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Mendoza: tierra de sol, buen vino y la izquierda trotskista

Mendoza: tierra del sol, del buen vino y de la izquierda trotskista

El año 2016 se anuncia con ajuste. Los caciques peronistas sufren los coletazos de la derrota electoral. El Frente de Izquierda expresa, cada día más, la voz de los explotados mendocinos.

Por Eduardo Castilla – La Izquierda Diario

Mendoza: tierra de sol, buen vino y la izquierda trotskista

La política nacional discurre por el carril de la incertidumbre. A menos de dos semanas de las elecciones, nadie puede decir seriamente si habrá segunda vuelta o si todo se dirimirá en la noche/madrugada del domingo 25/lunes 26.

Paradójicamente, el desdoblamiento electoral en muchos distritos permite otear ya parte de la dinámica política futura. Podemos echar una mirada, por ejemplo, a Mendoza, distrito donde el FIT lograr sus mejores guarismos a escala nacional. Allí la incertidumbre también se sirve en abundancia, pero por otros motivos.

Hoy una traición y mañana un ajuste

Alfredo Cornejo se desespera por estas horas. No es para menos. Cuando creyó tener la vaca atada, el año 2016 se anuncia como complicado. Incluso también asoma tormentoso el mismo mes de diciembre, cuando tome posesión del poder político.

A pocos días del 17 de octubre, el gobernador electo olvidó un apotegma esencial del peronismo: el Día de la Lealtad se celebra una sola vez al año; en el resto, la traición se torna uso y costumbre en la fuerza política creada por Juan Domingo Perón.

Cornejo lo sufre en carne propia. Francisco “Paco” Pérez arregló solo un salvataje económico hasta el final de su mandato. De un monto acordado con la UCR de $5800 millones, la cifra descendió a menos de la mitad. Los radicales pusieron el grito en el cielo y empezaron a preparar verbalmente el ajuste.

Pies de barro

Lo que está de fondo en esta discusión, es la enorme debilidad fiscal de la provincia. El discurso gorila que se ventila por estos días habla de una paritaria estatal “desproporcionada” para el gobierno. Del otro lado, y manteniendo cierto decoro peronista, el gobernador responde que el problema es que se recaudó poco.

Si el primer discurso juega a favor del gran capital en pos de planchar los ingresos de la clase trabajadora, el segundo omite decir que las ganancias millonarias del juego y el petróleo, por solo dar dos ejemplos, no se tocan. El Estado provincial garantiza la intangibilidad de los ingresos de los grandes empresarios, mientras deja de pagarle a miles de trabajadores, en una demostración más que evidente de su carácter de clase.

En un escenario de creciente recesión internacional, con menores ingresos de parte del gobierno y la perspectiva del ajuste desde el mismo Estado nacional, todo parece anunciar inestabilidad y ajuste. La vocación política radical por atacar a la clase trabajadora suma su cuota en este combo.

Acefalía peronia

El peronismo provincial salió de las elecciones locales con varias magulladuras. Estuvo cerca de ser vencido por knock out. De conjunto quedó una ensalada que combina todo tipo de crisis.

El poder político provincial es ejercido por una figura que carece de apoyo popular. Hace días se conoció una encuesta que señalaba un 92% de rechazo a la figura del gobernador Pérez. Dicen las malas lenguas que el porcentaje venía con inflación. Pero nadie consideró que se trataba de un despropósito.

Pérez no es el único que sufre los sinsabores de la derrota. Los caciques locales también salieron golpeados por derrotas en departamentos centrales como Las Heras y Guaymallén. El Gran Mendoza le dio la espalda al peronismo. Como una suerte de “anticipo” de lo que ocurriría pocos meses después en Buenos Aires, donde el poder de los barones de tipo feudal fue sacudido fuertemente.

A eso cabría sumarle que el jefe político del peronismo es, nada más ni nada menos, que el hombre más desprestigiado a escala territorial: el gobernador. Vistas así las cosas, no hay liderazgo claro en el partido que se ha ofrecido como contralor del movimiento de masas.

Este viernes un medio señaló que, ante el pedido de renuncia a ese cargo, el gobernador habría dicho: “No tengo ningún inconveniente. Nadie conduce lo que no quiere ser conducido”. La frase también podría ser, simplemente, “nadie conduce”.

Así, a las puertas de un año en que el ajuste intentará convertirse en norma, el que configura el partido burgués de oposición, aparece fragmentado y en crisis. Los intentos de unificar mando vendrán después del 25 de octubre. Lo que no se puede predecir es cuanto duraran ni cuantos platos han de romperse en el ínterin.

La voz de la izquierda

El Frente de Izquierda, y en particular el PTS, han sido protagonistas de un vertiginoso ascenso en el terreno político electoral, desde el 2011 a esta parte.

Nicolás del Caño y, ahora Noelia Barbeito, son parte ya de un fenómeno social profundo, que está lejos de agotarse en el llamado “voto protesta”. Las elecciones de todo el 2015 confirman la continuidad de una identificación política entre el FIT y sectores amplios de los trabajadores, las mujeres y la juventud. No es “moda”.

Que no se trata de un fenómeno pasajero lo evidencia el simple análisis de los votos. Pero también las decenas de “pequeñas” reuniones donde los trabajadores discuten con PTS, se identifican con parte de sus ideas y ponen de manifiesto que el lenguaje que el FIT despliega en spots y debates, es el que efectivamente hablan ellos. Ese lenguaje es, en muchos casos, el del odio de clase.

De allí que, cuando se afirma que Nicolás del Caño es “uno de los nuestros” nadie lo considere absurdo. Su historia de vida es la de miles de jóvenes que trabajaron y trabajan en condiciones precarias. Vida que Macri, Massa o Scioli no pueden si quiera imaginar.

A poco más de una semana de las elecciones, el FIT puede volver a “hacer historia” si logra que Noelia Barbeito se convierta en diputada nacional. Todo pareciera indicar que la distancia a ese logro es poca. Las enormes muestras de simpatía que recibe cotidianamente lo ponen en evidencia.

En la provincia del Mendozazo, el año 2016 asoma con un gobierno radical obligado a intentar imponer un ajuste, un peronismo golpeado y dividido y una izquierda trotskista con enorme fuerza electoral que podrá ser un actor de peso en la, más que segura, resistencia obrera a los ajustes por venir.

Un poco de frío debería estar corriendo por la espalda de los Vila, Manzano, Balbo, Bianchi y muchos más.

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