Facebook Twitter RSS Reset

Nace La Cámpora militar

Milani organiza su retirada contando con Scioli y se prepara para la foto con el Papa.

Nace La Cámpora militar

Las fichas se van moviendo en el tablero político y los actores, de la reina al último de los peones, encaran nerviosas jugadas. El jefe del Ejército, Teniente General César Milani, un alfil del proyecto nacional y popular, no es ajeno a ello y se ha lanzado de lleno a la tarea de asegurar, si no una continuidad poco posible, un regreso al llano lo más tranquilo y seguro, convencido de que, de acceder a la presidencia Daniel Scioli u algún bendecido por Cristina, tendrá un papel como mínimo a la altura del actual. Los contactos con el gobernador de la provincia de Buenos Aires se han incrementado. En diciembre, una reunión “cumbre” en Carmelo habría convencido a Scioli de que Milani es una pieza indispensable para mantener la paz social en su provincia. Sin embargo, al general lo desvela el día después de la hipotética -y por cierto muy probable- derrota oficialista.

Jugado el todo por el todo, Milani asumió hace tiempo, con el visto buena de la presidenta, la conducción de la actividad de inteligencia interna, por cuanto la Agencia Federal de Inteligencia, ex Secretaría de Inteligencia, se encuentra cada vez más paralizada, mientras Parrilli acomoda militantes con un desparpajo que, de no haber sido por la valiente publicación de la revista Noticias, hubiera pasado desapercibido para el ciudadano de a pie. A muchos no les cierra la relación de los incrementos presupuestarios asignados al Ejército con la pobre muestra de material recientemente entregado, en su mayoría viejo equipamiento repotenciado. Y consecuente con la línea impuesta por su jefa, en parte ya entregado el año pasado.

Quienes conocen los tiempos que insumen las licitaciones en el Estado dudan que a esta altura del primer trimestre del año se hayan podido concretar tales adquisiciones y reparaciones con vacaciones de por medio. Ésa sería la punta del iceberg constituido por modernos equipos para interceptar comunicaciones y mails, destinados no sólo al inventario de la inteligencia militar sino especialmente a equipar una red de empresas amigas en las que Milani tercerizaría la actividad de espionaje clandestino y sobre la que habrían puesto la lupa varias agencias nacionales e internacionales.

En noviembre de 2014, cuando el país no tenía en sus previsiones que en enero se interrumpirían para siempre las vacaciones por el efecto de la muerte del fiscal Alberto Nisman, Milani trasmitió a su círculo cercano un ambicioso plan. No son pocos los que creen que ese plan lo diseñó su actual segundo, el incondicional General Gustavo Motta, “el monje negro” de la era Milani.

Algunos de los testigos presenciales, por esos avatares de la vida militar, están hoy golpeando puertas en búsqueda de trabajo y no ocultan su disgusto con el hasta entonces venerado jefe.

Un plan ambicioso

El plan constaría de cuatros líneas de acción, que Milani llamó “frentes”. El primero, el más ambicioso, el interno.

Mandos que en número superan holgadamente a los existentes en la época del proceso, son prueba clara del subtítulo de esta nota. Es lo que damos en llamar “La Cámpora militar”. A la corte habitual de cómplices, comprometidos, sometidos y genuflexos, el hábil Milani sumó a fines del año pasado una cantidad considerable de coroneles cuya profesionalidad nadie pone en duda en la fuerza, para “pegarlos” por su condición de flamantes generales y coroneles mayores del régimen. Ya venía reincorporando una cantidad exorbitante de oficiales superiores retirados al servicio activo (la figura conocida dentro de la jerga como “artículo 62”) o como personal civil de inteligencia. Debe contabilizarse un número desconocido de familiares de personal militar (el apellido Milani no es ajeno a la planilla del Ministerio de Seguridad), para terminar de cerrar el círculo de un clientelismo que nada debe de envidiar a los municipios del conurbano. En las últimas semanas, Milani ordenó a sus mandos convocar, casi sin limitaciones de cantidad y presupuesto, a personal retirado para realizar tareas como los mencionados artículos 62, con una doble finalidad: lograr su apoyo (pasar a ganar el doble de sueldo para realizar tareas de media jornada, no resulta nada desdeñable para gente de entre cincuenta y sesenta años) y dejar una pesada herencia a su sucesor, que lo obligará a cargar con el costo de desvincularlos. Los más críticos dicen que a Milani se le fue la mano, echó o impulsó a los mejores para que se vayan y ahora los necesita para hacer funcionar el ejército; los más sagaces no dudan en comprender que es una maniobra más del inescrupuloso general.

Aunque en la última reunión de mandos debió omitir de su exposición una buena parte que ya había aprobado relacionada con la recomposición salarial, Milani se encarga de repartir a los cuatro vientos que cuenta con el aval del poder ejecutivo para dicha recomposición. La verdad es que el asunto está en estudio, pero no fue el Ejército sino la Armada la responsable de la elaboración del decreto.

El segundo frente, el judicial, tiene dos aristas. Por un lado, la personal. Con el apoyo de Cristina ha logrado superar, hasta ahora, los embates de la justicia. Se dice que el juez Daniel Rafecas ya tiene firmado su sobreseimiento en la causa por enriquecimiento ilícito, y teniendo prevista su difusión después de la feria, la retiene ahora por lo fresco del escándalo que produjo su papel en el caso Nisman. Otras causas podrían seguir el mismo camino, manifestación elocuente de una extraña doble vara, habida cuenta de la cantidad de personal procesado y detenido con pruebas como las que incriminan a Milani. Por ese lado va la otra arista. Éste se ha encargado de convencer a los presos de lesa humanidad y a sus familiares de que él está llevando a cabo una estrategia para que este fin de año los encuentre con sus familias en sus casas. No existen datos concretos que confirmen dicha gestión y muy por el contrario, siempre se mostró crítico hacia sus predecesores en este campo.

Circulan algunas versiones que se podrán confirmar con el correr de los días. Este verdadero “relato ” no se condice con la reciente postura de Scioli al respecto.

El tercer frente, el mediático. Prueba de ello la cadena de Cristina del 16 de marzo, presentado el equipamiento mencionado al inicio de este artículo. Un espaldarazo a su gestión, ratificando por la presencia de ex jefes y subjefes de la Fuerza (sus “víctimas” en el pasado no muy lejano), como una suerte de respaldo a su liderazgo. En ese orden se encontraría gestionando a través de Guillermo Moreno y del embajador Gabriel Valdés la tan ansiada foto con Francisco. Se dice que intentó sin resultado colarse con Estela de Carlotto, en una suerte de Balza reloaded, y que ahora aprovechará un viaje de servicio a Europa para lograr el anhelado tesoro. Aunque sus relaciones con el Ministro de Defensa Agustín Rossi no pasan por su mejor momento, el santafesino no habría puesto reparos a las gestiones de Moreno. ¿Romperá el Papa su palabra y se prestará a la foto con un sospechoso de “crímenes de lesa humanidad”, enriquecimiento ilícito, actividades de inteligencia interna prohibidas por la ley y de conducta habitual reñida con la moral que se espera de un general de la Nación? Lo que está claro es que sin encuentro papal no habría viaje a Europa.

Nace La Cámpora militar

Nace La Cámpora militar

Nace La Cámpora militar


Pasate por mis post

Click en la imagen


Unete a la comunidad anti-terroristas

Click en la imagen


Pasate por mi perfil

Click en la imagen

No comments yet.

Leave a Comment