femeninas, las más acomedidas y es por eso que los europeos vienen hasta estas lejanías a conseguir una india que sirva, que obedezca, que se deje violar.

Por ahí en Namibia, Gambia, Estonia, Filipinas, Venezuela, Guatemala y Colombia encendieron el televisor para ver el concurso. Algunos países civilizados, como los escadinavos, ya ni mandan representantes. Ellos saben que no hay nada más traquetoide que una mujer desfilando en una pasarela en traje de baño y con unos tacones de treinta y cinco centímetros.

El caso es que este show aberrante todavía se lleva a cabo y anoche millones de colombianos aprovecharon la dislexia de un presentador para expresar sus complejos de inferioridad, su paranoia, su vocación al asesinato y, sobre todo, su racismo.

Esta mañana Pablo Escobar amaneció siendo tendencia en twitter. Todos coincidían en que si el patrón estuviera vivo la corona estaría en el bifé que heredó de su madre Raimundo Angulo. En los memes aparecía el capo persiguiendo a Steve Harvey diciéndole “Venga que no es pa eso” o anotándolo en su libretica para mandar al Chili a que le lleve una sorpresita. Pero Escobar no fue el único protagonista de la reacción. Yo vi a Superman trayéndolo en sus brazos hasta Colombia, aunque Harvey era el gran Richard Pryor, uno de los villanos que tuvo Cristopher Reeve mientras fue el hombre de acero. La jauría, enfurecida, clamaba por tenerlo entre sus brazos para destruir al negro de mierda, al negro que acababa de quitarle la ilusión a un pueblo.

El fascismo y la estupidez, por supuesto, también brotaron del corazón de los colombianos. Donald Trump, al proponer que repartieran el título entre Filipinas y Colombia, subió en un 56 por ciento su favorabilidad en el país. Ahora Trump nos ama y acá piensan, como le escuché decir a una señora morena esta mañana en el Transmilenio, que “Será mucho mejor presidente quel negro de mierda ese que tienen ahora los gringos”.

La indignación se desbordó sólo por un error estúpido dentro de un concurso que se caracteriza por eso, por su estupidez y su intrascendencia. Y así suene trillado y cansón, que bueno sería esa misma unión para haber tumbado a Álvaro Uribe cuando, siendo presidente, minó de bases militares norteamericanas el territorio colombiano, para haber mandado a la cárcel al ministro de defensa Juan Manuel Santos cuando alcahueteó los falsos positivos o por permitir que cuatro familias hayan saqueado y regalado a las potencias extranjeras este país, dejándonos en un nivel de estupidez tan hondo que tengamos que vivir pendientes de un Concurso que, en los países verdaderamente libres y prósperos, hace rato importa un carajo

Advertencia

Este artículo de opinión, no lo escribí yo lo escribió el señor columnistas Iván gallo.

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