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Maldito Cigarro

Hace poco más de una semana tomé la difícil decisión de dejar de fumar. Cuando pensé en dejar de fumar, dije que era lo mejor, y me fume el último pensando en que seguro no era tan difícil

Como soy un tipo aplicado me leí las ochocientas publicaciones que hay en internet, en teoría, iban a ayudarme a. Hasta hay un tipo que te vende unos dvds y un libro que supuestamente es con lo único que dejás de fumar. Ahora, lo que si encontré es mucha información oculta en lo que a dejar de fumar se refiere.

Diferentes asociaciones contra el cáncer junto con especialistas en patologías psicosomáticas, decidieron redactar un protocolo donde dejaron claro que en ninguno de los estudios publicados, se explicaría con veracidad lo que realmente le pasa a un fumador cuando decide de dejar el pucho.

Pero no se preocupen, les voy a contar todo le pasa una persona que decide entrar en el club de la gente sana y libre de humos:

Los dos primeros días el ex fumador siente unas terribles ganas de escupir, putear y romper a todo lo que se le pone por delante. Hay que tratar de tranquilizarse al máximo, te podés mandar cualquiera. No vas a diferencia entre edad, sexo o raza. El psicópata que todos llevamos adentro sale a la luz y habla en tu lugar. Los ojos se te llenan en sangre y hasta vos mismo te das cuenta de que hay algo mal y das un paso atrás cada vez que te miras en el espejo.

Tu antiguo cuerpo de fumador te abandona y poco a poco va transformándose en uno de no fumador. El camino hasta llegar a este último es duro e inhumano. Es un sinvivir de continuos mareos y sensaciones de vértigo. Tus manos se convierten en una gelatina sudorosa que no para de temblar. Las palpitaciones son constantes y una permanente sensación de sufrir un ataque de pánico te ronda cada minuto (parece mentira pero a veces como que me falta el aire). Cuando pudiste estar una semana sin fumar, te agarra una tos perruna (gallardo no juega mas al fútbol; me dice mi viejo) y la voz pasa a convertirse en la de Joaquín Sabina. Cada vez que toses, expulsas un pulmón y por las noches te ahogas, si te ahogas. mi viejo dice que tu cuerpo se está limpiando, pero la realidad es que estás sacando al mismísimo Satanás.

Tus conversaciones dejan de ser interesantes, ya sólo sabes hablar de tu decisión de dejar de fumar. Lo más coherente que llegas a decir es: “llevo dos días sin fumar, llevo tres días sin fumar, llevo…“. No pasa nada a tu alrededor, nada te interesa. Todo se ha paralizado, lo único importante es que vos dejaste de fumar. Si a tu novia le piso un camión, tampoco es importante.

Fumar engorda y provoca trastornos alimentarios. Por mucho que intenten convencerte de lo contrario y de enseñarte métodos alternativos para que esto no ocurra, una persona que deja de fumar, sin excepción, se pone como un zeppelín. Cambias el tabaco por combinaciones imposibles: dulce de leche con nesquik, brownie con pizza con anchoas y helado de frutilla con masitas traviatas…. Comes a cada instante, sin parar; es directamente proporcional a las veces que antes te fumabas un cigarro. Ojo!, por mucho que sepas que tenes que tomar mucho líquido, vos te querés comer una vaquillona con cuero. Cuando terminás de comer un asado y alguien trae un fernet te querés pegar un tiro

Dejar de fumar reduce el apetito sexual y las ganas de hacer todas esas cosas maravillosas que te enseño internet y que ahora no haces porque las asocias a que después, te fumarías un cigarro.

En fin dejar de fumar es lo más duro que me tocó hacer, ojala aguante. Y eso que va una semana recién…

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