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Mujer de 90 años que seducía y mataba nazis

Freddie Oversteegen, de 90 años de edad, fue una de las pocas mujeres activas en la resistencia holandesa durante la Segunda Guerra Mundial —junto a su hermana Truss y Hannie Schaft, quien fue asesinada justo antes de que finalizara la guerra—. Cuando Freddie tenía 14 años de edad, un caballero visitó la casa de su familia para preguntarle a su madre si dejaría que sus hijas se unieran a la resistencia con el argumento de que nadie sospecharía de ellas por ser dos mujeres adolescentes.

Mujer de 90 años que seducía y mataba nazis

Y tenía razón. Las hermanas Oversteegen coqueteaban con los colaboradores de los nazis y los llevaban al bosque, donde eran recibidos con un disparo en vez de una sesión de besos.

Hannie Schaft adquirió fama mundial: se grabó una película sobre su vida llamada “Het meisje met het rode haar” (La chica con el cabello rojo), fue sepultada con honores en presencia de la reina Guillermina y el príncipe Bernardo de los Holanda, y más de 15 ciudades de Holanda fueron bautizadas en su honor. Truus Oversteegen también adquirió fama gracias sus discursos durante las ceremonias para recordar a las víctimas de guerra y a su obra artística. Su hermana menor, Freddie, nunca obtuvo mucho reconocimiento por su participación en la resistencia, hasta que el cineasta holandés Thijs Zeeman decidió grabar un documental sobre ella y su hermana llamado Dos hermanas en la resistencia.

Me reuní con Freddie el pasado 4 de mayo —el día de la liberación en Holanda— para platicar de cómo seducía y mataba nazis.

Entiendo que no tenemos mucho tiempo para la entrevista.

Freddie Oversteegen: Así es. Quedé de verme con otras dos personas a las 2PM para jugar Scrabble. Jugamos dos veces a la semana. No está bien faltar cuando ya habías dicho que sí.

¿Y ganas muy seguido?

Sin comentarios.

¿Para ti cómo es recordar la guerra en el día de la liberación? ¿Cómo te despiertas en un día como hoy?

Un poco intimidada. Y hoy es peor porque tengo que ir al dentista en la tarde. No quiero que llegue la hora.

¿Vas a asistir a alguna ceremonia por el día de la liberación?

Sí, a IJmuiden. La gente acostumbra llevar coronas y siempre hay una con mi nombre. Además, siempre tengo un lugar en la fila de enfrente, con todas las personas destacadas.

¿En qué piensas durante los dos minutos de silencio?

En nada. Sólo apago mi mente. Después pienso en todos los que fallecieron. Recuerdo cómo sacaban a las personas de sus hogares. Los alemanes golpeaban las puertas con las culatas de sus rifles y hacían tanto ruido que se escuchaba en todo el vecindario. Y gritaban. Era aterrador. Por cierto, ¿para qué periódico es esta entrevista?

Es para VICE, una revista en línea. Veo que tiene computadora, así que…

Sí pero no tiene internet. Mis hijos dicen que es mejor que no me meta a internet.

No te preocupes, yo me aseguro de que la leas. Bien, regresemos a la época previa al internet. Tenías 14 años cuando tú y tu hermana Truss —que tenía 16 años en ese entonces— fueron requeridas en la resistencia. ¿Su madre aceptó inmediatamente?

Llegó un hombre con sombrero, tocó la puerta y pidió permiso a mi madre para hablar con nosotros. Lo hizo y las tres estuvimos de acuerdo.

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¿Dónde estaba tu padre?

Mis padres estaban divorciados, algo muy raro en esa época. Un día mi mamá se hartó y se separaron. Vivíamos en un bote en Haarlem pero mi papá no ganaba casi nada y nunca ayudo a pagar el bote. Pero el divorcio no fue desagradable. De hecho, nos cantó una canción de despedida francesa desde la proa del barco cuando se fue. Nos amaba pero después de eso lo vi muy pocas veces.

¿Y se mudaron a otro lado?

Sí, nos mudamos a un departamento y dormíamos en unos colchones de paja que hizo mi mamá. Vengo de una familia humilde. No teníamos mucho pero mi mamá siempre se las ingeniaba. Y nos la pasábamos cantando todo el tiempo. Poco después nació mi medio hermano.

¿Tu familia escondía refugiados en su casa?

Sí, claro. Antes de que empezara la guerra en Holanda —cuando todavía vivíamos en el bote—, escondimos a algunos lituanos en la bodega. Y durante la guerra, escondimos a una pareja judía en casa. Por eso sabíamos mucho sobre lo que estaba pasando. Aunque se supone que eran nuestros enemigos porque eran capitalistas y nosotros éramos comunistas.

Cuando te pidieron que te unieras a la resistencia, ¿tenías idea de lo que te esperaba?

No. Creí que íbamos a crear un ejército secreto o algo así. El hombre que tocó a nuestra puerta dijo que nos iban a dar entrenamiento militar y la verdad es que sí nos enseñaron un par de cosas. Uno de ellos nos enseñó a disparar y aprendimos a andar por el bosque. Nosotras siete —Hannie todavía no era parte del grupo— éramos las únicas mujeres.

Mucho después, uno de los Nazis más famosos fue asesinado y sepultado en ese mismo bosque. Pero ni a Truss ni a mí nos dejaron estar presente porque creían que no era algo apto para dos jovencitas.

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¿Cuál fue tu papel en esa misión?

Yo no le disparé, fue uno de los hombres. Yo tenía que cuidar a mi hermana y vigilar que nadie se acercara a esa parte del bosque. Truss lo conoció en un bar caro, lo sedujo y lo llevó a pasear al bosque. Le preguntó: “¿Quieres dar una vuelta?” Y, obviamente, aceptó. Después se encontraron a alguien —hicieron que pareciera una coincidencia pero en realidad era uno de los nuestros— y ese amigo le dijo a Truss: “Oye, tú, ya sabes que no tienes que andar por aquí”. Se disculparon, dieron vuelta y caminaron de regreso. En ese momento dispararon y el hombre nunca supo qué pasó. Ya hasta habían cavado la tumba pero no nos dejaron estar presentes durante esa parte de la misión.

¿Y estuviste de acuerdo?

Sí, no quería ver eso. Más tarde nos dijeron que le quitaron la ropa para que no pudieran reconocerlo. Puede que siga ahí.

Tu hermana era dos años mayor que tú. ¿Ella era la más valiente?

Cuando éramos pequeñas, mi hermana siempre decía “Ella es mi hermana, la bonita”. Y era cierto. Mi hermana no era muy agraciada. Pero era muy valiente. Y era muy buena para hablar en público. De hecho, aprovechó mucho esa facilidad después de la guerra. Siempre se sabía de memoria los discursos. Nunca necesitaba notas. Pero ahora es diferente.

Mencionaste que padece demencia. ¿Solían hablar mucho sobre lo que pasó en la guerra?

Sí, siempre. Ni siquiera teníamos que decir “Te acuerdas cuando…” porque siempre estaba en nuestra mente.

Truss trató de superar el trauma con el arte que producía. ¿Tú cómo le hiciste?

Casándome y teniendo hijos. También cuidaba a los hijos de Truss porque ella siempre estaba ocupada. Visitaba muy seguido a Hannie —la mamá de Hannie Schaft—. Antes me daban celos porque ella se volvió famosa después de la guerra. Pero luego pensaba “Yo también estuve en la resistencia”. ¿Sabes qué planeo hacer ahora?

¿Qué?

Prepararme un sándwich y una taza de té. Estoy despierta desde las seis.

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