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Me lo contaron en terapia. Cuento propio

Creo que fue en Francisco Alvarez cerca de La Reja. Típico barrio con casas al fondo de amplio parque. En una casa vivía Susana y familia en la otra Susana y su hija.

La cosa fue más o menos así, Susana tenía dos hijos y aunque no lo había parido tenía un amor inconmensurable por Tobi a quien lo consideraba un hijo más, no tenía los rasgos de sus dos hijos, a los que si había parido, Tobi tenía la estética de un rottweiller y el largo de un salchicha, era un perro muy simpático, atorrante, si se me permite.

Medianera no había, era un alambrado artístico lo que separaba la casa de Susana de la de Marta. Aunque no lo consideraba un hijo ni tampoco lo quería tanto, Marta tenía a Junior un tierno conejo y lo conservaba con vida .

La historia de Marta es un poco más intrincada. Nunca quiso tener a Junior pero su única hija le insistió. Marta sabía que le iba a arruinar al jardín y lo hizo, por decirlo de un modo sutil. La idea de decirle a su hija que iba a llevar a Junior a un campo le pareció despiadada, no porque no tuviera ganas de matar al conejo sino porque ya era viuda y durante años le dijo a su hija que papá se había ido de viaje y la nena lo esperaba navidad tras navidad.

A veces el temor a la muerte nos hace negarla, nos hace no querer saber nada de ella, eso hizo Marta diciéndole a su hija que el pobre Marcos se había ido de viaje. Bueno, convengamos que si uno cree en la vida eterna a algún lado se va cuando termina la vida, al menos por un tiempo. Podemos creerlo, pero a Marta la idea de que Marcos se había ido para siempre no la dejaba en paz, quería irse del barrio, vender la casa a la que consideraba maldita, ya que desde que llegaron Marcos enfermó y no paró el declive.

La pobre Marta vivía con la creencia de que la casa estaba embrujada y esa brujería había matado al pobre Marcos, pero la nena, el patio, el conejo y la vida de barrio la alejaban de la idea de sumergirse en un departamento urbano nuevo, sin brujas pero con mucho más ruido y contaminación.

Susana a su hartazgo de Rubén, su marido, le había empezado a sumar el hartazgo a Marta que no podía excluir de su relato el tema de la brujería. Si la bombilla se tapaba, si no llegaba el asfalto al barrio, si no llegaban las cloacas, todo, pero todo era culpa de la brujería. Creo que si por algún motivo de esos encuentros del tercer tipo Susana veía a algún espíritu no era miedo lo que iba a sentir, iba a combatir con uñas y dientes contra el pobre fantasmita con tal de que Marta dejara de salpicar sus lamentos culpando de todo a la brujería.

Una tarde soleada, que pintaba ser igual a muchas otras cuando el atorrante de Tobi, traía algo blanco colgando en la boca.Lo que era novedoso es que además del objeto blanco que llevaba en la boca estaba lleno de tierra. Susana lo vió venir y nada hizo, pero a medida que se acercaba una sensación de que algo malo había pasado comenzó a invadirla. Tobi se acercó un poco más y la sensación dejó de invadirla, ya estaba inundada por esa real sensación “El conejo! El conejo! Mataste al conejo perro de Miércoles” alcanzó a gritar Susana en el silencio de la tarde.

“Perro inútil, nunca agarraste nada que no te viniera de arriba y ahora matás un conejo” Susana intuía con toda razón que era responsable por el crimen del pobre conejo. Confesarlo tampoco podía, era un acto de la naturaleza es verdad, pero tener que soportar a Marta era lo más alejado de la naturaleza, porque los relatos de Marta y de la brujería llevarían el tema a limites insospechados.

Susana tenía que hacer algo, estaba en soledad, en la la soledad que la tenía su escaso diálogo con Rubén y los sonidos guturales que emaban sus hijos a cuentagotas en las comidas familiares.

Si bien estaba sola en la decisión, algo la entusiasmaba, por fin tenía un problema que podía y debía resolver sola, sin el ínutil de Rubén, su marido. No tardó mucho en darse cuenta de que lo mejor era fingir una muerte natural, al fin y al cabo la muerte nos llega a todos y un conejo no es la excepción.

Pero bueno, volvamos a Susana. Muerte natural sería la causa de defunción del conejo, punto. Todo muy lindo pero el conejo estaba lleno de tierra “Este sátrapa de Tobi lo revolvió por ahí , pobrecito”. Ahí tenía razón Susana, pero lo raro es que no tenía sangre “Perro inútil, lo debe haber matado del susto”. Bueno basta, lo mató está bien, era de tarde y ni Marta ni su hija habían vuelto de la escuela, el margen era corto.

“A la cucha, ya perro sarnoso” Tobi marchó. Me imagino la confusión del pobre, trajo una presa fresca con sus propios dientes y encima lo retan. Tobi marchó a la cucha y Susana al lavadero con el pobre conejo obviamente, al menos para que el pobre descansara en paz debía dejar un cadáver limpio. Entonces fueron al lavadero, lo lavó rápido, más bien lo sacudió con el ruido agua brotando de la canilla como banda soporte. El conejo quedó limpito limpito, no voy a decirles que parecía uno de peluche, pero estaba blanco, no más de lo habitual para no generar sospechas y sin ninguna herida. Con el conejo limpio cruzó la medianera y lo depósito en su jaula

Llegó la hora de cenar y todos cenaron. Justo un rato antes de terminar la cena, se cree que cuando Marta fue a sacar la basura, la nena de Marta aprovechó y se escapó al parque para darle las buenas noches al conejo y ahí, recién ahí llegó lo peor.

Seguido al grito de la nena Marta no gritó, con toda la seriedad de un general que anuncia la rendición dijo “te vas adentro, esta noche es la última, de esta noche no pasa”.

Susana no pudo escuchar nada más en toda la noche, que fue larga muy larga, no podía dormir, cuando lo conseguía lo hacía entrecortado y cada vez que se asomaba las luces de la casa de Marta estaban prendidas. Se despertó a las 2 y estaban prendidas, a las 4 también, a las 7 y a las 8 cuando comenzó a clarear seguían prendidas.

Al fin la mañana llegó junto con el ruido de un camión de mudanzas. Era raro, nadie se iba del barrio sin que los demás lo supieran. Es más, siempre alguno ayudaba a otro a mudarse. Marta era rara ya sabemos pero era cordial, no podía irse sin despedirse y estaba a punto de hacerlo.

Susana no aguantó mas y mientras los peones del flete cargaban los bolsos y las cajas decidió encarar a Marta.

-Marta buen día.

-Buen día.

-¿Estas bien?

-¿Cómo te parece que puedo estar? Ahora que me estoy yendo mejor.

-¿Pasó algo?. Marta por favor, decime que pasó, si es un problema conmigo lo podemos hablar.

-Chau Susana chau, saludos a los chicos y a Rubén.

Una vez más Susana y Marta no pudieron comunicarse, aunque cruzaron palabras no pudieron comunicarse y mucho menos entenderse. Sorprendentemente la nena fue quien aportó la cuota de seriedad y aclaró el asunto.

-Susana ¿puedo despedirme de Tobi?

-Si mi amor, pasá por casa, está en el parque.

-Chau Susana – dijo la nena- cuide mucho a Tobi.

Tal vez la nena había comprendido todo y le advertía a Susana de una futura venganza contra Tobi.

-Nena ¿pasó algo que se van tan rápido?

Estoy seguro que no le dijo “nena” sino que Susana la llamó por su nombre, pero no lo recuerdo.

-Usted sabe lo que pasa Susana.

-No mi amor, ¿que pasa?

-Usted sabe que mamá dice que la casa está embrujada y ayer enloqueció más cuando vió al conejo muerto en la jaula.

-Pobrecito, esas cosas pasan.

-Ya se que pasan y pasó, hacía días que lo veía mal hasta que ayer a la mañana amaneció muerto.

-¿Ayer a la mañana? ¿Vos lo viste muerto antes de irte a la escuela?

-Mamá lo vió y me sorprendió. No hizo escándalo y lo enterró y ayer a la noche volvimos y estaba en la jaula.

Susana pensó en confesar y retener a las pobres emigrantes.

-Un poco loca está pero enterró al conejo a la mañana y volvió a aparecer en la jaula. Esas cosas no pasan, está casa está embrujada.

Susana no supo si reir o llorar. Yo puedo asegurarles que sonreí cuando me contaron. Cuando me lo contaron en terapia.

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