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Miami a dos horas: argentinos de compras en Chile

Miami a dos horas: argentinos de compras en Chile

Con el atractivo de menores precios y variedad de marcas, el número de turistas se incrementó 40% este año

SEGUIRAlfredo SainzLA NACIONDOMINGO 04 DE OCTUBRE DE 2015

7041741Miami a dos horas: argentinos de compras en Chile

Jueves a la mañana: 9.45. Todavía faltan quince minutos para que abra la tienda de H&M, pero ya hay una docena de ansiosos clientes -con claro predominio femenino- sentados en unos sillones ubicados estratégicamente frente a la puerta del local. La escena se da en el shopping Costanera Center de Santiago, Chile, pero la mayoría de los que esperan no son chilenos, sino argentinos. Tanta previsión para ser los primeros en entrar se entiende un poco cuando se recorre la tienda un par de horas después y hay que enfrentar una cola de quince minutos para probarse una prenda o pagar en la caja. Gran parte de esta demora es “culpa” de los clientes argentinos que explican, aunque sea en parte, el éxito de H&M en Chile, que eligió la ciudad de Santiago para abrir su primera sucursal en el hemisferio sur en marzo de 2013 y el año pasado facturó en esta solitaria tienda más de 80 millones de dólares.

La fiebre compradora de los argentinos no se termina con H&M y se convirtió en una gran noticia para los comercios chilenos, que encontraron el mejor reemplazo para los clientes brasileños golpeados por la devaluación del real. La fórmula ofrecida es imbatible: marcas y precios de Miami a sólo dos horas de avión de Buenos Aires y sin necesidad de tener visa.

“A partir de febrero, los argentinos desplazaron a los brasileños como los principales compradores extranjeros en nuestro shopping y hoy ya representan el 50% de los turistas internacionales”, explican en el grupo Cencosud, controlante entre otras empresas de Costanera Center, el mayor shopping de Santiago y de toda América del Sur, que se convirtió en uno de los favoritos de los compradores argentinos.

“De los extranjeros que visitan el mall, la mayoría proviene de la Argentina y Brasil; representan un 44% y un 35%, respectivamente. En general, los mayores flujos de turistas se registran en los períodos de verano e invierno”, coinciden en Parque Arauco, otros de los centros comerciales más importantes de la capital chilena.

Las estadísticas oficiales que maneja el Sernatur -el organismo público encargado de promover y difundir el desarrollo de la actividad turística de Chile- revelan que en los primeros siete meses del año, los argentinos representaron 43,9% de los turistas que visitaron el país, y que la cantidad de viajeros provenientes de la Argentina en lo que va de 2015 aumentó 40,3%, contra 20,3% que creció el ingreso total de extranjeros. En algunos meses, como junio, la cantidad de argentinos cruzando la Cordillera se duplicó, si se hace la comparación interanual.

Para ver el peso que tienen los turistas argentinos en los comercios chilenos, sin embargo, no hace falta recurrir a las estadísticas. Alcanza con recorrer el Alto Las Condes, Parque Arauco o cualquier otro shopping santiaguino, en los que resulta inevitable cruzarse con clientes hablando con acento porteño, mendocino o cordobés. El perfil de las compras que hacen en Chile está muy definido. “Las mujeres van directo a las tiendas de fast fashion como H&M y Forever 21 que no están en la Argentina, mientras que los hombres lo que más buscan son los locales de Apple, Samsung y Adidas, porque ofrecen precios muy competitivos”, explican en Cencosud.

Del “deme dos” al matute

Del otro lado de la Cordillera, las marcas internacionales -que son inmensa mayoría, ya que prácticamente no hay casas de moda chilenas- tienen precios similares a los que se consiguen en Miami, es decir entre 30 y 60% más baratos que los que se ven en las vidrieras de los shoppings porteños. La oferta tampoco tiene mucho que envidiarle a la de las grandes ciudades norteamericanas e incluye marcas que no se consiguen en Buenos Aires, de Forever 21 a Top Shop, pasando por H&M, Desigual, GAP, Banana Republic, Calvin Klein o Purificación García.

Para modesto orgullo nacional, entre tantas marcas norteamericanas y europeas, también es posible cruzarse con algunas argentinas, como Rapsodia, Prune o Mimo.

Las diferencias son directamente abismales cuando se compara la oferta en materia de marcas de lujo. La avenida Alvear no está, en la actualidad, en condiciones de competir contra el Distrito de Lujo que inauguró el shopping Parque Arauco. Allí, en un paseo exclusivo conviven las tiendas de Louis Vuitton, Ermenegildo Zegna, Carolina Herrera, Burberry, Gucci y Dolce&Gabbana. El centro comercial santiaguino ya anunció además una ampliación para antes de fin de año que demandará una inversión de US$ 9 millones y le permitirá sumar locales como los de Ralph Lauren, Jimmy Choo y Bath&Body Works.

“A mí me encanta venir de shopping a Chile y el viaje lo termino pagando con la diferencia que hago vendiendo allá (por Buenos Aires) parte de lo que compré acá (por Santiago)”, explica Maite, que vive en Martínez. Este modelo de comercio informal y entre amigos y conocidos en tierras chilenas se lo conoce con el nombre de “matute”. “Muchas argentinas llegan al shoppings con grandes maletas y supongo que vendrán de matute”, explican en Cencosud.

Libre comercio

Chile tiene tratados de libre comercio con Estados Unidos, China, Corea del Sur y Japón, lo que explica los precios de la electrónica en las tiendas santiaguinas. El mismo televisor LED de 32 pulgadas que en la Argentina no baja de los 7000 pesos, en Santiago se consigue por 250 dólares (es decir, menos de 3200 pesos pagando con tarjeta), mientras que una heladera de alta gama que en Buenos Aires cuesta $ 18.500, en Chile se compra por US$ 404 ($ 5140 con tarjeta).

Ese oscuro objeto de deseo en que se convirtieron los productos de Apple en tiempos de proteccionismo para favorecer a los armadores de Tierra del Fuego, también cotiza a un valor mucho más bajo del otro lado de los Andes. El iPhone 6 -el 6S recién se empezará a vender en Santiago a fin de año- de 16 GB cuesta 529 dólares ($ 6730 con tarjeta) contra los $ 13.000 a los que cotiza en MercadoLibre en la Argentina, mientras que el modelo de Mac Book Pro por el cual en Buenos Aires hay que desembolsar no menos de 30.000 pesos, en Chile se lo puede encontrar por 1500 dólares (menos de $ 19.100 pagando con tarjeta).

Una de las cosas que más llama la atención a los vendedores chilenos es el grado de conocimiento con que llegan muchos compradores argentinos a las tiendas santiaguinas. “Cuando cruzan la puerta muchos ya saben qué modelo están buscando y también cuánto cuesta, así que es todo muy rápido”, explica el vendedor de la tienda de Apple de Parque Arauco. “Los argentinos compran harto iPhone”, responde el vendedor a la pregunta sobre las preferencias de compra de sus vecinos.

Los precios, sin embargo, no son la única arma de seducción que ofrecen los shoppings chilenos. “No es sólo que acá la tecnología es mucho más barata. También hay marcas y modelos que no se encuentran en Buenos Aires”, explica Javier de Palermo, mientras compara precios y presentaciones de los modelos de parlantes de la marca Bose en el local de la tienda Ripley, de Parque Arauco, otro de los malls preferidos de los argentinos.

En las góndolas

La pérdida de competitividad que provoca el retraso del tipo de cambio no se limita a los sectores más protegidos de la economía como la electrónica o el rubro de la indumentaria, y también se siente en rubros en los que a priori la economía argentina se encuentra mucho mejor parada.

En los supermercados de Santiago, los alimentos están entre 30 y 40% más baratos que en Buenos Aires cuando se comparan los precios al tipo de cambio oficial, mientras que con el recargo de 35% que aplica la AFIP a las compras en el exterior, los valores a ambos lados de la Cordillera se igualan. Ese recargo puede recuperarse luego, porque se toma como pago a cuenta de Ganancias o Bienes Personales.

Las góndolas de los supermercados chilenos muestran además dos características que no se encuentran en nuestro país. Por un lado, la variedad de productos en una tienda de la misma cadena con presencia en los dos países, no tiene punto de comparación. La oferta mucho más amplia que hay en un supermercado chileno no se explica exclusivamente por la mayor cantidad de artículos importados que igualmente supera por lejos a la argentina -desde el aceto de Modena hasta el chocolate belga, las galletitas danesas o el aceite de oliva español-, sino también porque en Chile la competencia es más fuerte y en cada categoría de consumo masivo hay por lo menos una media docena de jugadores contra los virtuales monopolios locales, en los que una o dos empresas representan más de 70% de la oferta como sucede en categorías como las galletitas, el pan lactal, las conservas o los alimentos congelados.

El segundo punto llamativo es la ausencia de los cárteles indicativos de los productos que están adheridos a Precios Cuidados o cualquier otro programa de control de precios. Pese a esta ausencia, en términos de inflación está claro que el modelo de libre competencia termina funcionando mejor, ya que con una economía ordenada Chile acumuló en los últimos doce meses un incremento de 4,6% del costo de vida.ß

Casi como en la Edad de Piedra. La Argentina, un país de avanzada en materia de tecnología agropecuaria, está en un proceso de siembra “de mínima”. Mientras que el cultivo se siembra, durante este Gobierno, la cosecha será durante el próximo, de ahí que los productores esperen definiciones de los candidatos. De esa decisión dependerá una parte muy importante de la recaudación de 2016.

“Se reducen los costos como si se estuviera en una economía de guerra”, dice Mariano Tomatis, socio a cargo de Agribusiness de PwC. Los datos de la Bolsa de Cereales indican que la siembra de trigo bajará este año con respecto a 2013 de 4400 millones de hectáreas a 3700; el maíz, con 3400 millones de hectáreas sembradas en 2014 sufrirá una reducción del 15% en 2015 y la soja, que llegó a las 20.000 millones de hectáreas, “probablemente, también se reduzca”, dice el presidente del Grupo Los Grobo, Gustavo Grobocopatel. El girasol, por su parte, ya viene en baja desde hace años, con un 20% menos que el promedio de la última década.

Como consecuencia de la menor producción, la Argentina se perderá 2000 millones de dólares en concepto de recaudación por derechos de exportación, según cálculos de Confederaciones Rurales Argentinas.

Pequeña guía para el viajero comprador

1 Enchufe listo

Los precios de la tecnología y los electrodomésticos en Chile son prácticamente los mismos que en Estados Unidos, con la ventaja de que los productos están adaptados para funcionar a 220 vatios y no necesitan transformador

2 Descuentos

En Chile no funciona el mecanismo de devolución de impuestos para los turistas que sí existe en otros países. Sin embargo, algunos shoppings como el Costanera Center y, próximamente, Alto Las Condes tienen programas de descuentos exclusivos para los compradores extranjeros

3 Meses preferidos

A diferencia de lo que ocurre en la Argentina, las liquidaciones en Chile funcionan y ofrecen descuentos muy agresivos sobre los precios de temporada. Los mejores meses para acceder a estas promociones son enero y julio, que no casualmente son los dos períodos en los que se registran los picos de visitas argentinas

4 Conectados

La mayoría de los centros comerciales ofrece un servicio de Wi-Fi gratuito. Claro que la conexión no siempre alcanza para el intercambio de información y fotos con Buenos Aires sobre las ofertas que se encuentran en Santiago

5 Los centros

Los tres shoppings que concentran las preferencias de los argentinos son Parque Arauco y Alto Las Condes -ambos en la comuna de Las Condes-, y Costanera Center, en Providencia. Las dos zonas están muy cerca y se puede ir de un lado al otro en menos de quince minutos en taxi

6 Franquicias

Las personas mayores de 18 años que cruzan la frontera en un auto tienen una franquicia de compra sin impuestos de 150 dólares, mientras que por cada hijo se suman 75 dólares para adquirir bienes con ese beneficio. Cuando se viaja en avión, las franquicias se duplican. Si hay un excedente se paga el 50% en concepto de impuestos

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