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Los tres cirujanos del ejército- Cuento

Los tres cirujanos del ejército.

Todo empezó cuando tres grandes médicos, muy vanidosos por cierto, se autonombraron los mejores del mundo. Entonces, los señores comenzaron a viajar en un intento de hacerse cada vez más conocidos y aclamados. Luego de viajar por bastante tiempo, eventualmente hicieron una parada en una posada.

El responsable del lugar solicitó que los tres demostraran que eran los mejores del mundo, en caso contrario, no podrían hospedarse en su posada. Expertos y con un as bajo la manga, estuvieron de acuerdo con el hombre y decidieron mostrar cuan increíbles eran.

tres cirujanos

Los tres cirujanos del ejército- Cuento

El primer cirujano cortó su propia mano, el segundo arrancó su corazón y el tercero removió sus propios ojos. Según ellos, todo sería repuesto a la mañana siguiente. Lo que el dueño de la posada no sabía era que los cirujanos poseían un arma secreta: una especie de pegamento mágico que reconstruía las partes del cuerpo que habían sido arrancadas.

Sin embargo, los cirujanos no contaban con que una de las empleadas de la posada, que quedó a cargo del cuidado de los ojos, de la mano y del corazón, acabaría distrayéndose cuando el novio apareció para decir “hola”, intercambiar algunos besos y esas cosas. En ese momento de distracción, la empleada no se dio cuenta de que un gato hambriento devoraba las partes del cuerpo de los médicos.

Cuando la mujer descubrió lo que había acontecido, entró en pánico y su novio decidió ayudarla. El hombre cortó la mano de un ladrón que había sido asesinado recientemente. En seguida, arrancó el corazón de un cerdo y los ojos de un gato. Listo. Eso debería funcionar.

Al día siguiente, los tres cirujanos mágicamente habían reconstruido sus cuerpos y se marcharon del lugar. En el medio del camino, sin embargo, el primer médico comenzó a robar dinero de los extraños, el segundo comenzó a rodar en el lodo; ya el tercero no podía conciliar el sueño por la noche y empezó a ver ratas corriendo por todas partes.

Al darse cuenta de que había algo definitivamente mal, los tres regresaron a la posada y exigieron que les regresaran las partes originales de su cuerpo. A esas alturas, la empleada había escapado con su novio y nadie más sabía el paradero de los restos de los médicos. Como venganza, los cirujanos exigieron todo el dinero del dueño de la posada, como una forma de recompensarlos por el perjuicio. Y todos vivieron extraños para siempre. Fin.

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