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Mi Diario

11 de junio de 2015

1:48 am

Frente a una pantalla de computador, con tantas palabras en mi cabeza y sin saber por dónde empezar.

Sería muy sencillo dar inicio a través de lo que me inspiró a escribir estas líneas, pero eso haría que tal vez la historia no se comprenda. Así que trataré de hacer un paralelo entre el pasado y el presente; así poco a poco iremos juntos descubriendo el porqué del futuro.

Algo que ayudaría mucho sería el presentarme. Me llamo Beth. Tengo 24 años de edad y vivo en un departamento solo con mi madre y nuestra pequeña cocker spaniel. Por travesuras del destino soy única hija y mi padre pues, lo veo algunas veces. Trabajo mas por necesidad que por gusto y tuve que dejar una carrera a medias. Quizá más adelante vallan descubriendo algunas cosas más profundas de mí, pero por ahora seré demasiado superficial.

Soy como toda chica de mi edad, con los mismos conflictos y debates internos, aunque me considero más soñadora que el promedio. Si no fuera así, creo que no estuviera escribiendo.

Pero bueno, no alarguemos más la introducción, ya tienen todo lo necesario para comenzar. Sin más preámbulos empecemos con la primera historia…

Al menos una llamada…

TE EXTRAÑO. Mensaje enviado a la 1:14am.

Aun no hay ninguna respuesta. Sé perfectamente que “El” sufre de noctambulismo. A esta hora quizá esté tomando una taza de café, viendo alguna serie o simplemente en la computadora leyendo y leyendo, como suele hacerlo.

En todo el dia no nos hemos comunicado, usualmente hay una llamada al medio dia justo cuando estoy por ingresar al trabajo o en mi refrigerio o al llegar a casa después de una larga jornada. Pero nada.

Nada después de lo ocurrido ayer en la noche por teléfono:

– Hola como estas?

– Bien, dime pasa algo?

– No, nada importante en realidad. Solo quería saber como estabas, si ya estabas mejor de tu resfriado y además quería escuchar tu voz, es que te extraño, hace vario días que no nos vemos y me gusta llamarte siempre al salir del trabajo.

– Ah, bueno para serte sincero yo no tengo muchas ganas de hablar.

– Si me imagino, debes de sentirte fastidiado por el resfriado, no debe ser cómodo hablar en esta condición.

– No, no es eso. Simplemente no tengo ganas de hablar.

– Bueno entonces hablamos en otro momento.

– Pero dime quieres decirme algo importante

– No, si no quieres hablar está de mas que te diga algo, mejor conversamos cuando estés con mas ánimo.

– Ahhh, pero si quieres decirme algo, dímelo de una vez.

– No lo que pasa es que…

En ese instante ingresa mi madre a la habitación. Ella es una de esas personas que no entienden el significado de privacidad o estoy ocupada o no me hables mientras estoy al teléfono. Simplemente entro e interrumpió mi conversación.

– Dame un minuto.

Escuche a medias lo que mi madre me decía, mientras aun sostenía el teléfono cerca a mi oreja y escuche las siguientes palabras:

– Sabes que Beth, mejor hablamos en otro momento.

Y antes de que pudiera decir algo solo estaba el silencio del otro lado. Trate de llamar nuevamente para poder continuar con la conversación pero solo obtuve un: “estoy ocupado, mejor hablemos otro día “.

Quise insistir por terca pero salió peor. Solo me quedó refunfuñar sola, botar unas lágrimas de cólera y tristeza, nada más.

Sé que las cosa van de mal en peor, pero el sentimiento aun está presente, quizá “El” ya desconfíe de eso por todo lo que ha pasado pero, lo que siento por “El” es sincero y único.

Hoy venció la tristeza. De camino a casa, a penas salí del trabajo me ganaron las lagrimas. Aún no sé cual fue el detonante, tampoco sé porque el cielo confabuló en mi contra e hizo que justo cuando empecé a llorar, aquí en la tierra, empezó a llover.

CONTINUARA…

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