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Máquina para dibujar penes

Con el fin de facilitarnos tareas y acelerar nuestra evolución, a lo largo de los siglos los seres humanos hemos cultivado miles de máquinas que pueden aprovecharse en incontables rubros. Sin embargo, hay ocasiones en las que, más allá de la simple utilidad, un plano que, aunque responda al pulso evolutivo, no deja de ser esencialmente primitivo, estos artefactos persiguen objetivos más trascendentales o etéreos: por ejemplo la estética, la poesía o la reflexión. Y tal vez, está maquina que funciona exclusivamente para dibujar falos es un caso que podríamos incluir en este último segmento. Su fin es tan ridículamente abstracto que termina ofreciendo un pretexto para reflexionar largamente: ¿por qué existen cosas así? ¿quién es capaz de acumular tal cantidad de ocio para terminar creándolas? ¿podría convertirse en un instrumento psicoanalítico? Interrogantes todas que podrían detonar algunas de las mayores virtudes a nuestro alcance, por ejemplo la creatividad o, incluso, el wu wei (la no mente), detonante directo de esa epifanía climática que llamamos iluminación.