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Mujer, me tenés los ovarios llenos

Mujer que protestás por la “violencia de género” pero sos fan de Tinelli y bodrios similares; me tenés los ovarios llenos. Me importa poco, menos de lo que debiera quizá, lo que le ocurra o le deje de ocurrir a cada una de las huecas plásticas que se degradan públicamente en la televisión. ¿Que ellas lo hacen voluntariamente, que les gusta, que al fin y al cabo lo hacen por dinero? Supongamos que sí, no nos preocupemos por la psicología vil o la necesidad económica de unas pocas taradas Lo que sí es grave, lo realmente preocupante, es que se proyecta a la sociedad una imagen de la mujer como una cosa, una bolsa de carne, un objeto desechable que sólo sirve para exhibir el cuerpo –un cuerpo irreal además-, un juguete que rezuma sexo. Miles de nenes crecerán con esa imagen degradante de la mujer, y muchas nenas internalizarán poco a poco la idea de que “si no sos puta no sos nada”, la idea de que lo más interesante que tiene una mujer para mostrar son las tetas. ¿Que la gente piensa por sí sola, que los medios no construyen la opinión pública, que el código moral de las personas no va a ser influido por lo que vean en un programa de televisión –y los veinte programas de cuarta que lo “analizan” durante toda la tarde-? Los especialistas en comunicación no opinan lo mismo: aunque no existe consenso sobre la forma y grado de influencia de los medios en la opinión pública, todos están de acuerdo en que la influencia existe. Y eso que ves, eso que permitís que vean tus hijos, eso que tiene un rating impresionante, eso es violencia. La violencia no son sólo trompadas y puñaladas: herir la dignidad de un ser humano es violencia, cosificar a una persona es violencia, comprar el cuerpo de alguien es violencia –aunque la venta sea “consentida”-. Siguiendo programas que ejercen este tipo de actos contra las mujeres estás siendo jodidamente machista, tan machista como el más cavernícola de los hombres. Protestar contra la “violencia de género” no sirve de nada si celebramos y forramos en plata a gente que hace lo mismo en diferente escala.

Mujer que te escandalizás por la “violencia de género” pero convertís a Cincuenta Sombras de Grey en best-seller; me tenés los ovarios llenos. Esa literatura berreta encierra el peligroso mensaje de que si un galán es dominante y es rico y tiene una historia triste, no importa lo pésimamente que te trate -en la cama o fuera de ella-, vale la pena aguantarle todo, cueste lo que cueste, porque al final de la historia se vuelve bueno. Eso, eso precisamente hacen muchas de las mujeres maltratadas por sus parejas: compadecerse de sus traumas, perdonarlos constantemente y esperar a que cambien. ¿Nuevamente dirás que una novela no puede cambiar las percepciones y conductas de las personas? Pues, se podría creer que si los medios de comunicación crean opinión pública también puede hacerlo la literatura. Tanto así que una simple novela –La cabaña del Tío Tom-, fue señalada por muchos como el detonante de la Guerra de Secesión norteamericana. ¿Dirás también que Cincuenta Sombras es sólo un libro erótico y romántico? Pues tu concepto de erotismo y romance es jodidamente machista (y un tanto enfermizo).

Mujer que defendés los derechos de la mujer o de los animales o del bosque nativo o del patrimonio arquitectónico, o de lo que sea, poniéndote en bolas en público; me tenés los ovarios llenos. O seguís una estrategia oculta que nadie consigue descifrar, o directamente sos parte de esa cultura que decís despreciar, de esa misma cultura machista y frívola que sostiene que el único recurso al que puede acudir una mujer para que le presten atención es mostrar las tetas. Cualquiera podría pensar que te asesora el enemigo

Mujer, me tenés los ovarios llenos

Mujer que reivindicás tu “derecho” a vestirte o actuar provocativamente sin ser tratada como un objeto sexual; me tenés los ovarios llenos. Realmente no entiendo esa lógica de “me visto como quiero, no me visto para que me miren sino para mí misma, muestro todo lo que quiera mostrar y si alguno se calienta es porque no sabe respetar…”. Signifiquen lo que signifiquen esas frasecitas hechas, mostrando el cuerpo no te estás haciendo un favor a vos, sólo estás proporcionando material a los hombres y exaltando sus instintos “cosificadores” y machistas. Un par de estudios hechos en Princeton revelaban cómo en el varón, cuando se le presentan imágenes de mujeres con poca ropa o actitud sensual, se activa automáticamente la porción del cerebro vinculada a las herramientas y se desactiva la vinculada a las personas, además de surgir instintivamente en su mente ideas relacionadas a verbos como “yo manejo, yo controlo”. Por el contrario, imágenes de mujeres vestidas activan en el cerebro masculino las partes vinculadas a las relaciones interpersonales –no a herramientas y objetos, como en el caso contrario- y hacen surgir ideas del tipo “ella maneja, ella controla”. No es un proceso mental regido por la voluntad, es un mecanismo instintivo. Con tu proclamado “derecho” a vestir como gato no estás haciendo feminismo, estás invitando a que te consideren como un objeto. ¿“Hay que educarlos para que no lo hagan”, dirás? ¿No es más fácil cambiar nuestra forma de vestir que “corregir” unos mecanismos cerebrales conformados a lo largo de milenios?

Mujer, me tenés los ovarios llenos

Mujer “moderna y superada” que sentís haber llegado a la cima de la realización por haberte subido a la ola del sexo sin amor y sin compromisos; ¿en serio te alegra copiar uno de los peores defectos masculinos? ¿Realmente te parece un avance de la feminidad el hecho de imitar una conducta que suele señalarse –acertadamente- como propia de hombres inmaduros y egoístas?

Mujer, me tenés los ovarios llenos

Mujer feminista que te empeñás en interpretar la historia como una lucha de clases sexual, que entendés cada minúsculo hecho como una acción de opresión patriarcal o de rebeldía contra el patriarcado; ¿realmente esperás que promoviendo esa imagen de pelea constante se pueda combatir la violencia?

Mujer que considerás que el trabajo de un ama de casa no es trabajo porque no es remunerado; eso es capitalismo. Mujer que opinás que lo doméstico y lo familiar es “inferior”; eso es una idea absurda inventada por los hombres machistas a los que justamente reprobás. Mujer que despreciás a otras mujeres porque se dedican a ser madres de tiempo completo; eso es bastante anti femenino. Mujer que sostenés que la completa liberación femenina consiste en deshacerse a través del aborto de la “carga”, de la “injusticia”, de la “opresión” que representa la maternidad; realmente pareciera que querés ser un hombre.

Mujer, me tenés los ovarios llenos

Las mujeres han sido despreciadas a lo largo de gran parte de la historia, es verdad, al igual que los pobres, los enfermos o los niños. Y poco a poco han demostrado que pueden viajar al espacio, gobernar países, practicar taekwondo o trabajar diez horas diarias en una fábrica o en una oficina insalubres, tal como lo hacen los hombres. Pueden hacer casi todo lo que ellos hacen, y está buenísimo que quede en evidencia. Pero esta reivindicación de las capacidades femeninas muchas veces no tiene en cuenta dos verdades esenciales: primero, el valor de una persona no está dado por lo que produce sino por lo que es; segundo, entre estas numerosas capacidades suele despreciarse la más relevante. Porque si de destacar méritos se trata, no es tan importante resaltar los que son compartidos con otros muchos, sino señalar aquellos que nos hacen especiales. Y hay una habilidad que ha sido dada sólo a las mujeres. Los hombres podrán construir puentes o autos o mesitas ratonas, todas cosas muy buenas y muy útiles, pero sólo las mujeres tienen las capacidades necesarias para construir personas. Y cualquier ser humano, por el sólo hecho de serlo, vale más que todas las mesitas ratonas del mundo. Cada niño que nace puede convertirse en un genio, en un santo, en un hombre respetable o en un convicto. Eso dependerá en gran medida de la educación que reciba. Y las habilidades físicas y emocionales para educar niños son principalmente patrimonio femenino, quiérase o no. Por eso, machistas en general y mujeres machistas en particular, me tienen… agotada la paciencia. Por no reconocer que lo que mueve al mundo no es primordialmente el dinero, la técnica o la politiquería sino las personas detrás de ellos. Y por no reconocer que, en tanto constructores de personas, el cerebro y el corazón femeninos –así como los hizo la naturaleza, no masculinizados- están entre las armas más poderosas de la tierra.

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