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Luces de Rivendel

Luces de Rivendel

Luces de Rivendel

Sólo pronunciar su nombre me sabe a mieles en la boca… Me trae recuerdos de un tiempo sin tiempo, de un lugar sin espacio, de una adolescencia de imaginación desbocada y enamorada de las palabras, de los sueños y las gestas épicas.

Rivendel es la quintaesencia de la ensoñación, la toponimia del misterio, el nido de la esperanza. Palabra traviesa y cascabelera, simboliza en sus tres sílabas tintineantes todo el genio creador que J.R.R. Tolkien exprimió de su imaginación… o puede que de arcanos recuerdos de otras épocas vividas, archivados en el éter.

Hogar escondido de los elfos, hermosos seres enigmáticos, amantes del bosque y las estrellas, de los cantos nocturnos y las artes más bellas. Refugio de reyes y aventureros. Baluarte de valientes y sabios. Ultimo bastión de una existencia destinada a esfumarse entre las brumas…

Luces de Rivendel

Rivendel era el hogar de los elfos, uno de sus últimos reductos en la Tierra Media, antes de que los acontecimientos les empujaran a partir hacia los Puertos Grises, y de allí hacia otras orillas, tal vez hacia las estrellas a las que tanto amaban. Allí estaba la casa de Elrond, padre de la hermosa Arwen, que finalmente reinaría al lado de su amado Aragorn tras la guerra del Anillo, renunciando por amor a su inmortalidad.

Luces de Rivendel

Luces de Rivendel

Pero, antes de ese desenlace, Rivendel era refugio y maravilla para cuantos gozaban de la hospitalidad de los elfos. Lugar de reencuentros entre viejos amigos y parientes, de descubrimientos, de emociones y canciones, de banquetes compartidos, de descansos merecidos y de adquisición de conocimiento.

En corredores abiertos al valle, por encima de las barrancas del Bruinen, uno podía asomarse a sus barandas sobre los jardines y escuchar el rumor del agua, mientras contemplaba las estrellas brillantes por encima del bosque, a la anochecida

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