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Malvinas en primera persona, otra vez

Repongo mi primer post en T!, de hace unos 7 años que, por alguna razón, desapareció.

Ahora va con mejoras de diagramación y fotos obra del documental transmedia www.malvinastreinta.com.ar que lo levantaron para el 30 aniversario.

La previa

El 2 de abril del 82 me encontró haciendo la colimba (COrrer, LIMpiar, BArrer: aclaración para los más jóvenes), había entrado el 9 de marzo. Estábamos haciendo la instrucción básica, los jefes nos convocaron con solemnidad a informarnos, y vimos algo por la tele. Obviamente les preguntamos si iríamos, a lo que se nos respondió “donde van a ir TAGARNAS, si no saben agarrar ni un fusil”.

Desde ese día hasta el 8 de abril que salimos en el primer franco, tuvimos instrucción de tiro, navegación nocturna, y servicio a los cañones antiaéreos que tenía la unidad en la que estaba, el GADA 601 de Mar del Plata. El franco tenía carácter de despedida, pues ya sabíamos que el lunes viajábamos al sur, aunque nadie esperaba guerra – íbamos de paseo, decían los jefes-.

A la puerta del cuartel fuí con mis viejos y mis hermanas, compañeros a la distancia de esta historia.

Nos subieron a un avión hasta Comodoro Rivadavia,

Malvinas en primera persona, otra vez

donde aprestamos equipos y un grupo grande fuimos hasta Puerto Deseado a descargar el buque mercante (estatal) “Córdoba”, donde venían los cañones, radares, camiones, provisiones, etc, descargamos, volvimos a cargar, volvimos a descargar, esto lo cuenta el jefe de radio del barco http://www.histarmar.com.ar/Malvinas/RolCordoba.htm. Pasamos varios días durmiendo en contenedores en el puerto. Un día de esos, estábamos en las bodegas del barco cargando montacargas con las municiones -que eran de origen inglés-, cuando subimos a cubierta, y vimos que los camiones, nuestros compañeros, y nuestros jefes, no estaban en el puerto.

¡Se habían ido! Así que nos quedamos sin jefes a cientos de Kms de Comodoro, en épocas en las que no había celular. Resolvimos esperar al día siguiente a que salieran los camiones civiles que llevaban parte de la carga.

Campamento en Puerto Argentino

El 16 de abril a la noche salimos a las islas en Hércules, lo que nos valió mejores condiciones de viaje que a los que iban solo tropa, que viajaban como sardinas, ya que el peso de los cañones hacía que hubiera espacio mas o menos cómodo.

Por si hace falta aclararlo, era emocionante el momento de poder llegar a Malvinas que, independientemente de las oscuras motivaciones del gobierno militar, son una causa nacional que aprendimos a querer desde chiquitos en la escuela.

Sobrevolando el aeropuerto -que aún se llamaba Port Stanley-, no había condiciones para aterrizar, por lo que el avión volvió a Comodoro. En la mañana siguiente volvimos a volar, esta vez pudiendo bajar. Estuvimos un par de días acampando junto a una playa de arenas blancas como nunca he visto. No se podía bajar porque estaba minada.

Malvinas en primera persona, otra vez

Luego nos destinaron a hacer la defensa aérea del Puerto, a pocos kilómetros, y pegados al pueblo, hacia el Este. Ahí nos dirigimos, armamos el campamento permanente para el grupo que atendía la pieza Nº5 (el cañón) de la Batería A. Eramos 11, dos Suboficiales y 9 soldados, a un centenar de metros estaba el radar director de tiro con el Jefe de la sección, y otro tanto más allá, la pieza Nº6.

A unos 200 metros teníamos la estación meteorológica que se ve en la foto.

Malvinas en primera persona, otra vez

Malvinas en primera persona, otra vez

La ubicacion seria al Sudoeste del pueblo de entonces, abajo a la derecha en la foto, marcada en rojo.

Malvinas en primera persona, otra vez

Y Aqui en una imagen actual

Malvinas en primera persona, otra vez

Las coordenadas para verlo en imagen satelital son -51.696502,-57.848296

https://maps.google.com.ar/maps?q=-51.696502,-57.848296&hl=es-419&sll=-38.452918,-63.598921&sspn=35.361524,49.042969&t=h&z=16

Aca en un mapa la distribucion de toda la Artillería Antiaérea


Malvinas en primera persona, otra vez

Armamos una tarima de madera para dormir porque el suelo era húmedo (despúes se inundó). Hicimos una estufa con medio tambor de 200 litros, cortado a pico (picador), con la otra mitad hice el asiento de la letrina, para no sacrificar ese momento tan importante. La estufa la abastecíamos con turba, que estaba cortada en los yacimientos o en galpones. Vivíamos el día tratando de pasarla lo menos mal posible. Ya extrañabamos los amores del continente: el cafecito, la birra, la cancha… El día que nos trajeron una manzana, en lugar de comerla rápidamente, la guardé para hacerla “al horno” en una latita de Nesquick que había visto tirada por ahí. Muy cerca de allí había un basurero con un montón de cosas útiles, sin materia orgánica.

El primer bombardeo

El 1ro de mayo alrededor de las 4 de la mañana estaba haciendo guardia mirando hacia el Este, donde está el aeropuerto. Había girado el cañón (que tenia un joystick para manejarlo) para que me proteja del viento helado del Oeste, y vi unos resplandores que tardé unos segundos en decodificar: eran las bombas de 450Kg que cayeron sobre la pista del aeropuerto, dando comienzo a las acciones de ese primer día de combate. fue la primera de las 7 partes de la Operación Black Buck, otra destruyó un director de tiro como el nuestro, con 4 combatientes

Malvinas en primera persona, otra vez
Malvinas en primera persona, otra vez

Todos salimos del refugio y cada uno a su puesto, unos arriba del cañón, otros en las trincheras alrededor haciendoles la seguridad. El ataque aéreo volvió con la salida del sol, alrededor de las 7, esta vez sobre el puerto, es decir, justo arriba nuestro. Pero los ataques de la aviación inglesa fueron infructuosos ese día, y esto nos valió a los grupos antiaéreos el aprecio de las demás armas y que las acciones aéreas sobre el puerto no se repitieron nunca más hasta los últimos días, lo que nos hizo estar algo más tranquilos. Sin embargo, los radares detectaban el movimiento de aviones que en segundos podían estar arriba nuestro y por eso estuvimos los 2 meses en alerta roja, durmiendo por turnos.

Una excepción a la tranquilidad eran los bombardeos navales nocturnos que primero eran cada tantos días y después todas las noches. Ya que en donde estábamos, había muchos puntos de interés estratégico: cañones y misiles antiaéreos, tanques, y 2 o 3 puestos de comando. A este efecto, nos habíamos hecho un refugio antibombas, bien protegido, que en el primer bombardeo vimos que se había inundado porque subió la napa de agua. Esa primera noche de bombardeo naval, yo había hecho la primera guardia y, como nos habíamos relajado, el primero dejaba el casco y el fusil en el cañón y el resto después se levantaba sin tanta cosa. Cuando nos despiertan al grito de alerta gris (por los barcos, ven que imaginación!) salimos todos corriendo al refugio, agarramos los cascos y el fusil, porque vestidos ya estábamos, pero ocurre que yo, recién despierto, no encontraba mi armamento, así que me quedé sólo donde dormíamos, mientras caían bombas a nuestro alrededor.

No puedo explicar la desesperación que tenía hasta que, creer o reventar, sentí una presencia física al lado mío que me llamó a la calma. Para mi era Jesús (sí, el de la Crush). Después de ahí prometí hacerme monje. No, no, era joda. Cuando paró la andanada, agarré el casco, el fusil, y me fuí al refugio, de ignorante no más. En ese entonces no sabíamos que las bombas tenían minas antipersonales adentro que explotaban al contacto – sí, están prohibidas por la Convención de ginebra, pero el referí no estaba- y era de noche. Llegué al refugio y estaban los otros arriba de piedras para no tener las patas en el agua. De ahí en más, resolvimos no usarlos y quedarnos en las bolsas de dormir, ya que el albergue estaba parcialmente bajo tierra. Nos tenía que caer una “pepa” justo arriba, lo que era mucha mala leche, o el destino, que le dicen.

El buen desempeño de la artillería antiaérea, además de aportar al reciente balance bélico, tuvo una consecuencia positiva y concreta para nosotros: los camiones que llevaban comida a unidades alejadas iban y venían por la ruta que pasaba a unos 200 metros de nuestra posición, y cuando, por probar, los parábamos para ver si les quedaba comida, al decirles que éramos de la antiaérea nos daban lo que les había sobrado después de distribuir a su gente. Después de las primeras incursiones, armamos baldes con latas de aceite de 4 litros para ir puntualmente a parar los camiones. Esto no le gustó al Jefe de la sección, ¿se puede decir forro?

Este Subteniente usaba la cámara de televisión que tenía el radar, destinada a vigilar los cielos por un posible ataque aéreo, para vigilar que no fuéramos a manguear comida. A raíz de esto, tuvimos que echar mano de las aptitudes adquiridas en la instrucción y recorrer esos 200 metros cuerpo a tierra con los baldes, para evitar ser vistos.

Acá cito una entrevista de 2007 al compañero Darío Gleriano de la Pieza 6, que fue estaqueado por buscar comida: “un subteniente, actual teniente coronel en el Estado Mayor Conjunto dependiente de la Escuela de Guerra. Según Gleriano, el subteniente decidió el estaqueo. “Era una de las formas más frecuentes de tortura que los jefes empleaban con sus soldados –dice la denuncia–: el estaqueo, o lo que ellos denominaban calabozo de campaña.”

A Gleriano lo acostaron boca arriba a la intemperie, le ataron las piernas y brazos al suelo, lo ataron, le colocaron una especie de paño cubriéndole el cuerpo y lo dejaron inmóvil por ocho horas: de 16.10 a 24. El paño de tela, dice la denuncia, agravó la situación porque se empapó de lluvia y nieve y le provocó un descenso casi mortal de la temperatura del cuerpo. Lo sacaron dos compañeros, Eduardo Basualdo y Julio Acuña, cuando estaba desvanecido. Le dieron té y lo pusieron adentro de una bolsa de dormir para arroparlo.” Esto esta en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-82773-2007-04-04.html

En este punto hago un paréntesis para comentar que nuestro jefe inmediato, uno de los Suboficiales antes mencionados, tuvo una actitud diferente. No solo nos dejaba pedir comida, sino que una ocasión se enfrentó con el Subteniente porque este reclamaba que no teníamos los borceguíes lustrados. Los Suboficiales se ponían en la fila de los 11 para recibir la comida sin privilegios, y aquel se encanutaba los chocolates que iban destinados a todos, lo que en una ocasión nos llevó a hacer una recuperación.

Sólo dos veces nos llevaron al centro de la ciudad para ducharnos ¡con agua salada! Era una porquería, a la mugre que teníamos, se le sumaba el jabón cortado con el agua salada.

El final

Los últimos días, luego del desembarco inglés, fueron los más pesados, aunque nosotros nunca entramos en combate de infantería (gente contra gente), porque los “genios” de la estrategia pusieron miles de combatientes hacia el Este, esperando el desembarco por ese lado, y los gringos bajaron por el Oeste, donde había un par de cientos de hombres.

Desde la acción propia de la artillería antiaérea creemos que bajamos un helicóptero de noche, según los registros del radar, aunque eso no aparece en los registros de daños a los ingleses que se ven publicados.

Aunque el cañón tenía teléfono con el pueblo, la verdad es que no teníamos información. Nos enteramos de la venida del Papa porque hubo alto el fuego, y de la rendición, al levantarnos una mañana cuando vimos una columna de tropas caminando rumbo al aeropuerto. Le dijimos al jefe “mi cabo primero, se van todos”, a lo que respondió, “bueno , vamos”.

Cargamos nuestras pilchas en los bultos a las apuradas y desactivamos las armas. En mi bolso entró la mitad de lo que entraba ordenadamente, y un aún así no lo pude levantar, me caía. Días despúes ví que había perdido unos 15 kilos (normalmente pesaba 63 y volví con 48, una lágrima. Mi viejo, en Mar del Plata, a nervio y cigarrillo perdió otro tanto.

Así que cargaron mi bulto en un camión y fuimos al aeropuerto caminando, ahí nos evacuarían. En el camino nos sacaron las armas. A la noche nos despertaron diciendo que los aviones no venían, así que regresamos al pueblo caminando unos 8 Km para ser embarcados. Allí estuvimos prisioneros en galpones de lana que habían servido de depósitos de comida. Para nosotros era una especie de paraíso, aunque el agua era escasa.

Al cabo de dos días nos embarcaron en el buque Northland, porque el Camberra, que se llevó a casi todos, se había llenado. Primero a Madryn, luego en avión a Campo de Mayo. Nos tuvieron dos días cebándonos y bañándonos. Nos dieron ropa nueva, nos recomendaron no hablar de la guerra como último servicio que la Patria nos pedía.

Malvinas en primera persona, otra vez

Nos cargaron en tren a Mar del Plata, en el camino paramos durante una hora con el expreso propósito de no llegar de día, porque había 5000 personas en la estación. No les funcionó, porque nadie se movió, y le dió tiempo a más gente a ir a recibirnos. Allí nos abrazo mucha gente que ni conocíamos. La llegada a casa, los amigos del barrio, el asado, el puto mundial del 82.

Dos meses despúes nos dieron la baja, ¡¡claro que antes juramos la bandera!! No nos íbamos a ir sin jurarle a la Patria defenderla hasta morir. Sólo que antes, algunos se murieron en la guerra. Son cosas que pasan …

Durante los dos meses y dos días que estuve en Malvinas escribí más cartas en papel que en toda mi vida. Mi familia escribía constantemente, aunque muchas de sus cartas me las encontré al volver al continente. Las cartas hablaban de la vida , en un tácito esfuerzo mutuo por sostenernos.

Ninguno de mis compañeros inmediatos murió. Después los afectos y mimos de familia y amigos fueron el tutor que me permitió seguir en pie, nuestras familias nos mantuvieron en vida, con lo puesto, sin ninguna asistencia. Tenían unos pibes haciendo la colimba y a los dos meses les devolvieron veteranos de una guerra. Pude estudiar, me casé, me descasé, me volví a casar, y hoy abrazo a mi hijita.

La guerra fué (son todas) al pedo, al menos para los de abajo.

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