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Mi primer Libro de Terror. Parte Dos. Completa.

EL ASILO.

POR

456Fede.

Segunda parte: Pesadillas.

Capìtulo 4: “Secretos”.

Alex tenìa que ir a visitar a Rose, pero primero tendrìa que inventarle algo a Rosie.

“¿Adònde iràs, Alex?”, dijo Rosie.

-Hmm. Tengo que ir al pueblo de nuevo.

-¿Otra vez?.

-Si, necesito màs informaciòn sobre el pueblo.

-¿Pero, què màs puedes necesitar de un pueblo asì?.

-Sucedieron cosas extrañas, necesito saber por què sucedieron.

-Tu jefe ya no necesita nada màs de ese pueblo, tù mismo lo dijiste.

-Si, sè lo què dije. Pero necesito saber el pasado de mì familia.

-(Suspira) -Està bien. ¿Cùando volveràs?.

-No lo sè. Pero te prometo que volverè temprano. Te amo.

-Si lo sè. Adiòs.

Alex subiò a su coche y se dirigiò al pueblo nuevamente. A mitad del camino, Alex recibiò una llamada de alguien desconocido.

-Alò. ¿Quièn es?.

-Alejate ahora mismo de aquì.

-¿¡Quièn eres!?. ¡Dìmelo ya!.

El extraño sùjeto cortò la llamada, pero aquello no fue todo, cuando cortò la llamada, el coche de Alex se empezò a manejar solo, con rumbo a un lago.

“¡Maldita sea!”, pronunciò Alex.

Pero misteriosamente, el auto se detuvo y empezò a prenderse fuego, Alex logrò salir, pero ya no habìa carretera.

“¿¡Què es esto!?”.

“¡¡Alex!!” “¡¡Alex!!”, dijo Rosie con un tono asustado.

-¿Què pasò?.

-Te desmayaste cuando te estabas por ir.

-¿Què?.

-Si, te estabas por ir y caìste al suelo.

-Ahh. Me duele la cabeza.

-¿Iràs igual?.

-Ahh, si. Tengo que ir, lo siento.

-Està bien, pero cuidate.

-Siempre lo hago.

Aquello habìa inquietado a Alex, aunque si estabas junto con èl no lo notarìas. Alex no tuve problema alguno para llegar al pueblo, sin embargo, sentìa que lo estuvieran observando.

Cuando llegò, Alex llamò a Rose para ver dònde se encontrarìan.

-Hola, Rose.

-Hola, cielo.

-¿Dònde quieres que nos encontremos?.

-Ven a mi casa.

-Està bien.

Alex se dirigiò a la casa de Rose, la cual estaba en el centro del pueblo, junto a la tienda de recuerdos, y muy cerca de la plaza, pero lo que màs llamaba la atenciòn es que habìa una pequeña cruz de jesùs clavada en el patio de la casa y ella estaba escrito algo extraño.

“Cùando veas lo què realmente eres en el espejo: sabràs la respuestas al enigma”.

“Què extraño”, dijo Alex.

Alex tocò el timbre de la casa de Rose, pero al parecer no habìa nadie, y cuando mirò por la ventana, la viò a ella durmiendo en el sofà, y al lado de ella, viò algo inquietante: una sombre que cada vez estaba màs cerca de ella.

“¡¡Rose!!. ¡¡Abre la puerta, Rose!!, gritaba Alex con toda la fuerza que podìa.

-Estoy aqui, Alex. Estoy aqui.

-¿¡¡Què!!?. ¿Què pasò?.

-Tocaste el timbre y cuando salì, estabas tirado en el piso.

-Ah, no recuerdo haberme desmayado.

-No importa, ahora estàs aqui.

-Si. Dijiste que me querìas mostrar un testamento. ¿No?.

-Si, aquì lo tienes, leèlo.

“Rose, si estàs leyendo esto. Debes saber que mi muerte no fue una coincidencia. La llegada del nuevo sùjeto llamado Alex. Ha traìdo consigo una maldiciòn que abarca veinte años. Èl es el bisnieto del que otròra era mi mejor. Debes decirle que sòlo si ve quièn es realmente en el espejo, se darà cuenta de lo què tiene què hacer”.

-Y bien. ¿Lo entendiste?.

-No, no creo. Pero otra vez nombra un espejo.

-¿Otra vez?.

-Si. Ven sigueme afuera.

Alex saliò corriendo para ver lo que decìa la pequeña cruz de afuera, pero èsta sòlo decìa “Aquì no queremos malas energìas”.

-No puede ser.

-¿Què cosa?.

-Aquì decìa otra cosa, no esto.

-Siempre estuve eso escrito en la cruz.

-Esto….. Esto es muy extraño.

-Tal vez estès confundido, tal vez soñaste que decìa otra cosa.

-Si. Tienez razòn. Ùltimamente estoy viendo cosas extrañas.

Alex sabìa que no lo habìa soñado, pero prefiriò guardarselo. Con respecoto al testamento, no habìa entendido nada pero parte de èl sabìa que tenìa que descubrir las respuestas acerca del misterioso pasado de ese pueblo tan extraño.

En Nueva York, la fama de Alex cada vez crecìa màs y màs, Rosie ya no podìa salir sin que los periodistas la acosen con preguntas. A Rosie no le gustaba nada que no la dejaran en paz.

Ella tenìa mayores problemas que esos. Thomas se habìa estado comportando de manera muy extraña, pasaba horas sentado frente al televisor, pero no veìa nada, sòlo estàtica.

Y lo que era peor, a veces Rose lo veìa hablar solo, pero paraba si veìa a alguièn cerca. Rosie se habìa empezado a asustar por el comportamiento de Thomas, pero no le decìa nada a Alex.

Ella sabìa que si se lo decìa, èl no le iba a creer nada. Cuando Alex se fue de la casa, Thomas empezò a hablar de manera muy extraña. Rosie estaba realmente aterrada, no sabìa què hacer, y hizo lo primero que le vino a la mente: llamò a su padre.

El padre de Rosie era Albert Finnegan, un sacerdote con bastante reconocimiendo en Nueva York. Lo principal que hacia Albert era hacer exorcismos no autorizados. Èl creìa en todo tipo de cosas paranormales. La relaciòn de Albert Finnegan y Alex Rives no era la mejor del mundo. De hecho, ellos no se llevaban nada bien, lo cual era lo màs lògico debido a que Alex Rives era un escèptico y Albert Finnegan todo lo contrario.

Pero eso no impidiò que Alex estuviera con Rosie, Albert viò cuanto era el amor que Rosie sentìa por Alex, y los dejò casarse. Con respecto a la mamà de Rosie, Albert le habìa dicho que ella habìa muerto cuando ella naciò, o al menos esa era la historia que èl le habia contado a Rosie.

-Hola, papà.

-Hola, hija. ¿Para què querias que viniera?.

-Necesito que veas a mi hijo.

-Bueno. ¿Dònde està?.

-Ven.

Rosie le mostrò dònde estaba Thomas y èste estaba a unos centìmetros del televisor, la cual lo ùnico que mostraba era estàtica.

-No sè què està pasando con èl. Dijo Rosie con làgrimas saliendo de sus ojos.

-Bueno, tal vez sòlo extraña a su padre.

-Pero no se fue hace mucho, creo que haràn tres horas.

-Ajam. ¿Te ha hablado de manera extraña?.

-¿Còmo lo sabes?.

-Mira, hija. Odio decirlo pero creo que su hijo està poseìdo.

-¿Poseìdo?.

-Mira, si se comporta de manera extraña cuando le acerco la cruz es porque lo està.

Albert se acercò cautelosamente a Thomas con la cruz en la mano.

“Hola, campeòn. Soy tu abuelo”, dijo Albert.

-Àlejate de mì, sacerdote.

Albert tomò del brazo a Thomas y le puso la cruz en el pecho y de este se escucho como si lo estuviera quemando.

“Arhgg” gritò Thomas con una voz diàbolica.

“¡Lo pagaràs, sacerdote!”.

“¡No te tengo miedo, demonio!”, gritò Albert.

De repente, Thomas pareciò volver a la normalidad.

“¿Thomas?. ¿Eres tù, Thomas?”, preguntò Rosie llorando.

-¿Mamà?. ¡Mamà!. No sè què pasò, no podìa despertar.

-Ya està todo bien, hijo mio.

“Esto no ha acabado, hija”, dijo el padre de Rosie. “Èl niño estaba poseìdo, yo sòlo atrasè lo que inevitablemente va a pasar, y cuando pase….. tendremos que exorcisarlo”.

“Eso no le pasarà a Thomas”, dijo Rosie.

Y allì pasaron horas, sentados, en el càlido fuego que salìa de la chimenea, sòlo ellos dos, Alex Rives y Rose Finn, hasta que Rose cayò dormida bajo el brazo de Alex.

“Ya se durmiò”, pensò Alex. “Adiòs, Rose. Volverè muy pronto”, le susurrò.

Alex saliò a hurtadillas de la casa para no despertar a Rose, cuando saliò, viò a un niño correr por la calle y lo cual le pareciò muy peligroso para Alex que un niño estuviera solo en la calle a altas horas de la noche.

“Hey, niño”, gritò. “Ven aquì”.

Al escuchar la voz de Alex, el niño saliò corriendo hacia un callejòn, Alex pensò que estaba alucinando, ya no sabìa cùando estaba despierto y cùando no lo estaba, asi que prefiriò ignorarlo y subiò a su coche con destino a su casa.

Al llegar viò al padre de Rosie irse de la casa, Alex bajò del vehìculo y se dirigiò hacia Albert.

-¿Què sucede?.

-Primero dì hola.

-No tengo tiempo para eso. Quiero saber por què estàs aquì.

-Porque mi hija me llamò para que viniera a hacerle compañia ya que tù estabas por no sè dònde.

-Tenìa que hacer unas cosas en un pueblo.

-Espero que sean cosas de trabajo.

-Asì es.

-Bueno, no tengo tiempo para discutir contino, Alex. Adiòs.

-Si, mejor vete.

Alex entrò en la casa y viò que tanto Rosie como Thomas estaban dormidos, Alex fue a buscar una cobija y se acostò junto con ellos. A mitad de la noche, Alex escuchò unos ruidos provenientes de la cocina.

Se levantò y fue hacia allì. La razòn de los ruidos era que Thomas se estaba sirviendo un poco de leche, pero lo màs sorprendente era que Thomas estaba con los ojos cerrados, estaba dormido. Alex le preguntò si estaba despierto pero Thomas no le respondiò, dejò caer su baso lleno de leche y cayò tendido en el suelo, completamente dormido.

Alex levantò a Thomas y lo llevò a su habitaciòn para que durmiera con ellos. “¿Què pasò, amor?, preguntò Rosie media dormida. “No, nada. Thomas estaba zonambulo”, le respondiò. Tanto a Alex como a Rosie les parecia raro que Thomas fuera zonambulo ya que a èl nunca le habìa pasado una cosa como esa.

Al despertar en la mañana, Rose se diò cuenta que ya no estaba junto a Alex, se pusò triste, pero algo en su mente le decìa que iba a volver.

Al parecer, Thomas se habìa trasladado a su habitaciòn en la noche porque en la mañana no se encontraba con Alex y Rosie.

-Hola, campeòn. -Le dijo Alex al pequeño Tom.

-Hola, papà.

-¿Dormiste bien?.

-No del todo bien.

-¿Por què?.

-Soñè unas cosas muy extrañas.

-¿Què soñaste?.

-Soñè que tù estabas con otra chica que no era mamà.

-¿Què?.

-Si, creo que su nombre era Rose. Y tù eras muy feliz con ella y nos dejabas solos a mi y a mi mamà.

-No, nunca los dejaria solos a ustedes.

-Si ya lo sè, papà.

-Los amo a tì y a tu madre.

(Suelta una risa). -¿Hoy trabajas, papà?.

-Si. Tengo que ir a buscar material al pueblo que visitamos la otra ocasiòn, ¿recuerdas?.

-Si, era un lindo pueblo. Habìa gente agradable, en especial el niñito.

-¿Niñito?.

-Si, un niño con quien yo jugaba.

-¿Tù jugabas con èl?.

-Si. Yo estaba con èl cuando te encontrè tendido en el suelo afuera del hotel. Èl me habìa dicho que fueramos a otro lugar y yo lo seguì, y luego de eso llamè a mamà pero ella dijo que no veìa a mi amigo.

-¿De què hablas?.

-Mamà me dijo que no te mencionara nada de esto y lo estoy haciendo, ella se va a enfadar mucho conmigo.

-No, no lo harà. Tù tienes que decirme todo.

FIN DEL CAPÌTULO 4.

Capìtulo 5: “Recuerdos del pasado”.

Alex fue a la sala de estar para hablar con Rosie acerca del “amigo” del pequeño Thomas.

-Rosie.

-¿Si?.

-Necesito que me digas quièn es el amigo de Tom.

-¿Què amigo?.

-No te hagas la tonta. Êl dijo que estaba con un amigo cuando me encontrò tirado afuera del hotel.

-Ah. Ese amigo. Bueno, es que yo no habìa visto a ningùn niño con èl, pero Tom me decìa que estaba junto a èl.

-¿Por què no me lo contaste?.

-Porque pensè que te ibas a enojar si te lo decia.

-¿Dices que Thomas tiene un amigo imaginario?.

-No lo sè. En la noche fuì a buscar un poco de agua y escuchè a Thomas hablando y cuando entrè estaba dormido.

-Tal vez era gente que pasaba por la vereda.

-¿Ves?. No me ibas a creer si te lo decia.

-Sabes como soy. Bueno, no importa. Me tengo que ir a trabajar. Adiòs, te amo.

-Yo tambièn.

Alex subiò a su coche y se dirigio al “Today’s News” el cual era donde trabajaba. Cuando llegò a su trabajo, habìa papeles tirados por todo el suelo, al parecer estaban tratando de encontrar algo que habian perdido.

-¿Què sucede aquì, Steve?, le preguntò Alex a Steve Jonhson.

-Estamos buscando una vieja noticia.

-¿Por què lo hacen?.

-No lo sè. Pregùntale al jefe.

Alex se dirigiò al despacho de Rick Marshal el cual estaba hecho un completo desastre.

-¿Què sucede, jefe?.

-No podemos encontrar una vieja noticia que decìa algo acerca del pueblo al que te mandè.

-¿Dark’s Falls?.

-Si. Creo que èse lugar de en serio està màldito.

-¿Por què lo dice?.

-Ayer en la noche como no podìa dormir, me pusè a ver el material que habìas captado en video y tambièn a leer lo que habìas escrito en tu libreta, y me dì cuenta de que en los videos tuyos hay susurros.

-¿Susurros?.

-Si. Y la mayoria de ellos dicen tu nombre y hablan de manera muy extraña.

-Sr.Marshal, usted sabe que no creo en esas cosas.

-Si lo sè, pero deberias creer con lo que he escuchado en tus videos.

-¿No ha encontrado ese vieja noticia?.

-No, pero sè que està aquì.

-Bueno, los ayudarè a buscar esa noticia.

Eran las once de la mañana y Rose estaba desayunando, pensando cùando volverìa Alex. Tenìa una taza de tè y unas galletas que lo acompañaban, estaba preocupada por èl, pero ni ella sabìa de por què estaba tan preocupada, sòlo lo estaba, como si estuviera por pasar algo malo.

Tomò sus llaves, saliò, cerrò la puerta y se subiò a su coche para ir a su trabajo. Rose no estaba muy feliz de trabajar en ese asilo con personas dementes, pero era lo ùnico que podìa hacer.

Extrañamente, nunca fue muy aceptada entre la gente de su pueblo, aunque ella viviò toda su vida allì. Rose habìa intentado conseguir trabajos en otros lugares pero no la aceptaban. La gente de ese pueblo tenìa en la cabeza que ella estaba maldecida.

Aunque eran pocos los que creìan en esas historias. Ellos pensaron que estarìa bien que ella trabaje en ese asilo olvidado de Dios, ya que si era cierto lo que decìan acerca de ella, era preferible que muera la gente que tenìa problemas mentales.

La policìa habìa encontrado el cuchillo que se usò en el asesinato de Jack Finn, estaba muy cuidadosamente escondido bajo tierra, algo muy conveniente para la familia Rives. El alguacìl estaba tratando de localizar a Rosie Rives, esposa de Alex.

Ella era la principal sospechosa del asesinato, ya que se encontrò un tèlefono al lado del cuchillo, èl pensò que se le habrìa caìdo cuando estaba enterrando el cuchillo. Tardaron unas pocas horas para encontrar su localizaciòn.

El alguacìl junto con otros policìas, se dirigian a la casa de la familia Rives para detener a Rosie Rives. No se imaginaban lo que pasarìa cuando llegaran. El alguacìl tocò la puerta de la casa gritando “¡Abra, policìa!”.

Rosie abriò la puerta con un delantal de cocina.

-¿Què sucede?.

-Soy el alguacìl Eric Dress del pueblo Dark’s Falls.

-Ah, si. Lo recuerdo.

-Si. Y me temo que estoy aquì para detenerla por el asesinato de Jack Finn.

-¿¡Què!?.

-Si. Encontramos pruebas que la ponen en una situaciòn muy comprometida.

-Yo no matè a nadie.

-Eso se lo dirà al juez, ahora venga conmigo que le haremos unas prubas de ADN.

“¿Què sucede, mamà?”, preguntò Thomas Rives, asustado.

-Nada, hijo. -Respondiò èsta. -Èstos señores se equivocaron.

-Tenemos que llevarnos a tu madre, pequeño. -Dijo el alguacìl Eric.

-¿Por què se la llevaràn?. -Preguntò Tom.

-No es nada, pequeño. Mire, la llevaremos por las fuerzas si es necesario.

-¿Lo harà frente a mi hijo?.

-Pòngame a prueba.

Eric tomò del brazo a Rosie y se la llevò de ahì, dejando al pequeño Tom solo. Justo antes de irse de ahì, Thomas apareciò de repente en el coche de la policìa y hizo que èste chocara. Los coches quedaron dados vuelta, y todos, salvo uno, murieron.

“¡Rosie!. ¡Rosie, despierta!”.

-¿Què?.

-Despierta. Estabas teniendo una pesadilla.

-Soñè que unos policìas venìan a buscarme.

-Bueno…. En realidad. Hay policìas esperandote para hacerte pruebas de ADN por el asesinato de Jack Finn.

-Pero soy inocente.

-Lo sè. Yo tambièn e intentado convencerlos pero no me haces caso. Serà mejor que vayas y que demuestres que eres inocente. ¿De acuerdo?.

-Si, està bien.

Thomas veìa desde su habitaciòn caminar esposada a su madre, comenzò a llorar en cuanto la viò subirse al coche de la policìa e irse de ahì. Se habìan quedado solos, Thomas y Alex. Rosie esperaba que Thomas no tuviera un comportamiento extraño en su ausencia, aunque segùn el padre de Rosie, èl niño tenìa que comportarse como un niño de su edad.

Alex, estaba preocupado por Rosie. no sabìa que pensar acerca de ella, aunque no creìa que ella fuera la autora del crimen, tambièn dudaba porque el celular de Rosie estaba enterrado junto con el cuchillo.

Thomas bajò donde su padre y le preguntò: “¿Adònde se llevaron a mamà, papà?.

-A ningùn lado hijo, volvera muy pronto. -Respondiò Alex.

-El niño lo matò, no mamà.

-¿De què hablas?.

-Mi amigo matò a ese señor. Dijo que estaba causando problemas.

-No te entiendo, hijo.

-Èl dijo que enterrarìa el telèfono junto con el cuchillo para culpar a mamà pero yo no entendì muy bien de què estaba hablando y luego me dijo que lo siguiera y fue cuando te encontrè tirado en el suelo.

-¿Te refieres a tu amigo de Dark’s Falls?. -Preguntò con un tono asustadizo.

-Si.

-¿Tù recuerdas quièn era el niño?.

-No. No me habìa dicho su nombre.

-¿Acaso èste es el niño?. -Y sacò una foto de Tim McCarty que habìa ìdo a buscar al pueblo.

-Si. Êse es.

Alex quedò no sabìa què pensar al ver que su hijo reconocìa a Tim McCarty, èl cual habìa fallecido hacìa mucho tiempo. Pero no solo eso habìa alterado a Alex, sino que fue lo siguiente que dijo Thomas.

-¿Y recuerdas dònde vive, hijo?.

-Ya no puedo decirte nada màs, papà.

-¿Por què?.

-Porque ya se enfadò conmigo y dijo que si te sigo diciendo cosas sobre èl, tendrà que hacerte daño.

-¿Dònde està èl?.

-Està al lado tuyo miràndote.

Alex sintiò un escalofrio pasar por todo su cuerpo en cuanto Tom dijo eso, sentìa miedo y a la vez tambièn sentìa que no podrìa hacer nada si el niño existiera de verdad y decidiera atacarlo. Alex estaba muy preocupado por su hijo, Thomas.

Alex pensò que aquello del amigo imaginario era algo que pasaba por la edad que tenia y por el hecho de que Thomas no tenìa ningùn amigo. Asì que pensò que ignorarìa lo que le habìa dicho su hijo.

Ya era de noche, Alex estaba por irse a dormir, pero antes tenìa que hacer que el pequeño Tom se durmiera. Asi que Alex tomò un libro que tenìa guardado y le contò un cuento a Tom para que se duerma.

Al cabo de unos minutos, Thomas se durmiò. Alex tapò a Thomas y se fue de su habitaciòn dejando la luz prendida. Por alguna razòn, Alex no podìa dejar de pensar en su padre, y eso era algo que lo alteraba mucho.

Alex nunca le habìa contado a nadie sobre su familia, y la razòn era porque no se acordaba nada de cuando era niño, sòlo tenìa recuerdos de cuando ya habìa cumplido los quince años de edad.

Por ese entonces, Alex vivìa con sus bisabuelos, aunque no disfrutaba mucho estando allì, siempre apreciò que los bisabuelos lo hayan acogido en su hogar. Los bisabuelos de Alex, Martin y Kate Rives sòlo tenìan cincuenta años de edad.

Eran bastante jòvenes para ser que tenìan bisnietos. Los abuelos y los padres de Alex habìan muerto muy jòvenes y cada uno de ellos habìa dejado un hijo, el cual los criaban en la casa de Martin y Kate.

Alex siempre habìa sospechado que Martin, su bisabuelo, estaba escondiendo algo, su comportamiento no era el de una persona normal. Èl siempre se comportò de una manera muy extraña para con Alex.

Le hablaba de espìritus, le decìa que no debìa creer en ese tipo de cosas. Con el tiempo, Martin se fue poniendo màs y màs viejo. Aunque Martin estaba en una silla de ruedas. Êl siempre fue muy vigoroso.

Hubo un momento en el que Martin estaba agonizando, que fue cuando Alex cumpliò los veinticuatro años de edad. En ese momento, Alex ya empezaba a trabajar para el periodico, aunque todavia no era reconocido, èl estaba en busca de eso.

Al cumplir los treinta años de edad, Alex conociò a Rosie en un pequeño bar, aunque no fue amor a primera vista, ambos fueron enamoràndose el uno del otro a medida que pasaba el tiempo. A los tres años de estar juntos, Rosie habìa quedado embarazada, y debido a eso, Alex y Rosie se casaron.

Fue una grata noticia para Rosie haber tenido un hijo varòn, aunque no lo habìa sido tanto para Alex, ya que èl siempre habìa querido tener una hija, pero igual amò a Thomas. Cuando Thomas cumpliò los dos años de edad, Alex, Rosie y Thomas se mudaron a Nueva York, que ademàs Alex le quedaba cerca del trabajo.

Alex trabajaba muy duro para mantener a su hijo y a su esposa, tanto que hacìa horas extras en el trabajo, o trabajos personales para su jefe, el Sr.Marshal. A los treinta y cinco años de edad, Alex habìa empezado a trabajar como reportero, cubrìa toda clase de cosas que los demàs no se animaban a hacer.

Tales como huracànes, tornados, tsunamis. Èl siempre estaba allì, haciendo eso, Alex se forjò un nombre, ya era bastante conocido en Nueva York. A el Sr.Marshal siempre le pareciò que Alex tenìa mucho potencial, y que probablemente èl serìa el tome el lugar de Marshal.

Alex tenìa ya ahora treinta y siete años de edad y todavìa seguìa trabajando como reportero, pero un dìa Alex sufriò un accidente en uno de sus reportajes, resulta que habìa sido levantado por lo menos diez metros del suelo por un tornado, tuvo mucha suerte aquella vez, ya que su càmarografo no habìa tenido tanta suerte debido a que habìa muerto en la caìda.

A partir de ese momento dejò de ser reportero y se dedicò a escribir columnas de cosas cotidianas, aunque le pagaban menos, se sentìa seguro.

Era mitad de la noche, y Alex habìa sentido unos ruìdos extraños en la sala de estar, Alex tomò un bate de beìsbol que tenìa guardado y bajò a hurtadillas a ver què estaba pasando, y de un momento a otro, algo lo empujò por la escalera hasta caer al suelo.

Alex quedò medio confundido, y lo siguiente que viò es a Thomas hablando de una manera muy extraña. “Hijo. ¿Què estàs haciendo?”, preguntò Alex, pero Thomas no respondìa y Alex volviò a preguntar lo mismo.

Con mucho esfuerzo, Alex se levantò y tomo del brazo a Thomas y èste se diò vuelta y lo arrojò contra la pared.

-¡Vas a morir Alex Rives!. -Pronunciò Thomas.

El niño palpò su bolsillo y sacò un cuchillo muy afilado…

FIN DEL CAPÌTULO 5.

Capìtulo 6: “Sospechas”

¡No! ¡Suèltame!, esa palabras gritaba Alex Rives.

¡Alex!. ¡Alex!. ¡Despierta!, decìa Rosie.

¿¡Què!?. ¿¡Què pasa!?, preguntò Alex.

-Estabas teniendo una pesadilla, pero ya has despertado.

-¿Què?. Rosie, ¿eres tù?.

-Si, Alex. Me dejaron libre porque soy inocente, claro.

-Ah. ¿Què hora es?.

-Las siete y media de la mañana.

-¿¡Siete y media!?. Tengo que ir ràpido al trabajo.

-¿Estàs seguro?.

-Si. Adiòs, amor.

-Adiòs, cuìdate.

-Claro.

Alex no tenìa que ir a trabajar, sino que tenìa que ir a ver a Rose. Èl sabìa que no iba a poder mantener la relaciòn con Rose en secreto para siempre, en algùn momento le iba a tener que contar toda la verdad a Rosie.

Cuando Alex subiò a su coche viò que habìa algo escrito en su puerta, algo que era imposible no leer.

-¿Pero què…?. -Se acercò y leyò lo que estaba escrito.

“¿Por què nos haces esto, papà?”.

Alex quedò perplejo con lo que leyò en cuanto reaccionò se fue corriendo a buscar a Rosie para mostrarle lo que decìa. Pero al volver con Rosie, no habìa nada escrito.

-¿Estàs seguro que decìa algo, Alex?. -Preguntò Rosie.

-Si, estaba aquì. -Alex le señalò dònde estaba escrito pero ahì ya no habìa nada. -Bueno, supongo que estoy un poco cansado.

-Deberìas quedarte hoy.

-No puedo, lo siento.

Alex subiò a su coche y emprendiò rumbo a Dark’s Falls. Èl sabìa que no habìa sido producto de su imaginaciòn, sabìa que habìa visto algo escrito, para èl, cada vez le resultaban màs reales las cosas paranormales. De hecho, ya habìa dejado de ser un escèptico.

Al llegar al pueblo, Alex viò un cartel gigante que decìa: “Aquì no se admiten extranjeros”. Alex estaba confundido, porque cuando vino la primera vez, el cartel no estaba allì. Alex hizo una parada en la jefatura de policìa del pueblo y entrò para ver si podìa hablar con el alguacìl.

“Disculpe, ¿se encuentra el alguacìl Eric Dress?”, preguntò Alex.

-Si, se encuentra. -Respondiò la mano derecha del alguacìl, el oficial Smith.

-¿Lo podrìa llamar?.

-Si podrìa, pero me temo que lo que tenga que hablar con èl lo tendrà que hablar conmigo.

-Bien. Vengo porque querìa saber màs acerca del asesinato de Jack Finn.

-Eso es confidencial.

El alguacìl Dress saliò de su oficina y preguntò… “¿Què suce…?. Ohh. Alex Rives. ¿Què lo trae por aquì?”.

-Quiero saber màs cosas sobre el asesinato de Jack Finn.

-¿Y, què quiere saber?.

-Quisiera saber el tipo de cuchillo que utilizaron para matarlo.

-Ahh. Pase, se lo mostrare.

Alex siguiò a Eric para ver dònde estaba el cuchillo.

-Es èste.

-Ah. Està bien, gracias.

-Un momento. ¿Puedo preguntar por què querìa verlo?.

-Es que… mi jefe me pidiò que lo viera y luego que lo dibujara.

-¿Con què fìn?.

-Tal vez èl sabrìa de alguièn que los pudiera vender y yo les pasarìa esa informaciòn a ustedes.

-Ya veo. Bueno, le recomiendo que no ande mucho tiempo por aquì.

-¿Por què?.

-Lo ùnico que puedo decirle es que no està a salvo aquì.

-Està bien, lo tendrè en cuenta. Adiòs.

-Adiòs. Y recuerde lo que le dije. Usted no està a salvo.

Alex saliò de ahì y se subiò a su coche para ir a la casa de Rose. Alex no tenìa ningùna duda al respecto. El cuchillo que le habìa mostrado el alguacìl era el mismo que habìa visto en su sueño, el mismo con el que Thomas lo mataba en su sueño, eso lo habìa inquietado bastante.

Alex pasò por la casa de Rose, pero en èsta no habìa nadie, asì que se dirigiò al asilo. Al llegar, para su sorpresa, Rose tampoco estaba allì, le preguntò a limpiador si sabìa a dònde estaba y èste le respondiò que ella ya no trabaja allì.

Alex no sabìa què pensar con lo que le habìa dicho asì que sacò su telèfono del bolsillo y la llamò.

-¿Hola?.

-Hola, Rose.

-Oh, hola Alex. Al fin te decidiste a llamarme.

-Pero si no hace mucho que vine a visitarte.

-Si, lo sè. Alex, tengo que contarte algo, ven a mi casa.

-Recièn pasè por tu casa y no estabas allì.

-¿Què dices? Si yo no vi a ningùn coche en la entrada.

-¿No?. Bueno, irè para allà de inmediato.

-Està bien, adiòs.

-Adiòs.

Alex volviò a subir a su coche para ir a la casa de Rose otra vez.

Rosie estaba sospechando de la actitud de su esposo Alex. Ella llamò al periodico para ver si èl estaba trabajando allì, a lo que Marshal le respondiò que no. Ella confiaba en èl, pero habìa empezado a dudar.

Rosie estaba mirando la televisiòn cuando hubo un corte de luz, subiò ràpidamente para ver còmo estaba Tom, pero este no estaba en su habitaciòn. Rosie lo buscò por toda la casa pero no lo encontrò.

Ella pensò que tal vez estaba jugando afuera, y no se equivocaba, lo que le llamò la atenciòn fue que èl estaba hablando solo, ella saliò para què estaba pasando.

“¿Con quièn hablas, Thomas?”. Preguntò Rosie.

-Con mi amigo, mamà.

-Ahì no hay nadie.

-Si, està al lado tuyo ahora mismo.

Tal y como le habìa pasado a Alex, ella se sintiò muy nerviosa y sentìa que alguièn le respiraba en el cuello.

-Al lado mìo no hay nadie, Tom.

-Sì està a tu derecha tomando tu mano.

Rosie sintiò como le palpaban la mano y se asustò mucho. Tomo del brazo a Thomas y lo metiò a la casa. Al entrar, Tom quedó paralizado, como si estuviera viendo algo escalofriante. Sujetó muy fuerte la mano de Rosie.

– ¿Qué sucede, Thomas?. -Preguntó Rosie.

– Ahí. Mira ahí, mamá.

– ¿Dónde?. No hay nada, hijo.

– En el sofá, El sujeto ése.

– No hay nadie en el sofá, Tom.

– Sí. Está viniendo para acá… y tiene un cuchillo en la mano.

Rosie vió como, inexplicablemente, un cuchillo se le acercaba lentamente hacia ella. Sujetó a Thomas y gritó: “¡Fuera de aquí demonio, soy una sierva de Dios, no puedes hacerme nada!”. Al gritar eso, el cuchillo cayó al suelo.

Ambos estaban muy asustados, Rosie fue a la cocina y llamó a Alex.

– ¿Hola?.

– Hola, Alex. Tienes que venir para acá de inmediato.

– ¿Qué sucedió?.

– No lo sé. Están pasando cosas extrañas en ésta casa.

– Estoy trabajando, no puedo ir.

– Por favor, Alex. Te necesito.

– Está bien, haré lo que pueda para salir ahora mismo.

– Gracias, Alex. Te esperamos.

Rosie estaba muy asustada por todo ese asunto, tanto que no podía dejar de temblar. Aunque era todo lo contrario lo que le pasaba a

Tom, ya que él estaba completamente tranquilo, como si no estuviera pasando nada.

Unas horas más tarde Alex llegó a la casa muy preocupado por su familia.

– ¿Qué pasó aquí?. -Preguntó Alex.

– No lo sé. Algo tocó mi mano allí afuera. Y cuando entramos un cuchillo estaba flotando en el aire e intentó matarme. -Las lágrimas caían por su rostro cuando le dijo todo eso a Alex.

– ¿Qué?.

– Sé que es increíble pero tienes que creerme Alex, mira pregúntale a Thomas, él estaba conmigo cuando el cuchillo estaba flotando.

Alex le preguntó a Tom si había visto lo del cuchillo, a lo que éste respondió que no, que no había visto nada.

“Sólo vi que mamá estaba muy asustada y que le gritaba al aire”.

Rosie no podía creer lo que le estaba diciendo Tom a su padre, ella pensó que tal vez sólo tenía visiones, o que el niño estaba tratando de hacerle creer a Alex que se estaba volviendo loca.

No lo sabía, pero de algo estaba segura. Algo sobrenatural estaba pasando en aquella casa. Alex no sabía si Rosie estaba tenien alucinaciones, o si estaba diciendo la verdad. Ultimamente todo le parecía raro.

Rose se había quedado sola en aquella casa, estaba muy dormida, tanto que si entraban a robar y prendían la tele, no se iba a dar cuenta de nada. Pero algo en esa habitación la despertó, algo inquietante. Sentía como si la estuvieran observando, como si estuvieran a punto de asesinarla. Ella no podía creer que Alex se había ido. Pero también sabía que él era un hombre casa, también tenía una familia a la que cuidar. Ella no aguantaba más, quería pasar todo el tiempo con Alex, no a escondidas, en público. Se levantó del sofá y salió a mirar a fuera, quería saber si había alguién allí.

Lamentablemente estaba en lo cierto, había un sujeto mirando en la otra calle, vestía una ropa de oficina, y a su lado había un niño pequeño. Ella veía cómo ellos se acercaban a ella sin mover los pies, parecía que estaban flotando. Cerró los ojos, y los volvió a abrir. Ya no había nadie. Aquello la inquietó mucho, entró a su casa y fue a su habitación. Allí pasó horas sin poder dormir ni un solo segundo, no podía evitar la sensación de que la estaban vigilando. Tomó su celular y llamó a Alex, eran las tres de la madrugada.

Rosie tampoco había podido dormir, se había despertado a mitad de la noche para beber algo, cuando volvió para dormir otra vez, escuchó el teléfono de Alex sonar, en el remitente decía Rose Finn, Rosie dejó que el teléfono sonara y volvió a dormir. En su interior se hacía muchas preguntas, ella pensó muchas cosas en ese momento, tal vez era una amiga, o una compañera de trabajo, ó quizá lo que más temía, una amante.

Nadie había atendido a Rose, asi que volvió a dormir, estaba muy triste, no pudo escuchar la voz de su amado, minutos después de que intentara llamar a Alex, Rose al fin pudo dormir, tranquila, lo único que tuvo que hacer fue pensar en él.

Al despertar en la mañana, Rose vió cómo alguién salió corriendo por su patio, de atrás parecía una persona, pero cuando ella gritó “¡Oye! ¡Así es! ¡Corre!”, el sujeto se detuvo y se dió vuelta. Su cara estaba repleta de sangre, sus ojos brillaban más que el sol, blandía un hacha, su filo se podía distinguir a kilometros. El sujeto empezó a caminar hacia Rose, ésta se mostró muy tranquila, pero por dentro, su corazón latía muy rápidamente. Ella vió que un policía estaba detrás del sujeto, lo único que tenía que hacer era esperar a que dispare…. Lo hizo.

La bala lo atravesó, pero no le hizo nada. El hombre seguía avanzando hacia Rose, ella entró en pánico y corrió al interior de la casa, donde intentó llamar a la policía, lo cual no logró hacer, las líneas estaban cortadas. El sujeto rompió la puerta de un hachazo. Ingresó en ella, lanzó el hacha al suelo, y tomó del cuello a Rose.

“Ahora podrás pasar más tiempo con él, Rose.” -Pronunció el sujeto…

Aquello había sido muy real, abrió los ojos, y escuchó el teléfono… Era Alex.

– Hola, querido.

– Rose, ha pasado algo terrible.

FIN DEL CAPÍTULO 6 Y FIN DE LA SEGUNDA PARTE.

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