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[Megapost] Dichos Populares y sus Significados (Parte 2)

[Megapost] Dichos Populares y sus Significados (Parte 2)

Dar cuerda a alguien: Otorgarle mayor libertad a una persona, al igual que cuando a un animal atado se le alarga la cuerda que lo retiene para que pueda moverse una mayor distancia, sin necesidad de abandonar el lugar. No debe confundirse con dar manija a alguien, aplicada para significar que se está azuzando a una persona para que reaccione contra otra, con motivo o sin él o para que crea lo que otra quiere que crea.

Dar gato por liebre: Antiguamente, las hospederías gozaban de una dudosa fama, sobre todo en materia de viandas. La literatura está plagada de alusiones a este particular. Entre otras acusaciones, los venteros eran a menudo sospechosos de echar un asno en adobo y venderlo como ternera, y de servir platos cuyo contenido no se sabía si era conejo, liebre, cabrito o gato. Era tanta la desconfianza en estos establecimientos que llegó a hacerse habitual entre los comensales la práctica de un conjuro previo a sentarse a comer. Puestos de pie, los clientes recitaban así delante del asado:

“Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta del plato.”

Una de las estafas más comunes era dar carne de gato por la de liebre. De ahí que este dicho se utilice cuando se intenta engañar en la calidad de una cosa por medio de otra inferior que se le asemeja.

Dar vuelta la página: Soslayar, olvidar algo, pasar a otro tema, como cuando alguien realmente da vuelta a la página de un libro y deja atrás lo leído.

Darles margaritas a los cerdos: Frase bíblica (Evangelio de San Mateo, VII, 6) que significa desperdiciar cosas buenas en personas que no lo merecen. En realidad, ha habido un error de traducción del latín al castellano, ya que la palabra original es «margaron», que equivale a «perla» (de ahí, «margarina», por el color), de manera que la expresión real es darles perlas a los cerdos, que indudablemente, sería un desperdicio mayor que si les diésemos simplemente margaritas.

De enero a enero, la plata es del banquero: Frase de advertencia para el apostador en cualquier juego, a través de la cual se asegura que, al cabo de los doce meses de un año, la ganancia será siempre para la banca, aunque algún apostador afortunado pueda -circunstancialmente- obtener alguna ganancia.

e buten: Equivale a “excelente, lo mejor de su clase” y proviene de la antigua expresión da buten o da buti. Podría derivar del alemán gut, buten (bueno) o del latín butyrum (manteca, nata). En la Argentina, el pintoresco lenguaje lunfardo ha acuñado la expresión bien debute, muy utilizada por los escritores de letras de tango, con el mismo valor.

De golpe y porrazo: De improviso, precipitadamente, sin reflexión, de pronto.

De la noche a la mañana: Hacer algo sin previo aviso; sorprender por lo inesperado de una resolución, como si uno se acostara con una idea y amaneciera con otra.

De noche, todos los gatos son pardos: La vista humana suele engañar al hombre, sobre todo en la oscuridad. Por eso, la advertencia manifestada a través de esta comparación que es muy real.

De par en par: Locución adverbial que expresa la idea de puertas completamente abiertas, sin impedimento ni obstáculo que estorbe el paso.

De Pascuas a Ramos: La expresión alude a la festividad de la Pascua de Resurrección, también conocida como Pascua florida, que tiene lugar una semana después del Domingo de Ramos. Por tanto, entre ambas festividades media un lapso de un año menos una semana. Es por ello por lo que se dice ‘de Pascuas a Ramos’ cuando un suceso acontece muy de vez en cuando.

Por similares razones se dice el modismo ‘de higos a brevas’, ya que es sabido que la higuera da primero brevas y, acabadas éstas, después de un largo tiempo, los higos.

De pe a pa: Totalmente, sin dejar nada por hacer.

De perillas: Que viene justo, oportunamente. La locución alude a la perilla o parte superior del arco formado por los fustes de la silla de montar.

De siete suelas: Locución que equivale a “fuerte, sólido” y es usada, particularmente, en la expresión pícaro de siete suelas ya que alude a la fortaleza que debería de tener un calzado hecho con una base de siete suelas.

De puño y letra: Sirve para adjudicar la autoría de un escrito, al expresar que está hecho por la mano del que lo escribió o firmó.

De tal palo, tal astilla: Se usa para realizar una comparación entre integrantes de una misma familia y, por lo general, es utilizada para justificar los defectos y virtudes de un/a hijo/a respecto de su padre/madre y otros familiares. El origen sería la frase a tal padre, tal hijo, incluida por Petronio en su “Satyricon, 58”, sentido que el refrán en inglés reproduce literalmente.

De todo, como en botica: Significa que hay variedad, provisión o surtido de varias cosas, como en las antiguas “boticas” (almacenes) de España, en las que había toda clase de artículos. Para otros, “botica” era el nombre dado en Sevilla a las casas de citas en las que, por un lado, se vendían remedios y por otro, había de todo.

Deberle a cada santo una vela: Ser deudor de muchas personas. La comparación surge de la costumbre de algunos creyentes católicos de formular promesas a distintos santos, consistentes en el encendido de velas a cada una de las imágenes.

Decíamos ayer… : Frase pronunciada por el poeta español fray Luis de León, luego de salir de la cárcel después de cinco años de castigo y al reanudar sus clases en la Universidad de Salamanca. La locución se utilizaba irónicamente.

Defensa numantina: Cuando alguien realiza una defensa absoluta de una persona o situación hasta las últimas consecuencias, de palabra o de obra, se dice que ha llevado a cabo una defensa numantina.

El origen de esta expresión se halla en las llamadas genéricamente guerras de Numancia, que se mantuvieron contra Roma entre los años 143 a 133 a. de C.

Numancia era una antigua ciudad de Celtiberia, y más tarde de la provincia romana tarraconense. Sus minas están situadas en el cerro de la Muela o de Castro, a 7 kilómetros de la ciudad de Soria.

Al mando de un ejército perfectamente adiestrado en los llanos de Urgel, Publio Escipión Emiliano se apoderó de Tierra de Campos y posteriormente cercó Numancia, rodeándola con zanjas y empalizadas, tras las que levantó una muralla de piedra. Incapaces de romper el asfixiante cerco del enemigo, los numantinos propusieron una paz honrosa, que fue rechazada por Escipión. Ante la negativa, los habitantes de Numancia prefirieron morir unidos y libres antes que caer en manos del enemigo.

Dejar con un palmo de narices: Sorprender a alguien, chasquearlo, privándolo de algo que esperaba conseguir.

Dejar de plantón: Dejar esperando a alguien; no acudir a una cita. El “plantón” era un soldado o integrante de una fuerza del orden que hacía guardia en un puesto y, por extensión, toda persona que ejercía la vigilancia de la puerta de un edificio. La comparación surge porque, al estar tanto tiempo apoyado sobre las “plantas” de los pies, la persona parecía estar echando raíces en el lugar.

Dejar en la estacada: Abandonar a alguien, en una situación comprometida, que puede ser un negocio o un peligro grave. El dicho proviene de la época en la que se llevaban a cabo -en unos terrenos circundados por “estacas”- desafíos solemnes, torneos, justas y juegos en los que el participante perdía o moría en ellos.

Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo: Se pide ayuda al Señor para librarse de los problemas aparentemente menores, debido a que por lo general, uno suele ocuparse de aquellos que por su magnitud presentan más dificultad.

Del dicho al hecho hay un largo trecho: Es el proverbio que -en su primera parte- da título a nuestro libro y en él, se manifiesta la diferencia que existe entre hacer las cosas y decirlas.

Derecho al pataleo: La última oportunidad que le queda a quien se siente defraudado en sus derechos: protestar y protestar… acción expresada metafóricamente a través del verbo patalear.

Descubrir el pastel: Se utiliza para expresar que una cosa que se procuraba mantener oculta salía a la luz.

El origen de la expresión también podría ser otro relacionado con los naipes, ya que el vocablo pastel define “una fullería en el juego que consiste en barajar y disponer los naipes de modo que se tome el que los reparte lo principal del juego o se le dé a otro su parcial”.

Despedirse a la francesa: Durante el siglo XVIII había entre las personas de la alta sociedad francesa una moda que consistía en retirarse de un lugar en el que se estaba realizando una reunión o velada, sin despedirse, sin siquiera saludar a los anfitriones. Llegó a tal punto este hábito, que era considerado un rasgo de mala educación saludar en el momento de la partida. No se objetaba, por ejemplo, que la persona mirase el reloj para dar a entender las circunstancias por las que ella debía retirarse, pero de ninguna manera se veía con buenos ojos que el asistente saludase antes de ausentarse. Esta costumbre, en Francia dio origen al dicho sans adieu (sin adiós), que el lenguaje coloquial español acuñó en la forma “despedirse a la francesa”, pero en este caso como equivalente de reprobación del comportamiento de alguien que, sin despedida ni saludo alguno, se retira de una reunión.

Destapar la olla: Descubrir una verdad que permanecía oculta por intereses personales, como quien destapa una olla y, a causa de la fuerza del vapor de su contenido, éste surge salpicando a quien la destapó.

Desvestir a un santo para vestir a otro: Habla de las penurias que pasan algunas personas que, para cumplir con alguien, deben dejar de hacerlo con otro.

Diamante en bruto: Ser algo o alguien con muchas posibilidades, pero no estar listo todavía para desarrollar una función, actividad o profesión, por falta de educación, roce o experiencia. El diamante tiene más valor cuando está labrado que cuando es bruto.

Dime con quién andas y te diré quién eres: Es una advertencia a quienes no tienen en cuenta las compañías de que se rodean. Generalmente, las personas que están con uno suelen tener los mismos valores morales y viceversa, por eso, cuando esas compañías carecen de los valores mencionados, uno es juzgado como ellos.

Dios aprieta pero no ahorca: Habla de que, por más apremiado que se encuentre alguien, siempre hay una esperanza de salir airoso, como si el propio Dios nos apretara la garganta para asfixiarnos, pero sin llegar a ahorcarnos.

Dios los cría y ellos se juntan: Es una afirmación muy difundida por la que se asegura que las personas tienden a unirse de acuerdo con las preferencias y gustos personales. El uso de la frase suele ser peyorativo, aunque no siempre debería serlo.

Divide y reinarás: Es una máxima política de Maquiavelo, por la que se sugiere que la mejor manera de obtener el poder es sembrando la intriga entre quienes gobiernan para lograr su separación.

Donde comen dos comen tres: Expresa la amplitud de criterio de las personas que reciben al invitado y comparten lo poco o mucho que tienen, con él.

Donde digo digo, no digo digo, sino digo Diego: Locución festiva originada en la sociedad española del siglo XVI, que se aplica a quien incurre en confusión o contradicción y, sobre todo, al que luego se siente obligado a rectificarse.

Donde el Diablo perdió el poncho: Muy lejos; en un lugar al que nadie llega.

Donde hubo fuego, cenizas quedan: Proverbio que se aplica, con preferencia, en la relación amorosa por el que se expresa que, si dos personas han mantenido un idilio, a pesar del tiempo transcurrido las huellas no se borran, tal como sucede con las cenizas que quedan del fuego y, cada vez que se encuentran, se reaviva el recuerdo.

Donde las dan, las toman: Al que hace daño, obra mal o siembra intrigas, se le suele pagar con la misma moneda.

Donde manda capitán no manda marinero: Es una aseveración que establece el orden de mérito de las personas, de acuerdo con el grado (y no solamente en el ámbito militar). Debemos estar subordinados al que tiene un grado superior.

Donde se come, no se caga: Frase propia de los argentinos que establece que debe cuidarse mucho el puesto en el que uno trabaja, tratando de evitar la provocación de hechos que puedan costarle el cargo.

Dormir la mona: Pasar la borrachera.

Dormirse sobre los laureles: Abandonarse, luego de conseguir un éxito; no perseverar en el esfuerzo y la dedicación, descuidando lo que se ha logrado. En la Antigüedad, el laurel estaba consagrado a Apolo y a los poetas, y sus hojas se utilizaban para confeccionar guirnaldas para premiar a los ganadores de los concursos de poesía.

Dos son compañía; tres son multitud: Parece una respuesta a donde comen dos, comen tres, sólo que esta se refiere preferentemente a la relación amorosa, en la que dos siempre van a estar mucho más cómodos que tres.

Dura lex sed lex (la ley es dura pero es la ley): La ley, a veces, parece dura, injusta, implacable, pero debemos entender que por ser una ley, debe ser cumplida.

Dar el clavo: Esta expresión, seguramente, será asociada por el lector con la acción de martillar, clavar… y nada más alejado de la verdadera procedencia del dicho. En la Antigüedad, existía un juego infantil llamado “hito”, que consistía en fijar un vástago o un gran clavo a cierta distancia de los participantes quienes, desde su lugar, arrojaban unos tejos anillados de hierro, de manera que el éxito en el juego lo lograban quienes conseguían acertar con el aro en el hito. Y como el hito solía ser de hierro -por lo general, se trataba de un clavo- la expresión dar en el clavo vino a significar lo mismo. Con el tiempo y como sucedió con casi todos los dichos populares, la gente comenzó a utilizarlo con otro sentido, en este caso, como equivalente de acertar en la solución de alguna cosa complicada y difícil.

Dar gato por liebre: Si hay algo que ha mantenido la tradición con el paso de los siglos, es, sin duda, la mala fama de las posadas, hosterías y fondas, respecto de la calidad de sus comidas. La literatura universal está llena de alusiones, muchas de ellas irónicas, acerca del valor de los alimentos ofrecidos en ellas. Y era tanto el descrédito de estos lugares, que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo a la degustación, en el que aquellos, parados frente a la carne recién asada, recitaban: Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta al plato. Por supuesto, este “exorcismo” nunca sirvió para demostrar la veracidad de la fama de la posada, pero dio origen a la expresión dar gato por liebre, que con el tiempo se incorporó al lenguaje popular como equivalente de engaño malicioso por el que se da alguna cosa de inferior calidad, bajo la apariencia de legitimidad.

Dar la lata: Son muchas las versiones que circulan respecto de la procedencia del dicho, aunque todo induce a creer que proviene -por imitación- de los antiguos dichos dar la tabarra o dar la murga, con los que se daba a entender el fastidio ocasionado por alguien que golpea instrumentos de percusión tales como zambombas, palos y cencerros, para festejar las segundas nupcias de una viuda o de un viudo. Posiblemente, al aparecer en el mercado la hoja de lata (luego, hojalata) como producto de uso común, los recipientes vacíos de ese material fueron incorporados al equipo sonoro de las “cencerradas”. De manera que la expresión dar la lata, o sea, percutir sobre ella, no hizo más que extender el concepto tradicional de dar la murga. También se ha documentado que la frase podría provenir de la ciudad de Málaga, en cuya cárcel los presos solían comprar una lata de mosto condimentado con sobras de vino, licores y aguardientes que al ser bebidos, provocaban en los detenidos una intensa borrachera y, como consecuencia, un deseo incontenible de hablar. El uso popular, sin embargo, le ha adjudicado al dicho el significado de fastidio causado por cualquier inoportuna insistencia, aunque entre nosotros se lo aplica lisa y llanamente a quien posee la característica de hablar por demás.

Dar palos de ciego: Es sabido por todos que la ceguera -aparte de constituir una lamentable desgracia para quien la padece- ha sido siempre motivo de burla y pretexto para la creación de frases y expresiones divertidas. Y para probar esta afirmación, basta con citar algunos de los juegos populares nacidos en tiempos remotos cuyo fundamento consistía en privar ocasionalmente de la visión a los participantes. Tales son los casos de la gallina ciega y la piñata, juego que llegó a dar nombre a un día: el “Domingo de la Piñata”, en cuyos festejos se vendaban los ojos de los participantes y estos, armados de un palo, comenzaban a dar garrotazos contra una cazuela de barro pendiente de hilo. Cuando la vasija era alcanzada por un certero garrotazo, ésta se abría derramando su contenido -que solía ser agua o pequeñas golosinas- sobre el autor del golpe. Así, la gente estallaba en bullicioso jolgorio. De esta alegre costumbre, no extinguida del todo en nuestros días, precede la expresión dar palos de ciego, aplicada para significar el perjuicio que se sufre al proceder sin tino ni cautela, a lo loco, en cualquier asunto delicado.

Dar un cuarto al pregonero: La figura del pregonero o portavoz ambulante de noticias existe desde hace mucho tiempo, incluso se lo registra en la época de los romanos. En España, se sabe que existían pregoneros por lo menos desde el siglo XV y además tenían la particularidad de estar divididos en tres clases: los oficiales, que estaban al servicio de la Administración; los heraldos, que marchaban delante de los nobles anunciando el paso de estos, y los voceadores mercantiles que, por encargo de cualquier vendedor, pregonaban los artículos y servicios más diversos. La tarifa usual de estos últimos era un cuarto, moneda de cobre que equivalía a cuatro maravedíes, es decir, alrededor de tres céntimas de peseta, de manera que dar un cuarto al pregonero significaba pagar los servicios de ese oficial público para que difundiese, en voz alta, cualquier tipo de noticia. Con el correr del tiempo, la frase adquiriría en España (ya que en el Río de la Plata y el resto de América del Sur es poco usual) un sentido totalmente opuesto, cual es el de reprobar la divulgación de algo que, por su particular naturaleza, debiera callarse.

Dárselo con queso: En la Antigüedad, la presencia de animales roedores constituía una amenaza para la salud de los habitantes de las grandes ciudades, debido a las enfermedades que transmitían. Por eso, era muy común escuchar la expresión armarla con queso, en referencia a las ratoneras o trampas para la caza de ratones, en cuyo mecanismo se colocaba un trozo de queso para así atraer a los roedores, golosos y reconocidos degustadores de ese producto lácteo. Por analogía, el dicho dársela con queso pasó a usarse metafóricamente en el lenguaje coloquial, con el significado de cebo”, “ardid” o “engaño” mediante el cual una persona atrae a otra para conseguir un fin perseguido, con lo que queda claro que esta expresión puede muy bien equivaler a caer en la trampa.

Tener muchas ínfulas: En la Antigüedad, se llamaban “ínfulas” a unas tiras o vendas de las que pendían dos cintas llamadas “vittae”, una a cada lado de la cabeza. Las “ínfulas” se usaban arrolladas en la cabeza a manera de diadema o corona, y solían lucirlas los príncipes y sacerdotes paganos, como señal distintiva de su dignidad. Con estas “ínfulas” se adornaban también los altares y -en algunas ocasiones- las víctimas que eran llevadas al sacrificio. Pero cuantas más eran las ínfulas y mejor la calidad de su confección, más importante era considerada la persona que las portaba, por lo que, era muy común escuchar hablar de víctima de muchas ínfulas. Con el tiempo, el dicho pasó a designar a todo aquel que actúa con habitual vanidad y orgullo desmedidos y, por lo general, despreciando al prójimo.

Del tiempo de maricastañas: No hay certeza acerca de la existencia de este personaje, como tampoco se conoce el motivo por el cual se lo asocia con épocas remotas. Hay quienes afirman que, efectivamente, existió en la provincia de Lugo (España) una Maricastaña quien, junto con su marido y hermanos, encabezó un partido de extracción popular que se oponía al pago de los tributos exigidos abusivamente por el obispo del lugar. Incluso, se afirma que habría sido ella misma la que ordenó matar -como represalia- al mayordomo del prelado. Aparentemente, la fama de esta mujer se cimentaba no tanto en sus principios morales y actitudes de arrojo cuanto en su aspecto muy varonil. Sin embargo, también hay quienes afirman que el personaje Maricastaña no es real sino ficticio y pertenecería a la leyenda celta, a través del cuento “La batalla de los pájaros”, cuyo personaje central es una tal Auburn Mary (traducible como María de color castaño). De todas formas, real o inventada, esta mujer forma parte del léxico de la mayoría de los hispanohablantes en el dicho del tiempo de Maricastaña, para hacer alusión a algo o alguien que hace mucho tiempo que está en este mundo.

Dorar la píldora: Desde siempre, los medicamentos (infusiones, polvos, brebajes…) se han caracterizado por tener un sabor amargo, lo cual los hacía molestos en el momento de tener que tragarlos, pero eso era considerado algo natural, tanto como lo era el hábito de tener que soportar el dolor. Hoy, todos sabemos que esos botoncitos compuestos por distintas variedades de productos medicinales llamados píldoras suelen estar integrados -por lo general- por elementos de sabor amargo y desagradable al paladar. De ahí, que los antiguos boticarios, tal como se sigue haciendo en el día de hoy en los modernos laboratorios farmacéuticos, para disfrazar o disimular ese desagradable sabor, acudiesen al recurso de dorar la píldora con alguna sustancia de gusto azucarado y suave al paladar, de manera que se facilitara la acción de tragar el medicamento. Ese es el sentido de la expresión dorar la píldora, que hoy aplicamos en el lenguaje diario para hacer o decir algo de una forma más suave y tratando de no herir a quien nos escucha.

[Megapost] Dichos Populares y sus Significados (Parte 2)

Echar agua al mar: Hacer algo inútilmente, sin resultado positivo o dar algo a quien tiene abundancia de ello. La versión en inglés habla de llevar carbón a Newcastle, en alusión a la ciudad inglesa de Newcastleupon- Tyne, activo puerto exportador de hulla. En España, dicen llevar hierro a Vizcaya, haciendo referencia a la ciudad vasca, famosa por su actividad en la industria siderúrgica.

Echar leña al fuego: Expresa la idea de fomentar las discordias con comentarios que no hacen más que agravar la situación, como si echáramos leña al fuego o, como dice su versión en inglés, «agregar combustible al fuego».

Echar una cana al aire: Equivale a divertirse, con cosas propias de la juventud, aunque la persona sea muy madura, debido a que se alude -metafóricamente- a la acción de arrancarse las canas, para parecer más joven, y tirarlas. Últimamente, con las facilidades que dan los adelantos en materia de embellecimiento, es mucho más fácil teñirlas que arrancarlas… y es mucho menos doloroso.

El amor todo lo puede: Frase del poeta Virgilio, en sus “Églogas”, en la que hace referencia a la tiranía del amor en los dioses y en los hombres y que también se aplica a la dulzura y la caridad.

El año de la polka: La Polka es una danza de origen polaco, que se puso de moda en los salones europeos y fiestas de sociedad durante el primer tercio del siglo pasado. Por ello, al decir que algo es “del año de la Polka”, queremos indicar que una cosa es vieja o está pasada de moda.

El apetito viene comiendo: Cuando alguien no tiene deseos de comer, se dice que la mejor manera de provocar el hambre es, precisamente, ingiriendo comida.

El baile de San Vito: Enfermedad infecciosa convulsiva que afecta a los niños. Se rezaba a este santo, que también sufrió convulsiones, implorando la curación.

El camino del Infierno está lleno de buenas intenciones: Todos hemos tenido buenas intenciones, pero no siempre las hemos llegado a concretar, han quedado en el camino del éxito y la consolidación.

El canto del cisne: Se refiere a la última obra o actuación de una persona. A pesar de que el cisne no canta nunca -lo más emite un ronquido sordo- existe una leyenda antigua que afirma que emite el canto más melodioso como premonición a su propia muerte, según relata Marcial y el poeta Virgilio.

El capitán Araña: El dicho completo dice así: Ser como el capitán Araña, que embarca a la gente y se queda en tierra. Se utiliza para calificar a la persona que implica a los demás en un asunto en el que no está dispuesta a participar. El origen de esta frase hay que buscarlo en la figura del capitán Arana o Aranha, un personaje del siglo XVIII que recorría el litoral de la península Ibérica con la intención de reclutar gente con destino a las colonias de América para luchar contra los insurrectos, sin que él emprendiera viaje alguno hacia el Nuevo Continente.

El casado casa quiere: Quien ha logrado formar una familia, pretende vivir con ella y solo ella en su propio hogar.

El chocolate del loro: Una familia aristocrática que quiso reducir gastos llegó a la conclusión de que sólo se podía ahorrar la ración de chocolate del loro.

El cliente siempre tiene razón: Proverbial frase que establece la verdadera esencia de la relación comercial en la sociedad de consumo, por la cual el vendedor o empleado de un comercio debe dar siempre la razón al cliente, aunque éste no la tenga.

El comer y el rascar, todo es empezar: Antiguo proverbio que destaca la característica de estas acciones propias del ser humano. En ambos casos -comer y rascarse- todo es cuestión de empezar; una vez iniciada la acción, no se puede detener. La frase se aplicaba en los casos en que se producía cualquier clase de exceso.

El Diablo hace la olla, pero no la tapa: Advertencia a aquellas personas involucradas en un escándalo, por la que se aclara que una vez que se halla envuelto en él, no es fácil ocultar la relación, tal como sucede con una olla a la que no se le ha colocado la tapa y todo lo que contiene está a la vista.

El Diablo sabe por Diablo pero más sabe por viejo: Es útil la capacidad en determinada actividad, pero es mucho más provechosa la experiencia que se tenga en la vida.

El dinero llama al dinero: Frase que asegura que la gente que posee mucho dinero, por lo general, tiene éxito en los emprendimientos comerciales y, de esta manera, sigue acrecentando su fortuna.

El dinero no hace la felicidad: Una vieja aseveración que día a día parece alejarse de la realidad. Tanto es así, que la frase suele ser completada con afirmaciones del estilo de …pero calma los nervios, o …pero ayuda a conseguirla.

El espectáculo debe continuar: Frase originada en el show business por la cual se exalta el espíritu de los artistas del espectáculo quienes, a pesar de los dolores físicos y espirituales que padecen, deben sobreponerse y continuar con su tarea de divertimento para los demás. La expresión suele aplicarse, por extensión, en otros ámbitos.

El éxito tiene muchos padres; el fracaso es huérfano: Cuando se logra un triunfo, muchas son las personas que se adjudican el mérito de haberlo obtenido, pero cuando sólo se consigue un fracaso, nadie reclama su autoría.

El fin justifica los medios: Frase atribuida a Maquiavelo, que resume toda su doctrina política.

El fuego todo lo purifica: Desde tiempo inmemorial, se sabe que la acción del fuego elimina toda clase de gérmenes.

El hábito no hace al monje: Por más que una persona trate de lucir como alguien que no es, no puede disimular su propia imagen. Una persona no puede, con sólo vestir un hábito, pretender ser monje.

El hilo se corta por lo más delgado: Cuando un hilo o una soga se cortan naturalmente, el corte se produce en la parte más delgada. Lo mismo, cuando se deben tomar medidas en determinada circunstancia de la vida, siempre el afectado es el más débil.

El hombre propone y Dios dispone: Según este proverbio de la obra “Imitación de Cristo”, no podemos, desde nuestra mortal falibilidad, disponer indiscriminadamente acerca de obras y personas, sin tener en cuenta la decisión final del Creador.

El horno no está para bollos: No es el momento apropiado para hacer o decir algo, es más, podríamos decir que es el menos indicado. La comparación surge de la baja temperatura que debe tener el horno para cocer bollos o tortas pero, al ser tan “caliente” la situación que se vive, se dice que el horno no está -efectivamente- para recibir bollos.

El huerto del Francés: Este dicho se refiere a los asesinatos que en el pueblo cordobés de Peñaflor llevaron a cabo Juan Aldije, alias el Francés, natural de Agen (Gascuña) y José Muñoz Lopera, natural del lugar de los incidentes.

El huerto del Francés era una casa vivienda, con cuadras, corrales y un huerto de 2 fanegas de tierra, situado a las afueras de Peñaflor. Entre los años 1898 y 1904, el Francés y su compinche asesinaron en dicha finca a 6 personas, cuyos cadáveres enterraron en el huerto.

Lopera elegía a las víctimas en las timbas de las ferias y diversas capitales. Intimaba con ellas y les proponía el negocio de desplumar, a medias y con ciertos engaños, a un francés rico -papel que asumía Aldije- que vivía en una finca de Peñaflor. Los engañados llegaban de noche al pueblo cordobés, en cuya estación le esperaban la pareja de estafadores. Una vez en la finca, el Francés daba muerte al huésped golpeándole con una barra de hierro en la cabeza. Después le robaban sus pertenencias y enterraban el cadáver en el huerto.

Los crímenes salieron a la luz en 1904. Aldije y Lopera fueron agarrotados en la cárcel sevillana del Pópulo el día 13 de octubre de 1906. El proceso judicial fue seguido con gran expectación en toda España y de aquel acontecimiento surgió el dicho ‘eso es el huerto del Francés’. Éste designa los lugares donde roban a la gente o donde se cometen crímenes para robar.

El mismo perro con distinto collar: Frase que da a entender que sólo cambia la apariencia de las cosas, pero no su esencia. Según algunos, el origen dataría de la época de Fernando VII quien, mientras presidía un desfile militar, alcanzó a distinguir entre los soldados a antiguos milicianos que acababan de ser licenciados, por lo que se dirigió a su asistente y le dijo: “Pues, hombre, son los mismos perros con distinto collar”.

El mismo que viste y calza: Frase con la que se corrobora la identidad de la persona que habla o de quien se habla.

El movimiento se demuestra andando: La frase expresa que llega un momento en que sobran las palabras y hay que pasar a los hechos y es atribuida al filósofo griego Diógenes, el Cínico, quien la habría pronunciado ante Zenón de Elea cuando éste negó ontológicamente el movimiento. En ese momento, Diógenes se levantó, se puso a caminar y dijo la frase.

El muerto se ríe del degollado: Frase festiva por medio de la cual a una persona que padece una desgracia se la compara con otra en igual o peor situación.

El mundo es un pañuelo: Es una expresión muy usada cuando se trata de un encuentro inesperado de dos o más personas en un lugar o cuando alguien se entera de una noticia en un sitio al que no se sospechaba que pudiera llegar la novedad.

El ojo del amo engorda el ganado: Conviene que cada uno cuide su propia hacienda; en la práctica, alude a la conveniencia de ocuparse personalmente de sus propios asuntos.

El patio de Monipodio: En Rinconete y Cortadillo, de Cervantes, el jefe del hampa sevillana recibía allí a los nuevos ladrones.

El pez grande se come al chico: Es una cruda realidad de la vida aplicada al ser humano. Al igual que los peces, los hombres tratan de imponer no sólo su fuerza física sino la económica ante el menos poderoso.

El que a hierro mata, a hierro muere: Proverbio entresacado del Evangelio según San Mateo, XXVI, 52, que bien podría ser una variante de ojo por ojo; diente por diente. La persona que ejerce la violencia termina por perecer de la misma manera.

El que busca, encuentra: Frase que estimula la perseverancia y aconseja que nadie deje de buscar, no sólo las cosas materiales, sino los logros más deseados.

El que calla, otorga: Parece ser el proverbio antónimo de todos los que sugieren no hablar demasiado, pero en este caso aconseja no permanecer callado ante determinada acusación debido a que el silencio puede ser interpretado como admisión de la culpa.

El que espera, desespera: Es un juego de palabras, por el que se expresa la idea de que la ansiedad, llevada al extremo, se convierte en desesperación. En este caso, “espera” y “desespera” no están presentados como simples antónimos, ya que “desespera” está relacionado con la “desesperación” y no con la “desesperanza”.

El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra: Frase de Jesucristo, tomada del Evangelio según San Juan 8, 7, que habría pronunciado el Redentor ante la turba que pretendía lapidar a una mujer acusada de adulterio, como si ellos estuvieran libre de culpa. La frase completa habría sido Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que arroje contra ella la primera piedra”. Con el correr de los siglos, la frase consolidó su vigencia y su uso se extendió a toda situación en donde quienes juzgan no están moralmente autorizados para hacerlo ya que, en muchos casos, son responsables de pecados muchos mayores que los que están juzgando.

El que guarda, tiene: Es una invitación al ahorro, única manera de tener asegurado un buen pasar en los tiempos de la vejez.

El que las hace las paga: Otra variante de ojo por ojo… o el que a hierro mata…

El que mucho abarca poco aprieta: La persona que emprende muchas cosas al mismo tiempo, no suele desempeñar bien ninguna de ellas: conviene dedicarse preferentemente a una sola.

El que mucho habla, mucho yerra: Advierte sobre la inconveniencia de hablar demasiado, debido a que cuanto más se habla, más oportunidades hay de equivocarse.

El que no arriesga, no gana: Es una invitación a la audacia, a encarar emprendimientos, incluso a pesar de que -en algunos casos- lo aconsejable es la prudencia.

El que no corre, vuela: Expresión que hace referencia a la rapidez de las personas, no sólo respecto de su velocidad física, sino mental y la facilidad con que se desenvuelven en su profesión u oficio. Se podría complementar con frases hechas propias de los porteños, que justifican la velocidad de algunas personas: Fulano juega a la mancha con los aviones… Mengano les pone supositorios a las liebres, etcétera.

El que no llora, no mama… : Frase porteña, difundida en todo el país, extraída del estribillo del célebre tango “Cambalache”, de Enrique Santos Discépolo, por la que se afirma que el hombre -al igual que los bebés, que tienen que llorar para indicar a su madre que tienen hambre- debe vivir reclamando lo que le pertenece. La frase termina diciendo… y el que no afana es un gil, en una velada crítica, no sabemos si a los que viven dignamente de su trabajo (¿gil?) o al que vive robando a los demás (¿el que afana?).

El que no quiera balazos que no vaya a la guerra: Si a alguno no le agradan ciertas cosas, debe evitar acudir al lugar en donde esas cosas suceden.

El que no tiene cabeza, tiene pies: Frase aplicada particularmente a la persona desmemoriada o de frágil memoria por la que se hace referencia a que, si se olvidó algo (no tiene cabeza) deberá ir a buscarla adonde corresponde (tiene pies).

El que pega primero pega dos veces: Sugiere tomar la iniciativa en todos los emprendimientos para obtener mayores beneficios.

El que quiera celeste que le cueste: Se aplica para justificar lo difícil de una empresa. La comparación surge con el viejo prejuicio de las tradicionales familias europeas de la inmigración, de considerar el nacimiento de un varón (por eso, el celeste) más promisorio que el de una niña.

El que quiera pescado que se moje el culo: Aquel que quiere obtener un logro o algo importante en su vida, debe esforzarse llegando incluso hasta el sacrificio. La comparación surge de la costumbre de pescar en los ríos con el agua hasta la altura de las nalgas, o bien, sentado en la playa, con lo que, en ambos casos, es inevitable mojarse las sentaderas.

El que ríe último, ríe mejor: Hace referencia a la ventaja de saber aguardar el momento de celebrar un éxito, ya que muchas veces se suele festejar algo antes de tiempo. La misma frase se aplica para quien festeja un triunfo prematuro, desconociendo que en el futuro él puede ser el derrotado.

El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón: Frase que se usa para justificar la acción delictiva de alguien que comete una ilicitud contra quien es sospechado de haber cometido las mismas faltas.

El que rompe, paga: Frase familiar que transfiere la responsabilidad de la integridad de un objeto a quien lo está utilizando en ese momento, sobre todo, si se trata de un objeto de cierto valor.

El que se acuesta con chicos, amanece cagado: Advertencia a los mayores para que no encaren emprendimientos importantes con personas jóvenes y sin experiencia en una actividad. Existe una culta versión suavizada que dice el que con niños pernocta, excrementado alborea.

El que se quemó con leche cuando ve una vaca llora: Es una frase que destaca la experiencia de una persona que deberá capitalizar sus aciertos y errores.

El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen: Cuando una persona renuncia de un cargo, sin haber tenido problemas, se dice que «se fue por la puerta grande», lo que le permite volver cuando lo desee y ser bien recibido.

El que siembra vientos cosecha tempestades: Las malas acciones y los odios suscitados tienen funestas consecuencias.

El que solo se ríe, de sus picardías se acuerda: Refrán que se aplica a la persona que -por lo general- suele sonreír cuando está sola o bien, mientras está en un grupo, pero del que parece haberse ausentado con la mente. Se supone que esa sonrisa le recuerda ciertas travesuras cometidas, que no se atreve (o no le conviene) comentar en público.

El sol sale para todos: Frase optimista que encierra una verdad indiscutida por la que, realmente, cuando el sol aparece en el cielo, se sabe que lo hace para todos sin distinción de ninguna clase. Con ella, se expresa que todos tenemos las mismas oportunidades en la vida. Similar interpretación tiene la oración aunque no lo veamos, el sol siempre está, popularizada por una canción de la cantante Marilina Ross.

En tiempo de vacas gordas: En El Génesis está escrito que una vez el rey de Egipto tuvo un sueño: vio cómo 7 vacas gordas eran devoradas por otras tantas muy flacas.

Al despertar el faraón, mandó llamar a todos los sabios, adivinos y agoreros egipcios, pero ninguno de ellos acertó a dar una interpretación satisfactoria de la pesadilla. En vista de lo cual mandó llamar a José, hijo de Jacob y Raquel, que se hallaba en prisión. Éste explicó que las 7 vacas gordas anunciaban abundancia, y las 7 escuálidas, otros tantos años de hambre y escasez. De este pasaje bíblico nace la expresión ‘en tiempo de vacas gordas’, para significar un periodo de abundancia, pero de precaria duración.

El tiempo es oro: Habla del valor del tiempo, sobre todo, cuando alguien no percibe la importancia que este tiene y lo pierde o, lo que es peor, lo hace perder a los demás.

El tiempo todo lo cura: Hay quienes afirman que, con el correr del tiempo, todo las heridas se curan, cicatrizan. Y hay quienes sostienen que lo mismo sucede con las cosas de la vida: con el tiempo, todo se olvida.

El tonto del bote: A mediados del siglo XX, se hizo popular en Madrid (España) un mendigo que tenía una forma peculiar de pedir limosna. De él habla Dionisio Chaulié en el libro Cosas de Madrid cuando se refiere a los pedigüeños de su época: “En Madrid los había tradicionales. Entre otros, un desgraciado imbécil a quien se le conocía con el nombre de Tonto del bote, porque recogía la limosna en un bote de suela que agitaba en la mano, sentado en una silla a la puerta de San Antonio del Prado. Aún me parece verle en sus últimos años, inmóvil, con su sombrero de alas anchas, su ropón o túnica parda, limpio, y lanzando a intervalos una especie de sonido gutural para llamar la atención de los transeúntes.”

Se cuenta que en cierta corrida de toros, uno de los astados saltó la barrera y enfiló la Carrera de San Jerónimo. Al meterse en una de las calles transversales, el animal se topó de frente con el mendigo. Éste, desconociendo el peligro, permaneció inmóvil. El toro le olfateó despacio, dio un bufido y siguió su camino. Desde entonces, se recuerda la inmensa suerte que tuvo el Tonto del bote.

El vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo…: Frase muy argentina que define la clásica «viveza criolla» por la que siempre habrá alguna persona que se aprovechará de otra. La frase original tiene un final escatológico: … y la gallina de arriba caga a la de abajo, por la posición de estas aves en el gallinero.

El zorro pierde el pelo pero no las mañas: El zorro tiene la característica de padecer la caída del pelo y tan importante es esta particularidad que la enfermedad, en el hombre, se llama alopecia, tomada del griego “alops: zorro”. La frase explica también que, por más que este animal pierda su pelaje, sus costumbres y mañas permanecerán inalterables. Lo propio sucede con el hombre.

Elemental, querido Watson: Frase que se supone utilizaba como muletilla el personaje literario Sherlock Holmes, dirigiéndose a su ayudante, el Dr. Watson, ambos creados por el escritor Sir Arthur Conan Doyle. El investigador Gregorio Doval sostiene (y de ahí, lo de se supone) que en casi ninguna de las aventuras de Sherlock Holmes este personaje utiliza la frase, salvo en las primeras.

Empinar el codo: Todos sabemos que el acto de beber -no importa si con vaso, porrón, bota o botella- impone por lógica necesidad, el movimiento de levantar el codo hasta determinado nivel. De este simple y cotidiano hecho procede la locución peyorativa empinar el codo, lo que equivale a “alzar, levantar, aupar el codo” de manera que el líquido se precipite dentro de la boca con mayor facilidad. Por eso, la expresión se divulgó en el uso popular con el sentido metafórico de “tomar, beber en gran cantidad de cualquier clase de bebida alcohólica”, o en otras palabras, ser considerado lisa y llanamente un borracho.

Entre Pinto y Valdemoro: Hace siglos en Madrid se bebía vino de las localidades de Pinto y Valdemoro. La expresión significa estar indeciso (al elegir entre los dos vinos) o borracho (elegir los dos). No obstante, algunos expertos opinan que éste no es el origen de la expresión. Según éstos, Valdemoro es una villa de origen árabe y corte musulmana que en el año 1083 fue conquistada por Alfonso VI. Pinto también fue edificada probablemente por los árabes, aunque pronto cayó tomada por los cristianos. Posiblemente, de esta convivencia entre musulmanes y cristianos, cuya única frontera entre ambas poblaciones era el riachuelo, procede el dicho proverbial estar entre Pinto y Valdemoro.

En aguas de borrajas: Terminar una cosa en algo sin importancia, como todo lo que empieza con expectativas de trascendencia y finalmente acaba diluyéndose. Proviene del poco poder nutritivo del caldo hecho con una verdura -borrajas- que exige cuidadosas limpieza y cocción, pero carece de sabor. Lo mismo sucede con la expresión agua de cerrajas, que alude a una especie de lechuga silvestre.

En aguas tranquilas, demonios se agitan: Frase procedente del idioma ruso, por la cual se expresa que aunque una situación parezca normal, puede esconder en su seno los peligros más graves. Podría equipararse con la frase las apariencias engañan.

En boca cerrada no entran moscas: Es muy útil saber callar a tiempo.

En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso: Tal como lo refiere la fábula del pastor y el lobo, cuando uno acostumbra a mentir, nadie le cree en el momento en que dice la verdad.

En casa de herrero, cuchillo de palo: A veces, falta una cosa justo donde se supone que no debería faltar.

En el amor y en la guerra, todo vale: Justifica el uso -dentro de estos dos ámbitos- de cualquier recurso para obtener logros. Podría equivaler a el fin justifica los medios, salvando las distancias.

En el país de los ciegos, el tuerto es rey: En una sociedad donde los hombres se caracterizan por sus defectos, aquel que los tiene en menor cantidad, sobresale entre todos.

En el pecado está la penitencia: Cuando uno comete una falta, muchas veces en la misma acción del pecado se halla implícito el castigo que ameritamos.

En la adversidad se conoce a los amigos: Frase que expone la verdadera esencia de la amistad, ya que a los auténticos amigos se los conoce cuando uno pasa momentos de zozobra material y espiritual.

En la cancha se ven los pingos: Dicho rioplatense de neto origen campero que expresa que los caballos -pingos- realmente buenos demuestran su calidad en el momento de la carrera. Podría equivaler al dicho el movimiento se demuestra andando.

En la variedad está el gusto: Lo grato de la vida es probar todos los sabores que ella nos ofrece.

En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse… : Frase inicial del bolero “Inolvidable”, compuesto por J. Gutiérrez y popularizado en los años 60 por el director de orquesta y cantante Tito Rodríguez.

En la vida, no todo es color de rosa: El color de rosa es el símbolo de la bonanza y la prosperidad, por lo tanto, cuando uno ve todas las cosas de ese color, supone que el futuro le sonríe y le depara momentos de gloria.

En menos (de lo) que canta un gallo: Equivale a “muy rápidamente”, casi sin que nadie se dé cuenta de lo sucedido, en comparación con el gallo que canta muy temprano, al alba, y cuyo canto suele ser breve y sorpresivo.

En todas partes se cuecen habas… : Las flaquezas y errores humanos no son exclusivos de ningún lugar ni de ninguna persona. El dicho -originariamente- terminaba con la frase … y en mi casa, a calderadas, como admitiendo las culpas domésticas.

Enmendar la plana: Equivale a la acción desarrollada por una persona de mejor preparación, que consiste en corregir, arreglar, hacer enmiendas en la tarea hecha por otra, tal como lo hacían (y hacen) los maestros en la hoja (plana) del estudiante.

Enroscar la víbora: Engañar a alguien, hacerle creer que es verdad algo que es falso o tratar de convencerlo de la calidad de algún producto o servicio. La expresión proviene de la época en que los vendedores ambulantes de la ciudad de Buenos Aires utilizaban -a manera de mascota- una serpiente (por lo general, una pacífica boa constrictor) que llevaban enrollada al cuello y acariciaban mientras recitaban su discurso. Como la fama de esos vendedores, a causa de la baja calidad de los productos que vendían, los hizo merecedores del mote de embusteros, la frase comenzó a aplicarse en los casos de intento de engaño.

Entrar en razón: Simplemente razonar, recapacitar, usar el raciocinio, sobre todo cuando alguien es remiso a comprender un razonamiento o análisis que no puede o no quiere aceptar.

Entre bastidores: Es el lugar en el que se preparan las representaciones teatrales, las de televisión, los desfiles de modas y suelen transitar por él artistas y técnicos. En esos lugares, se dicen y hacen cosas que no trascienden al público. En la Argentina, circula la deformación entre bambalinas, en la que se confunde a estos elementos con los bastidores. Las “bambalinas” son las tiras de lienzo que cuelgan del telar del teatro y representan la parte superior del decorado, no el piso. La expresión entre bastidores, en el lenguaje general, alude a la trama secreta que llevan a cabo algunas personas sobre ciertos temas.

Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera: Frase familiar usada para censurar a quien trata de sacar ventaja de personas de su misma condición o profesión, como si realmente un bombero entorpeciera la función de un colega, pisándole la manguera. Circulan muchas variantes de esta frase, entre las que se destaca entre gitanos, no nos vamos a adivinar la suerte, con idéntico valor.

Entre gallos y medianoches: Algo hecho a escondidas, sin advertir a nadie lo que está sucediendo. La expresión se basa en la hora del día en que suelen hacerse ciertos arreglos, por lo general, protegido por la oscuridad de la medianoche que se extiende casi hasta que el gallo canta, al alba.

Entre la espada y la pared: Estar en una situación delicada, sin una salida aparente, como los antiguos espadachines que se encontraban entre la espada de su oponente y la pared contra la que habían sido acorralados.

Era de noche y, sin embargo, llovía: Es una absurda frase proverbial con la que se hace burla a los que dicen cosas incongruentes. Su creador habría sido el costumbrista y satírico Antonio Neira de Mosquera.

Éramos pocos y parió mi abuela: Frase aplicada para expresar la presencia de gran cantidad de personas o hechos inesperados cuando y donde menos se lo espera. La referencia a la abuela está basada en el hecho de la infrecuencia de los embarazos en las mujeres que son abuelas.

Errar es humano; perdonar es divino: Es una frase proverbial que alude a la falibilidad del ser humano, pero al mismo tiempo, reconoce que el don de perdonar es digno de un Ser superior, Dios, por lo que cuando el hombre perdona, debería sentirse más cerca del Creador.

Es la caraba: Se usa para para dar a entender que algo o alguien es muy divertido, bromista, jolgorioso… El origen de esta frase está en una anécdota sucedida durante el transcurso de una feria. En una de las casetas se anunciaba algo extraordinario “La Caraba”. El que siempre estaba dispuesto a asombrarse, lógicamente entraba y cuál no sería su sorpresa cuando el “fenómeno” que encontraba era una burra muy vieja y flaca. El dueño de la caseta decía que no existía ningún engaño ya que la burra era “La Caraba”, es decir “la que araba y ya no ara”.

Escoba nueva barre bien: Nadie duda de esta afirmación, por eso se la aplica en referencia a la persona que comenzó a desempeñarse recientemente en una tarea. Un nuevo empleado, por lo general, en los primeros días trabaja arduamente y es capaz incluso de quedarse a hacer horas extras. Con el tiempo, al igual que la escoba que ha sido desgastada por el uso…

Ese es el quid de la cuestión: Frase usada para señalar dónde está el punto esencial o central de un problema o cuestión. El término latino quid (que debe pronunciarse /kid/ y no /kuid/) significa “qué cosa”.

Esperar la cigüeña: Modismo utilizado para decir que una mujer está embarazada. La procedencia hay que buscarla en la mitología escandinava y está basada en las sanas costumbres de esta ave: monógama, vive siempre en el mismo nido, protege mucho a sus descendientes y cuida de igual manera a sus padres. Por otra parte, en Europa, su reaparición anual es considerada símbolo de buen augurio.

Esquivar el bulto: Eludir la responsabilidad, no comprometerse con algo.

Estar a dos velas: Es lo mismo que estar sin parné, sin dinero. La procedencia de esta frase es incierta. El folclorista José María Sbarbi en su obra Gran diccionario de refranes, comenta acerca de esta expresión: “Como en las iglesias, después de terminadas las funciones religiosas, se apagaban todas las luces menos 2 que quedaban delante del sagrario, y como éstas alumbran poco para el espacio tan grande de aquéllas (las iglesias), puede decirse que quedan tristes y medrosas y, por lo tanto, se compara con el ánimo del individuo que no tiene dinero”.

Al experto José María Iribarren esta explicación no le convence y sitúa el origen del dicho en las timbas y partidas de naipes antiguas, donde el banquero solía colocarse entre un par de velas. En este supuesto, dejar al banquero a dos velas o quedarse a dos velas equivaldría a dejarle sin un céntimo.

Estar a la luna de Valencia: El dicho se aplicaba antiguamente a la gente que tenía que dormir fuera de las murallas de la ciudad por llegar tarde.

Estar alunado: Estar de mal humor, enojado con motivo o sin él. La expresión tiene origen en la influencia que la luna ejerce sobre la conducta de las personas y las cosas.

Estar como pez en el agua: Sentirse cómodo en un lugar o en una situación.

Estar con un pie en el cajón: Estar a punto de morir, como las personas que padecen largas y penosas enfermedades y cuyo final es previsible.

Estar curado de espanto: No asustarse, ni escandalizarse por nada de lo que pudiera ocurrir u ocurrirle, a causa de la experiencia acumulada, como si “ya lo hubiera visto o vivido todo”.

Estar en bolas: Equivale, literalmente, a estar desnudo y, metafóricamente, a quedarse sin ningún recurso para afrontar gastos o sin conocimiento para responder a determinada cuestión. El origen es la palabra bolas que en germanía significaba “feria” o “mercado público”, con lo que la expresión estar en bolas equivalía a “exponerse públicamente”.

Estar en capilla: Hallarse alguien en el trance de pasar una prueba difícil o de conocer el resultado de algo que le preocupa. El rey Felipe II fue el primero que dispuso que en las cárceles se habilitaran capillas para que los reos condenados a muerte pudiesen confesarse y comulgar el día anterior a su ejecución.

Estar en la cuerda floja: Permanecer en una situación delicada, comprometida o sometido a una amenaza en la realización de un asunto. La comparación surge de la actividad de los equilibristas o volatineros que realizaban exhibiciones caminando sobre una cuerda o alambre no tenso, muchas veces a varios metros de altura.

Estar en las Batuecas: Significa estar distraído, tener el pensamiento en cosa diferente de la que se trata. También es sinónimo de ignorancia y simplicidad.

Las Batuecas es un valle de la provincia de Salamanca (España) que linda con las Hurdes. Se trata de un enclave paradisíaco entre dos estribaciones de la sierra de Francia, cercado por montañas y con una vegetación exuberante. En tiempos pasados, sus habitantes tenían fama de salvajes. Eran llamados los beocios de España, o sea, los ignorantes o estúpidos de España. Hace 150 años, decir que uno se había criado en las Batuecas era ponerle al nivel de un cafre.

Antiguamente corrían por la Península Ibérica mil fábulas sobre este valle, desde que sus habitantes andaban desnudos hasta que adoraban al diablo. Una vieja tradición aseguraba que las Batuecas habían permanecido en el olvido durante siglos, hasta que una doncella y un paje de la casa de Alba descubrieron el lugar. Para algunos, el fabuloso hallazgo tuvo lugar en el reinado de los Reyes Católicos. Según otros, ocurrió durante el mandato de Felipe II.

El padre Feijoo contribuyó de forma decisiva a desmontar las leyendas sobre las Batuecas con su obra Fábula de las Batuecas y países imaginarios.

Estar en Babia: La comarca leonesa de Babia era el lugar al que iban los reyes de León a descansar. Cuando el rey estaba en Babia, no quería saber nada de la corte.

Estar en un brete: Estar en un aprieto, permanecer acotado. El brete es una especie de cerco por donde transita el ganado vacuno y sólo le permite dirigirse hacia donde lo guía el camino, pero también era un cepo de hierro que se ponía a los reos en los pies, para que no pudieran huir.

Estar entre dos fuegos: Es una frase equivalente de la expresión entre la espada y la pared (ver), por la que se advierte de la situación comprometida de alguien que se encuentra cercado por el peligro.

Estar hasta el tope: En el lenguaje del marino, la palabra tope designa el punto más alto de cualquier mástil y particularmente, de los masteleros o palos menores que se colocan sobre la cabeza de los mayores. Pero también recibe el nombre de tope el vigía que va ubicado en lo alto de la arboladura. De ahí, que en la jerga naval, para hacer alusión a la sobrecarga ocasional de un buque se diga “que el barco va (o está) hasta el tope”. La expresión, por analogía, pasó al uso popular para hacer referencia a todo lo que se halla cargado excesivamente e, incluso metafóricamente, se la utiliza para dar a entender la situación límite a la que ha llegado una persona.

Estar loco como una cabra: Equivale a estar muy loco, chiflado. La comparación proviene de la actitud de las cabras o de las crías que destetaron (dejaron de mamar) y andan por los montes dando saltos y efectuando movimientos bruscos que, para el ser humano, resultan totalmente inexplicables.

Estar sobre ascuas: Estar sobresaltado, inquieto, esperando una noticia o respuesta Como las ascuas son materias sólidas penetradas por el fuego, sin llamas -algo así como las brasas-, la expresión alude a la inquieta sensación de estar pisándolas.

Estirar la pata: Una de las tantas formas de hablar de la muerte, en este caso, haciendo clara referencia a la acción de extender las piernas, propia de quienes fallecen.

Echar con cajas destempladas: En el pasado, cuando un militar incurría en delito de infamia y los superiores disponían separarlo del Cuerpo, se procedía a destemplar (destruir la concordancia o armonía con que están templados los instrumentos musicales) el parche de las cajas o tambores y, redoblando así sobre ellos, se realizaba la degradación pública del acusado. Asimismo, de esta manera -con el acompañamiento de cajas destempladas o desafinadas- eran conducidos los reos condenados a muerte al cadalso donde iban a ser ajusticiados. En la actualidad, la expresión echar con cajas destempladas se aplica para despedir a alguien (sin necesidad de que sea exclusivamente militar) de determinado lugar, pero acompañado de acritud y malos modos, cuando no con gritos e insultos.

El hilo de la vida: De acuerdo con la mitología griega, las Parcas o Moiras -diosas de la Vida y de la Muerte- estaban representadas por tres hermanas, hijas de Nix, que era una personificación de la Noche: Clotho, Láchesis y Átropo. Estas eran las ejecutoras del destino que regulaban la vida de cada mortal con la ayuda de un hilo y tenían repartida la tarea: Clotho se encargaba de hilarlo; Láchesis o Láquesis lo enrollaba y Átropo, la implacable, lo cortaba cuando la correspondiente existencia llegaba a su fin. El hilo de la felicidad estaba hecho de lana blanca; el de la desgracia era de lana negra y aquellas personas en cuya existencia habían alternado los buenos momentos con los aciagos, estaba formado por una mezcla de ambas lanas. De manera que, en realidad, se trataba del hilo del sostén de la vida y de él dependíamos todos los mortales. De ahí nació la expresión el hilo de la vida, utilizada hoy con sentido metafórico, para dar a entender lo frágil, débil y quebradizo de nuestra existencia.

El oro y el moro: Esta es una locución bastante difundida en nuestro lenguaje coloquial y, por lo general, se la usa para ponderar el precio y el aprecio (a veces, bastante exagerado) de una cosa o persona. El origen del dicho fue un hecho de armas protagonizado por un grupo de caballeros jerezanos durante las guerras de la Reconquista. Sucedió que, durante una incursión afortunada, estos caballeros lograron capturar a unos cincuenta moros notables, entre los que se encontraban Abdalá, el alcalde de la ciudad malagueña de Ronda y un sobrino de éste, llamado Hamet. El alcaide obtuvo muy pronto su rescate, mediante el pago de una fuerte suma de dinero, pero no así los demás -ni siquiera su sobrino Hamet-, pese a los enérgicos requerimientos del propio rey Juan II de Castilla. Los caballeros -y particularmente, la esposa de uno de ellos- exigían la entrega de cien doblas (monedas castellanas de oro) por la liberación del cautivo. En virtud de esto, el rey ordenó que Hamet fuese trasladado a la Corte, pero debido al forcejeo entre el soberano y los caballeros por el cobro del rescate, la malicia del pueblo no tardó en acuñar la frase quedarse con el oro y el moro, aplicada a la aparente intención negociadora (en su favor) del rey. Con el tiempo, el dicho comenzó a aplicarse para censurar a toda persona que pretende retener más de lo que le corresponde por derecho, y así es como lo usamos en la actualidad.

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