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Los videojuegos y el fenómeno del control

Los videojuegos y el fenómeno del control
Hoy en día existe el cliché de que los Videojuegos tratan de nuestras fantasías de poder. Pero, tal vez la satisfacción que nos da viene de tener un sentido de control que la vida real no puede darnos.

La mayoría de nosotros aceptamos la idea de que los videojuegos son acerca del poder que nos otorgan. Desde simulaciones que requieren una gran concentración como Civilization hasta los corre y dispara como Call of Duty y Battlefield, el logro que obtiene el jugado usualmente aumentando su estatus desde lo más bajo hasta un celebrado y poderoso héroe, comúnmente dejando tras de ellos cientos de enemigos derrotados. Esta estructura básica con certeza no es algo único de los videojuegos, es la meta-narrativa esencial que se ha encontrado en la forma en que contamos historias, como fue catalogado por Joseph Campbell en su famoso trabajo, el héroe de las mil caras. Nos gusta contar y escuchar historias acerca de personas que superan sus obstáculos para volverse héroes llenos de gloria. Parece algo intrínseco de la naturaleza humana.

Pero en los videojuegos, a veces me pregunto si hay algo más sutil e instintivo sucediendo. Quizás los videojuegos no son realmente acerca del poder que nos dan, al contrario, son más sobre la capacidad que tienen las personas para moverse en cierto ambiente, la idea de que tenemos cierta influencia y control sobre lo que nos sucede y el mundo que nos rodea.

Los videojuegos y el fenómeno del control

Por ejemplo, intenta ir desde la parte suroeste de Londres hasta la parte noroeste usando el transporte público. Suena bastante simple y directo, como sea, Londres es una gran ciudad, bien dotada por una gran infraestructura de transportes que emplean los subterráneos y rieles sobre tierra, buses e incluso botes. Lo que más encontrarás en todo caso, es una serie de frustrantes retrasos que se interpondrán de cierta forma en tus planes, como: Los trenes llegan tarde y van lentamente; los buses no harán las paradas que necesites, o terminarán su jornada temprano; habrán largas esperas entre las diferentes conexiones. Una jornada que como mucho tomaría una hora, puede tomar tres veces más, causando frustración y ansiedad.

Esto se acerca mucho a lo que la vida puede llegar a ser, aún si no si no vives en una de las capitales más ocupadas del mundo. Como raza, los humanos tendemos a subestimar en gran medida la forma en la que nos comportamos en cierto ambiente que tenemos en nuestras propias vida. La ilusión de control se encuentra tan bien documentada como un fenómeno psicológico y sociológico, mientras que la noción del de deseo de libertad es algo que filósofos como Descartes, Kant y Nietzche han enfrentado con extraordinaria extensión. Necesitamos creer que tenemos autonomía o por lo menos en la capacidad de autonomía, aún si toda evidencia apunta a algo que no ayuda.

Para la mayoría de nosotros, el control está limitado a algo efímero. Tenemos trabajos que hacer, gente de la cuál preocuparnos, reglas a seguir y vivimos en sociedades que ponen vastos límites en aquello que podemos hacer. Hay comportamientos cognitivos complejos, desde supersticiones hasta apostadores compulsivos a desórdenes obsesivo compulsivos, a través de los cuales el deseo por creer en nuestra capacidad de controlar las cosas se expresa. Durante los años 70, Ellen Langer, investigadora de la UCLA, desarrollo el concepto de “La ilusión de control”, estudiando la forma en cómo la gente depende en gran medida de estas percepciones irreales sobre su propia autonomía. “El argumento que he intento hacer durante estos 40 años”, dijo durante una charla en 2013, “Es que en realidad, una gran parte de nosotros somos virtualmente inconscientes todo el tiempo.”