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Los riesgos de la basura espacial

Los riesgos de la basura espacial
Un fragmento de chatarra hallado en Calasparra (Murcia). EFE

Cada día llegan a la Tierra varios fragmentos de chatarra espacial, es decir, restos de cohetes o satélites que han quedado en desuso vagando por el cosmos y que sobreviven a su reentrada en la atmósfera. La gran mayoría de estos objetos cae en el océano o en zonas despobladas de la Tierra, por lo que estos impactos suelen pasar desapercibidos. Sin embargo, de vez en cuando se encuentra alguno de estos fragmentos. Y en los municipios murcianos de Mula y Calasparra han hallado tres objetos idénticos de basura espacial en apenas 12 días.

A estos tres restos hay que añadir otros dos posibles fragmentos de basura espacial, distintos a los encontrados en Murcia, que fueron hallados el 13 de noviembre: En Pozorrubio de Santiago (Cuenca) se encontró un objeto de unos 20 kilogramos mientras que en Elda (Alicante) se toparon con una pieza metálica de cuatro metros de longitud parcialmente calcinada.

Los riesgos de la basura espacial

Los expertos que están analizando las tres esferas metálicas encontradas en Murcia creen que se trata de depósitos auxiliares de combustible procedentes de algún cohete o satélite, según explica Juan Antonio Madrid Mendoza, director del Centro de Referencia Nacional de Formación Profesional de Cartagena (CRNFP), donde han sido trasladados los tres artefactos para su análisis. Sin embargo, no pueden precisar a qué tipo de vehículo pertenecía o qué agencia lo lanzó: «Se trata de esferas metálicas recubiertas con fibra de carbono y todas ellas cayeron el mismo día, aunque fueron encontradas en días diferentes. En algunas piezas hay códigos numéricos. Probablemente si se le quitara la cobertura de fibra de carbono podríamos ver algún logotipo, pero hemos preferido no alterar las esferas y dejarlas como las hemos encontrado», relata Madrid.

Las tres esferas metálicas reentraron a la atmósfera terrestre el pasado 4 de noviembre. Varios vecinos de Calasparra fueron testigos de la caída de estos objetos, según asegura José Vélez Fernández, el alcalde de este municipio de 10.500 habitantes. «Tenemos testimonios de cuatro testigos que aseguran que vieron caer entre cinco y seis artefactos a primera hora de la mañana del 4 de noviembre. Dijeron que habían visto una especie de bolas de fuego. Eran como un racimo de uvas que se iban desprendiendo», describe el regidor. Por ello, no descarta que en los próximos días recojan más chatarra cósmica en los alrededores.

La primera esfera, de unos 65 cm. de diámetro y unos 20 kilos de peso, se encontró el 4 de noviembre, el mismo día que los testigos aseguran haber observado la caída de objetos. Según detalla José Vélez, la bola estaba en el linde entre los municipios de Mula y Calasparra, en una zona denominada Cagitán. El segundo artefacto fue hallado el 8 de noviembre en el término municipal de Calasparra, en un paraje llamado Villavieja, a unos 12 kilómetros de distancia del primero. Y el pasado domingo, el perro de unos cazadores se topó con una tercera esfera, idéntica a las otras dos, en la Sierra del Molino, en un paraje conocido por los vecinos como La Loma Negra: «Un perro la encontró y comenzó a ladrar. Se acercaron a donde estaba, en una zona de monte en la que no es fácil verla. Fue una casualidad encontrarla. Las dos primeras eran más fácilmente visibles», relata.

¿Y cómo han vivido los vecinos de Calasparra el hallazgo de estos fragmentos de chatarra espacial? «Al principio hubo un poco de incertidumbre porque no sabíamos qué podían ser. Hubo un poco de preocupación. Pero una vez que se supo que se trataba de depósitos auxiliares de combustible de algún cohete o satélite y no había problemas de radiación, ni riesgo para las personas o el medio ambiente, se recuperó la tranquilidad y el hallazgo dio paso incluso a las bromas», rememora Vélez.

El alcalde va a solicitar durante su reunión con el delegado del Gobierno en la región de Murcia, que una vez sean estudiadas, las esferas sean entregadas al Ayuntamiento para que puedan exponerlas en el municipio. «Nos gustaría poder exhibirlas, tanto para nuestros vecinos como para las personas que vengan a visitar y a disfrutar de nuestro pueblo», señala el alcalde de Calasparra.

«Cuando la Guardia Civil tuvo noticia de la caída de estos objetos, pusieron en marcha los protocolos de seguridad y nos solicitaron ayuda porque en el CRNFP tenemos equipamiento sofisticado para protección radiológica», señala el director de este organismo, Juan Antonio Madrid. Uno de sus especialistas se desplazó a la zona «para comprobar que las esferas no eran radiactivas, pues existe el riesgo debido a que algunos satélites antiguos usaban uranio y plutonio, o bien porque han estado en el espacio exterior y pueden tener restos de radiactividad».

Cuando se comprobó que no eran peligrosas, se trasladaron al centro que dirige, donde imparten a desempleados cursos del servicio de empleo y formación. «Hemos hecho inspecciones visuales e internas con endoscopio. Podríamos haber usado líquidos penetrantes, pero no lo hicimos porque debido a que se armó mucho revuelo con la caída de estas esferas, empezó a haber mucho interés en ellas y decidimos conservarlas intactas y no manipularlas», señala.

Miguel Belló, director de la empresa aeroespacial Elecnor Deimos, recuerda que hace unos años cayó un objeto parecido a estas esferas en Australia. El ingeniero se muestra cauto sobre el origen de los objetos de Cuenca y Alicante, pues no los ha analizado. No obstante, señala que «podría tratarse de cualquier cosa» y subraya que no todos los restos metálicos que se encuentran son basura espacial. «El eco que ha tenido la caída de las esferas en Murcia puede generar un efecto llamada», dice.

Según Belló, los fragmentos de chatarra espacial son un quebradero de cabeza para los operadores de satélites y agencias espaciales, pues pueden chocar con los artefactos que están en funcionamiento:«Maniobramos con cierta frecuencia para corregir la órbita de nuestros satélites y evitar choques». Para frenar la proliferación de basura espacial, «todos los satélites llevan combustible para no chocar con fragmentos y para que al final de su vida útil vayan descendiendo hasta la órbita terrestre y se desintegren en un plazo de 25 años», explica.

Como esto no es posible en los satélites geoestacionarios, que orbitan a unos 36.000 kilómetros, estos artefactos son redirigidos al final de su vida útil a una zona en la que no representan un peligro para otros satélites y que llaman órbita cementerio. Estas nuevas medidas para no agravar más el problema de la basura espacial encarecen las misiones, en ocasiones en varios millones de euros. Mientras tanto, estudian métodos para atrapar los fragmentos.

Satélites con energía nuclear

Para los habitantes de la Tierra, asegura, el riesgo de la basura espacial es muy bajo:«La probabilidad de que te caiga un fragmento de basura espacial es mucho más pequeña que la de que te alcance un rayo. Lo que nos preocupa seriamente son los satélites antiguos que tienen energía nuclear, pues aunque la ONU recomendó a finales de los 80 no usarla en la órbita baja, hay restos antiguos que pueden caer a la Tierra. Hace unos cayó uno en Canadá y Rusia descontaminó la zona. También nos preocupan los grandes acoplamientos, como el SkyLab o la Estación Espacial Internacional (ISS), que cuando deje de funcionar no se va a desintegrar al entrar en la atmósfera porque mide 100 metros».

Los riesgos de la basura espacialMiembros del Grupo de Desactivación de Artefactos Explosivos de la Guardia Civil retiran la primera esfera hallada en Murcia, el 4 de noviembre. EFE¿Cómo se explica que en 12 días hayan sido encontrados en la misma zona tres objetos de basura espacial y dos posibles objetos, los encontrados en Elda y Pozorrubio de Santiago? ¿Tienen alguna relación? ¿Ha sido sólo una casualidad? Emmet Fletcher, portavoz de la Agencia Espacial Europea en España y Portugal y ex responsable del programa de basura espacial, explica que en los periodos en los que hay una alta actividad solar suele aumentar la reentrada de objetos a la atmósfera debido a la influencia del viento solar. Sin embargo, en la actualidad el Sol no se encuentra en una etapa muy activa, por lo que no serviría como explicación.

Aunque lo habitual es que estos objetos regresen a la Tierra de manera imprevista, excepcionalmente los ingenieros son capaces de prever su llegada con antelación. Así ocurrió el pasado 13 de noviembre, cuando un objeto de basura espacial denominado WT1190F y descubierto en 2009, impactó en el Océano Índico, a unos 100 kilómetros del sur de Sri Lanka, en el mismo lugar y a la misma hora que habían calculado con semanas de antelación.

Tanto la Agencia Espacial Europea (ESA) como Elecnor Deimos, que está ultimando la puesta en marcha del observatorio de vigilancia espacial (DEIMOS Sky Survey, DeSS) en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), grabaron la reentrada de este objeto, de entre uno y tres metros, que creen que puede ser parte de la última fase de un cohete. El estudio de su trayectoria les ayuda a entender mejor cómo impactan estos objetos y también los temidos asteroides.

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